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 Ciudad Capital.

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Aren Darvenwish
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MensajeTema: Ciudad Capital.   Lun Jul 02, 2012 12:50 pm

Es la ciudad más amplia e importante de Ignis donde los gobernantes de las provincias se reunen en caso de precisar llegar a algún acuerdo. En ella se encuentra, entre otros monumentos históricos, el Palacio de Lord Efesto.

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Aren Darvenwish
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Lun Mar 25, 2013 1:03 am

El líder Darvenwish se tomó día y medio en Ignis para acomodarse en la residencia que los gobernantes había facilitado para su corta estancia y preparar a fondo el discurso que daría frente a la corte de gobierno.
Debía explicar la delicada situación internacional y los argumentos que lo obligaban a bloquear el proceso matrimonial que tanto se había debatido en aquellas mismas cortes, con los gobernantes de las provincias reunidos igual que aquella vez.

Se presentó en la sala de gobierno en el día y hora acordados, presidiendo el pequeño estrado reservado a los expositores visitantes. Frente a él y a varios metros se encontraba el gigantesco y ornamentado estrado en el que se acomodaban los gobernantes de provincia con sus respectivos segundos. Bajo ambos estrados había una enorme sala con filas ascendentes de asientos en las que se sentaban, por jerarquía, los secretarios y demás figuras políticas representativas de Ignis. Cuanto más arriba y más cerca de los debatientes, mayor rango. Barthemius esperaba fuera, pendiente de su amo, pero ajeno a las disputas políticas internas. Cuando todos estuvieron dispuestos, comenzaron las explicaciones.

El mundo vivía una importante crisis que todavía no era capaz de controlar y los continentes estaban cada vez más susceptibles y recelosos con las relaciones internacionales.

La culpa comenzaba a rondar en boca de todos alrededor del mundo centrándose más concretamente en Fulmen, quien intentaba disuadir al resto, bajo cualquier circunstancia, de su implicación con el asunto.
Siendo así, la postura de Ignis y Caligo resultaría comprometida con tal enlace. El hecho de que Caligo generase un pacto de tal importancia con el continente de fuego, tan próximo a Fulmen y perteneciente a la triada del continente desde hace largos años, podría interpretarse como el inicio de un alzamiento contra el continente del rayo a causa de las desconfianzas perpetradas por el fenómeno de la energía e inicio de un nuevo conflicto internacional de gran calibre.
Aqua se presentaría suspicaz a este respecto pues, como parte de la triada, no gustaría de alianzas tan llamativas en épocas peligrosas como las vividas en la actualidad y podría poner en duda sus alianzas con el fuego.

Lumen también podría verse afectada, interpretando tal unión como un repudio a su participación en tales empresas por parte del continente de fuego al preferir organizar sus movimientos contando con su hermano únicamente (conste que tal punto sería inevitable en cualquier otra situación, pero su solución no sugeriría mayores problemas sin los alicientes críticos de la actualidad).

En general, lo que se había presentado como un paso hacia la globalización y cooperación internacional pasaría a asumirse como un compromiso bélico en pos de una ambición común que beneficiase a ambas partes convirtiendo a Ignis en la potencia peninsular y a Caligo en la soberana isleña.

Por otra parte, el compromiso económico de tales acontecimientos resultaría de gran negatividad para la población, pues en tiempos de decadencia, invertir en festejos de alta alcurnia resultaría la mecha que iniciase la explosión de la rebelión e intranquilidad de las gentes, hasta ahora contenidas.

Tras largas horas de exposición y debate, el líder Darvenwish continuaba con tono seguro y sereno frente al cúmulo de suspicaces y recelosos jueces que juzgaban su actuación en aquel decorado paredón.

Se esperan duras épocas en las que los pueblos renegarán de sus cabezas de gobierno con lo que debemos tratar de mantener la calma y el equilibrio de la forma que mejor sepamos. Únicamente me queda reiterar mis disculpas por tales devenires, pero espero que esto haya sentado como precedente para dejar paso a un frente de alianzas entre nuestras tierras. Deseo suerte y paz a Ignis así como a mi propio pueblo.

Más debates, charlas, preguntas, encuentros, citas, pactos… Todo lo que rodea a un encuentro político de tal magnitud no pudo faltar tampoco en aquella situación y, cuando por fin finalizó todo aquel entuerto que no dejaba de resultar un paripé político a ojos del líder caeruleus, éste pudo retirarse junto con su vasallo y escolta a descansar cuando ya el día daba a su fin. Le había costado lo suyo adaptarse al horario para poder asistir en buenas condiciones a la asamblea magna, pero a pesar de todo únicamente pretendía descansar un par de horas para luego rondar la noche Ignita, pues así le resultaba más cómodo visitar la ciudad.

Llegó a la residencia que le había sido facilitada y se acomodó casi como en su palacio. Se relajó, chismorreó algunas quejas con su Barthemius de confianza y trató de olvidar el tema. Eran las dos de la madrugada cuando, tras haber descansado, el líder Darvenwish se encontraba vestido con las ropas típicas de descanso en Ignis, un kimono vaporoso que le permitiese salvar el calor de la gran ciudad. Apoyado en el balcón discernía los diferentes lugares a los que la residencia tenía vistas y disfrutaba de la noche calurosa.

Then, ve preparando el equipaje, no creo que tardemos en partir de nuevo —Barthemius, ataviado con su propio atuendo Ignita, arreglaba la cama del líder mientras escuchaba las instrucciones.

Fue entonces cuando el líder sintió un ligero cosquilleo en el pecho, a penas un ligero contoneo similar al batir de alas de una mariposa voluble. Sonrió para sí. Había tenido gran cantidad de cosas sobre el pecho, pero aquello era algo más curioso. Llevó la mano al lugar y retiró el cristal que siempre guardaba en el mismo rincón de su ropa.

Lo que vio casi lo dejó sin respiración –y sin cristal si llegaba a caérsele de las manos-. Sus ojos se abrieron más de lo habitual y casi chisporrotearon en violeta durante unos segundos. Se quedó allí plantado, observando con detenimiento aquello que contemplaba para corroborar que no se trataba de una impresión.

El cristal que sostenía en la mano estaba brillando con una luz tenue y alterna, emitiendo la silenciosa alarma que había permanecido aproximadamente un año en silencio. No daba crédito, simplemente no podía creerlo. Después de tanto tiempo aquello daba señales, y en Ignis, nada menos.

El líder se vio sorprendido por una sonrisa amplia y excitada. El pececillo era más duro de lo que parecía a fin de cuentas.

Barthemius, prepara ahora mismo mi ropa. Vamos a salir a patrullar Ignis durante unas horas —La satisfacción le recorrió de arriba abajo mientras contemplaba los cristales y preparaba sus ropas. Aren Darvenwish nunca daba puntada sin hilo. Estaba preparado y motivado. La oreja de Silvanus Kettleburn había revelado su paradero.

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Aren Darvenwish
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Lun Mar 25, 2013 2:27 am

El pequeño escuadrón del líder Darvenwish no tardó en aventurarse en la noche Ignita. El líder, Barthemius y dos escoltas llegaron a un cruce de calles donde los barrio pobres abundaban y las tascas de mala muerte predominaban junto a las casas abandonadas.

El líder estaba frenético, pues el haber seguido el brillo de la oreja en una expedición tan repentina y basta lo hacía ponerse en la piel de un aventurero que acababa de descubrir la pista que precisaba para encontrar el tesoro oculto. Se sentía realizado y extasiado por tan gran acierto y, sobre todo, sorprendido porque el chiquillo continuase vivo en alguna parte.

¡ALTO! —Gritó en el carruaje una vez el brillo del cristal fue algo más intenso. Su distinción era harto complicada, pues el resplandor era tan tenue que apenas se distinguía algún aumento en la fuerza de su luz. Quería decir entonces que el muchacho estaba muy débil, quizás en las últimas. Pero ahora que estaba tan cerca el líder Darvenwish no iba a dejar que llegase su fin y mucho menos que desapareciese del mapa de nuevo.

Bajó del carruaje con paso firme y escudriñó el lugar.

Vieds De Cazz... Guardias, vigilad los callejones y poned sobre aviso a la guardia de Ignis. Barthemius, acompáñame con las cosas. —Dadas las órdenes el líder se encaminó hacia la posada más cercana, abrió la puerta, ignoró la pestilencia del lugar, puso un saco de monedas sobre la barra con un golpe y pasó de largo. —Una habitación en la parte superior durante cuatro horas —No hubo mayores palabras que las de sorpresa de los indeseables presentes. Aunque a ninguno se le ocurrió molestar al hombre bien vestido que destilaba un poder demasiado incontrolable como para tratar de enfrentarlo. El oro no valía tanto en aquella tasca.

El líder llegó a la última planta con su fiel criado, cerró la puerta con llave y selló la habitación con un mágico gesto de su muñeca. Se desprendió de su chaqueta, se sacó los guantes y se remangó la camisa. Todo ello al tiempo que su sirviente preparaba sobre la mesa un cúmulo de tarros, una gran fuente y unos cuantos libros que parecían de recetas.

Prepáralo, esta noche me siento imparable. Espero poder soportar la dosis esta vez... Estoy ansioso —El líder se sentía ganador, triunfante y, a pesar de que todavía no podía cantar victoria, ya saboreaba la proeza, el acierto... Sin duda era un hombre insuperable a su parecer y podría reírse y jactarse enormemente de ello.

En lo que Barthemius tardaba en preparar el brebaje para el líder caeruleus, este se concentraba apoyado en la mugrosa chimenea para comprobar hasta dónde alcanzaba su nivel mágico de base para contactar de forma telepática con el terreno. No era una capacidad nada deleznable al lado de cualquier otra persona, sin embargo la proeza era mucho más compleja que cuando los líderes se habían citado para enviar el mensaje de Brontë. Esta vez no había objetivo, no había localización. Era buscar a ciegas, pero tenía un pálpito, una intuición quizás heredada de su madre y, en cuanto el brebaje estuvo listo, se sentó frente a la mesa con una sonrisa exultante.

Deséame suerte, Barthemius y procura que no pierda el norte —Aquello le divertía en suma medida. Sacó el cristal con la oreja y la depositó en la mesa. Respiró hondo, soltó una carcajada y se bebió la fuente que su vasallo había preparado.

El sabor era repugnante, pero su efecto casi inmediato. En cuanto soltó la fuente pudo sentir el subidón energético que aquello le había aportado y sus ojos empezaron a parpadear al tiempo que las venas de sus sienes se inflamaban. Una mueca de dolor apareció en el gesto del líder al tiempo que se tensaba y contorsionaba golpeando con el puño sobre la mesa. Su magia había sido potenciada con aquel brebaje y su cuerpo empezaba a no poder contenerla.

Estiró el brazo hasta apoyar la mano sobre el cristal y lo hizo levitar en torno a sus manos crispadas para envolverlo en la magia. Busco la forma de canalizarla para cubrir un amplio perímetro y se concentró en su labor de búsqueda.

Le costó lo suyo controlar tal desborde de poder, pero en cuanto lo logró sus ojos dejaron de parpadear para quedar iluminados y opacos en un violeta intenso que apenas dejaba distinguir su pupila mientras sostenía en el aire con las manos extendidas la oreja. El líder sonreía casi con demencia y su vasallo lo observaba atentamente por si algo salía mal.

No escaparás esta vez... —Pronunció en su lengua natal, haciendo silbar las palabras con cierto eco preocupante.

EL líder se puso en marcha y vislumbró los recovecos de todo aquello que se encontraba a su paso cerca del lugar. Calles, callejones, locales, casas... Y entonces lo encontró. Un lugar con rechazo mágico, una barrera que evitaba su penetración y soltó otra carcajada.

Aquí te tenemos... —Buscó alternativas y recorrió otros lugares para acceder al fondo de la casa. Lo que encontró lo sobresaltó y, al tiempo de alarmarlo, lo llenó de nuevo de regocijo.

Un intrincado laberinto, una gruta gigantesca que quería semejar a las amplias galerías de Humus, una ciudad subterránea llena de vida que, a kilómetros del suelo que la gente normal pisaba, guardaba secretos infranqueables.

El líder flaqueó por un momento, pues la presión que la magia y el esfuerzo hacían sobre su cuerpo resultaban muy corrosivas. Pero se mantuvo firme. Sabía que aquello reportaría grandes hallazgos y si su cuerpo era ya un nido de podredumbre, qué importaba un poco más.

Tras largo rato de indagación le bastó con la vista periférica. Ahora que había encontrado el lugar precisaba centrarse en el pececillo al que pertenecía la oreja. Ahora esta brillaba de forma intermitente y más viva gracias a la droga que el líder había hecho correr por sus venas.

Se centró en el cristal y de ahí debía llegar a su poseedor. Perdería la visión del lugar, pero eso le valdría para comprobar la situación del muchacho.

Comenzó a llamarlo en silencio, trató de comunicarse con él y, a pesar de que su cuerpo empezaba a fallarle, su sirviente se encargó de que el hombre pudiera seguir encaramado a la mesa.

Silvanus, escúchame... Silvanus... —El hombre llamó al muchacho, lo buscó incesante entre las mentes de todos aquellos que rondaban más cerca de él que el propio chico. Pero no se dio por vencido. Continuó su búsqueda y, casi por sorpresa, la oreja brilló de forma continua durante unos segundos.

Silvanus, escúchame atentamente. No puedes morir ahora. No lo tienes permitido. Silvanus, es una orden —Sus palabras fueron susurradas en la mente del chico que aparecía casi perdido en una bruma telepática. El líder Darvenwish lucía una sonrisa de satisfacción y jactancia típicas de su persona. —Ahora te sentirás algo mejor. Recuerda, no puedes morir... —Con su último acopio de fuerza donó al cristal parte de su magia y energía para reponer fuerzas al muchacho, el problema era la distancia que demandó del líder sus últimas capacidades y tuvo que cortar enseguida su actividad.

El cristal calló sobre la mesa de golpe y el líder se desplomó en los brazos de su sirviente. Éste lo trasladó a la mugrienta cama poniendo antes una tela propia del líder sobre ella y lo reanimó con ayuda de su magia claritas.
El líder volvió en sí a los pocos segundos, todavía sin poder moverse y se echó a reír.

Ah, Barthemius... ahaha... No me extraña que esa droga esté prohibida... Pero... Ah... Al fin sabremos... Qué demonios está pasando... Ahora, Barthemius... Um... En cuanto me recupere... ahaha... Ay... Prepara todo lo necesario para volver a Brontë... Les daremos una gran sorpresa... —El líder volvió a desplomarse bañado en sudor, ahora con una sonrisa más visible en su gesto y Barthemius cuidó de él pagando por más de las horas que habían advertido al mesonero de abajo.

En cuanto el líder estuvo algo recuperado al día siguiente, pusieron sobre aviso al gobierno de Ignis para que mantuviese la zona vigilada y diesen cuenta de aquello que su suelo escondía, pero debían ser cautos.

Por su parte, el líder Darvenwish envió un mensaje a Caligo indicando que su viaje se alargaría por cuestiones de fuerza mayor y puso rumbo a Brontë.

Es una pena... Esta vez no he tenido tiempo de disfrutar de las bellezas Ignitas... Sin embargo, creo que la vuelta a Brontë será de lo más entretenida... —El líder, descansando en su carruaje de viaje, observó a su lacayo con una sonrisa torcida y éste, con su habitual mirada perdida, apretó contra sí el gran pez que guardaba en una pecera de viaje.

*La ciudad Capital ha reforzado su vigilancia. El líder Darvenwish ha abandonado Ignis*

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Cassandra

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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Jue Abr 04, 2013 12:10 am

Aquello no podía ser. Siempre había sido muy puntual con su menstruación. ¿Qué demonios le pasaba?
La Capitana había desembarcado ya en el puerto de la Ciudad Capital y yacía, con las manos en la cabeza, y la cabeza confusa.
Chasqueó la lengua y se levantó de la cama, para luego, arrearle una fuerte patada, que hizo que del techo cayese polvillo. - ¡MIERDA! - bramó.
Sus marinos estaban en el piso de abajo, celebrando que al fin habían tocado tierra, sin embargo, al ver el estado de su Capitana, decidieron que lo mejor sería que ella descansase y, pese a que no era su estilo, aquellos dolores no podían ser normales y decidió, quizás un poco asustada, retirarse. No sin antes, por supuesto, mandar que le subieran algo de beber que no fuese transparente e insípida agua.

A los pocos minutos, el más joven de su tripulación, un chiquillo de no más de quince años, con una cara bonita, pero cojo de nacimiento (lo cual le había arrastrado a la mendicidad en Fulmen) entró ladeándose con una copa de vino. - Mi señora- dijo raudo-. Aquí tiene. No me dejaron traerle más- rió, nervioso.
-Ahh... vino. Está bien- asintió Bocanegra. - Me vale.
-¿Se encuentra mejor?- preguntó el joven.
-NO- dijo ella, disfrutando del sabor del vino.
-¿¿Quiere que avise a un doctor? Quizás haya uno cerca- se ofreció.
-NO- respondió ella, simple.
-¿¿Quiere que le haga compañía? Hay mucho ruido ahí abajo y, por qué no decirlo, se meten bastante conmigo- dijo riendo, nervioso.
-NO- repitió la Capitana, apurando su último trago y tirando la copa por la ventana, ventana a la cual se acercaría para respirar el aire caliente de Ignis.
-¿Me permite entonces volver al navío? No me gusta el ambiente de la tasca...- dijo llevándose una mano a su corta extremidad, pues le dolía después de estar todo el día de pie.
-NO- zanjó esta vez más contundente.- No puedes hacer nada, vuelve abajo y quédate allí, aprende a ser lo que eres: un hombre que nunca llegarás a nada que, con los años, acabará convirtiéndose en una rata gorda y sudorosa, que morirá en alguna batalla sin sentido, y que nunca podrá tener una familia porque seguramente te cortarán los huevos en cuanto te descuides- dijo escupiendo muy cerca de él. Su resentimiento hacia las gónadas masculinas aparte de no ser nuevas, se habían ido incrementando desde que aquella sospecha había aparecido como posibilidad en su mente, sospecha que se negaba a creer pese a todas aquellas indicaciones que la guiaban hacia su maternidad.
-Ahora lárgate, pedazo de mierda- siseó, escupiendo saliva al hacerlo.

El buen intencionado joven, salió corriendo al borde del llanto, para bajar las escaleras hacia la taberna de nuevo con su fatigosa y desnivelada marcha.

- Puto enano...- dijo dejándose caer boca arriba en cama, con los brazos estirados. ¿Qué haría con un bombo? Menudo bochorno... por otra parte...
Decidió dejar de pensar en aquello y ponerse a dormir. Decidiría su futuro al día siguiente, con la mente despejada. Tenía en mente dar algunos paseos por la ciudad.
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Jue Ago 01, 2013 11:48 pm


La mujer bufó. Odiaba salir a la superficie. Ignis era un jodido horno y ella odiaba el calor. Más que a nadie. Sin embargo, ahora que aquel retrasado mental estaba siendo tratado tanto de sus heridas como de la pérdida de su último brazo...

Si no fuera el hijo del jefe, habría acabado muerto hace mucho.

La hermosísima mujer dio un rodeo y se metió en un callejón.
Cerró los ojos con fuerza.- Gejh achzul*...- Entonces abrió los ojos de golpe y estos eran completamente blancos. Pudo ver a un aether de pelo gris y verdes ojos. Parecían estar en una biblioteca, o algo por el estilo. - Fahjs**...- la mujer sonrió de medio lado y rauda, marchó de nuevo hacia la Guarida de la Organización de la Sombra del Fuego.
De momento, todo el calma...


*se va*

FDR*: Déjame ver...
FDR**: Es una expresión a lo "ya veo", como el Souka japonés.
FDR2: No tengo aquí la hoja de idiomas.
FDR3: Es un post atemporal.
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Dom Mar 02, 2014 5:51 pm

LA AGONÍA DE MITHOS

Hacía días que las turbulencias amenazaban diversas zonas de Ignis. Al principio no resultaba nada destacado: tiempo cambiante, leves tormentas de arena, pequeños sismos en zonas escarpadas…

Sin embargo, poco a poco aquellos incidentes naturales había ido aumentando en frecuencia y fuerza, alertando ligeramente a las gentes del lugar. Los terremotos comenzaban a ser molestos, las tormentas no parecían amainar por completo e incluso el aire resultaba más cargado en las zonas de mayor actividad volcánica. Algunos temían las zonas de erupciones, otros trataban de restarle importancia.

Llegó un momento en que las excusas ya no resultaban creíbles. En distintos puntos de Ignis, independientemente de la provincia o región, se había extendido este tipo de extraños fenómenos que ya comenzaban a ser un problema para la población. Sobre todo en las zonas próximas a Lumen, la tierra parecía inestable, febril. Los más ancianos poco reconocían del comportamiento de sus desiertos, de sus llanuras. Ignis estaba sufriendo, Mithos sufría, y su sufrimiento comenzaba a ser patente para todos sus habitantes.

La tragedia no llegó a mascarse hasta que los volcanes rugieron. Las zonas desérticas y escarpadas, alejadas de la mayoría de la población, hicieron estallar sus voces, la tierra escupió lava, los desiertos cubrieron poblados y los grandes terremotos destruyeron ciudades.

Ignis parecía apuñalada por momentos y, aunque las mayores calamidades se sucedieron a lo largo de una semana eterna, el temor se sembró en la gente, rodeados perpetuamente por temblores y estragos continuos que, no por su menos intensidad, resultaban un consuelo para todo aquello que se había perdido.

Mithos había llegado a un punto de agonía y en la tierra del fuego eran conscientes de ello.
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Aren Darvenwish
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Dom Oct 19, 2014 11:41 pm

El líder Darvenwish había vuelto a dirigirse a Ignis para tratar algunos asuntos con la provincia de Asbel, donde se habían producido los altercados con la banda de la sombra del fuego. Aprovecharía para tratar el asunto de la implicación y apoyo de sus ejércitos, para comentar detalles sobre la implicación de Brontë y, sobre todo, para tratar negocios varios con el continente de fuego, con el que había enfriado un poco las relaciones tras el fallido matrimonio con la muchacha Ethrial.

Se reunió con el consejo de gobierno y trató los asuntos con calma y amistad, ambos bandos estaban de acuerdo en que el apoyo era lo mejor en aquellos tiempos y más tras el altercado con aquella guarida clandestina.

Una vez acabada la reunión, el líder pensaba retirarse de inmediato para volver cuanto antes a Brontë, sin embargo, sus huéspedes en Ignis insistieron en obsequiarle con su estancia en una de sus mejores palacios para visitantes de su rango, a modo de agradecimiento por su implicación en el desmantelamiento de la banda y como forma de limar cualquier aspereza que pudiese quedar sobre los antiguos pactos fallidos. El líder se dejó complacer con diplomacia y no rechazó la oferta de la provincia de Asbel, alojándose allí aquella noche.

El líder disfrutó de los mejores cuidados y manjares típicos de Ignis, siempre custodiado por su guardia y su sirviente principal, Barthemius. Una vez cumplió con su comida y su baño ya pasda la media noche, se retiró a la sala de ocio vestido con uno de los kimonos que le ofrecieron para su estancia.

Era una sala de mediano tamaño, pequeña a comparación los otros salones magnánimos del lugar, pero más cálida y acogedora. El suelo y hasta la mitad de las paredes, todo estaba cubierto por mullidos y suaves cojines sobre los que acomodar el cuerpo entero en cualquiera de las posturas imaginables. El centro estaba despejado para bailes y demás diversiones y en ciertos puntos organizados de la sala, una cachimba para compartir estaba a disposición de los que allí reposaban.

El líder se tendió en aquellos cojines, con la espalda reposada y aspirando el humo del opio de aquellos instrumentos, disfrutando de los bailes tradicionales que le ofrecían mientras bebía los licores exóticos del cálido continente. El ambiente de la habitación llegaba a resultar sofocante, similar al de una sauna y un hombre abanicaba suavemente al caeruleus, para aplacar cualquier ápice desagradable que aquel ensoñado lugar.

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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Lun Oct 20, 2014 12:05 am



Los acuerdos fueron más que satisfactorios entre los representantes de país y provincia. Se habló largo y tendido de todo tipo de circunstancias acaecidas y futuras. Se apretaron manos y con ello se cerraro acuerdos. Aquella relación era tan fina y elegante como la seda que vestían todos los presentes.
El gobernante de la provincia afectada por la Sombra del Fuego insitió en que Aren pasase la noche y disfrutase de su viaje. No permitiría que un Darvenwish no descansara bien bajo sus dominios. Las amistades debían cuidarse.


[...]





El ambiente en la sala era suave. El humo podía acariciarse y sentir como se dividía entre los dedos de quien jugase con él.
Ella no tardó mucho.

Abrió con suavidad la puerta y caminó sin realizar un sólo golpe de talón. Suave.
Como un fantasma.
El carmín absoluto de sus labios
y la luz de sus pómulos
Luna.
Su ropa del más tentador color
Púrpura.
Tenue caminar
Pechos dorados por la luz de las lámparas.
Nacar en las uñas.
Se colocó a su lado sin decir nada.
¿Qué decir?
Le deseaba.
Le ordenaban desearle y,
de este modo apareció la más grande de las mujeres
la gran mujer.
Mujer que ameniza, da placer y escucha.




Le sonrió con un gesto sutil de cabeza y posó su frágil mano en la cadera del hombre." />
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Aren Darvenwish
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Lun Oct 20, 2014 12:39 am

El líder Darvenwish disfrutaba de la velada y su mente ya había empezado a suavizarse gracias al alcohol y el humo. A pesar de que la noche era exquisita, parecía que todavía podía mejorar al respecto.

Pronto le advirtieron de que todavía quedaba algo especial para él y pronto apareció en la sala, como salida de las sombras, una mujer de una belleza magnánima, con una piel tan blanca, suave y tersa como la de la mejor de las esculturas. Sus gestos eran sutiles, sus ojos vivos y profundos, jugando con destreza ante el atesoramiento del líder caeruleus. Las prendas era un manjar para los sentidos, a juego con el conjunto de la mujer y los labios, a las veces descubiertos en un pícaro juego de sombras con el abanico, de misterio, escondiendo un vergel desconocido.

El líder no perdió de vista a la mujer en cada uno de sus movimientos hasta situarse a su lado y observó como los sirvientes que los acompañaban comenzaban a retirarse en cuanto el encargado de su bienestar indicó que les dejarían intimidad a partir de ahora. El líder disfrutó de la vista, pero no perdió detalle de la situación a pesar de los estupefacientes. Muchos eran los hombres de poder que eran atacados en debilidades como aquella y, pese a que era de mal gusto desconfiar así de sus huéspedes, el líder caeruleus no se permitía bajar la guardia.

La mujer se le acercó hasta acariciar con suavidad su cadera y el líder se mantuvo estático en busca del cualquier cosa fuera de lugar. Al no encontrar nada de entrada, confió en sus capacidades más allá de los engañosos sentidos y se fue dejando deleitar pausadamente.

Se centró en su rostro cuando el abanico se lo permitió y le resultó extraño. Juraría que jamás había visto a una mujer como aquella, sin embargo, su presencia, el poder que se sentía emanar de ella, incluso sus rasgos le transmitían algo extrañamente familiar.

No creo en los derroteros del destino, sin embargo, sea por las drogas o el alcohol, juraría que os he conocido en algún momento, a pesar de que no sé nada de vos —El hombre movió al fin su diestra hasta la mujer, apenas rozando su suave quijada. Su aroma era enormemente tentador. Sin duda, pensó, aquella era una ofrenda a a altura de su deleite.

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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Lun Oct 20, 2014 12:55 am

Dejó salir una sonrisa tenue de su suave rostro y apartó ligeramente la mirada cuando el hombre le tocó la quijada con suavidad y pronunció aquellas palabras.
Apretó los labios en una sonrisa.- Siento informarle que dudo que me haya conocido antes a no ser que haya pasado por este lugar, mi señor.- La mano que estaba apoyada en la cadera del hombre le acariciaba constantemente con los dedos, como si de pequeños tentáculos que se movían rítmicamente se tratasen.- Pues no he visto mucho más mundo que este.- Cerró el abanico con un silencioso movimiento y lo dejó a un lado para, prácticamente deslizándose, acercarse algo más al hombre.

Sutilmente, posó su mano en la del hombre y la introdujo por su fino kimono hasta posarla en su propia cadera. Retiró su mano y le acarició la mejilla al líder.

Pestañeó lentamente un par de veces y acercó su boca a la del hombre.- Por norma, no suelo ser más que un elemento decorativo.- Dejó salir su aroma a menta de un soplido frente a los labios del hombre.- Pocos me han tocado. Los que lo han hecho, ha sido hasta donde mi señor se encuentra.

Cerró sus labios para luego abrirlos de nuevo, esta vez acompañados de una pequeña y fresca lengua que se posó un instante en el labio inferior del líder, para luego recogerse.
-Me pregunto si mi señor será capaz de profanar la perfección o será gentil y me permitirá repetirle estas palabras al siguiente hombre con el que esté. -Rió con picardía en silencio.
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Mar Oct 21, 2014 5:25 pm

El líder caeruleus siguió los ojos de la mujer sin perder detalle, sintiendo sus movimientos, algo embriagado por el humo y el aroma, en un estado entre una relajación obligada y una tensión excitante.

El hombre dejó que ella se acercase y aspiró el aroma de su cuello, suave y delicado, apenas acariciando su piel con su nariz.
Ella sostuvo su mano y pudo acariciar su suave muslo, instado por ella, un gesto que le pareció de lo más erótico a causa de la suavidad y el estatus que ella parecía ostentar. De cualquier otra forma habría sido una mera banalidad, pero el placer y la belleza estaban en los detalles.

¿Estáis segura de vuestra simpleza? Vuestros rasgos me siguen intrigando y el poder que emana de vos... —El líder usó su diestra para pasarla frente a la cara de la mujer, sin rozarla siquiera, para luego apoyarla de nuevo sobre los cojines. —Apostaría a que pertenecéis a alguna gran casa y si no es así me intriga enormemente vuestra historia. No soy un hombre que se limite a vuestra belleza, me gusta disfrutar de lo bueno y eso sólo se encuentra en todo lo que rodea a un hermoso rostro —Se expresó, dejándose llevar un poco por la sed que le daba la pipa y cambiándola por un nuevo trago de vino.

En cuanto la mujer realizó su pregunta, el líder amplió su sonrisa perversa y acarició algo más su muslo hacia el centro, apenas un ligero movimiento.

Los hombres somos territoriales, mi señora. Si aquellos a los que habéis acompañado no han sabido ir más allá en una piel como la vuestra, es que no eran verdaderos hombres —Se acercó a ella con un amago de su cuello, alzando el mentón. Sus labios le parecían tremendamente apetecibles en medio de la bruma que lo rodeaba, pero ella estaba allí para ir a él y no al contrario.

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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Dom Oct 26, 2014 7:14 pm

Rió levemente ante las palabras inquisidoras del caballero.- Bueno... es probable que me haya visto en alguna ocasión como acompañante a otros varones.- Se comenzó a explicar.- He sido soporte a decenas de hombres en sus cenas y reuniones, he servido té y acompañado a jardines exquisitos a una innumerable cantidad de "niños caprichosos". Se los nombraría todos y cada uno de ellos, pero ¿qué sería entonces de mi buen hacer?- Remató. - Si... le tranquiliza, puedo decirle que no guardo bajo mi manga nigún tipo de "poder" como usted le llama.- Subió lentamente las comisuras de sus labios.- Digamos que mi verdadero poder surge en la soledad de una habitación siendo este más fuerte cuanto más poderosa es mi compañía.
Humedeció sus labios con su fina lengua.- Y hoy tengo el presentimiento de ser la Diosa del mundo...- Susurró.


-Quizá sea el momento entonces de ver si usted ostenta tal cargo.- Alzó una milésima de segundo las cejas, mientras la mano que descansaba en la cadera del líder comenzó a juguetear con los flojos ropajes del líder, simulando su índice y corazón la imagen de dos piernecitas que con su avance, retiraban lentamente la ropa de su cuerpo, parando de moverse en el momento justo para no desvelar lo que oculto palpitaba.
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Aren Darvenwish
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Vie Oct 31, 2014 11:46 pm

El líder escuchó con la atención que le permitían los opiáceos, dando sentido a sus palabras, tratando de contrastarlas en su cabeza. Pensó en cuándo podría haber visto a aquella mujer sin haber reparado en ella para tenerla para sí. Quizás en algún encuentro demasiado importante como para distraer la mente en los placeres.

Pasando a tantas manos, mi señora, permitidme que dude de vuestra exclusividad entonces. No os queda nada bien propagar tales palabras. Sin embargo, apostaría más por vuestra misteriosa procedencia. Quizás algún padre o tío poderoso que pudiese conocer... No habría tardado tanto en conoceros de haberos visto en primera persona —La lengua se le soltaba en tal punto y no evitaba ya sonreír con amplia maleficencia y deleite.

Bebió lo que quedaba en su copa, sin perder de vista los ojos de la mujer y escuchó sus palabras olvidando la discusión previa y alzando el mentón como si algo tan simple le diese la razón a cada paso de su vida.

No sé si llegaréis a ser una, pero os aseguro que os puedo mostrar que mi poder os abruma con creces como para temer en algún momento —Susurró irguiéndose lentamente hacia ella, acortando distancia. Su mano se deslizó a través del muslo, acariciando ya aquello que tan bien guardaba la mujer.

Ah, entonces es cierto que no ha habido un verdadero hombre que supiese amaros... Siendo así, os mostraré cómo se llega al trono de los dioses.— Se echó sobre ella, saboreando al fin su boca. Haberla visto o no ya no era relevante, ni tampoco el poder que pudiese sentir en su interior. La excitación aumentaba si era más que una simple dama de compañía sin ningún tipo de capacidad.
Devoró su boca, entrelazando los dos vértices de su lengua con la de la mujer mientras sus dedos iban acariciando la zona inexplorada. El ansia de poseer a la mujer había prendido en él como el fuego entre hierba seca. Aquello que los demás hombres inferiores no habían logrado obtener para él sería un deleite sencillo y eso lo volvía enormemente deseable.

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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Jue Dic 18, 2014 1:03 am

No contestó.
Se colocó levemente encima de él, colocando sus antebrazos de modo que rodeaban la cabeza del líder, juntando casi sus labios, simplemente rió y lamió tiernamente con sus labios humedecidos los del hombre, dejando un hilo transparente entre ellos.
Paró su separación para volver a juntarse hacia él, esta vez besándolo primero con algo de miedo, segundo con tiento y tercero con gusto, apretando con fuerza los hombros de su acompañante.


Al cabo de un par de minutos la dama se separó.- No hace falta que me enseñe nada... ya lo sé todo.- Rió levemente.- He visto como se hace. Sentada. Ahí en frente.-Señaló una silla del fondo.- ¿Acaso no me cree?- Acarició uno de los pezones del líder con suavidad mientras le retaba con la mirada, en un gesto de camaradería, a que tomase la iniciativa y de ese modo, se consumió la noche.


FIN DE ESCENA.

FdR: A no ser que el susodicho quiera moar.
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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Lun Ago 24, 2015 11:16 pm

Se apareció cerca deCiudad Capital con el rostro serio. No hacía mucho que había abandonado a su suerte tanto a Flavia como a sus subordinados. ¿Había actuado con rectitud? Conocía el poder de la líder y dudaba que saliese herida de la situación. Sin embargo no conseguía estar del todo tranquilo. Notaba algo que hacía bastante que no sentía en la garganta. Agobio. Había visto como aquella joven había acabado con la vida de su hijo y él no había si quiera intentado ayudarle. ¿Por qué? Podría haberle salvado con extrema facilidad.
Sin embargo... Decidió que la vida de su hijo tal y como estaba siendo vivida actualmente, no proporcionaba ningún tipo de satisfacción ni a Flastio ni a él mismo. Por un lado se sentía sumamente culpable, por otro: aliviado de la carga que suponía estar todo el día pendiente de él. Sin duda el estado mental de Flastio ocupaba gran parte del tiempo y noches de 43 y ahora mismo el hombre necesitaba más tiempo que nunca para ayudar al propósito de Mithos. No podía perder el tiempo cuidando a un jovencito que no le reportaba satisfacción alguna.
Sin embargo le dolía lo que había hecho aún a pesar de repetirse una y otra vez que cuando Mithos esté listo y alcance su culmen de poder, revivirá a su mujer e hijo en un estado perfecto. Aquel era sin duda: su objetivo vital. Y no iba a permitir que nadie se interpusiera en su camino.

¿Sería acaso el momento de poner las cartas sobre la mesa?
Sin duda, debía pensarlo con tranquilidad.

*se va*
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Rick

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MensajeTema: Re: Ciudad Capital.   Lun Oct 12, 2015 7:22 pm

Aquella ciudad no era más que un punto más en el camino, pero el viaje era más rápido si pasaba por la capital que si la rodeaba. No me traía buenos recuerdos, pero en aquella ocasión tampoco le di muchas vueltas. Pasaba la media tarde y yo estaba agotado, pero no podía quedarme en aquel lugar o no me daría tiempo a nada. Había salido de casa con fuerzas, y todavía no se me habían acabado. De alguna forma me sentía como si toda aquella energía la hubiese estado acumulando sin darme cuenta durante el tiempo que estuve apagado, sin hacer nada. Y no era que en aquel momento me sintiese yo mismo tampoco. No era ningún noble caballero en busca de justicia, exactamente, pero de alguna forma sentía igualmente aquella pequeña llama, muy tímida y floja, dentro de mí.
Quizás la forma de abrir los ojos no era dando la espalda a todas mis creencias. Era cierto que el mundo se había vuelto gris oscuro, que siempre lo había sido, y también era verdad que lo de jugar a ser el héroe no había estado bien. Uno no debía jugar cuando había vidas y otras cosas importantes ante sus narices. Pero aquello no me obligaba a odiar lo que había hecho, tampoco.
Había conseguido cosas buenas, aunque fuesen pequeñas. Nada bueno era insignificante. El mundo estaba lleno de cosas horribles, pero también de cosas magníficas. El gris, aunque fuese muy oscuro, no era negro tampoco.

En la ciudad cambié de montura, dejando al fiel corcel que me había llevado hasta allí y algunas monedas a cambio de otro un poco mejor y descansado para que me llevase lo que quedaba de día. La luz aún daría para varias horas, y como el buen tiempo acompañaba no tendría problemas para sacarles partido. Pero temía que la prisa no sirviese de nada y que en Fulmen el tiempo otoñal no me retrasase. Solo podía desear que no hubiese lluvias.

No me detuve más que para comprar algunas cosas, como provisiones, y tan pronto como pude abandoné la gran ciudad, dejando mi hogar cada vez más lejos.
O quizás mas cerca. Aquello no lo tenía claro. Aún tenía algunas preguntas que hacerme.

*se va*
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