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 Entrada al palcio de Perséphone

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Aren Darvenwish
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MensajeTema: Entrada al palcio de Perséphone   Mar Feb 26, 2013 9:59 pm

La entrada principal al palacio de Perséphone se encuentra al final de un largo recorrido por los exteriores del palacio. Inicialmente ha de atravesarse el terreno enrejado perteneciente propiamente a la construcción del palacio, vigilado, en todo su perímetro por guardas pertenecientes a la familia Darvenwish, y recorrer el camino limitado a sus lados por extensos jardines decorados también custodiados por soldados armados, posteriormente se subirán unas escaleras de mármol con vigilantes cada dos escalones y se llegará a un jardín interior a modo de sala de espera. Allí, uno de los cuatro porteros corroborará los datos del visitante y le permitirá y denegará el paso. Sus muros están rodeados de colpa y sofio.
Una vez el visitante pueda acceder al palacio podrá entrar en la amplia sala recibidor, limitada a los lados columnas que dan a otros jardines más íntimos y coronada en su fondo, una enorme cátedra de más de siete siglos sobreelevada a penas dos peldaños del suelo y adornada con todo tipo de símbolos y escudos. En cada pilar un soldado y en el suelo una amplia alfombra aterciopelada. No es de extrañar que en la sala también se encuentren economistas, vasallos, o doncellas.

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Última edición por Aren Darvenwish el Vie Mar 01, 2013 12:05 am, editado 1 vez
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Aren Darvenwish
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MensajeTema: Re: Entrada al palcio de Perséphone   Jue Feb 28, 2013 8:54 pm

Tenía hechos los preparativos suficientes para aquel viaje que no debería durar demasiado. Hacía relativamente poco que el líder Darvenwish había vuelto a sus dominios, pero este tipo de vaje eran muy diferente del anterior y debía aclarar el asunto de la boda y los acuerdos con Ignis. Todavía no podía creer que se hubiese llevado a cabo tanto revuelo para acabar de aquella forma. Sus planes habían tenido una ligera vuelta de tuercas y tendría que esperar un buen tiempo prudencial antes de moverse de nuevo en ese ámbito. Tocaba volver a andar con pies de plomo.

Barthemius, ¿están los cinco advertidos de todos los preparativos? —El líder preguntó a su lacayo calándose la gorra de general sin siquiera darse la vuelta para mirarle a la cara. El claritas asintió.

Bien. Nos vamos —Una vez ajustada la gorra, el hombre se dio la vuelta dejando volar las mangas de su abrigo, colocado sobre los hombros sobre la levita de milicia.

Ambos hombres desaparecieron de la sala del palacio en la que habían zanjado los últimos detalles de la partida y se presenciaron en la marmórea sala de recibimientos. El líder dio sus últimas órdenes y salió atravesando el pasillo que seis de sus lacayos le ofrecían para subirse a la carroza que le apartaría de nuevo de su palacio.
Una vez estuvo en marcha fue despedido y se alejó de nuevo de su casa, dejando a su sobrino a punto de ser acostado por sus institutrices.

Cuando ya llevaban un recorrido prudencial el líder se deshizo de un par de prendas y suspiró con desgana.

Recuérdame que proponga probar el cáliz de viaje en el que está trabajando la comitiva de industria, para que se den algo más de prisa. Estos malditos viajes me están dejando el trasero hecho polvo... —Barthemius asintió a las palabras de su señor mientras este se acomodaba y después continuó con la vista perdida en el frente como en todos los viajes.

El líder trató de acomodarse ya que estaba muy harto de ir de un lugar a otro de aquella manera. Tanto tiempo sin moverse de su palacio para viajes largos y en año y medio ya había hecho al menos cuatro.

Con el transcurso del viaje fue incapaz de reposar la mente a pesar de que el día ya había caído sobre ellos y en una de sus cavilaciones llevó una mano a su pechera. Aquel cristal ya formaba parte de sus rompecabezas habituales. El muchacho había desaparecido hacía mucho bajo aquel extraño secuestro, lo más lógico era que, sin noticias, hubieran acabado con él. Pero aquella oreja, aunque mustia, todavía no se había podrido ni degradado. Tampoco había vuelto a dar señales de ningún tipo de presencia, pero la incredulidad ante el asunto comenzaba a molestarle.

*El líder caeruleus ha abandonado Caligo*

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Alexander Price

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MensajeTema: Re: Entrada al palcio de Perséphone   Miér Jul 16, 2014 11:02 pm

El día ha llegado y debo comparecer en palacio.
Mis padres me acompañan. Mi hermano también lo hace. Paradójicamente ha tenido que faltar al trabajo para... acudir al lugar donde trabaja.
Summer avanza con mis dos niños mayores delante y el pequeño en sus brazos. Siempre detrás de todos nosotros, algo apocada y muy nerviosa.
Ella ya forma parte de esta familia. Para lo bueno y lo malo. Y también está al corriente de todos mis pecados.

Entro y espero a ser recibido con la mayor compostura posible.

*esperan*
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MensajeTema: Re: Entrada al palcio de Perséphone   Jue Jul 17, 2014 12:45 am

La familia Price esperó en la antesala del salón de recibimientos durante corto tiempo antes de ser atendida. Una vez las puertas se abrieron, un vasallo salió a indicares los preparativos antes de entrar.

Entrarían solamente los varones de la familia, pues en ellos recaía el peso del apellido y las consecuencias de los actos por lo que había sido llamado el caeruleus. Tres soldados los chequearon antes de entrar para comprobar que no portaban ningún tipo de objeto extraño o peligroso y a Efesto se le retiró su arma reglamentaria. Los tres se pusieron frente a la puerta de entrada atendiendo las indicaciones del siervo y luego entraron tras él con paso tranquilo, escoltados por cuatro soldados más. Las mujeres y los niños quedaron en la antesala también escoltadas y la puerta se cerró.

La sala era amplia y cada pocos metros había guardias a cada lado, firmes y estáticos. En los laterales había diferentes puertas; junto a cada puerta un pequeño mostrados con un sirviente y algunas personas esperando por los asuntos a tratar en cada una de las localizaciones, según su problema.

Los hombres atravesaron la sala al completo, pasando por un par de arcos que estrechaban algo más la estancia y cortaban el murmullo de los presentes de la sala principal. Llegado al fondo, el camino se dividía en dos grandes pasillos. Torcieron a la derecha y atravesaron unas amplias puertas llenas de ribetes y relieves. En el centro superior del marco, una balanza daba una idea de la utilización de aquella sala.

Una vez entraron, el sirviente hizo una reverencia y dejó a los tres hombres frente a la puerta, saliendo y cerrando para dejarlos dentro junto a la escolta.

La sala era un tribunal de tamaño considerable, aunque no demasiado ostentoso en comparación con las estancias generales, con lo que se entendía que no se trataba del principal.
A pesar de contar con varias bancadas antes del estrado, la sala estaba vacía de gente, únicamente en uno de los bancos iniciales, Silvanus Kettleburn esperaba sentado como único integrante del público. El frente lo regentada un hombre en el palco del juez y un jurado de cuatro personas a los lados del mismo. El hombre se puso en pie.



Alexander Price, hijo del Conde Price y hermano del comandante Price al servicio del ejército central de Caligo, ambos presentes, acérquense al estrado —El hombreguardó silencio mientras los tres hombres se acercaban y quedaban frente a las altas tribunas. —Han sido convocados a este tribunal de estado por causa de los delitos imputados al ya nombrado Señor Alexander Price. Se le culpa de robo, tráfico de esclavos, relación con bandas organizadas, participación en apuestas ilegales y atentado contra el régimen. ¿Niega el acusado alguno de los delitos citados en su contra? —El tono era dominante y monótono a un tiempo, un tono recio y habitual para procedimientos similares.
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Alexander Price

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MensajeTema: Re: Entrada al palcio de Perséphone   Lun Ago 11, 2014 11:33 pm

[
Summer está preocupada. La calmo con un beso en la frente mientras cojo sus manos y le entrego un pequeño paquete para luego guiñarle un ojo.- No te preocupes. Ni llores.- Le ordeno con un tono amable. Ella dio un respingo y nada más.
Rápidamente mi madre la atrajo hacia sí con su mano y nos indicó que siguiéramos hacia delante. Los nietos la habían ablandado bastante y, aunque nunca mostraba sus emociones en público, esta vez parecía que le estaba costando.

Una vez recorrimos los pasillos en silencio, los tres entramos en la dichosa sala donde nuestra... mi falta sería puesta en balanza.

No voy atento a nadie. Simplemente veo al frente. Tengo en mi cabeza (en nuestras cabezas, mejor dicho) nuestra respuesta a la acusación y defensa pertinente.
Sin embargo, un reflejo dorado y esmeralda me hace desviar unos instantes la vista hacia las gradas.
Mis ojos mienten.
No es posible.
¿En qué consiste esta macabra broma? Una risa nerviosa se me escapa mientras intento guardar la compostura. No me digno a verle de nuevo pero... ¿realmente es él o simplemente una mala jugada que mi vista me ha causado?

Veo de nuevo.

No olvidaría esa cara de pazguato en mi vida. Sin embargo, poco queda ya de aquella cara. Ya no veo a aquel niño maleable. Existe dureza en sus verdes ojos. No reacciona. Ni se inmuta. Veo sus ropajes. Perfectamente planchados. Guantes en sus manos, levita y lazo.
Todo esto tiene que ser una broma. Una mala broma de mal gusto fruto del grupo de personas que me acusan para desestabilizar mis coartadas. Es imposible. Silvanus Kettleburn no debería existir. Y, si lo hacía, no ahí sentado.
Río ahora con superioridad. Es imposible. Una broma, al fin y al cabo. Nada real.
Pero empalidezco a ver un dragón de escamas carmesíes rodando por su brazo. También él ha crecido. Era... ¿como se llamaba? Da igual: Demasiadas coincidencias. No es posible...

Veo a mi padre y hermano con cautela. Ellos no comprenden el peligro que yo veo ante mis ojos y no tengo manera alguna de comunicarselo. No ahora que el juicio ya está en marcha.

Debo pensar rápido. Mi mente debe ser ágil. Debo hacer gala de mi diplomacia y don de la palabra. Hago un gesto a ambos para que no intervengan. Ahora que las cosas se han truncado, debo resolverlo yo solo.

Carraspeo.- Me gustaría saber qué he robado.- Rompo el silencio, absorbiendo las cortinas mi voz rápidamente. Ni eco ni reverberaciones. Alto y claro hablo.- No he conocido esclavo alguno en mi vida, Señor.- Continúo con voz pausada, con los ojos cerrados y con la respiración lo más controlada posible. - Si he coincidido con alguna banda organizada ha sido, cuanto menos, pura casualidad y le aseguro que si he colaborado con ellas ha sido, cuanto menos, sin mi consentimiento. Engañado, únicamente. - Tomo aire.- Era menor la única vez que participé en tales juegos.-Aclaro.- Y para terminar...- Inclino la cabeza y tronco hacia delante.- No se me puede acusar de atentar contra lo que defiendo.

Tomo aire y vuelvo a ver de reojo a aquel joven y desarrollado piscis que, a pesar de que quiero negar su existencia, mi cerebro me empuja una y otra vez hacia la arrolladora verdad.

Tomo aire y hablo de nuevo, mirando a de gafas con severidad.- Silvanus Kettleburn no es ni será nunca un esclavo.- Resuelvo. - No existe documento que lo acredite.- Junto mis manos y callo.
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MensajeTema: Re: Entrada al palcio de Perséphone   Mar Ago 12, 2014 6:59 pm

El tribunal observó al caeruleus con la misma severidad que al comienzo, sin inmutarse ante ninguna de sus palabras y escuchando la defensa y reproche del acusado. Una vez el caeruleus calló, el jurado tomó de nuevo la palabra.



El acusado niega entonces todos los delitos de los que se le acusa. El tribunal recuerda al acusado que mentir a los representantes de la ley representa un agravante de su condena además de un delito contra el estado —Inició el representante del tribunal.

Realizó un gesto con la mano, releyendo al tiempo los papeles que tenía frente a sí y apareció sobre la mesa un nuevo grupo de papeles que posteriormente fue releyendo.

Empecemos con la primera acusación. Alexander Price, está usted acusado del robo del pupilo y sirviente en poder del gobierno, Silvanus Kettleburn durante su estancia en el palacio de Brontë donde su excelencia el generalísimo Aren Darvenwish lo tomó bajo su servicio tres meses después de su llegada al palacio. Por la ley 382 en referente al artículo sobre la tenencia y posesión de individuos en régimen de pertenencia, sólo el estado y sus principales representantes están autorizados a mantener este régimen para pupilos y sirvientes. Es por tanto que, en el momento en el que el acusado vendió a Silvanus Kettleburn a los traficantes, incurría en un delito de robo de pertenencias del estado. La víctima, Silvanus Kettleburn, testificó jurando sobre las escrituras y el libro de leyes como era engañado y entregado a tales individuos, desembocando eso en su posterior secuestro y detención, poniendo en peligro su integridad física y mental además de la propia vida. Con las pruebas aportadas, el tribunal decreta la culpabilidad del acusado a este respecto —. Apartó los primeros papeles hacia un lado de la mesa y éstos se organizaron para archivarse y desaparecer.

Como se menciona en la primera acusación, el culpable Alexander Price engañó y vendió en beneficio propio a Silvanus Kettleburn durante su estancia en Brontë, dándose luego a la fuga junto a su actual mujer Summer Price, cuya condena se computa junto con la del acusado tras haber adquirido su apellido durante el matrimonio. Al no tratarse el señor Price de un miembro principal ni parte del gobierno del estado, el uso de Silvanus Kettleburn como posesión para el pago de sus deudas, según el testimonio de la víctima, incurre en un delito de tráfico de esclavos. Tal acusación complementa a la consiguiente de esclavismo, pues el propio acusado y testigos del palacio de Brontë, afirman que el acusado ordenaba sobre el muchacho a modo de siervo, infligiéndole castigos físicos y obligándolo a llamarlo "señor" en calidad de amo. El propio generalísimo Aren Darvenwish anexa una declaración indicando que el acusado habría confesado emplear a Silvanus Kettleburn como esclavo como jactancia de sus actitudes. La ley recoge el derecho de cualquier hombre a costearse un servicio o lacayo personal, pero a falta de un contrato y acreditación permanente del mismo, tales prácticas están al margen de la ley, incurriendo el acusado en el delito mencionado. El tribunal establece que las pruebas son suficientes para dar un veredicto de culpabilidad frente a estos cargos —Un nuevo grupo de informes realizó el recorrido anterior, desapareciendo nuevamente.

Ante la culpabilidad impuesta frente a los delitos anteriores, se establece la relación del acusado con la banda que llevó a cabo el secuestro de Silvanus Kettleburn y fue destapada por la actuación del ejército de Brontë, quien llevó a cabo su rescate con la colaboración de Caligo. Investigaciones conjuntas posteriores establecieron la relación del acusado con apuestas ilegales dentro del territorio nacional. Los testigos a este respecto han solicitado mantener el anonimato.
>>Ante las evidencias, el acusado es considerable culpable también de tales delitos
—Esta vez tan solo un par de páginas realizaron el recorrido hasta su archivo.

Por último, debido a al servicio del Silvanus Kettleburn y pertenencia al estado de Caligo en calidad de pupilo del líder de nación, el trato irrespetuoso, los abusos al mismo, el uso de éste como esclavo y su venta con posterior huida que resultó poner en peligro su vida e integridad durante más de un año de duración hacen que el acusado incurra en un atentado contra su propio régimen y sobre el propio líder gubernamental directamente —Los últimos papeles recorrieron la mesa hasta reunirse con el resto, desapareciendo en el aire. Claude juntó ambas manos sobre el estrado y miró a Alexander Price en silencio.

El acusado ha sido encontrado culpable de todos sus delitos sin haber podido aportar ningún tipo de prueba irrefutable al respecto. Debido a la ley de benevolencia del estado, el acusado tiene la oportunidad de retirar parte de sus agravantes confesando sus delitos y disculpándose oficialmente ante este tribunal. La pena impuesta resultante, aplicando la ley de honores de corte y los atenuantes pertinentes se llevará a cabo en esta misma sala. El acusado Alexander Prince queda condenado a la pérdida de su mano izquierda para recuperar con ello el desagravio sobre su apellido. A causa de sus faltas, será también condenado a servir en el Palacio de Brontë como ayuda emitida por Caligo en el apoyo del proyecto del palacio además de la cuantiosa multa que se retirará de las arcas de oro de la familia. No se le retirará su título nobiliario al apellido Price, pero sí se requisará un tercio de sus tierras como parte del estado —El caeruleus volvió a realizar una pausa. —El acusado tiene la posibilidad de delegar el castigo impuesto sobre su apellido en los dos miembros restantes de su familia si éstos están de acuerdo. La pena impuesta sobre su persona como cargo por sus delitos individuales es inmutable e intransferible. El tribunal da por finalizado el juicio y sentencia del acusado. Se cierra el caso —. Y esta vez el hombre no volvió a pronunciar palabra.
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MensajeTema: Re: Entrada al palcio de Perséphone   Mar Ago 12, 2014 7:56 pm

Todos escuchamos en silencio sus palabras. Una vez hubo acabado, doy un paso al frente y carraspeo. - Es su palabra contra la mía. ¿O acaso las palabras de Silvanus Kettleburn no podrían estar cargadas con mentira? No hay nada que demuestre lo que ocurrió aquella noche. Bien pudo haberse extraviado él sólo en la oscuridad de la noche y ser encontrado por tales rufianes. - Entorno los ojos.- La marcha de Brontë de mi mujer y mía estaba planeada con antelación y nuestra marcha no tuvo nada que ver con lo que al piscis le ocurrió.- Resuelvo. - Pido a su señoría que  tenga en cuenta tal gesto. No es posible condenar a nadie sólo porque otra persona lo diga. Sin pruebas. En su día, Silvanus Kettleburn firmó un documento  conforme accedía a convertirse en mi lacayo. Por desgracia - Maldigo a Hewina desde lo más profundo de mi corazón- dicho documento desapareció en un triste accidente. Me haré responsable de parte del castigo, pero exijo una reducción de la pena -cualquiera de ellas- debido a la falta de pruebas físicas de lo ocurrido con Silvanus aquella noche.
-Por otra parte, tampoco existen testigos que acrediten mi presencia en apuestas ilegales. Yo, al menos, no veo ninguno. De nuevo, todo producto de la boca de Silvanus. Todo una gran mentira por su parte y que si no lo fuera, no existen pruebas concluyentes. Veo su mesa tan vacía como la mía, señoría.- Hablo dirigiéndome al juez.


Veo de reojo al asqueroso piscis con una media sonrisa de asco. Su rostro es inmutable, no pestañea si quiera. Simplemente respira, mientras su marmóleo rostro me juzga con severidad y en el más absoluto silencio. Ni un gesto. Ni una acción. Sólo una mirada que me pone de los nervios y que me hace remover la conciencia en silencio.
Aprieto los puños.
Maldita sea...
-Exijo que se rebaje pues la pena impuesta sobre el patrimonio de mi familia así como que todo esto no salga a la luz pública para evitar dañar su imagen. - Trago saliva.- En cuanto al castigo físico...

No digo nada más.- Si eso exime mis pecados, lo tomaré. Por otra parte, debe de tenerse en cuenta la injusticia tomada en tal acto, sin prueba de peso alguna en este arbitrio.
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MensajeTema: Re: Entrada al palcio de Perséphone   Mar Ago 12, 2014 8:16 pm

En cuanto el caeruleus tomó la palabra la mesa de tribuna lo observó con severidad, pues habían ya dado el caso por concluido. En cuanto el acusado comenzó a faltar al respeto a los letrados, sus ojos se crisparon y brillaron ligeramente al unísono. Tras un silencio tenso, retomaron la palabra ya con gestos de desagrado.




Me temo que no comprende su situación, señor Price. Si ha sido convocado ante esta sala es porque el propio líder Darvenwish ya ha hecho las investigaciones necesarias para corroborar su información. Este tribunal no tiene la mínima obligación de mostrarle nada al respecto. Se le ha tomado en consideración dándole la oportunidad de presentarse ante el tribunal y confesar sus crímenes en pos de una resolución que le resultase ventajosa y no sólo no lo ha hecho sino que se atreve a alzar la voz contra el tribunal y contra la palabra del mismísimo gobernante de Caligo, reafirmando sus ataques contra el estado. Sus faltas se añadirán al caso y su familia quedará sancionada y desprestigiada por su comportamiento. Sufrirá la pena impuesta y permanecerá detenido hasta su partida a Brontë. Fin de la sesión —Jueces y jurado desparecieron al momento de la mesa de la sala, dando por concluido el juicio.

Dos soldados agarraron a Alexander Price para llevarlo a la sala del verdugo. Otros dos guardias cortaron el paso a su padre y hermano, indicándoles que abandonasen la sala. Una vez inmovilizado en la silla de castigo se le vendaron los ojos y se procedió a la pena, despojándolo de su mano izquierda En el mismo momento se le aplicó magia curativa para evitar que la herida perdiese sangre o se infectase y el propio médico concluyó con un vendaje de la misma. Alexader Price fue enviado en un carromato a la prisión de la ciudad central. Su familia fue enviada de vuelta a casa con el informe pertinente sobre las penas establecidas.

*Fin del juicio*
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