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 Establos

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Lea

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MensajeTema: Re: Establos   Sáb Abr 26, 2014 10:46 pm

Es agradable sentir cómo un ritmo te incita al placer, pero también lo es sentir cómo tu placer incita un nuevo ritmo. En mi situación actual, resulta difícil recordar que no puedo permitirme dejarme llevar tanto como me gustaría. Es algo que me molesta enormemente. Sé que el hecho de dejar al cuerpo, de no contenerse, hace el sexo más placentero, así que no me gusta ponerme ataduras. El fin último es disfrutar, después de todo.

Todo lo que puedo hacer es atraerlo con mi cuerpo, y así lo hago, una y otra vez, tomándolo con las piernas para acercarlo más a mí y también apoyándome en él para alzar la cadera y acercarme yo misma. Es difícil evitar la voz en los jadeos, pero pongo mi esfuerzo en ello. Aún así, no puedo evitar gemidos en ciertos momentos, o que la propia respiración resulte cargada. Su ritmo no me permite un absoluto silencio.

Siento un segundo dedo en mi interior. Siento su boca por fuera, comiéndome, y su dedo por dentro, palpándome y explorándome. Siento también el segundo dedo cuando se une al primero, y no puedo evitar un gemido cuando cambian sus movimientos, alzando la cadera y echando la cabeza a un lado, cerrando los ojos con fuerza, atrapando de nuevo la manta en el puño. Trato de contraerme alrededor de los dedos y lo encuentro difícil de pronto, a medida que aumenta la tensión en mi vientre. De nuevo giro la cabeza, dejando ir un jadeo más profundo.
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Rick

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MensajeTema: Re: Establos   Sáb Abr 26, 2014 11:10 pm

A aquellas alturas tenía muy claro que no podía hacer con el dragón lo que estaba haciendo con las manos y boca: hubiese sido incapaz de seguir mi propio ritmo. Pese a todo, mi interés por si disfrute crecía más y más, aunque la situación que tenía entre las piernas estaba cerca de comenzar a resultar algo incómoda.
Sabía que no debíamos hacer ruido, que lo principal era evitar que Lyo despertase; sin embargo, cada uno de los gemidos que conseguía arrancarle resultaba tan satisfactorio que me hacía aplicarme más, devorarla con más ansia, sin saber dónde terminaba un movimiento y comenzaba el siguiente, entreabriendo los ojos para contemplarla como bien podía, aprendiéndome su cuerpo desnudo y sus expresiones, que apenas era capaz de diferenciar en la pinumbra.

La mano izquierda ascendió en una caricia, perezosa, hasta situarse en su cintura, presionando la carne con deleite, en segundo plano, incapaz de ser atendida por mí como la diestra.
En cuanto noté crecer su interior jadeé de nuevo, continuando con la boca apenas un instante después, deseando haber estado allí dentro de otro modo. Mantuve el movimiento de dedos que había provocado aquello, altirnando uno y otro en su interior, moviéndolos, acariciando ya a velocidad considerable, y al mismo tiempo, despacio, empecé a mover también la mano adelante y atrás, mezclando aquello con una leve penetración, deslizándome, deseando con toda mi fuerza que hubiésemos estado solos en un lugar en el que poder expresarme de otro modo. Aunque el ritmo crecía poco a poco, la boca ya se mantenía, buscando no marear más al cuerpo de la flamma, dejando que se acomodase por fin a un patrón en concreto.

Finalmente aparté la izquierda de ella y la llevé a mi pantalón, que desabroché para liberar un poco de la presión acumulada, ahogando un gemido de alivio antes de devolverla a su vientre, tentado, de algún modo, a complacerme a mí mismo, pero sabiendo que lo más noble no era aquello, que dividiría mi atención y energía. Había damas que incluso lo consideraban sucio.
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Lea

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 12:12 am

El ascenso de su mano hasta la cintura me hace estremecer, arqueando la espalda ligeramente como respuesta. No detiene las caricias de la boca, pero lo que más en tensión me mantiene en este momento son los dedos, que parecen estar activando alguna parte de mi cuerpo capaz de hacerlo reaccionar en conjunto. Con los dientes apretados, dejo ir un nuevo gemido, pegando la mejilla contra la manta y apretando el puño aún más, llegando a hacerme algo de daño a pesar de la manta.

Termino por apoyar ambos talones sobre su espalda, clavándolos de tal forma que me sirven como apoyo para alzarme totalmente, apoyándome únicamente en ellos y el la cabeza. Con ello reduzco la distancia con él al mínimo. Ya no puedo evitar los gemidos, por más que trate de controlar el volumen. La voz se me escapa.

La tensión acaba por ir más allá de lo que yo misma puedo controlar, dejándome rígida por un momento, mientras me siento recorrer por un placer que supera cualquier sensación hasta el momento. Lo que empieza en gemidos acaba tornándose en jadeos, y la rigidez se me deshace en convulsiones, hasta que pierdo la fuerza y acabo apoyada de nuevo contra el suelo, dejando resbalar ambas piernas por su espalda hasta que caen al suelo, a los lados de mí.

Con la misma mano que hasta entonces ha estado ayudándolo lo detengo, empujando su cabeza e instándolo a salir de mí. Me dejo caer después entre jadeos, con los ojos abiertos, boca arriba, y sin molestarme en taparme o hacerme a un lado. No soy pudorosa.
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Rick

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 12:31 am

Mi pelvis comenzaba a moverse con ella, acompañándola, aunque más despacio, sin que apenas me diese cuenta, más concentrado en mover partes del cuerpo que sirvieran para complacerlas. Como recompensa, obtenía sonidos cada vez más notorios, y aunque tuve miedo de que Lyo llegase a despertarse, mientras me recorrían estremecimientos de satisfacción y excitación, no llegó a gritar lo suficiente como para que el niño llorase. Parecía que todo lo que costaba dormirlo costaba también despertarlo, por suerte.
Tensé la espalda, los músculos, para ayuar a sostenerla cuando me utilizó todavía más como apoyo, sintiendo primero cómo se podía algo rígida, cómo se tensaba, cómo se estremecía luego y, finalmente, cómo iba aflojándose, lentamente, momento en el que bajé un poco el ritmo. Cuando me apartó, finalmente, me detuve, saqué los dedos de su interior, sintiendo el pulso apurado en los támpanos y la respiración jadeante, detalles de los que no me había dado cuenta hasta aquel instante. Tenía el rostro húmedo, como la mano, pero eran detalles insignificantes. Pronto se secaría, veloz, dejándome la piel algo tirante.

Di un suave beso en la cara interna de su muslo, y luego otro en su vientre, a la izquierda de su ombligo. Pegué un instante la frente a su piel, haciendo amuago de apoyar la cabeza en ella, aunque sosteniéndola con el cuello de todos modos para no impedirle respirar, y recuperé el aliento con un par de inspiraciones. Sentir su temperatura, su calma repentina, aquella fina capa de sudor, se me hacía muy agradable.
Eché una mirada de reojo a Lyo, un instante, comprobando su estado, y luego salí de encima de ella, ascendiendo sobre la manta, depositando un tercer beso en su hombro izquierdo, repasando la clavícula con un dedo, apenas un instante.
El dragón seguía alzado, pero me invadía una calma extraña, y me dediqué a observar su cuerpo desnudo con más detenimiento. Acerqué una mano a su rostro, casi tímido, para apartar un mechón que le cruzaba el rostro, como había hecho en otra ocasión, en aquel mismo lugar, habiendo sido rechazado. Luego me atreví a buscar sus labios, conteniendo mi propia necesidad para besarlos con suavidad, apenas un instante.
Quizás aquella forma de disfrutarla era la que más me faltaba.

Además del resto de cosas, era hermosa. Pero aquello no podía serle dicho con palabras. Ya lo había comprobado.
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Lea

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 1:24 am

No tardo en volver a cerrar los ojos, ignorándolo. Ni respondo ni le ordeno detenerse. Me limito a permanecer donde estoy, sintiendo cómo mi respiración intenta volver a la normalidad. Lo noto moverse sobre mí, y por un momento temo que se me eche encima, pues no creo que en este momento pueda aguantar el calor, que llega a empalagarme. Pero no lo hace, así que le permito esos pequeños roces que van ascendiendo, a medida que se acomoda a mi lado.

Tengo la sensación de que parezca que voy a quedarme dormida, pero de hecho ni siquiera me siento demasiado cansada, pese a la hora que es y el ejercicio. Estoy perfectamente despierta. Abro los ojos de golpe cuando siento su mano acercarse, mirándolo fijamente, pero tampoco entonces lo aparto. Llego incluso a responder mínimamente con los labios cuando acerca los suyos, más por reflejos que por voluntad. Cuando vuelve a apartarse, cierro de nuevo los ojos, dejando ir una bocanada de aire por la boca.

Acaba por tumbárseme al lado, en silencio. Tengo el impulso de levantarme a comprobar el estado del crío, que se ha portado mejor de lo esperado, pero acaba por vencerme la pereza. No tengo ganas de moverme ahora mismo.
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Rick

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 1:43 am

Me asusté un momento al verla abrir los ojos, creyendo, por un instante, que me apartaría como la última vez, que aquello era alguna clase de innoble pecado que había vuelto a cometer, desobediente y malvado. Sin embargo, no fue así. Y tras aquellos roces me dejé estar a su lado, contemplando un instante su vientre y luego el techo, que no veía por la oscuridad.

Volví el rostro hacia Lyo de nuevo, dormido y tranquilo, y un movimiento en el otro lado del lugar me hizo girarlo de nuevo. Estrechicé los ojos y esbocé una sonrisa, dejando ir el aire suavemente por la nariz.

-Espero que hayas cerrado los ojos -dije, con voz suave, a Tel, que me miraba fijamente desde tras la valla.

Mi mirada se deslizó suavemente hacia Lea, de nuevo, ascendiendo por su cuerpo hasta sus ojos. Me resultaba difícil hablarle, aunque de hecho sentía que quería decirle muchas cosas. Quizás eran tantas que chocaban a la vez en mi garganta y ninguna era capaz de salir por encima de las demás.

-¿Quieres una manta? -pregunté finalmente, ladeando la cabeza con suavidad.

Había chicas que tenían frío, otras calor, otras querían un abrazo y algunas se daban media vuelta y se dormían, o se iban como si lo que hubiese pasado allí no hubiese sido más que un error. Y yo no sabía de cuáles era Lea, pero ser caballeroso no estaba de más.
Aunque...
No, no estaba de más.
Mithos.

Era difícil. ¿Por qué demonios era difícil? Solo era una mujer, no una bestia milenaria, ni un ejercicio de contabilidad.
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Lea

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 1:57 am

No tarda en tratar de llenar el silencio. Me pregunto si es porque intenta decir algo o porque se siente incómodo. Eso es algo que jamás entenderé; con lo cómodo que es el silencio... Niego lentamente con la cabeza, seria, sin mirarlo. Lo tendré en breves si no hago nada al respecto, pero el establo es cálido, la paja también y aún tengo el cuerpo alterado.

Acabo por inspirar con fuerza por la nariz e incorporarme. Recojo la melena, enredada y revuelta, y la dejo caer en cascada por la espalda. Es otro buen motivo para no tener frío, la verdad. Arropa, a su manera.

Acabo por mirarlo a él, como evaluándolo.

-¿Tienes frío? -pregunto, en un tono que parece más de curiosidad que de interés por él.

Me estiro con calma. Supongo que sería muy egoísta por mi parte dejar las cosas así. No. No lo supongo. Lo sé. Tampoco me molesta tener que actuar al respecto.

Me vuelvo algo más hacia él antes de inclinarme hacia su boca, dándole un suave mordisco en el labio antes de proceder propiamente a besarlo. En su estado, no tardará mucho en responder. Si es que tarda algo.

Apoyo ambas manos sobre la manta, por encima de sus hombros, llegando a pasar incluso una pierna sobre él, poniéndome a horcajadas pero sin apoyarme. No me molesto en tomarlo con calma, sino que comienzo con un ritmo ya algo acelerado, alterando los instintos que puedan haber empezado a adormecerse en él.
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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 2:28 am

La contemplé, silencioso de nuevo, percatándome de que ella no había hablado para responder. Por supuesto, seguía queriendo decir muchas cosas, ¡hacer muchas cosas!, pero o no me sentía con derecho, o cómodo o lo que fuera. Ni siquiera podía decir que teníamos una relación en la escudarme para justifiquizar mis acciones. Así pues, la observé moverse, levantarse, momento en el que el pecho recuperó su atractivo volumen, y reacomodarse el pelo, tan largo que daban ganas de peinarlo también, de meter los dedos entre los mechones.

Negué suavemente, como ella, pronunciando el "no" tan bajo que apenas se escuchó solo el sonido de la lengua al despegarse del paladar. Parecía relajada, pero al mismo tiempo había recuperado aquella seriedad, aquel gesto imponente de enemigo poderoso, de superior respetable, que me hacía difícil el hablar.
¿Solo era un cobarde? O quizás no pensaba con lo que debía.  De todos modos, sus suaves gestos me encantaban, y procuraba aprenderlos como podía, conocer incluso aquel tipo de cosas.

El pequeño mordisco me tomó por sorpresa, me arrancó un jadeo, un cosquilleo agradable en el vientre, y me atrajo inrremediadoramente hacia ella. Empujé un poco hacia arriba, como pretendiendo incorporarme, pero levantando solo la cabeza un par de centímetros del suelo, correspondiendo enseguida, acelerándome de nuevo. Al fin y al cabo, aquello no estaba ya dormido; simplemente contenido y respetuosamente a la espera.

Había varios tipos de mujeres. Las mayor parte de las viudas siempre habían sido gentiles, amables, cariñosas. Muchas de las jóvenes, por otro lado, presumían tanto de sus dotes que al final no tenías claro si pensaban que eras algún tipo de juez al que debían enseñar sus mejores trucos para recibir alabanzas. Y otras veían muy gentil aquello de ser complacidas y respondían con un beso, un buenas noches y un adiós, muy buenas al día siguiente.
Ya había empezado a pensar aquello de Lea cuando la había visto tumbada. No era algo que me enfadase, puesto que sabía respetar a las damas. Se me había enseñado a aquello. Y, sin embargo, sí me alegré al ver que no era de aquella forma.
Quizás alegrar no era la palabra exacta...

El dragón ya dolía un poco, ciertamente. Ni los héroes aguantaban eternamente tamaño suplicio, al fin y al cabo, y aún así recuperó al sentirla encima, sin rozarlo siquiera, la poca dureza que hubiese podido perder en aquellos minutos de silencio.
Inspiraba por la nariz con fuerza, procurando contenerme un poco: no era un animal, para bien o para mal. Al final, a aquellas alturas, por noble que pudiese parecer, el ansia, casi desesperación, empezaba a escapárseme sin quererlo.
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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 2:55 am

Esta es la clase de cosas que los hombres como Rick se quedan rumiando en su cabeza y no se atreven a pedir. Lo veo en su actitud, es un hecho. Me molesta un tanto, aunque creo que lo prefiero a esa actitud de superioridad de otros, ese dar por hecho lo que va a suceder, por las buenas o por las malas. En cualquiera de los casos, me incomoda dejar las cosas a medias.

Sé que está deseando aliviarse, a estas alturas. Tampoco tengo ganas de juguetear demasiado, en este momento, y supongo que agradecerá que sea más bien directa, por mucho que le guste recrearse conmigo. Me peleo, pues, un momento con su boca, pero no tardo demasiado en bajar al cuello, mordiendo y succionando, queriendo alterarlo. El asunto es que ya está alterado.

También lo acaricio. El cuello, al principio, apoyándome en la mano que mantengo contra la manta. Llego a subir un momento a su cara, acariciando la oreja, la mejilla, pero no tardo en bajar de nuevo al cuello, al hombro, al pecho. Cuando la mano llega al vientre, la boca la ha sustituido en el pecho. Tiene la piel caliente y suave, lisa por las escamas y agradable al tacto. Siento cómo su pecho sube y baja.

Cuando alcanzo su miembro lo siento completamente erguido ya. Termino de apartar la ropa para poder sujetarlo bien y comienzo con suaves caricias, tratando sencillamente de bajar un poco la presión. Mientras tanto, la mejilla se ha acomodado en su pecho y la lengua juguetea con un pezón.
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Rick

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 3:18 am

Me estremecía por su contecto, me tensaba, apretando los dientes para contener la respiración fuerte. Quería demasiadas cosas de Lea, algunas más nobles que otras, y quizás aquella era una de las menos nobles, pero la quería y no iba a ponerme tonto. Mi padre se enorgullecía de mi nobleza, pero él mismo, noble como ninguno, contaba siempre sus aventuras entre faldas, como hacía también mi abuelo, y estoy seguro de que ninguno de ellos renunció por gentileza a algo que deseaba en un momento como aquel en el que yo me hallaba entonces.

Sentirla recorrerme, directa, segura, intensificaba las sensaciones. Me gustaban sus caricias, cualquier contacto que quisiese darme, pero llevaba ya mucho tiempo alzado y no veía necesarios muchos rodeos. Ver que incluso sabía aquello me hacía sentir mejor, pues no me veía capaz de, como ella hacía, invitarla de forma poco gentil a acceder a las zonas que clamaban por su presencia en aquel momento.

La diestra acariciaba su costado con suavidad, más sumisa que hasta entonces, y la izquierda rozaba su pelo, enredándose en algún mechón, lejos del nacimiento, aprovechando malvadamente que se encontraba entretenida para disfrutar de su tacto con libertad. Su boca me acariciaba, y su mejilla en mi pecho me aportaba un calor muy agradable, pero, sin duda, cuando liberó al dragón dejé ir el aire con placer. Y ni siquiera el placer de ser tocado, sino el de la simple libertad. Al fin y al cabo, los dragones eran animales nobles que habían nacido para surcar libremente los cielos, y no para estar encerrados en jaulas de tela.

Sus caricias me hicieron cerrar los ojos un instante, tensar el pecho al principio, dejando de respirar por un momento y empezando a hacerlo luego con más calma, concentrado en cada movimiento. Aliviaba un poco aquel dolor, aquella molestia que me asediaba desde hacía rato.

La izquierda terminó en su espalda, en una caricia ascendente, hacia el cuello, para enterrarse de nuevo en su cabello, pero ya a la altura de la nuca, acariciando con distracción. La pelvis, por su parte, comenzaba a moverse. Eran movimientos muy sutiles, involuntarios, infínimos, que acompañaban a su mano suavemente.
El innoble y maldito cuerpo pensaba solo, tan maleducado y básico...
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Lea

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 3:39 am

Casi parece difícil decretar si estoy haciendo que se tense o que se relaje. Quizás ambas a un tiempo. No deja de ser entretenido, y por escasos que sean sus gestos, son agradecidos. Pues de nada, ahora continúo. Intensifico un tanto la fuerza de las caricias, y dejo ir un último beso en su pezón antes de continuar el descenso.

La verdad es que, una vez comienzo, me apetece jugar un poco más, pero entiendo que no es el momento. Desciendo por su piel, dejando un suave rastro con la lengua, alternando en ocasiones con besos o pequeños mordiscos, aunque dejando bien claro en todo momento cuál es mi objetivo. Llego a detener las caricias, cuando ya estoy cerca, para bajar un poco más la ropa, con el fin de darme espacio.

Está completamente rígido. Al llegar a él, lo recorro con la lengua desde la punta hasta la base, dando una suavísima caricia con los dientes en la misma antes de volver a ascender, de nuevo con la lengua, dejando algún que otro beso en el recorrido. Llevo de nuevo la mano a él, acariciando como antes, centrándome con la boca tan solo en la punta, con especial atención, atenta a sus reacciones.

Acabo por introducirlo en mi boca, poco a poco, acariciando con los labios, incluso con los dientes, pero sobre todo recorriéndolo con la lengua. Cada vez que lo introduzco en mi interior lo dejo ir un poco más, como probándolo a él, como probándome a mí misma hasta qué punto soy capaz de abarcarlo. Me ayudo de la mano derecha, que lo estimula junto a la boca. La izquierda, por su parte, está apoyada en su cadera, acariciando levemente la nalga.
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Rick

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 4:13 am

A medida que acariciaba con mayor intensidad tenía que trabar la cadera con más fuerza, evitando el empezar a embestir lentamente. No era la situación apropiada para aquello, por mucho que el dragón desease hacerlo.
Y cuando ella empezó a descender me tensé más, todavía, en el vientre, en los brazos, los dedos, que se crispaban lentamente tomando sus mechones... Creo que llegué a crisparme en su mano: me sentí latir, por un momento, reaccionar. Y enseguida procedí a ayudarla cuando paró para deshacerme de aquella tela inútil que llevaba tiempo sobrándome, quizás demasiado apurado para resultar caballeroso, pero sincero, al fin y al cabo.

Por suerte para mí, el dragón se alzaba sin pudor. Había damas que lo consideraban casi sucio, por algún cruel motivo, como si aquello fuese solo de malandrines. Para mí, sin embargo, no era más que un altar a la belleza, por así decirlo. Y, pese a la espera y a la sensación de ser observado, se mostraba orgulloso, más seguro que yo, quizás.
A ningún hombre le gustaba empequeñecerse cuando la dema de su interés lo contemplaba, al fin y al cabo. Era un alivio que el cuerpo no te traicionase en los momentos más importantes, como había llegado a hacer alguna vez.

La expectación llegaba por dos motivos: por el anhelo del contacto, el deseo, y por el recuerdo tantas veces retomado de la noche en la enfermería. Por ello, quizás, me hallaba más tenso, incluso, que de costumbre, pero al recibirla sentí cómo se me vaciaban los pulmones, en una prolongada exhalación por la nariz. Pronto se me escapaban los jadeos, arrastrando un hilo de voz grave, mientras ella procedía mejor de lo que hubiese podido hacer yo mismo, y mi derecha rozaba su hombro, simplemente por moverse, por dejar ir un poco más el cuerpo.
Pronto me introdujo en su boca, y de nuevo me tensé. Los labios acariciaban, cálidos, envolviéndome en una sensación húmeda y agradable; la lengua, hábil, atacaba sin piedad, haciéndome contener algún jadeo, algún gruñido, y cerrar los ojos aunque desease contemplarla; los dientes, en tercer lugar, marcaban el recorrido, sutiles, añadiendo un agradable cosquilleo a todo aquello. La mano aportaba la firmeza final, complimentando el resto de partes.
Y mi izquierda, en su nuca, se crispaba en torno a su cabello, conteniendo el oscuro, malvado y oculto deseo de empujar su cabeza, que todo caballero debía saber controlar, y simplemente dejándola hacer y acompañándola.
Por mucho que quise, sin embargo, no pude detener por completo la cadera, que se movía en gestos sutiles, en reacción a los suyos, aunque tan suavemente que esperaba que no los considerase ofensivos.

Finalmente entreabrí los ojos para contemplarla. Ya respiraba por la boca, sintiendo la garganta algo seca, ronca.
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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 4:26 am

Su ansia se hace cada vez más evidente, tal y como debe ser. El hecho de que lo recorra lo altera más de lo que ya estaba, o tal vez, simplemente, de forma diferente. No deja de ser divertido verlo crisparse entero, verlo querer reaccionar y contenerse al mismo tiempo, responder a aquello que apenas se atreve a pedir. Y continúo recorriéndolo, con un ritmo claro y ligeramente creciente, adaptándome a su estado y adaptándolo a mis gestos.

Sé que le resulta agradable que lo abarque, pero lo que más me gusta es acariciarlo con la lengua, así que no dejo de hacerlo. El glande, especialmente sensible, lo hace reaccionar, y lo redibujo con la lengua, definiendo sus formas. No desatiendo el resto del miembro, que también recorro con la boca y con la mano. Esta última abarca una zona más amplia, trasladándose en caricias por el bajovientre, la cara interna de los muslos, los testículos, antes de volver a acompañar a la boca, que en ningún momento deja su trabajo.
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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 4:46 am

Estaba a su merced, dominado como en todo momento, al final, por lo que ella desease. Por suerte para mí, ella era una dama grata y amable y lo que deseaba hacer, lo que hacía sin que la obligasen por lo menos, me resultaba completa y absolutamente placentero.
A medida que la velocidad de su boca aumentaba, lo hacía la intensidad con la que aferraba su cabello, su piel, y terminé por soltarla para evitar herirla por descuido. Al final la fuerza para derrotar a mil hombres no siempre era algo apropiado.

Se me escapó un gemido algo más agudo que el resto, por descuido, y pronto carraspeé, asegurándome de que el siguiente fuera más grave y varonil, demostrando que pese a todo era poderoso. Por supuesto, ella era una dama que proteger, pero también una guerrera. Y no había nada vergonzoso en ser derrotado por una gerrera..., pero pese a todo era necesario mantener la virilidad.

La respiración se me aceleraba, el pecho subía y bajaba, el calor aumentaba. pronto empecé a notar que volvía a envolverme aquel sudor ligero. Apretaba los dientes por contenerme, por no dejar ir el cuerpo, mientras contemplaba embelesado el vaivén de su cabeza, el trabajo de sus labios... Quizás aquella sola imagen, aquel recuerdo, llegase a bastar para conseguir el mismo fin que sus acciones.

Pasado un tiempo, la sensación era ya demasiado intensa. El vaivén de la cadera aumentaba, aún contenido, suave, pero claramente deseoso, y tuve que volver a cerrar los ojos para controlar la respiración. El algún momento había atrapado la manta con la diestra y la arrugaba, feroz, descargando con ella la tensión que no podía con Lea.

Y entonces resoplé por la nariz, lo sentí acercarse, y fui consciente de pronto de que no había pensado en algo como aquello, por algún motivo, tan importante para las damas a la hora de una práctica que para muchas era hasta innoble.

-Voy a... -me oí gruñir, sintiendo cómo la tensión de mi cuerpo comenzaba a concentrarse, cómo el placer crecía amenazante.

No pude acabar, pero esperaba que el mensaje la hubiese alcanzado para que pudiese apartarse, pues no quería terminar resultando un innoble obligado a disculparse por incompetente.
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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 5:08 am

La alteración crece a medida que continúa mi trabajo, sin pausa. Lo oigo, lo siento excitarse hasta no poder soportarlo. También lo veo. Alzo la vista para mirarlo, para comprobar su estado, su expresión, sin detenerme en ningún momento. Sé que está cerca. Es evidente que está cerca, que no sabe qué hacer ya para contenerse.

Su cuerpo avisa antes incluso que él de lo que está por venir. No sé si espera que salga corriendo o que de pronto me arrepienta de lo que estoy haciendo y comience a lamentarme de lo que ya he empezado, de lo que prácticamente he terminado. No es que rechace su aviso, pero tampoco me parece una alarma.

Me limito a asegurarme de que no vaya directamente al interior de mi garganta. No me parece en absoluto agradable. Apenas acabo de separarme de él cuando se deshace del todo. Llega a salpicarme un poco al cuello, pero no le doy importancia. Hasta que no ha terminado, no dejo de acariciarlo con la mano, y cuando lo ha hecho, me encargo yo misma de limpiarlo con total naturalidad. Es agrio. No es el sabor más agradable del mundo, pero tampoco es tan horrible como la gente lo describe.

Con total seguridad, sabiéndome libre de hacer lo que me venga en gana, me incorporo de nuevo y asciendo hasta la altura de su pecho, apoyando en él tranquilamente la cabeza. Está de nuevo caliente, y ahora algo sudoroso. En mi caso, he vuelto a alterarme un tanto, pero nada en comparación con lo que ha sido, así que no rehuyo el contacto.
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Rick

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 5:31 am

Primero creí que mi aviso no le había llegado, como había esperado enun primer momento, pero estaba tan concentrado en dejarme ir, en terminar de sentir el placer hasta el último momento, que no pude disculparme. Y luego cuando jadeante, abrí al fin los ojos y la miré, preparado para hablar, la vi proceder, y entonces comprendí. Comprendí que no le importaba.
Sus últimas caricias, agradables, ya más calmas, se mezclaron con la repentina excitación que también me causaba aquello. Si había algo que tenía claro, ya en aquel momento, era que nunca hubiese imaginado que Lea era una mujer como aquella la primera vez que la había visto. No me lo hubiese creído, de haberlo oído.

La tensión y la agitación dieron paso a un hormigueo agradable que comenzó a extenderse por todo mi cuerpo. Para colmenar con la perfección, ella pasó a apoyar la cabeza sobre mi pecho, y podía sentirla subir y bajar cada vez que respiraba, cada vez más despacio.
Se me escapó un suspiro, y puedo decir que sonó a satisfacción plena, aunque no lo había pedido nadie. Con distracción, casi sin darme cuenta, la diestra alcanzó su espalda, pasando a acariciarn, con una suavidad diferente, su piel, con las yemas de un par de dedos, sin un patrón especial. Al encontrarme con las escamas más gruesas de la columna, ascendí, lento, reconociendo una vez más aquella zona en concreto.

Allí donde reposaba su cara, o donde se pegaba a mi piel, sentía un calor más intenso, pero acogedor. Casi nunca tenía frío, pero ese tipo de calidez no me sobraba tampoco.
Seguía teniendo la sensación de que tenía mucho que decir, pero en aquel momento tampoco me parecía demasiado importante.
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Lea

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 5:44 am

Ya está. Ya no se revuelve ni quiere llenar el silencio. Se nota cómo ha cambiado la situación. Es mucho más relajante, y eso que antes era bastante relajante. Salvo porque, como él no estaba relajado, no me permitía relajarme a mí tampoco. Ahora, en cambio, casi me dan ganas de cerrar los ojos y dejarme estar.

Claro que no parece tan relajado como para permitírmelo. Se me tensa la espalda cuando la recorre, al intentar evitar un escalofrío. Suspiro, conteniéndome también para evitar un gesto desagradable. Tampoco es tan terrible, supongo. Qué más da.

Me reacomodo, apoyando un brazo entre su pecho y mi cara y la cara en él. Cierro entonces los ojos, ignorando los gestos.
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Rick

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MensajeTema: Re: Establos   Dom Abr 27, 2014 6:04 am

Al notarla moverse sobre mí, la contemplé de nuevo. Detuve el dedo que la acariciaba en aquel momento, dejándolo un segundo más sobre su piel, mirándola absorbido, inmóvil. Los ojos me pesanba, por una mezcla de relajación, cansancio y calorcito en los párpados, pero conseguí mantenerlos fijos en ella.

Lentamente, abandoné su espalda, sintiendo cómo se me aceleraba ligeramente el pulso mientras la acercaba a su cabeza, para satisfacer un repentino capricho. A veces, Rossel, me había dejado tumbarme sobre su pecho, ambos desnudos, y entonces me acariciaba el pelo con suavidad. Resultaba de lo más agradable. Y en aquel momento deseaba hacer lo mismo, me hacía una extraña ilusión, me despertaba un cosquilleo agradable.
Lo hice despacio, buscando ser relajante, terminando por sentirme relajado yo mismo con el movimiento lento y continuo. A ratos peinaba algún mechón, con sumo cuidado, y terminé por entrecerrar los ojos.
Ni siquiera tenía claro dónde estaba mi cabeza en aquel momento, pero tenía como una nebuliosa extraña y pesada dentro.

Al cabo de unos minutos no tenía claro si estaba dormida o no lo estaba. Perezoso, giré la cabeza hacia Lyo, que dormía algo más allá. No había ido a los establos con idea de dormir allí precisamente por él. Y, de hecho, incluso tras haber hecho indecentes e innobles insinuaciones, mi intención nunca había sido dormir allí por el niño. Y, sin embargo... ¿Habría acaso algún guerrero tan poderoso como para enfrentarse al cansancio, a la calma y a la idea de tener que abandonar a una joven durmiente?
Por otro lado... Imaginar su rostro por la mañana, cuando Lyo comenzase a llorar muerto de hambre... Aquello ponía un poco los pelos de punta...

Correría el riesgo, de todos modos.

Alcancé, como pude, estirándome intentando no molestarla y consiguiendo tomarla apenas con las puntas de dos dedos, una manta y nos tapé a ambos con ella. Al final terminaría sobrándome, que me conocía, pero era lo más apropiado.
Pronto el calor acogedor me envolvió y terminé por caer rendido.

*se duermen*


No creí haber dormido muchas horas cuando un sonido agudo y desagradable me despertó. Sentí a Lea revolverse sobre mí y soltar un quejido, abandonando mi pecho. Al final, el momento temido, esperado, inevitable y cruel había llegado. Y aunque me pesaban los ojos y estaba muy a gusto, tenía que hacer algo. El momento maravilloso llegaba a su final.

Suspiré, pasándome una mano por la cara, y me incorporé para ir junto a Lyo y tomarlo en los brazos. A cada día que pasaba, aquello de ser padre me parecía más complicado y poco atractivo.

-Shhh... ¿Qué pasa? -pregunté, al aire, con voz ronca, meciéndolo un poco. Acerqué un dedo a su boca, como me había enseñado la joven Massen-. ¿Tienes hambre?

Así era, por supuesto. Hacía muchas horas, ya, de su última comida. Mithos... ¿Acaso no podía ir él solo a encargar un buen tazón de cereales? Claro que no...

Miré a Lea de reojo. Ya se estaba vistiendo. Y yo en aquel estado tan innoble...

-Lo siento -me disculpé, con un suspiro cansado.

Dejé un segundo a Lyo en el suelo, para que gatease, para vestirme yo también. La veía lanzarle alguna mirada desconfiada al niño. Desde luego, animada no era lo que diría que parecía en aquel momento. Al final, sin quererlo, siempre terminaba fastidiando aquellas cosas, y ni siquiera yo como persona.

Ni siquiera me abroché la camisa, que de todos modos debía cambiarme, y recuperé a Lyo del suelo. Así no iba a conseguir que le gustasen los niños, desde luego.

-Tengo que llevarlo a comer -expliqué, todavía con voz adormilada, de nuevo con un leve tono de disculpa al final de mis palabras.

Asintió con desgana. Tenía la esperanza de que consiguiese seguir durmiendo. Yo, por mi parte, ya no tendría aquella posibilidad hasta la noche siguiente, aunque quizás podría aprovechar la siesta de Lyo, si llegaba a dormirse por la tarde.

Cuando salimos de los establos, Lea vino con nosotros, aunque nos separamos al llegar a palacio.

*se van*
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MensajeTema: Re: Establos   Mar Abr 29, 2014 1:47 pm

Tras recorrer el sendero del bosque, acabo llegando al sitio donde guardan los animales. El olor atraviesa incluso la tela de mi cara con lo que imagino lo desagradable que puede llegar a ser.

Me cuelgo por las bigas y postes del lugar, yendo de un lado a otro. La verdad es que el techo alto con tanta cantidad de maderos es muy cómodo para escalar por aquí.

Me cuelgo boca abajo, acercándome a uno de los bismontes hasta tocarle el pelo. Al poco de estar tocándolo se mueve mientras suelta un mugido y entonces me retiro rápidamente hacia el techo, incorporándome.

Camino por uno de los maderos horizontales, observando el suelo.

*se queda*
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Establos   Mar Abr 29, 2014 2:24 pm

La calma es agradable, aunque quizás ha habido ya demasiada. No es que desee que nos ataquen de nuevo, pero hace demasiado de la última carta de Heylel, de la empalagosa presencia de Madame Desmarais o de sus encargos... Incluso la tormenta parece lejana con las cosas tan tranquilas. Y, sin embargo, no es una tranquilidad agradable, al final. Es un poco como si el ambiente estuviese tan sobrecargado que nada se moviese. A veces siento comi si algo fuese a estallar de un momento a otro, de pronto.

He venido a los establos para tomar unas herramientas que me ha pedido un chico del servicio. Realmente venía él hacia aquí, pero quiero obligarme a moverme un poco.
Creo recordar exactamente a qué vine aquí las últimas veces, hace ya bastante.

El lugar es cálido. Más apto en invierno.
Me dirijo a las herramientas y entonces creo ver una sombra, algo. Alzo la vista al techo, tensándome sutilmente, buscando, agudizando el oído. Puede ser un animal o lo contrario.
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MensajeTema: Re: Establos   Mar Abr 29, 2014 4:59 pm

Veo entrar a la chrysos y me agazapo en una esquina, pegado al techo. No sabía que ella venía aquí, con los animales. La observo durante un momento, viendo como se acerca a las herramientas de hierro, mirando a su alrededor en busca del intruso.

Entonces decido dar un salto hacia otra de las vigas, quedando acuclillado casi frente a ella, mirándola desde lo alto como un felino, con las manos apoyadas en la madera entre las piernas. La observo un momento.

Buenas tardes —Le digo con tono neutro.
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Establos   Mar Abr 29, 2014 6:13 pm

En cuanto lo ubico dejo ir la leve tensión, recuperando el aspecto relajado. Aparentemente, por supuesto.
Los establos... Se me ocurren pocos lugares más apropiados para él que este. Aunque, desde luego, su saludo es extraño. Se me viene a la mente la imagen de su extraño comportamiento la última vez que nos vimos.

Es cierto que no me despierta mucha simpatía, y nuca he sido de las que se llevan bien con los novios de sus amigas (y ellas solían preferirlo), pero en Brontë no hay mucho donde escoger y supongo que Massen lo apreciará más que si simplemente soy desagradable con él.

- Buenas tardes -respondo, inmóvil, seca, contemplándolo-. ¿Entrenas? -inquiero, entonces.

Otra opción es que se esconda, pero dudo que entonces se revelase al verme. Aunque su comportamiento tiende a ser algo básico y no podría asegurar que sus motivos sean otros inconcebibles para los que no son como él.
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MensajeTema: Re: Establos   Mar Abr 29, 2014 6:27 pm

La mujer responde y yo me quedo mirando, girando la cabeza ligeramente y mirando un rato más, callado.

Entreno. Todo el rato. Escalar es lo que hago siempre —Respondo, informando respecto a su pregunta. No son cosas de hembras, puede decirse.

¿Entrenas? —Repito su pregunta, pero referida a ella, señalándola con la cabeza. Me reacomodo en el sitio, moviendo un poco las piernas y afianzando las manos sobre la madera.
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Establos   Mar Abr 29, 2014 7:23 pm

Podría darle fácilmente la razón. Siempre lo he visto descolgándose de sitios altos o desplazándose de manera extraña. Es una forma curiosa de proceder de la que podría sacar algún dato interesante, pero no es el momento.
Tomo las herramientas con gesto pensativo. Su pregunta me hace dirigir la mirada de nuevo al piscis, aunque lo he mantenido dentro de mi rango de visión en todo momento.

- Muchas veces -concedo, con un asentimiento serio-. Ahora solo trabajaba, sin embargo -añado, con cierta desgana. No me gusta contar mi vida sin motivo.

Me echo las herramientas al hombro y me peino el flequillo con los dedos, silenciosa, pensativa.

- Buenas tardes -repito, como saludé, lanzándole una última mirada.

No tengo mucho que decirle, para qué engañarnos.

*se va*
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MensajeTema: Re: Establos   Mar Abr 29, 2014 7:33 pm

La mujer responde y yo me quedo mirándola mientras recoge las cosas. Trabajaba. La gente no deja de trabajar desde que el cielo se rompió en estruendos. Trabajan juntos y hablan y se tocan.

Buenas tardes —Repito, monótono, a su despedida cuando se marcha. Silenciosa es más agradable que cuando sonríe.

Salto sobre algunas vigas más, luego sobre los bismontes, que mugen sorprendidos.

*se va*
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