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 Ciudad Nevada.

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Blues
Jefe de Raza
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MensajeTema: Ciudad Nevada.   Dom Jul 01, 2012 2:15 am

Es la capital del continente. En ella se producen los grandes comercios y las reuniones entre los gobernantes de la República de Aqua. Entre los monumentos importantes que están situados aquí, destaca el Palacio de Amphrophite. Las nevadas son muy abundantes en la ciudad y de ahí deriva su nombre.
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Dom Mar 02, 2014 5:52 pm

LA AGONÍA DE MITHOS


Los antiguos marineros habían sentido el aviso del mar. Las aguas, que recorrían la sangre de los piscis, venían transmitiendo sus inquietudes a sus habitantes desde hacía ya tiempo atrás.

Las primeras advertencias vinieron de la intranquilidad de los peces y seres marinos. Estaba extrañamente próximos de las orillas, revueltos, desorientados. Algunos de los de mayor tamaño habían perdido el rumbo, acabando por encallar en puertos y arenas. El agua de mares, ríos y lagos emanaba rebelde, nerviosa e irascible. Las mareas cambiaban de forma inusual y las lluvias abundaban como si el monzón fuese perpetuo, llegando incluso a derretir la nieve bajo su caricia húmeda.
Los lugares de montaña, donde residían los glaciares, gritaban y crujían en un constante y extraño pesar que no pudo pasar desapercibido por aquellos que los conocían.

Aqua sufría, lo que significaba que la corriente del mundo no mantenía el rumbo natural. Las tormentas aumentaron, las lluvias se confundieron con granizos y nevadas y los glaciares se desprendían en aludes montaña abajo, arrasando pequeñas poblaciones.

Las orillas interiores se anegaban en aguas que inundaban pantanos y tundras y las costeras observaban la bravura de olas feroces de tamaños descomunales.

La semana del desastre, Aqua pareció ser devorada por su propio elemento. El agua se retiró de la orilla y un gigantesco tsunami anegó las ciudades portuarias al tiempo que los aludes y nevadas se alzaron sobre las montañas cubriendo todo a su paso.

Cuando la relativa calma regresó, otro continente del mapa estaba advertido. Mithos tenía problemas más allá de lo que la política pudiera haber ocultado. La gente lo sentía y el planeta lo estaba sufriendo.
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Vie Jun 27, 2014 3:50 am

CALLEJAS

Los días de misión siempre volvían tarde.
Para cuando la noche llegó a Ciudad Nevada, Dena Forester y Malia LeGuin todavía caminaban por las calles. Pese a la lluvia que caía, avanzaban con un paso lento, deteniéndose de vez en cuando para observar las casas de la ciudad. Habían llegado a la ciudad meses después del día del desastre, pero aún así, a la flamma seguían llamándole la atención las construcciones y los contemplaba siempre que salía de la posada. La caeruleus esperaba entonces a que la muchacha reanudase su marcha. Nunca decía nada, ni preguntaba qué era lo que le llamaba tanto la atención, y se limitaba a cruzarse de brazos y aguardar.

—Deberías ir acercándote a la posada—dijo la flamma, esbozando una corta sonrisa. Alzó las manos al cielo—. Está lloviendo y a ti esto no te interesa, así que deberías irte. —La caeruleus suspiró—. Yo sé llegar sola y ¡tará! —una pequeña llama apareció en su palma izquierda—. Puedo iluminar.

Con un ademán, la pequeña llama se desvaneció.
Malia negó con la cabeza, esbozando una amplia sonrisa, y se acercó a la muchacha. Era mucho más alta y ancha que ella.

—Ya sabes que no me importa. —La miró. Dena bajó la vista—. Me gusta estar contigo.

La flamma permaneció en silencio. Malia apartó la mirada. Permanecieron unos segundos quietas, calladas, contemplando una pequeña casa de tejados rojos y grandes ventanas, hasta que finalmente Dena comenzó a caminar. La caeruleus, tras unos segundos, la siguió.

—La misión ha ido bastante bien... —murmuró, cuando ya llevaban varios minutos en silencio. Tenía la mirada fija en la capa mojada de la flamma, que la hacía parecer mucho más grande de lo que realmente era.

Dena asintió.

—Extremadamente bien. —no se volvió al responder, pero sonrió—. En unos meses terminaremos con todo y podremos ir a otro sitio.  
—¿Sabes ya el sitio?
—Nop.

Malia no dijo más.

Pese a que no era excesivamente tarde, las calles estaban extrañamente vacías. La actividad nocturna que se supone a una gran ciudad como es la capital no se veía, y un fuerte silencio reinaba en las calles. Las únicas personas que se podían ver eran vagabundos o borrachos, y aun así, su número no era demasiado elevado.
A Dena aquel silencio, que probablemente a su compañera le parecía incómodo, le agradaba. Siempre había odiado las grandes multitudes, y disfrutaba con la calma y la soledad. De pequeña, cuando le preguntaban por qué casi no hablaba ni se relacionaba, solía decir que así podía escuchar su propia cabeza y que tenía los suficientes amigos como para ser feliz. Recordaba que las chicas la miraban con cierta confusión al escucharla, probablemente pensando que los amigos a los que se refería eran solamente uno, pero ni ellas añadían más ni a ella le molestaba.

—¿Y sabes algo más de Brontë?

Dena parpadeó, y se volvió para mirar a Malia, que estaba a un par de pasos de ella. Negó con la cabeza, esbozando una amplia sonrisa.

—Nah. —Negó con la cabeza—. El muy vago seguro que aún está escribiendo ahora. Ya sabes cómo es.—Hizo un gesto con la mano, como quitándole importancia. La caeruleus frunció el ceño, molesta—. Pero seguro que no tarda en enviarme algo. Le doy dos semanas. —Torció una sonrisa—. Dos semanas antes de que mi poderosa ira caiga sobre él.

Malia chasqueó la lengua.

—Siempre igual —gruñó. Tenía los puños apretados—. Y estoy plenamente convencida de que no contará nada nuevo, como siempre. ¿Qué había contado en la última? —Dena la miró de reojo—. Ah, sí. Que "todo seguía igual" y que "las tormentas habían sido un poco fuerte, pero que nada grave" Bah, ¡tonterías!

Dena esbozó una corta sonrisa, volviendo la vista al frente.

—No es culpa suya que no pase nada... —murmuró.
—Podría investigar, intentar encontrar algo. Es más: debería. Se supone que para eso está, no para irse de picos pardos como seguro que está haciendo.
—Se supone que no debe llamar la atención...

La caeruleus la miró con cierta dureza.

—Le consientes demasiado —susurró. Luego apartó la vista, y calló.

Dena observó el suelo, en silencio. En el fondo, muy en el fondo, se sentía ligeramente culpable por mentirle, pero no tenía pensado confesar. Llevaba meses, casi un año, fingiendo que todo seguía igual con el chrysos, didienco que continuaban escribiéndose y que él seguía investigando cuando realmente hacía tanto que no sabía nada de él. Era un poco complicado, aunque conforme había ido pasando el tiempo había mejorado. Ahora ya no se ponía nerviosa cuando preguntaban, se mostraba mucho más entera que antes y daba más datos en sus mentiras. Incluso se había atrevido a inventarse la reacción del chrysos al saber de la enorme quemadura que ahora recorría su antebrazo.

Nadie sospechaba nada, ni siquiera Malia. Dena estaba convencida de que debía ser mejor mentirosa de lo que realmente pensaba. O tal vez simplemente Malia confiase tanto en ella que se creía todo lo que decía. No estaba segura.

De todas formas, aquella tranquilidad le parecía extraña. Había esperado que todo cambiase, y sin embargo, el mundo seguía igual que hacía un año. Era... Curioso.

Tras recorrer un par de calles más, intercambiando apenas un par de palabras, llegaron a la posada donde se alojaban, una vieja construcción de tres pisos bastante vieja y con ventanas muy pequeñas.
A pesar de que venían de la calle, al entrar Dena sintió frío. Apuró el paso, y comenzó a subir las escaleras con rapidez.
Malia, todavía en la entrada, la llamó. Se había bajado la capucha, y unos largos mechones negros se pegaban a sus mejillas. La flamma se detuvo y la miró, curiosa. También ella se había bajado la capucha.

—Dime —murmuró. La caeruleus subió un escalón.
—¿Te encuentras bien? —preguntó. Parecía preocupada. Dena frunció el ceño—. Lle... Llevas un tiempo tan rara, tan distante. —Dio un nuevo paso—. Ya casi no hablamos. Estoy... Preocupada.

Dena parpadeó. Estaba sorprendida. Acaba de convencerse de que era una buena mentirosa, y ahora ahí estaba Malia, a unos peldaños de ella preguntando qué tal estaba.
Frunció el ceño. No debería acercarse tanto, pensó.

—Estoy bien. —Sonrió—. Lamento que te hayas preocupado, pero estoy bien. —Malia trató de decir algo, pero antes de que pudiese, la flamma añadió—. Quiero estar sola. —Malia se detuvo. Dena sonrió—. Buenas noches.  

Sin esperar una respuesta de su compañera, la flamma subió las escaleras hasta llegar a su dormitorio, una pequeña habitación de no más de siete pasos de largo, baja de techo y con papel amarillo en las paredes. Dentro del habitáculo uno no se podía mover con normalidad: una cama demasiado grande para esa habitación ocupaba casi todo el espacio, apenas dejando que la puerta se abriese, y una diminuta mesa repleta de pergaminos y plumas se hacía con el espacio restante. Al fondo, una pequeña ventana dejaba pasar la escasa luz de la noche.

Dena se deslizó en la habitación con calma, se deshizo de sus ropas mojadas y se vistió con rapidez. Tenía frío.

Como pudo, se acercó a la mesa y cogió uno de los pergaminos escritos. Lo observó durante unos segundos. Luego se deslizó bajo las mantas y se hizo un ovillo.

*fin de escena*

fdr. me dijeron que la cuenta podía usarse para esto, pero si no, lo cambio sin problema.
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Miér Ago 27, 2014 3:46 am

POSADA

Había una muchacha de pelo naranja caminando bajo la lluvia, y Dena Forester, desde la ventana de su diminuto cuarto, la observaba. La joven aether avanzaba con pasos lentos, como si no le importase que se estuviese mojando, con un candil entre las manos que formaba una pequeña luz que apenas servía para iluminar sus pasos. Dena se preguntaba qué hacía Kathy tan tarde en la calle, y también cómo era posible que avanzase sin chocarse, pero cuando finalmente la muchacha se perdió bajo la fachada de la posada donde se hospedaban, la flamma no se movió, ni hizo el menor esfuerzo por abandonar la habitación cuando la escuchó subir las escaleras. En su lugar, permaneció sentada en el suelo, observando las calles por el sucio cristal.

Dena recordaba la primera vez que había hablado con la aether, hacía un par de meses ya, en el viejo lupanar donde Kathy había trabajado. La muchacha entonces se había asustado mucho al verla, tal vez porque en aquel preciso momento no esperaba a nadie, e incluso la había amenazado, pero al final Dena había conseguido que la escuchase. A aquella primera conversación le siguieron un par más hasta que finalmente Kathy aceptó unirse a la banda. Dena recordaba que no había sido complicado: la aether había aceptado con mucha más facilidad que las anteriores reclutas y no había hecho demasiadas preguntas; incluso se había mostrado impaciente por irse, algo que la flamma no recordaba haber visto desde la llegada de Lysa, hacía ya muchos años.

—¿Puedo irme ya contigo? —Le había preguntado una noche, cuando Dena ya abandonaba la pequeña habitación. Era invierno; afuera llovía con fuerza. La flamma negó aquella vez, pero cuando volvieron a verse, cuatro noches más tarde, abandonaron juntas aquel lugar.

Todo eso había ocurrido meses después de su última conversación con Lloyd. A veces Dena, cuando veía a Kathy, se preguntaba qué opinaría el chrysos de ella. Se lo imaginaba frente a la aether, entonces, y pensaba que probablemente Lloyd alzaría las cejas, sorprendido por el aspecto tan joven de la muchacha, y que después se presentaría torpemente, sonriendo y tendiéndole una mano, sin saber todavía qué decir. El chrysos siempre hacía lo mismo cuando llegaba alguien nuevo: primero los miraba sorprendido, confuso incluso, y permanecía unos segundos en silencio, probablemente pensando algo inteligente que decir, antes de simplemente presentarse con torpeza. Luego no solía hablar con ellos casi nunca, pero Dena sospechaba que tal vez con Kathy sí lograría intercambiar más de un par de palabras; incluso podían haber llegado a ser amigos. Eran bastante parecidos.

—Dana, Dana, Dana, ¿que te parecería si me tiñese de violeta? —Había dicho una vez Kathy. Ambas caminaban por las calles del núcleo de la capital de Aqua, detrás de Malia, que apuraba el paso. Era un día de mercado, pero el viento soplaba con fuerza y el cielo era plomizo, así que no había mucha gente—. Yo creo que la gente me tomaría más en serio porque seguro, seguro, seguro, seguro que parecería más peligrosa.

Dena no recordaba exactamente qué había respondido, pero sí recordaba que en aquel momento pensó en sus primeros días en la banda con Lloyd, cuando ambos seguían a Malia a todas partes, buscando la aprobación de la joven y algo que hacer.

—Eh, Dena, he tenido una idea para que nadie sepa quiénes somos. —Había dicho el chrysos en tono muy bajo una noche, muy tarde, cuando ya casi todo el mundo dormía. Estaban en algún punto de Fulmen, en una de las bases de la banda, esperando órdenes de los jefes. La base estaba casi vacía, pero dormían juntos por deseo propio.

—¿Qué idea?

La flamma se giró en la cama, mirando al chrysos, que tenía los ojos iluminados y la mirada fija en el techo. Sonreía, y parecía muy orgulloso de sí mismo, como cuando trazaba un plan para robarle comida al viejo Tom H.

—¡Teñirme! Es perfecto, escucha. —El chrysos la miró, disminuyendo la luz de sus ojos. Había ensanchado la sonrisa—. En un sitio, vamos de rojo; en otros, de amarillo; en otros, de blanco; en otros, de verde, y así cada vez que nos movamos. Seguro que así nadie nos reconoce, y seguro que a Malia le parece bien. Ella también se hace algo raro cuando va de misión, ¿no te lo ha dicho?

Dena se echó a reír y se dio la vuelta. Notó cómo el chrysos se incorporaba en la cama.

—Eh, no te rías, no es mala idea. Eh, escúchame, mírame. Dena, jope.
—No tienes dinero para tintes, alcornoque.
—¡Pero lo tendré algún día! Y no me llames alcornoque, que es un árbol, y yo no soy ningún árbol.
—Si te tiñes de verde, lo serás. —Lo miró, burlona—. Un árbol andante y flacucho. —Sonrió—. Además, alcornoque no es solo un árbol. A ver cuántas veces tengo que decírtelo.

El chrysos frunció el ceño, y le dio la espalda, cruzando los brazos, ofendido. Siempre había sido muy fácil molestarlo. En el lupanar donde habían vivido, algunas de las chicas más jóvenes solían molestarlo solo para ver cuánto tardaba en ponerse de morros e irse dando largas zancadas, enfadado con el mundo entero. Se reían mucho, y Dena no podía negar que a veces ella también soltaba alguna risilla. Era bastante cómico: luego, en la calle, lo veían serpenteando sin rumbo, maldiciendo por lo bajo y golpeando todas las piedras que se cruzaban en su camino, furibundo.

—Pues vale. Lo haré solo. Me das igual.

Y Dena se rió.

La flamma recordaba que semanas después el chrysos había aparecido con el pelo rojo, y que ella no paraba de reírse cuando el chrysos se miraba al espejo y decía: oh, Mithos, oh, Mithos, este color es horrible, aunque no tardaron mucho en acostumbrarse.

Algo semejante había pasado con Kathy: la muchacha, después de preguntarle a Dena su opinión, volvió un día de la semana siguiente cabizbaja, con el pelo violeta, claramente arrepentida de su decisión. Durante los primeros días tras su transformación, la aether vagaba por las posadas murmurando lo horrible que estaba, cómo había echado a perder su cara, y lo estúpida que había sido al pensar que así parecería más peligrosa y seria. Y a pesar de que pronto se acostumbró a su nuevo aspecto, cuando tuvo oportunidad se lo cambió al naranja que llevaba ahora. Dena pensaba que con su marrón natural la aether estaba mucho más guapa, pero Kathy parecía dispuesta a probar todos los colores del mundo en su pelo, así que no le había dicho nada, a pesar de que probablemente dejaría los tintes si ella se lo pedía.

La flamma suspiró, y curvó un poco los labios. Cuando Lloyd volviese, porque lo haría algún día, cuando todo terminase y ya no tuviesen que estar enfrentados, le presentaría a Kathy, y le recordaría lo estúpido que había sido con quince años, y también le hablaría del Glaciar Nevus y de todo lo que habían descubierto allí.

*fin de escena*
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Jue Ago 28, 2014 12:43 am

BARRIOS BAJOS


Hacía mucho que Polka no iba a los barrios bajos. Tras sus primeras misiones, la piscis había adquirido cierto renombre por la velocidad y eficacia con la que solventaba los casos, y pronto había sido ascendida a un puesto mayor que le permitió alejarse de aquellos ambientes. Había sido un proceso bastante rápido, para sorpresa de sus padres, que nunca habían imaginado que las aspiraciones de su hija la llevarían a la zona más rica de la ciudad, mucho menos que llegaría algún día a adentrarse en el Palacio de Amphrophite. Pero ahí estaba la otrora insignificante Polka: en un puesto envidiable dentro de la guardia de Aqua, al mando de varias operaciones de importancia dentro de la ciudad, muy lejos del mundillo donde había crecido.

Tal vez por eso resultase tan extraño verla ahí, inmóvil frente al edificio quemado, observando la fachada negra, las ventanas rotas, sin cristales, las paredes aplastadas bajo el peso del tejado hundido. A pesar de su aspecto, la construcción se mantenía en pie, con la zona derecha ligeramente inclinada, y dos miembros de la guardia inspeccionaban las zonas accesibles de su interior, preparados para cualquier derrumbamiento. Mientras, Polka permanecía afuera, esperando, paciente. En otra ocasión, probablemente ni se hubiese molestado en aparecer: cosas como aquellas eran muy habituales en los barrios bajos, que eran como una ciudad sin ley, donde el más fuerte ganaba y el débil se jodía y los ajustes de cuentas se solucionaban con violencia, pero llevaba ya demasiado tiempo oyendo cómo aquella zona se había descontrolado. A sus oídos habían llegado quejas, denuncias de desapariciones: alguna gente estaba asustada. Y los incendios que se habían sucedido en los últimos meses parecían llamar a la piscis, invitarla a acercarse. Polka tenía la sensación de que se estaban riendo de ella: todo lo que había ocurrido había sucedido en sus propias narices, nadie se había molestado en ocultarse. Las desapariciones se habían dado en la misma zona, en los mismos lugares, y lo mismo ocurría con los incendios: todos ellos se habían producido en prostíbulos donde semanas antes había desaparecido alguna muchacha. Aquellos fuegos parecían una marca, una firma: hemos estado aquí y no te has dado cuenta, y a la piscis habían comenzado a frustrarla.

Polka observó a su alrededor. El incendio se había producido cerca de la entrada a los suburbios, al final de una de las primeras callejas que nacían de la calle principal. Al lado del edificio había un par de posadas, y probablemente fue un huesped de alguna de ellas quien alertó del fuego, que se había producido a media noche. La piscis frunció el ceño. Pronto comenzaría a interrogar personalmente a todo el que pudiese saber algo. Entonces, cuando tuviese más datos, informaría de nuevo a Blues. No le había mencionado nada al respecto desde hacía un año, cuando las brigadas del Glaciar Nevus habían informado de que los ciudadanos decían haber visto unas extrañas bestias cerca de las zonas habitadas. Si aquellas desapariciones y los movimientos de las bestias estaban relacionados, entonces estaba convencida de que la líder querría saberlo.

Los dos oficiales abandonaron la construcción y se acercaron a la piscis; tenían la ropa y la piel sucias, oscuras. Uno de ellos, el más joven, se pasó una mano por la cara, esparciando las manchas; el otro, una mujer mayor, se dirigió a Polka. Tenía la voz grave, y mientras hablaba no apartaba la mirada de su superior. Según sus palabras, dentro no había nadie, y la mayor parte del moviliario estaba destrozado. Pero, al igual que los anteriores, parecía que el incendio había sido provocado con magia. Polka, mirando fijamente la construcción, asintió.

*fin de escena*


fdr. se supone que ocurre de tarde, pese a la hora que es ahora xDDDDDDDDDDD (pero una es una lenta y claro).
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Miér Ene 13, 2016 12:50 pm

Llevamos aquí atrapados bastante tiempo. Al principio era insoportable. No solo el frío, ya evidente por lo general, pero ensalzado por las constantes nevadas y el viento ululante del exterior, sino también por el encierro. La tormenta empezó antes de que llegásemos, pero nos atrapó también aquí, limitando el espacio que ocupábamos. Pudimos salir a la calle alguna vez, pero tras todo lo sucedido solo puedo alegrarme de que estemos vivos y a cubierto, ya que estas últimas semanas han traído comida como han podido.
No he podido evitar recordar la tormenta que hubo en Fulmen, cuando el cielo pareció romperse en dos. Caía granizo del tamaño de cabezas. Esto de aquí parece un suceso más normal, pero aun así es horrible. Una no termina de acostumbrarse por completo a l humedad que llega hasta los huesos.

Dormimos en los cuartos de los aprendices de Loksass, una chica y un chico de unos quince años. Una parte de mí hubiese preferido compartir cama con Jun, con el que tengo más confianza, porque por la noche se nota el frío también. No obstante, todavía no he sucumbido ante tal muestra de debilidad, y parece que poco a poco mi cuerpo tolera más la sensación, aunque una parte de mí quiere pensar que mis nervios están adormecidos.

Me viene un momento a la mente la idea de que me hubiese gustado que Corbin estuviese aquí. No puedo evitar pensar que este frío le resultaría estimulante, le serviría como entrenamiento intensivo en un medio hostil, y en su caso no tendría motivo para contenerme a la hora de pedir que me diese calor por la noche.
Es un pensamiento que procuro apartar de mi cabeza y que, de todos modos, tampoco resulta excesivamente recurrente.

El padre de Massen nos ha acogido bien. Ante eso no tengo queja. Le he contado algunas cosas de su hija, sin meterme demasiado en la relación ni dar pistas sobre nada que podría querer contarle ella. Pero la conozco desde el principio, y en parte se me hace grato podes compartir alguna historia común que pueda arrancarme una sonrisa. Jun tiene más problemas para comunicarse, porque Loksass no sabe leer, pero si le deja el amuleto a él puede escribirme a mí. Además, a falta de otras actividades, al final hemos practicado bastante la lengua de signos, por lo que puedo decir que he aprendido lo justo para entenderme en las conversaciones simples.
Y tampoco puedo decir que Jun me hable demasiado. Se pasa la mayor parte del tiempo con Loksass y los aprendices, Illoh y Lethe. Parece que él mismo haya olvidado el frío por un tiempo y que pretenda convertirse en uno más.

Observo cómo cae la nieve fuera a través de una ventana empañada. Ahora mismo el tiempo está revuelto, pero cuando se calme puede que salga un poco, pese a mi aversión al frío.

Ahora, sin embargo, voy a ver a Loksass. Quizás pueda darme algo que hacer.

*fin de escena*
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 8:10 pm

La habitación estaba en relativo silencio para la cantidad de gente que había allí reunida. Debido a la falta de luz propia de la época, las lámparas de aceite eran un bien necesario, pero abusar de ellas no era posible para un maestro armero humilde. Así pues, las lámparas estaban puestas allí donde las trabajadores lo necesitaban, y el resto de la habitación se mantenía en penumbra.


Lethe e Illoh compartían una misma lámpara frente a una mesa. Lethe afilaba alegremente una tabla, dándole una forma básica. Mientras lo hacía, mantenía una sonrisa, y vocalizaba en silencio alguna cancioncilla que solamente sonaba en su cabeza. Illoh, más taciturno, se mantenía concentrado en su tarea de ebanista, tallando delicados detalles en el asa de un escudo.


Loksass ajustaba, concentrado, los últimos detalles de un muelle. Cuando terminó, revisó con ojo crítico su recién terminada obra, y se la ofreció a Alehyss para que la examinara. Permaneció un momento en silencio, observando a la chica. Por último, sonrió con suavidad.

-Esta vez debería ser menos costoso cargarlo -apuntó-. Claro que no ha perdido demasiada velocidad. De todos modos, deberías juzgarlo tú misma, como siempre.

Loksass solía repetir que un trabajo no estaba acabado hasta que su usuario lo juzgara.
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 8:44 pm

Una tras una, las pruebas acercan el arma a la perfección. A veces me siento culpable por obligar a Loksass a repetir su trabajo, pero por el momento no puedo decir que me haya puesto una mala cara.

-Gracias -le digo, aceptando el arma, sopesándola, respondiendo a su sonrisa con una más escueta.

He de decir que no tengo demasiada fuerza, y la vez anterior me resultaba casi imposible cargarla con agilidad. En un combate real me hubiese sido prácticamente inútil tras el primer disparo.

Tiro de la palanca para tensar el resorte. Como ha dicho, esta vez cede con más facilidad. Tomo un dardo, entonces, y lo coloco en su lugar. Apunto a una de las tablas que llevo usado de diana desde que empezamos, situada en la pared. Salir del cuarto para cada prueba era engorroso.

-Vamos a ver... -murmuro, accionando el arma.

El dardo sale volando, veloz, y se hunde en la madera con un sonido seco, firmemente. La sonrisa que muestro para entonces es satisfecha, aunque todavía me acerco a la tabla para comprobar cómo de hondo se ha hundido el proyectil.

-Mucho mejor esta vez -le digo a Loksass desde donde estos, con cierta satisfacción.

He esperado mucho.
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Jun

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 8:51 pm

Me froto las manos con gesto concentrado, mientras espero a que Alehyss pruebe el arma. No hay mucha luz, pero ella suele ayudar cuando puede, con su cuerpo. Si es necesario, también yo puedo invocar un hechizo para iluminar las estancias, pero es más incómodo porque me deja una mano ocupada, y desde que llegué no he parado.
Al principio se me helaban las manos y me dolía el cuerpo del frío, pero la verdad es que últimamente he podido hasta quitarme una de las capas de ropa para estar más cómodo mientras trabajo. Loksass me ha dejado ver la evolución de su proyecto, y he aprendido mucho con él.

Miro a los aprendices. Estoy al lado de ambos. Cuando escucho a Lethe tararear, resoplo, divertido, pero pronto me centro en el experimento.

...

El sonido del dardo es correcto, pero la satisfacción de Alehyss es lo que necesito. Ella suele ser exigente. Y si cree que está bien, será que lo está. Pero...

<<Deberías volver a intentarlo>>, gesticulo, mirándola serio.

Una vez puede ser casualidad. Aunque no dudo del trabajo del maestro, nunca está de más cerciorarse.
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 9:12 pm


Lethe dejó su trabajo a un lado cuando Loksass anunció que había terminado. Illoh, sin embargo, permaneció atento a su labor, ignorando la atención que reclamaba el proyecto de su maestro. Illoh solía limitarse a su propio trabajo, lo cual lo hacía especialmente eficiente. Sin embargo, no siempre le convenía dejarse absorber tanto por su trabajo, ya que se perdía experiencias que podían serle de utilidad.


Loksass, por su parte, atendió a Alehyss, que ya parecía estar a costumbrándose al manejo del arma, aunque este no fuera ni de lejos perfecto. Después de todo, cada nuevo prototipo tenía alguna nueva particularidad, pero la base era la misma para todos.

-¿Has encontrado algún otro problema con él? -preguntó, observando a la chica mientras probaba el arma. No le pasó desapercibido el gesto de Jun, aunque no pudiera comprenderlo.
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 9:22 pm

Noto todos (o casi todos) los ojos puestos en mí. Calibro de nuevo el peso del arma, moviendo el brazo. Finalmente, hago un par de movimientos marciales, lanzando golpes al aire. No estorba demasiado. Ya me encargué de puntualizar desde el principio que debía ser ligera. No pienso sustituir mi estilo de combate por esto. Simplemente complementarlo.

Dirijo un asentimiento rápido a Jun, pero es a Loksass a quien me dirijo al hablar.

-Me preguntaba si sería posible añadir algo por encima, como algún tipo de fino recubrimiento que no entorpezca la recarga. No quiero que se rompa de recibir golpes -y me ayudaría a defenderme de algunos-. Por lo demás lo veo bien.

De todas formas, tomo de nuevo el dardo y lo cargo. Jun no deja de tener razón.
El segundo tiro, por parte del arma, es tan impecable como el primero. Ni siquiera me devuelve demasiada fuerza al brazo, por lo que puedo apuntar más o menos firmemente.
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Jun

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 9:26 pm

No puedo hablar mucho. Es lo malo de tener solo un amuleto. Generalmente, lo intento por escrito o dándoselo a quien convenga. Ahora mismo, sin embargo, me conviene más mirar y aprender. Por suerte Alehyss me tiene en cuenta. Aunque me llama más la atención su pregunta. No había pensado en eso.
Cuando me doy cuenta estoy pensando en materiales y la forma de hacer eso. Desde que vine aquí me siento mucho más activo mentalmente. Será de estar rodeado de estímulos.

Enseguida miro a Loksass, expectante, buscando la respuesta del experto. Quizás, si no se le ocurre nada... En parte tengo ganas de compartir mis teorías, aunque sean solo un esbozo Aunque no tiene sentido, es como si quisiera parecer el alumno aventajado. Eso está algo mal por mi parte; acabo de llegar. Pero, de todas formas...
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 10:23 pm


Mientras Illoh continuaba con su tarea, Lethe acabó por dejar de lado su pieza y se acercó a Loksass para observar los resultados del trabajo de su maestro. Con su agradable sonrisa, siguió los movimientos de Alehyss y, al igual que Jun, volvió la vista a Loksass cuando Alehyss mencionó los acabados.


Loksass, consciente de la mirada de los chicos, asintió al comentario de Alehyss. Pasó un brazo por encima del hombro de la jovencita, y volvió la vista a Jun, que parecía alerta. Asintió de nuevo.

-Sí, necesitará un buen acabado -coincidió-. ¿Qué diseñarías tú, Jun?

Lethe se revolvió un momento, sin rechazar a su maestro. Y Loksass bajó los ojos hacia ella y la soltó.

-¿Y tú?

En seguida, Lethe tomó un par de trozos de pergamino a medio usar y unos carboncillos, y pasó uno al claritas. En seguida comenzaba a garabatear las primeras líneas.
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 11:29 pm

Yo no sé mucho de acabados, aunque sé bastante de armas De todos modos, no hablo. Cargo de nuevo el arma, sintiendo cierto cosquilleo emocionado recorrerme desde el vientre, pero tampoco disparo. Miro a Jun, sin embargo.
Seguramente le emocione que le pregunten. Desde que llegó, ha trabajado mucho. Hasta me ha sorprendido, admito. Creí que se metería bajo las mantas y que nadie lo movería de ahí hasta que nos marchásemos.

Tengo curiosidad por lo que tengan que decir. Cualquier mejora que añadir será positiva. Aunque, por supuesto, siempre y cuando el peso y el tamaño no aumenten demasiado. La idea es que sea tan compacto como para que no destaque mucho bajo la ropa. Ya veré la forma de camuflarlo.
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Jun

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Lun Ene 18, 2016 11:40 pm

Me tenso un poco cuando Loksass me pregunta, irguiéndome. Todavía se me hace raro ser más alto que la gente, pero lo cierto es que cada vez pasa más a menudo.
Bajo la vista a la chica, a la que rodea con un brazo, como si esperase que ella me diese la respuesta. Cuando la menciona a ella me tenso de nuevo, yendo tras Lethe para hacerme yo mismo con carboncillo y papel.

Veamos, no necesito un diseño, exactamente... Tiene que ser algo sencillo. Pero resistente. Y ligero. Y...
Mi mano viaja veloz por el papel. En un momento tengo un esbozo del arma, que he dibujado tantas veces que puedo replicar de memoria. Y luego, por encima, trazo una especie de malla de líneas.

Tardo un par de minutos. Luego le entrego la hoja y el amuleto a Loksass.

-Una finísima cota de malla sería ligera y resistente incluso contra armas metálicas- razono, serio-. Protegería el artefacto de golpes menores sin aumentar su peso.

Tampoco podemos plantear que detenga un hachazo. No es su función.
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Mar Ene 19, 2016 12:14 am


Loksass examinó con interés el modelo de Jun y asintió. Parecía algo bastante factible. Y novedoso, para él. Después de todo, Loksass y sus discípulos trabajaban poco con el metal. Pero, en el caso de Alehyss, lo agradecería, probablemente. Podría serle útil para su magia, que ya había mencionado en varias ocasiones.


Lethe también mostró su diseño, más similar a lo que Loksass tenía en mente. La chica, que no había podido atender a la explicación de Jun y no había visto de él más que su diseño, se dispuso a explicarse.

-Una carcasa de madera fina y flexible -explicó-. Protegería el mecanismo sin estorbar a la ropa ni convertirse en un arma aparatosa. La misma madera que ellos han traído es muy resistente, así que podría ser una buena opción.

Loksass puso los dos diseños juntos y asintió. Se dirigió entonces a Alehyss para mostrárselos.

-La forma de Lethe asegura la misma comodidad y ligereza del diseño original -apuntó-. La de Jun, sin embargo, conseguiría mayor resistencia, y creo que se adapta más a tus intereses de combate. Quizás podamos combinarlos. Sin embargo, necesitaré que un compañero prepare la malla para que tenga una calidad acorde al arma -. Se volvió hacia Jun-. Quizás te interese colaborar con quien la haga.
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Jun

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Mar Ene 19, 2016 12:20 am

Atiendo a la explicación que Lethe ofrece, esbozando una sonrisa, asintiendo, comprendiendo lo que dice. Por mucho que llevemos aquí, sigo centrándome en cosas que no son de madera. Si me lo planteo así, realmente ellos no podrían hacerlo. Pero es lo que se me ha ocurrido, y no parece haber recibido críticas especialmente negativas.
De pronto me siento lleno de energía. No sé por qué, pero aquí me siento así.

La propuesta de Loksass me toma por sorpresa, pero enseguida asiento. Sigue llevando mi amuleto, de modo que hablo.

-¿No sería un problema? Me gustaría mucho. ¡Quiero aprender cuanto pueda!
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Mar Ene 19, 2016 12:28 am

Primero espero a que Jun se comunique. Supongo que luego tocará que me o expliquen a mí. Luego se pronuncia la chica y es entonces, cuando ella ha terminado, que Loksass me explica lo que Jun ha dicho, mostrándome ambos dibujos. Los examino, alzando las cejas con suavidad. Lo cierto es que... parece que tenemos aquí a dos cerebritos. No esperaba una respuesta tan exhaustiva, y menos aún en tan poco tiempo.
Otra cosa es que funcione, pero en principio parece bien pensado.

-¿Y es posible?-. Evidentemente, es posible. Lo que quiero decir es otra cosa-. Puedo pagar, pero para eso no tengo materiales.

Y no creo que los encuentre con esta nieve.
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Mar Ene 19, 2016 12:37 am


Lethe miró a Jun con una mirada difícil de describir. Llegó a volverse un momento hacia Loksass, pero entonces negó suavemente, manteniendo su sonrisa, y bajó la vista, pasando a segundo plano de un modo que se le daba bastante bien.


Loksass, por su parte, asintió a Jun con seguridad y pasó a centrarse en Alehyss. Su ofrecimiento lo hizo soltar un amago de risa, que camufló tras una especie de carraspeo. Entonces negó con seguridad.

-No será necesario -respondió entonces, con una sonrisa enigmática-. En realidad, llegasteis con cierto retraso para daros una información en condiciones, pero lrecibí una carta que cubría cualquier gasto que pudiera suponer este trabajo. Un regalo de cumpleaños, según tengo entendido.
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Mar Ene 19, 2016 12:48 am

Mi gesto se agudiza un poco cuando dice que el pago no hará falta. El escepticismo no dura demasiado. Cuando aclara el motivo, no puedo evitar que la sorpresa trasluzca. Entreabro los labios un instante y, al siguiente, dejo ir una sonrisa resignada, a la par que niego, más bien para mí.
Nunca le he dado mucha importancia a los cumpleaños, pero...

-Ya había hecho bastante con recomendarme -comento-. Otra cosa más que agradecerle.


Resoplo, divertida. La verdad es que me siento agradecida. No creí que un regalo fuese a significar eso aluna vez.
Miro a Loksass de nuevo.

-De todos modos, si puedo hacer cualquier cosa para facilitar las tareas, me encargaré de ello.
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Jun

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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Mar Ene 19, 2016 12:59 am

No puedo evitar tener una sonrisa contenta brillando en la cara mientras aparto la mirada, tratando de no resultar evidente. Que no soy un niño, a fin de cuentas. Pero me hace tanta ilusión que...
No sé. Dan ganas de ponerse a trabajar ahorra mismo, aunque no tenga ningún sentido ahora mismo.

Vuelvo la vista hacia Alehyss cuando Loksass le da una noticia que creo que ninguno esperaba. Me hace gracia. Massen es muy detallista cuando se pone, la verdad. De hecho, su gorro me ha salvado de perder las orejas en el viaje, creo...
Tomo un mechón de pelo entre los dedos, tirando de él hacia adelante con suavidad, pensativo. Desvío la mirada, entonces, hacia Illoh, y finalmente a Lethe.

Se me hace extraño, la verdad, que Loksass tenga aquí a estos dos chicos y no a sus hijos. Massen apenas tendrá un par de años más que ella. Si hubiese querido, quizás...
Bueno, imagino que no quiso, simplemente. El asunto de la familia de Massen es algo que no entiendo bien. Supongo que es porque yo no tengo.
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MensajeTema: Re: Ciudad Nevada.   Mar Ene 19, 2016 1:21 am


Lethe ya estaba informada acerca de aquel regalo, y quizás eso hizo que recibiera la reacción de Alehyss con más regocijo que sorpresa. Se sintió, por alguna razón, parte de ello, aunque solo lo expresara a través de una sonrisa discreta. Examinó un momento a Jun procurando que él no se diera cuenta, calculadora, y volvió la vista a su maestro.


-Por supuesto, y te lo agradezco -respondió al ofrecimiento de Alehyss-. Por el momento, sin embargo, te pediré que utilices ese modelo. O, por supuesto, cualquiera de los demás que hemos fabricado. Quiero estar seguro de que estás satisfecha con el resultado antes de que te lleves el arma definitiva.

Dio un par de palmaditas a Lethe, que entendió al momento y comenzó a recoger.

-Sin embargo, de lo demás tendremos que ocuparnos mañana -zanjó-. No conviene alargar demasiado el tiempo. Por la mañana podremos aprovechar algo de luz, y no es algo que podamos perder sin más. Illoh, mañana podrás seguir con eso. No gastes más aceite.


El chico no varió el gesto, pero obedeció al instante. Pronto guardaba las herramientas y rebajaba la luz de la lámpara, con la formalidad y disciplina que lo caracterizaban. Lethe, por su parte, no tardó en incluir a Jun en sus tareas de orden y limpieza, y en cuanto Loksass estuvo a una cierta distancia, comenzó a parlotear como solía en su tiempo libre.

-Te enseñaré también a hacer una buena carcasa con madera -decidió alegremente-. Alguna vez podría ser más útil que la malla.

*Fin de escena*
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