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 Ciudad Subterránea.

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AutorMensaje
Blues
Jefe de Raza
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Edad : 36
Mensajes : 734

MensajeTema: Ciudad Subterránea.   Dom Jul 01, 2012 2:21 am

Se trata de la segunda capital de Hummus o, de hecho, de la primera ya que fue la primera gran ciudad en formarse dando lugar, posteriormente, a la Ciudad de Cristal en el exterior y haciendo nacer los enfrentamientos familiares entre el Hummus de las galerías y el Hummus de la superficie. Es una ciudad magnánima situada bajo tierra y, a pesar de la altura de sus pequeños habitantes, sus techos son de gran altitud debido a su enorme profundidad. Por supuesto, las casas de los parvus tendrán el techo más alto o bajo e función de su renta, así las familias más humildes contarán con casas de su tamaño y las más adineradas con enormes galerías con techos decorados con ornamentas o manteniendo la decoración ruda y encantadora de las estalactitas. Esta ciudad también mueve un enorme comercio, pero es todavía más exquisita con los turistas. Es por ello que, si no eres parvus, quizás tengas problemas a la hora de pasear por aquí. Están interconectadas con las gigantescas e intrincadas Minas de Jade que recorren gran parte del territorio de Hummus y, se dice, llegan a comunicar con Ignis.
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Nagore

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Edad : 23
Mensajes : 270

MensajeTema: Re: Ciudad Subterránea.   Vie Sep 20, 2013 4:58 am

Se encerró con un portazo en su habitación. Al fin en casa. No quería darle explicaciones a sus padres en aquellos momentos. Sólo quería desahogarse. Lo necesitaba. 
-¡Aaaagh! -chilló, lanzando contra la pared lo primero que pilló a mano. 
El jarrón estalló contra la estantería, arrastrando consigo algunos libros.

El chico, que al fin podía caminar sin la enorme capa negra con la que había cargado durante los últimos meses, se dejó caer contra el escritorio. Abatido. 
Estuvo sumergido en el más absoluto silencio durante, al menos, diez minutos. 
Luego, desesperado, comenzó a darse secos cabezazos contra el escritorio. Su figura, únicamente iluminada por decenas de pequeños UnkenDerr iluminaban la habitación del chico con su tenue luz.

La presión en su pecho ardía tanto... era todo tan horrible. Tan frustrante. -¡POR QUÉ! -chilló.

Se levantó con rabia y fue al maletín que Nagorr le había dado. En él, descansaba su medicación. 
Tragó saliva. Recordó cómo había engañado a Follow y a Fier para que le ayudasen a conseguir el huevo de dragón. Era el ingrediente clave de su medicación y él sólo nunca lo habría conseguido. Les estaba profundamente agradecido. 

Abrió su armario, lleno de ropa neutra, sutil y elegante. De hombre. Sin embargo, pasó de largo, metiéndose hacia el fondo del armario y haciendo girar una pequeña llave. Esta dio paso a un segundo armario en el que escondía decenas de vestidos y pelucas de pelo natural perfectamente teñidas de rosa. 

Sacó de una bolsa el vestido con el que había ido a la fiesta de cumple de su tío. Sonrió amargamente al recordar cómo deliberadamente se había echado el vino por encima para tener una excusa para abandonar la fiesta y así poder reunirse con su tío. Él nunca le habría reconocido bajo su apariencia femenina. No... lo entendería. Nadie le entendía. 

Depositó con mimo el vestido en una percha vacía y continuó hacia el cuarto de baño. Estaba sudado y cansado del viaje. Necesitaba ducharse. 

Se quitó la camiseta y se miró al espejo con frustración. Siempre había dicho que era una chica de poco pecho... No sabían hasta qué punto. 
Suspiró y decidió dejar de mirarse, pues no le hacía otra cosa más que daño. 
Se quitó la parte de abajo y la ropa interior, dejando a la vista un pequeño y aniñado pene. Sólo, rodeado de una fea cicatriz en su parte posterior. Cicatriz que marcaba la inexistencia de sus testículos. 
Aquella, sin duda, había sido una de sus peores experiencias. Aún podía recordar cómo se seccionó sus propias gónadas. Si no fuera por las pociones anestésicas que robó a su madre, enfermera, no habría podido hacerlo. Ya hacía más de cinco años de aquello y no se arrepentía en absoluto. Sino lo hubiese hecho, no podría haber mantenido su voz asexuada y sus facciones dulces. Sino lo hubiese hecho, habría salido barba... y aquello sería intolerable. 

Se hundió en el agua tibia y se pasó las manos por la cara, pues desde el día que la vio bañarse, cuando él lo hacía, no podía dejar de sentir una terrible envidia de ella: Alehyss. Sus portentosos senos, sus curvas perfectas, no podía asegurarlo, pero seguramente tuviese también una vagina bonita. 
Se hundió hasta la nariz, echando aire por esta. 
Le había dicho a Massen y al resto que ningún hombre aguantaba mucho con él porque Nagore, ciertamente, podía llegar a ser muy cargante. Sin embargo, no había conseguido mantener una relación larga con nadie debido a lo que el interior de sus piernas guardaba. Todos le llamaban cosas horribles cuando se daban cuenta del engaño. A parte de ir a buscar una medicina para la enfermedad de su corazón a Brontë, también había ido en busca de algún hombre, algún chico que... no le importase tener una novia con algunos secretos... Sin embargo, ni siquiera había conseguido mantener relaciones anales. En cuanto era descubierta, era rechazado al instante. ¿Y de qué se engañaba? Si ella se hubiese encontrado con un "tío sin nabo" tampoco le habría dado ni la mínima posibilidad. Tenía lo que se merecía.

Sin embargo, era injusto. Demasiado. Pese a todo, había logrado engañar a todo el mundo y nadie conocía su verdadera identidad... Todos excepto ese médico entrometido. Definitivamente debió haber acabado con su vida. Ahora, si se iba de la lengua, podría correrse la voz por los pasillos de palacio y que todo su trabajo hubiese sido en vano. 
Claro que estaba incupliendo las normas... Era un chico y, por muy eunuco que fuese, no podía meterse en el baño ni en el dormitorio de las chicas. Por eso desde que el médico averiguó su condición al realizar sus exploraciones, Sendall estuvo durmiendo escondido en las habitaciones del pasillo, saliendo únicamente en contadas ocasiones ara comer y lavarse. Los establos también le proporcionaron gran apoyo escondiéndole durante sus últimos días en Brontë.

Sendall Brumm salió de la bañera y se secó, con cara de pocos amigos. 
Durante aquellos meses, había logrado ser libre. Poder ser quien de verdad quería ser y comportarse de una manera alegre, desenfadada y, por qué no decirlo, algo insoportable y caprichosamente. 
Sin embargo, su aventura había acabado y pronto debería regresar a sus tareas comunes de estudio y preparación. Su madre quería que se dedicase a la política, como su tío Nagorr y el apellido Brumm necesitaba un heredero y, ante la falta de hijos del líder parvus, Sendall era el heredero más cercano. Sin embargo, el chico vivía agobiado. No quería volver a sus días de arduo estudio. ¿Por qué no podía ser bailarina, cantante o incluso... guerrera?; le daba igual. Pero convertirse en Sendall Brumm, líder parvus heredero del gran Nagorr Brumm... le asqueaba. Su tío le caía muy mal. Era un idiota caprichoso que sólo pensaba en beber y divertirse. Bah...

Pensó en todas estas cosas mientras se vestía el pijama y se peinaba los castaños cabellos. 
Escuchó a su madre llegar.
Suspiró. 
-¡Mamá!- chilló con desgana.- Estoy en casa -dijo levantándose del escritorio resignado, para ir a recibir a su madre. 
Por una parte no quería verla, por otro... una madre es una madre...

*se va*
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