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 Aulas

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Edad : 23
Mensajes : 611

MensajeTema: Re: Aulas   Jue Dic 11, 2014 11:16 pm

He escuchado que un hombre vendrá a enseñarnos cómo trabajar piedras para poder utilizarlas y puede ser útil así que voy a la sala donde se encuentra.

El hombre parece seguro. Me gusta su tranquilidad y su silencio. No tardo en acercarme para ver qué es lo que tiene y escucho de qué se trata cada piedra.

Después de un buen rato mirando los materiales y herramientas, decido coger una de las piedras para potenciar mi resistencia. Cojo la piedra adecuada y le pido al hombre los medios para pulirla.

Cojo al final lo que me parece más familiar. Un cubo con agua tibia, una lima gruesa y una más fina. Me siento con las piernas cruzadas y meto la piedra en el agua. Espero.

Al poco la saco y entonces empiezo a pulirla con la lima gruesa, con calma. Tengo que darle una forma demasiado perfecta como para hacerlo rápido. Empiezo primero por un lado limando con calma y ritmo mantenido. Es similar a hacer un fuego, ritmo constante y rozamiento adecuado. Vuelvo a sumergirla en el agua otro poco, quitando los restos que he ido limando y comprobando si la forma es suficientemente recta. Una vez estoy conforme, me pongo con otro de los lados.
Repito el proceso hasta que su forma es bastante cúbica, metiéndola en el agua nuevamente durante un rato más largo. Luego cojo la lija más suave para empezar a pulir más detalladamente las partes irregulares más finas. Es un trabajo muy relajante. Mientras estoy haciendo esto no me siento agobiado por la presencia del hombre, es como si no estuviera.

En cuanto acabo con la piedra se la enseño al hombre para que me diga si la forma es buena o mala para poder continuar. En cuanto me da el visto bueno, cojo materiales para introducirla en algo. He pensado en un brazalete.

Me pongo a trabajar en el cuero para coserlo. No es un trabajo complejo. Es similar a cuando tengo que reparar la ropa que se rompe al escalar. Cuando tengo el brazalete hecho el problema es cómo conseguir que la piedra se quede dentro. Voy de nuevo junto al hombre y le pregunto. Le digo que quiero introducir la piedra en el brazalete de cuero y no sé cómo hacerlo. El hombre me ayuda a envolver la piedra en una trozo de cuero, dejando parte de su superficie sin cubrir, y a coser ese trozo para que sujete dentro la piedra. Luego le pone un refuerzo de metal, para evitar que su forma compleja para el encaje se suelte con el movimiento. Finalmente me dice cómo coser el cuero que rodea a la piedra con el cuero del brazalete y me dedico a ello durante un rato.

Cuando termino estoy satisfecho, pero se me hace corto. Me acerco al hombre y le agradezco las lecciones. Quiero seguir aquí trabajando, pero me dice que no puede darme más materiales. Asiento y finalmente me marcho.
*se va*
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Anna

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Edad : 24
Mensajes : 576

MensajeTema: Re: Aulas   Jue Dic 11, 2014 11:29 pm

Entro en las aulas con gesto tranquilo, ubicando enseguida al hombre, al que dedico una sonrisa educada y una reverencia suave. Lo saludo entonces, presentándome, y él me indica su nombre también: Rheon.
Tras un breve intercambio de palabras procede entonces a ir mostrándome los amuletos y sus utilidades. Presto atención, observando las piedras, y llego a pedirle permiso para poder tomarlas un instante y revisarlas más de cerca. Tras un par de preguntas y apreciar el buen acabado de las piezas, me pregunta entonces qué es lo que deseo yo, y tras una breve duda, pido puntería.

No tardo en obtener la piedra y las herramientas adecuadas para su tratamiento. No es un material con el que haya trabajado, por lo que necesito sus indicaciones para proceder con eficiencia.
Primero me encargo de quitar una parte gruesa de la piedra, para hacela poco a poco más fina, pero al final me veo en la obligación de tomar una herramienta más apta para pulir con delicadeza, pues si me excedo se quebrará. Él vigila, en todo momento, el proceso, indicándome, finalmente, cuándo he alcanzado el grosor aceptable. Me explica, aunque lo había dicho antes, que si sigo reduciéndolo dejará de ser útil.

Tras ese punto, me dedico a dar a la lámina una forma diferente, pues, excepto por el grosor, que es el indicado, resulta muy irregular. Y debo hacerlo con cuidado, también, puesto que ahora su fragilidad ha aumentado.
Rheon se encarga de darle un acabado cuando yo ya he hecho todo lo que puedo, y no asiento, relajándome un poco, hasta que me da su visto bueno.

Cuando me pregunta qué utilidad le quiero dar no tardo en sonreír. Lo he pensado bien, tanto antes de venir como ahora. Y, de hecho, la forma es la apropiada.
Le explico que quiero engarzarlo en una tira de cuero, que utilizaré después para fabricar, añadiendo de mis propios materiales, una cinta para el pelo, una diadema, como las que uso habitualmente. Supongo, le explico, que en combate puede serme útil tanto para evitar que el cabello me caiga sobre la cara como para lo que la propia piedra aporta. Además, en caso de necesidad, por tratarse el cuero de un material flexible, podrían improvisarse otros usos.

Cuando acepta me pongo a ello. Esta vez no necesito apenas su ayuda, pues en confección de accesorios me basto sola. No es la primera vez que añado algún tipo de pedrería o material sólido a mis confecciones.
Haciéndome con una aguja que yo misma he traído, que suelo llevar encima, escojo varios hilos adecuados, y voy dando puntadas veloces, precisas, creando patrones de colores, sujetando con ellos la gema al cuero, llegando a ocultarla de la vista casi por completo, unida a la tira por un diseño vistoso, de colores vivos.

Satisfecha con el resultado, una vez lo he acabado, doy las gracias al amable hombre, a Rheon, al que dedico una educada reverencia, además.

Tras despedirme correctamente no tardo en abandonar la sala, pensando ya en la forma final exacta que daré al accesorio, poniendo esta vez materiales de mi propia mano.
*se va*


Última edición por Anna el Jue Dic 11, 2014 11:57 pm, editado 1 vez
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Kyoti

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Edad : 23
Mensajes : 277

MensajeTema: Re: Aulas   Jue Dic 11, 2014 11:47 pm

Como ha llegado hace muy poco, no tiene demasiado claro por dónde comenzar. Pero, al parecer, ha llegado justo a tiempo para participar en unas clases que, por lo que parece, son temporales. Quizás unas lecciones sean una forma indicada de comenzar, o eso opina él. Así que, preguntándose si llegará a tiempo, se presenta ante el que será su maestro.

Es un hombre fornido, de aspecto fiero. Llega a intimidar un tanto, y se le traba la lengua cuando trata de presentarse. Pero el aspecto tímido de Kyoti no parece provocar ninguna reacción en el que se presenta como Rheon, lo cual es un alivio para el chico, que se sienta frente a él, dispuesto a escuchar.

Rheon resulta ser un maestro claro, y pronto Kyoti tiene frente a sí una difícil decisión. Le alegra, en cualquier caso, descubrir que obtendrá mejoras de esto. Mejoras que, en su opinión, le resultarán útiles. Se siente tentado de decantarse por la opción de puntería, que él considera muy útil en su trabajo, pero es consciente de que mejor le vendrá paliar su torpeza. Es por eso que, a regañadientes, acaba por escoger potenciar su agilidad.

Rheon le ofrece que tome la piedra él mismo, y el chico escucha con atención sus instrucciones. El amplio rango de herramientas disponibles es algo que lo satisface enormemente, y ya que el hombre le da la opción de escoger por sí mismo, curiosea entre las herramientas antes de tomar las que, considera, le serán más útiles. Escoge limas, lijas, un cincel grueso y un pequeño banco de carpintero. Rheon asiente, indicándole cómo comenzar a trabajar.

Tras fijar la piedra en el banco, Kyoti comienza utilizando el cincel para darle forma. Reduce un tanto el tamaño, retirando de dos lados las aristas más gruesas, y a continuación procede a girar la piedra sobre el banco para darle una forma circular. Por última vez, cambia la posición y procede con golpes más suaves en el centro, abriendo hueco en la piedra. Así consigue que se intuya en la piedra la forma tosca de un anillo.

Disfruta, desde luego, con la actividad. Sus dedos se pasean por encima de las herramientas en lo que escoge la siguiente, una lima gruesa. Apenas ha empezado con ella y, sin darse cuenta, se ha puesto a tararear. Le da la forma al anillo, puliendo las irregularidades, hasta que considera que no puede hacer mucho más. Cambiando por una lima más fina, procede con el borde interior, con el que, considera, debe tener más cuidado. No quiere, en ningún caso, fallar y romper su obra. El último paso es obra de las lijas. La más gruesa va rodeando toda la superficie hasta dar un tacto liso y fino. Pero es la segunda la que, tras acariciar toda la superficie de la piedra, deja a Kyoti satisfecho.

Permite, entonces, que Rheon contemple su obra, y el hombre le da su aprobación. Y aunque Kyoti lo había olvidado ya, el trabajo continúa. Cuando Rheon se lo recuerda, al chico le brillan los ojos. No hay mucha duda al respecto, y sabe cómo debe trabajar.

Kyoti observa los materiales y escoge una piel ya curtida, considerando que es la que tiene mayor calidad de las expuestas. Procede, con una regla y un lápiz, a trazar líneas precisas sobre ella, que luego repasa con unas tijeras. El resultado son una serie de tiras finas, con las que pronto procede a trabajar. Tras separar unas a un lado, toma dos grupos de ellas, midiendo con cuidado su longitud, y procede a tomar el anillo.

El primer grupo de tiras pronto rodea el anillo por un lado, y a continuación Kyoti procede, con evidente habilidad, a trenzar las tiras entre sí. Es un trabajo que realiza en apenas un momento, con evidente disfrute. Cuando la longitud de la trenza le parece suficiente, procede con el otro grupo de tiras. Pronto ha repetido la labor, de tal forma que ahora penden del anillo dos trenzas de cuero. O quizás sería más adecuando decir que es el anillo el que pende de ellas. Kyoti, detallista, no se da por satisfecho.

Aprovechando la diferencia entre los dos lados del cuero, une otra serie de tiras al anillo, cruzando con ellas el hueco que ha creado en la piedra. Al principio parece un trabajo al azar, pero pronto queda claro que sigue un patrón, que está creando el dibujo. El resultado es una serie de formas geométricas en un colgante en el que los colores oscuros del cuero se combinan con los profundos de la piedra.

Por supuesto, pide su opinión al maestro, aunque es evidente que éste no tiene mucho que decir al respecto. Tras agradecer su atención y dedicación, Kyoti, satisfecho de haber completado su primera tarea en Brontë, se retira. Todavía no se pone el colgante. De camino hacia la puerta se dedica a observarlo, asegurándose de que está perfecto.

*Se va*
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PNJ
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Mensajes : 204

MensajeTema: Re: Aulas   Vie Dic 12, 2014 12:17 am


Una vez llegó la hora de su marcha, Rheon recogió sus herramientas y piedras, poniendo orden a todo lo que había traído. Antes de marcharse, Rheon se presentó ante los líderes para dar, en muestra de respeto y reconocimiento, un amuleto a cada uno, un humilde obsequio de un soldado demasiado estropeado para seguir luchando. Una vez llevadas a cabo sus tareas, Rheon abandonó Brontë, satisfecho de haber podido ofrecer sus servicios a la causa de las siete razas.

*FIN DEL EVENTO*

FdR.: A partir de ahora, los personajes participantes tendrán:

Mejora en creación de amuletos de fuerza y amuleto correspondiente:
 
Mejora en creación de amuletos de resistencia y amuleto correspondiente:
 
Amuleto de velocidad:
 
Mejora en creación de amuletos de agilidad y amuleto correspondiente:
 
Mejora en creación de amuletos de puntería y amuleto correspondiente:
 

Gracias por participar.
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Jill
Jefe de Raza
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Edad : 22
Mensajes : 115

MensajeTema: Re: Aulas   Lun Ene 12, 2015 12:07 am

Abrí la puerta con delicadeza, aún recordaba las horas que había pasado en las aulas sin parar de estudiar, teniendo que enfrentarme siempre a la escasa imaginación de mis profesores, que no alcanzaba más allá de los libros de texto y documentos científicos. Llevaba encima una mochila cargada de trastos que podrían ser útiles para los guerreros.

Me coloqué en frente de la mesa dónde solían sentarse mis profesores, qué sensación tan extraña. Me quité la mochila y la coloqué encima de la superficie con cuidado de que nada se desmoronase dentro y armase un estropicio. Llevaba ya bastante tiempo con estos artefactos, y por fin era el momento de darles un nuevo dueño. Algunos habían sido mis objetos de estudio durantes muchos días de mi infancia, en esa misma aula. No podía soltar ese sentimiento de nostalgia que me había embriagado desde mi llegada al palacio, hasta entonces, sólo lo veía como mi hogar, ahora ya era algo ajeno.

Me coloqué entonces detrás de la mesa, sentada en una silla para no tener que estar de pie constantemente. Uno de mis objetivos era conocer la situación de los guerreros en Brontë y hacer que estuvieran lo más cómodos que fuera posible.

Una sonrisa recibiría a cada uno de ellos.

REGLAS: Si queréis recibir un regalo de Jill tendréis que:

- Dirigiros a Jillian siempre con actitud respetuosa.
- Contarle cómo os encontráis en el palacio (y en el caso de que tengáis problemas Jillian intentará solucionarlo).
- Jillian también agradece el compromiso, así que comprométete tú también con un mensaje algo elaborado, Jillian podrá notar la actitud interesada en aquellos que no le hagan mucho caso.
- Los regalos serán entregados todos juntos al final del evento, que durará aproximadamente dos semanas.
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Elektra

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Edad : 26
Mensajes : 258

MensajeTema: Re: Aulas   Lun Ene 12, 2015 1:56 am

Entré en una de las aulas que parecia estar ocupada, quizás era una de esas clases que había de vez en cuando para que los guerreros pudiéramos hacer algo en el palacio. Sentada, me encontré a Jillian Cammpbell, la líder chrysos dueña del palacio. La había visto ya muchas veces, siempre hablando con el persoal del palacio y ayudando, no parecía una mala chica.

Mi sonrisa fue lo primero que entró, acompañada con un "buenas noches". Me acerqué con actitud curiosa, preguntándome de qué podría tratarse aquello. Me correspondió con su sonrisa y se levantó de su silla.

- Es un placer verla por aquí - el saludo me sirvió para examinarla de cintura para arriba, la mesa no me dejaba ver más.

La gratitud en su mirada era evidente, podía notar su energía en sus movimientos y sus palabras. Me preguntó después de unos minutos de charla protocolaria si había tenido últimamente algún problema o queja sobre el palacio, o alguna sugerencia para mejorar.

- La verdad, es un placer trabajar con mis compañeros - mi sonrisa era permanente -. No he tenido ningún percance que se diga, y el servicio del palacio es excelente.

Me respondió con una expresión de alivio.

- Además, debe de estar al tanto de mi situación actual con respecto a la líder Flamma, así que no podría estar... mejor, la señora se encarga en persona de que mi estancia sea lo más gratificante posible  - remarqué con efusividad, hacia tiempo que no veía a esa vieja y tampoco la echaba de menos.

La conversación continuó un poco más, hasta que un nuevo guerrero entró en la sala. Con una elegante reverencia me despedí así de la líder.

*Se va*
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Jun

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Edad : 20
Mensajes : 1350

MensajeTema: Re: Aulas   Lun Ene 19, 2015 7:16 pm

Entro y miro hacia los lados, buscándola en el interior de la habitación. Me han dicho que nos recibe la primera líder chrysos, Jillian Campbell. Supongo que lo más educado es acercarse a saludar. Especialmente teniendo en cuenta que ella ya no está aquí habitualmente.

Cuando la saludo, lo hago con una reverencia, doblando el cuerpo unos cuarenta y cinco grados y cerrando los ojos, permaneciendo así un instante. Recuerdo cuando el Abuelo insistía con que ante ciertas personas había que mantener una disciplina concreta. Supongo que con alguien como ella habrá que hacerlo, aunque sea tan joven y algunos de los líderes tengan una relación relativamente cercana a los guerreros por aquí.

Tras un momento de duda, y es que no tengo claro cómo comunicarme con ella, le ofrezco el amuleto. Supongo que es lo más correcto. De esa forma podré enviar palabras a su cabeza, como si las pronunciase yo.

-Buenas tardes. Es un honor encontrarla.

Tras una breve conversación se va haciendo más fácil tratar con ella, que insiste en que no abuse de los excesos en el trato. Supongo que no es la típica chica caprichosa solo porque haya destacado en la magia desde pequeña y por ser la dueña de algo como esto. Al final resulta ser bastante cándida y simpática.

Cuando pregunta por mi situación pienso un momento.

-Bueno, por ahora puedo decir que no he tenido ningún problema con nadie. Los guerreros más expertos siempre me han ayudado, o el personal de Palacio. Nunca he tenido de qué quejarme. También estoy entrenando más que a mi llegada, e intento utilizar mis habilidades para crear todo aquello que pueda mejorar la estancia de la gente, creo-. Esbozo una tímida sonrisa-. Me gusta inventar, quiero decir. Para todos.

Estoy por mencionarle que el señor Brumm se encarga de mí, también. Es mi responsable al fin y al cabo, según creo, pero acabo por explicarle, simplemente, que por suerte hace ya tiempo que parece que no enfermo, así que tampoco tengo quejas de salud y eso quizás sea porque Brontë me ha venido bien.

Charlamos un rato más, hasta que llega el momento de dejar de hacerlo y el collar comienza a apretarme por el consumo de magia. Es lo malo de comunicarse con el amuleto.

Cuando me despido he de decir que me siento más animado que al entrar. No tengo queja alguna contra su sucesora, pero también sería agradable tener a Jillian Campbell por aquí.

-Me alegro mucho de haber podido hablar con usted. Ha sido un honor, supongo.

La despedida se alarga un poco más, pero termino por marcharme cuando termina.
Sí, me siento un poco aliviado, de alguna forma.
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Marik Loutka

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Edad : 25
Mensajes : 46

MensajeTema: Re: Aulas   Lun Ene 19, 2015 7:32 pm

Corres con pequeños pasitos, algo nervioso y preocupado. ¿Está bien lo que vas a hacer? En el fondo te preocupa que esa líder te mire mal por lo que te vas a quejar.

Petas y entras, con algo de presión y mareo. Es... tan guapa que pone las cosas aún más complicadas.

Te acercas cabizbajo y acabas por alzar la cabeza, con algo de vergüenza. Ella no es muy alta pero aún así es más que tú y eso te hace sentir aún más inferior.

-Verá... señora...ita.- Te rascas la nuca con nerviosismo.- Es que nadie habla conmigo.- Espetas, sin haber escogido muy bien las palabras. - Es decir... no tengo amigos en este lugar. A veces salgo a ver si alguien quiere hablarme pero... nadie- suspiras, algo frustrado. - Si usted pudiera hacer que la gente me hablase un poco...- haces una reverencia.
-Muchas gracias, señorita lider...- Bostezas, aún a pesar de tus esfuerzos por evitarlo.

Quizá la razón por la que no tienes amigos es que te pasas todo el dia durmiendo pero eso es algo que nadie puede remediar.

*te vas*
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Frikka

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Edad : 23
Mensajes : 1354

MensajeTema: Re: Aulas   Mar Ene 20, 2015 6:13 pm

Me llevo las manos a la nuca nada más entrar, aunque me apresuro a bajarlas al darme cuenta de que no he venido aquí a chulearme. Cuesta planteárselo cuando te has acostumbrado al gesto, pero se supone que se requiere una educación y tal. Y no quiero que la peña se crea que en Caligo no nos la dan. Yo soy guerrera hasta las trancas, ya, y tengo que dar la imagen de experta que corresponde.

-Un placer -empiezo, plantándome frente a la chrysos y haciendo una amplia reverencia, algo rimbobante-. Soy Frikka Njorthrbiartr, a tu servicio. Bueno, ya lo estaba antes, claro, aunque no nos conociésemos personalmente. Es un placer, señorita Campbell-. Así está bien, ¿no?-. A lo que necesites, aquí me tienes.

Me dedico a darle conversación. No me cuesta. Parece una buena chica, aunque sea algo paradita. Tampoco es que esté mal que sea tranquila. Supongo que tendrá de esos poderes de líder, como todos, y de repente le brillarán los ojos, echará chispas y todos muertos, pero a primera vista diría que parece que yo le pueda. Aunque tiene ese rollito apacible de seguridad que...

-Por mi parte, las cosas van bien, imagino. Estoy deseando entrar en acción de nuevo -le comento, torciendo una sonrisa-. Entreno a diario y me lo tomo en serio. No bromeo-. Frunzo entonces el ceño, ligeramente-. Sé que ya harán ustedes todo lo que pueden, claro... Yo... Es cierto que hay un problema que me preocupa, ¿sabe? Aunque imagino que si él no le ha encontrado solución por sí mismo ni fuera de aquí, poco podría hacer usted sola, pero...

Le explico por encima mi problema con respecto a Gerald. Ella ya sabrá, claro. Tampoco quiero desnudar aquí las intimidades de ese imbécil. Pero nunca está de más...
Porque se muere, ¿no? Eso es algo que no se olvida, por mucho que hayamos aprendido a tomarnos los días con más tranquilidad.
Si ella sabe cualquier modo de retrasarlo o impedirlo definitivamente, si ella pudiese ayudar...

Supongo que pido demasiado. No me queda otra que terminar haciendo un par de comentarios sobre temas diferentes para diluir la sensación que se me ha quedado.

-De todas formas, estoy contenta con Brontë -termino declarando, sonriente-. He pasado por cosas algo chungas aquí, pero creo que he aprendido mucho de ellas. Me siento más apta que cuanto llegué, y espero poder seguir mejorando.

Deja una sensación de desahogo extraña. Supongo que es el rollo de que le cuentas tus problemas y al menos parece que ella sí puede hacer algo. Como si fuese un ente superior, aunque la veas muy rollo adolescente.

Cuando llega el momento me despido y me retiro, sin poder evitar llevar de nuevo las manos a la nuca antes de abandonar las aulas.

*se va*
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Ben

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Edad : 22
Mensajes : 601

MensajeTema: Re: Aulas   Miér Ene 21, 2015 10:16 pm

Ben entró en la habitación casi a hurtadillas, aunque no tardó en ver como evidente que era un comportamiento de lo más absurdo. Una chrysos de sonrisa amable la esperaba, y decidió que corresponder con una sonrisa igual podía ser un buen comienzo. Había oído que era la dueña del palacio, la organizadora de Brontë, y eso la situaba en un auténtico pedestal.

Tratando de mostrarse comedida, le ofreció una torpe reverencia y un saludo de entusiasmo contenido, para no parecer demasiado directa. Aunque a Ben no se le daba bien no ser directa. Estaba un poco nerviosa.

Las preguntas amables de su interlocutora no tardaron, pese a sus esfuerzos, en mostrar ese entusiasmo que quería moderar. Antes de darse cuenta, la había tomado de las manos y la miraba con la cara muy cerca de la suya y ojos muy abiertos y expresivos.

-¡Este lugar es maravilloso! -acabó por exclamar, sin poder contenerse-. Jamás creí que nadie fuera a darme una oportunidad así. Si por mí fuera, pasaría toda la vida sirviendo aquí, ¡y habría llegado antes! ¿Fuiste tú quien me hizo llamar, mi señora? Se lo agradezco tanto, verá que no la decepcionaré, estoy dispuesta a demostrar que no se ha equivocado conmigo.

Se dio cuenta entonces de lo que estaba haciendo y le soltó las manos, tratando de recuperar un mínimo de formalidad. Carraspeó e hizo una nueva reverencia, evidentemente nerviosa, deseando que por favor su comportamiento no fuera motivo de antipatía para la que, prácticamente, podía considerar su salvadora.

-Solo... Solo me gustaría... Bueno, es que... -balbuceó, buscando una forma de expresar sus sentimientos-. Si tan solo pudiera tener la garantía de que esto seguirá adelante... De que estoy cumpliendo con todo lo que se me pide... De verdad, de verdad que pondré todo mi esfuerzo en ello. ¡Y ya lo hago! ¡Y lo haré siempre! Solo quiero poder seguir como desde que llegué...

El ansia constante por la posibilidad de que la echaran se había ido diluyendo con los meses, pero de vez en cuando volvía, y cuando lo hacía, Ben la sentía con especial fuerza. Llegaba a culparse porque quizás, sin darse cuenta, estaba bajando la guardia más de lo debido.

Tras una pequeña charla, y agobiada por la idea de estar haciendo perder el tiempo a la líder, Ben acabó por despedirse, deshecha en agradecimientos, reverencias y promesas de lealtad. Para cuando abandonó la sala, la energía que había soltado a borbotones en ella le había dejado las manos temblando.

*Se va*
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Massen Dew
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MensajeTema: Re: Aulas   Miér Ene 21, 2015 10:41 pm

Por lo visto, la líder chrysos (la original, es decir) nos había dado audiencia a los guerreros. Aquello resultaba bastante novedoso, realmente, y no podía evitar un interés especial en acudir a su llamada. Hacía mucho desde la última vez que la había visto, a fin de cuentas.

Me presenté con una sonrisa y una suave reverencia, y me acerqué hasta su altura. Pidiendo permiso, me senté frente a ella, dejando entre ambas la mesa tras la que se había acomodado. Tras una serie de intercambios de saludos e ideas banales, la líder se centró por fin en lo que, suponía, era el motivo por el que nos había llamado. Asentí a su pregunta, dando a entender que la escuchaba, pero tardé un momento en dar una respuesta.

-Bueno -dije al fin-. Imagino que están haciendo ustedes todo lo que está en sus manos para mantener la seguridad del palacio, pero debo reconocer que es un tema que me preocupa mucho. El último año ha sido muy malo. Un ataque, la tormenta, la muerte de dos guerreras... Y aún hace poco, el traidor Errald escapó de su encierro. Por supuesto, se actuó con rapidez y eso me tranquiliza mucho, pero con tantos incidentes... no puedo evitar sentirme algo nerviosa. Supongo que ante su inmenso poder, lo que podamos hacer los guerreros para colaborar es bien poco, pero... si hay cualquier cosa que podamos aportar a la protección del palacio, seré la primera en ofrecerme para hacer tanto como pueda. Llevo mucho tiempo en Brontë, y este lugar se ha vuelto muy importante para mí... Quiero protegerlo.

La conversación continuó, y la propia líder me dio algunas ideas sobre su visión al respecto de todo lo que había pasado. Desde luego, comprendía que su situación era muy delicada, pero cualquier prueba que pudiera ofrecerme tranquilidad me haría sentir algo consolada.

En mitad de la conversación, recordé otro detalle que llevaba tiempo preocupándome.

-Creo que, aunque puede que él mismo lo haya dicho ya, debo confesar que no he tenido un comportamiento muy adecuado con el líder parvus las últimas veces que lo he visto -. La miré, seria-. Verá, él tiene una relación especial con dos guerreros poco convencionales que, casualmente, me son muy cercanos. Una es su propia... -Recordé entonces que el líder no había reconocido a Nagore como familia. Carraspeé-. Una parvus, Nagore. Es una chica poco convencional, desde luego, pero es muy buena persona. Ha tenido muchos problemas desde que llegó. Estuvo un tiempo fuera, que yo creía definitivo, y ahora ha vuelto otra vez. Estoy preocupada por ella, porque me había dicho que estaba enferma, pero es un poco alocada y es difícil hablar seriamente con ella. Pero, hasta donde sé, en teoría Nagorr se ocupa de ella, aunque yo no he visto que realmente lo haga, y siempre ha rechazado incluso conocerla... Es una situación muy confusa para mí, y estoy bastante preocupada. Quizás si usted pudiera hablar con él... -Hice una pausa-. El otro es Jun, un claritas nieto de un gran hechicero de Lumen. Al principio no vino a Brontë más que por una casualidad, pero desde que el señor Brumm lo ha tomado bajo tutela, participa como uno más en el ejército. Es un chico algo enfermizo y extraño, y en varias ocasiones me he encontrado con momentos críticos para él en los que yo no podía hacer nada por ayudarlo. Es en esas ocasiones cuando veía al líder Brumm aparecer para tomar cargo de la situación, pero luego volvía a irse sin dar explicaciones. Entiendo que quizás no sea asunto mío, pero la frialdad con la que se me pide que me mantenga al margen y olvide lo que he visto cuando pasan esas cosas me hace sentir muy impotente. De verdad estoy muy preocupada, pero no sé qué puedo hacer... Al final he acabado por ponerme tan nerviosa que he llegado a perder los papeles ante el líder, y la situación me agobia bastante.

Después de haber dicho tantas cosas, me sentía al mismo tiempo desahogada e inquieta. Por una parte, no me había dado cuenta de la presión que todo aquello me suponía tan bien como hasta el momento en que había decidido hablar. Por otra, no podía evitar sentirme responsable por inmiscuir de forma tan directa a tanta gente en lo que yo consideraba problemático. Por suerte, la líder Campbell se mostró muy amable y comprensiva, y su actitud consiguió tranquilizarme un poco.

Después de hablar un rato más, acabé por despedirme de ella, tras prometerle que continuaría tomándome mi trabajo con tanta seriedad como Brontë me exigiera.

*Se va*

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Corbin

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Edad : 28
Mensajes : 1065

MensajeTema: Re: Aulas   Miér Ene 21, 2015 11:21 pm

Corbin se presentó en las aulas cuando Jillian Campbell lo hizo llamar, dispuesto a escuchar lo que tuviera que decirle. Resultaba un tanto decepcionante ver a una niña de aspecto tan inocente al mando, pero Corbin no acostumbraba a dejarse llevar por las apariencias, así que no cuestionaba su poder por su aspecto.

Inclinó la cabeza en un signo de saludo y respeto y, silencioso y serio, se acercó hasta ella, esperando instrucciones. No fue exactamente lo que recibió, sino más bien una conversación. Aquello era nuevo para él, y trató de responder tan bien como pudo a la experiencia, aprovechando para estudiar a la líder que tenía ante sí, buscando en ella marcas o gestos que delataran su habilidad.

Respondía a las preguntas con pocas palabras, tan escueto como se le había enseñado, aunque siempre desde el respeto y la calma. Cuando la líder preguntó por su opinión de Brontë, no tardó demasiado en responder.

-Es un lugar que me ha ofrecido experiencias muy interesantes -reconoció con seguridad-. Pero creo que es mejorable. Me gustaría que se me ofreciera un mayor número de encargos a los que dedicar mi tiempo para asegurarme de que me mantengo activo. También creo que hay perfiles demasiado diversos como para que el proyecto funcione como un todo. Habría que encontrar una manera de impulsar a aquellos guerreros que no den la talla para que puedan colaborar con compañeros más expertos y conseguir una mayor eficiencia y una mayor posibilidad de trabajo en equipo. No creo que se pueda salir adelante si nos vemos obligados a arrastrar a aquellos que no consiguen mostrar y desarrollar sus capacidades propiamente.

No encontró una respuesta clara ni convincente en la joven, pero de todas formas la escuchó con atención y agradeció el disfrute de su tiempo. Tras despedirse con una nueva inclinación de cabeza, abandonó la sala para ocuparse de sus obligaciones.

*Se va*
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Lea

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Edad : 26
Mensajes : 1228

MensajeTema: Re: Aulas   Jue Ene 22, 2015 12:15 am

Me resulta un tanto curioso ser llamada por la líder chrysos de nuevo, aunque esta vez se trate de un asunto claramente más generalizado. No por ello le doy menor importancia. Al contrario: me corresponde participar en ello, o quizás acabe incluso pensando que me es indiferente lo que nos pueda decir. No es una actitud que me convenga. No he olvidado la reprimenda de Nagorr Brumm.

Me presento con una amable sonrisa y un saludo respetuoso. Además, declaro una evidente actitud agradecida cuando demuestra que me reconoce a la perfección. Bueno, era lo mínimo, que me ha contratado personalmente. Aunque siendo como es esta gente, tampoco me extrañaría que nos tuvieran fichados a todos. De hecho, ni siquiera puedo decir que estaría de más. En cualquier caso, me acerco hasta ella y comienzo una conversación ligera, dejando que la guíe a su gusto y asegurándome de complacerla con mi actitud y respuestas.

Eso no quiere decir que pierda mi oportunidad de expresarme cuando me la ofrece. Mejor dejar clara mi posición.

-En general tengo que decir que estoy muy cómoda en Brontë, aunque reconozco que hay un asunto que me escama -explico. Al principio mi voz es dulce, pero voy dejando que mi tono se vuelva más serio a medida que hablo-. Por una parte, he tenido problemas con algunos compañeros. Desde mi punto de vista, lo que ha pasado es que dos compañeros han tenido problemas entre sí y yo me he visto envuelta, pero supongo que no es muy correcto deshacerme de las responsabilidades que pueda tener al respecto de esa forma. Rickiard Dehnel y Gerald Browen tienen serios problemas para tolerarse el uno al otro, y mi estrecha relación con ambos hace que esto me afecte muy directamente. No pretendo aburrir a nadie con cotilleos, por supuesto, pero es un asunto que ha llegado a volverse peligroso en un par de ocasiones. Tengo entendido que precisamente Fera Twinkle se ha preocupado de poner orden entre ellos de forma bastante contundente, pero creo que no está de más pedir que se tenga cuidado.

Parezco una madre hablando de sus dos niños de cinco años. Es absolutamente ridículo. Me pone de tan mal humor que hasta me cuesta contenerme. Y, pese a todo, parece que alguien me haya nombrado árbitro en el enfrentamiento, y ambos recurren a mí continuamente, así que mejor es dejar las cosas en manos poderosas. Porque yo, en particular, acabo por sentirme bastante inútil con ese par de becerros.

La conversación continúa, y de nuevo encuentro algo que comentarle en el momento en el que Vilo sale a colación. Otro tema importante. Sonrío, dulce.

-Está enorme -le cuento, casi con orgullo-. Aunque ha supuesto un problema. Me he encargado de que no haga daño a nadie, por supuesto, y de hecho es cada vez más obediente. Pero he acabado por retirarme del dormitorio femenino, porque me pareció que para mis compañeras podría ser un problema. No tuve pegas por parte de nadie cuando me trasladé a una habitación particular para mantenerlo conmigo, pero prefiero estar segura de que no hay ningún problema. Además, por la situación que hay entre Rick y Gerald, Rick ha acabado por acompañarnos a Vilo y a mí en el dormitorio. También para evitar enfrentamientos entre ambos, claro, pero me preocupa que pueda parecer una medida abusiva, sobre todo porque supone una diferenciación clara con respecto a los demás guerreros. Además, ahora que Vilo ha crecido tanto duerme cada vez más en el bosque, así que acabamos utilizándolo solamente Rick y yo, y me hace sentir un tanto incómoda que no sea del todo correcto. Eso sí, pienso dejar la habitación en cuanto Vilo se acomode definitivamente en el bosque.

Ella comenta de nuevo su visión al respecto, y yo me mantengo atenta a lo que tenga que decirme. Asiento, tranquila. Tras un rato más de conversación, acabo por despedirme.

-Ha sido un placer. ¡Por cierto! Amanda y yo estamos preparadas para actuar en cuanto se nos exija -apunto, con una sonrisa entre amable y cómplice.

Por último, tras mostrar mis respetos, abandono la habitación.

*Se va*
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Adain

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MensajeTema: Re: Aulas   Jue Ene 22, 2015 5:22 pm

Entro en la habitación con paso tranquilo, buscando con la mirada un indicio que me diga quién es esa tal Jill. En la habitación, vacía tras la salida del anterior guerrero, sólo queda una joven de pelo rubio que sonríe. Obviamente es ella, no hay nadie más. Qué joven. No había conocido a todos los líderes pero no imaginaba, visto lo visto, que uno de ellos fuera así.

Hago una ligera y sentida reverencia y esbozo una de mis mejores sonrisas al incorporarme.

-Es un placer conocerla líder Jilliam. -Mentalmente voy ordenando mis pensamientos, después de todo y a pesar de parecer tan pequeña es una de las encargadas de Brontë y puede ser de gran ayuda.

Tras presentarnos me pregunta por mi estancia en Brontë, por lo que me tomo unos segundos para reflexionar, llevándome una mano a la boca.

-Bueno...Ahora estoy contento. La verdad es que no tuve una buena llegada, se cruzaron demasiadas cosas. Había habido unas muertes en el pueblo, yo llegué de golpe... -Literalmente.-Puede que la situación justificara el trato pero en el momento me sentí tan atrapado...Todo acabó bien al menos y creo que nadie volvió a dudar de mi inocencia en todo el tema...Eso espero... Pero ahora estoy más asentado. He conocido a un par de personas aquí con las que me siento cómodo y estoy entrenando para mejorar.-Puede que no tanto como debiera. -Creo que quitando ese detalle no tengo problema. Estoy muy agradecido de que me dejaran quedarme aquí.

La conversación se desarrolla de forma normal, la chica parece bastante simpática y mi último comentario me da una idea.

-La verdad...Creo que hay algo que podría mejorar mi estancia, aunque es un imposible al parecer, he hablado ya con un par de líderes y...-Bajo la mirada y me muerdo el labio por dentro. Mi cara continúa no obstante seria, mostrando respeto. -Cuando llegué, el hechizo que rodea al palacio anuló mi capacidad de volar... Caí en picado y, bueno...fue una de las cosas desagradables que pasaron a mi llegada y que por suerte se arreglaron. -Sonrío ligeramente, mirando el ala por encima de mi hombro. -Desde entonces sirvo a Brontë pero sólo puedo volar cuando me alejo de él. Volar es posiblemente lo que mejor hago y si estando aquí no puedo hacerlo...Si hubiera un modo de modificar el hechizo...Sé que es arriesgado, después de todo no llevo aquí mucho pero...No creo que pueda parecer una amenaza. -Y muy a mi pesar. No conseguía tener aspecto de guerrero pero puede que me sirviera en esta ocasión. De todos modos, ¿qué esperan que haga? Solo el ayudante de un líder ya pudo conmigo... Pensé en la conversación con Abaddom -Sé que los demás guerreros tienen que enfrentarse a diferentes contratiempos por estar aquí. Que la luz es más fuerte que en Cáligo o que hace más frío...Pero creo que es distinto. No es que tenga una molestia es que  me están...-Hice una mueca buscando una opción mejor pero finalmente cedí. -...cortando las alas...

Estaba algo incómodo, me pasé una mano por la nuca revolviendo el pelo con los dedos. Subo ligeramente el tono, siendo totalmente respetuoso pero como intentando hacerme oír, mezcla de súplica y reivindicación.

-Espero que me entienda y que considere buscar una solución. Sé que pudiendo volar más a menudo podría mejorar y ser más útil para Brontë. No soy fuerte pero soy rápido, no querría perder eso. Sé que hay más aethers en mi situación, no de molestia, pero que podrían mejorar sus habilidades si volar por los terrenos fuera una posibilidad. -No sabía qué más decir y me sentía avergonzado, no era nadie para pedir algo así. -Incluso en un ataque...Si los guerreros volaran pero lo enemigos no...sería un punto para Brontë... -Dejé de hablar y bajé la mirada de nuevo.

Veía de reojo algunos guerreros esperando para entrar por lo que no me quise entretener y comenzamos a despedirnos.

-Bueno, de nuevo le digo que es un placer haberla conocido. Le agradezco otra vez todo lo que Brontë ha hecho por mí y espero que no se ofenda si he sido muy atrevido. Espero que al menos piense sobre lo que le he dicho, si es que no ha sido una tontería.

Con una ligera sonrisa y disimulando la vergüenza del momento hago una reverencia ligera y me voy con paso ligero. A veces debería quedarme callado, menos mal que no parecía ser mala persona. Pero mi forma de hablar...No ha sido descortés pero atreverme siquiera a pedir algo así... No obstante una parte de mi, al contrario de esos pensamientos, cruzaba los dedos esperando una resolución.


*se va*
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Cierzo

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MensajeTema: Re: Aulas   Lun Ene 26, 2015 5:08 am

Nada más entrar en la sala le dediqué una profunda reverencia a la joven que allí esperaba, una muestra perfecta de lo descabellados que resultaban los sistemas de poder de la alta sociedad. Por poderosa que fuera aquella niña, no dejaba de ser una joven con un elevadísimo peso sobre sus hombros. Esperaba, al menos, que contase con quien pudiera aliviarlos, aunque fuera un poco.

Me dirigí hasta donde ella estaba y tomé asiento frente a ella.

-Es un placer poder dirigirme a usted en persona, señorita Campbell -comencé, en el momento de tomar asiento.

Pese a que ambos conocíamos a la perfección las normas del protocolo, ella no parecía muy cómoda con el trato que ello suponía. Yo debía, de todas formas, mantener unos mínimos, así que traté, simplemente, de no sonar más distante de lo necesario.

-Debo decir que no encuentro problemas en la organización y disposición del ejército -declaré cuando ella preguntó-. Lo encuentro cómodo y con una puesta en práctica factible, aunque requiere de la voluntad de trabajo de los guerreros. Por mi parte, no he tenido mayores problemas en el tiempo que llevo aquí. Creo que unirme a la causa no ha sido un error para mí.

Pareció mostrarse aliviada al saberlo, aunque yo no podía dejar de preguntarme qué importancia podía tener lo que declarase un único guerrero. De todas formas, no dije nada al respecto, sino que me limité a conversar con ella mientras lo vio pertinente, resolviendo sus dudas respecto a mis opiniones personales y, de paso, mencionando mi última incursión y sus consecuencias.

-Espero no haber puesto en manos de Brontë algo que no incumbía al ejército -remarqué-. El líder Brumm se mostró bastante satisfecho con el hallazgo. Si es posible, seguiré trabajando yo mismo en el asunto, independientemente de si otros de mis compañeros deciden colaborar en él.

Tras un tiempo más de conversación, acabé por despedirme de ella; por lo visto, otros guerreros esperaban su oportunidad para pasar a hablarle. Así pues, me retiré educadamente y la dejé con sus quehaceres.

*Se va*
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Kyoti

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MensajeTema: Re: Aulas   Lun Ene 26, 2015 5:18 am

Kyoti se lo piensa un buen rato antes de decidirse a entrar. Después de todo, no es más que un recién llegado y no sabe qué puede decirle a la mismísima dueña del palacio. Sin embargo, ha oído decir que dar con ella no es tan sencillo, y le parece desconsiderado por su parte rechazar de una forma tan evidente la oportunidad de presentarse.

Le sorprende un tanto encontrar a alguien tan joven al mando, pero no lo deja ver. Después de todo, su juventud no tiene por qué significar nada. Él, que no sabe nada de cuestiones políticas, y mucho menos de Fulmen, no es nadie para entender el significado de su puesto. Solo le corresponde mostrar su respeto a quien lo ha acogido.

Avanza hacia ella con una sonrisa algo nerviosa, sintiéndose ciertamente torpe. Piensa un momento en cómo saludar, haciendo una mezcla de gestos torpes, sin saber muy bien si inclinarse, arrodillarse, estrechar su mano o besársela. ¡Tantas opciones y tan poca información! Quizás debió preguntar antes de presentarse de manera tan patosa, pero ¿a quién?

Para alivio de Kyoti, ella no parece en absoluto molesta por su torpeza. Encuentra su actitud amable y sus gestos dulces, y acaba por atreverse a afianzar un poco la sonrisa. Cuando saluda y se presenta, se atropella un poco con las palabras, pero se obliga a seguir adelante, apoyándose en la actitud desenfadada de la joven.

-No puedo decirle mucho de su palacio -lamenta, cuando ella pregunta-. Es decir, no porque no quiera, ni porque no deba... Es solo que llevo tan poco aquí... ¡Y he intentado mantenerme al tanto de todo, pero...! Bueno, no quiero decir que no haya podido, es solo que me siento un poco perdido por ahora. ¡Pero no es culpa suya! Yo... tengo que aprender a manejarme por aquí para servir de utilidad. He traído mi arco para ponerlo a su servicio, ¿sabe? Pero aún tengo mucho que aprender... Si pudiera tener una guía... Bueno, por supuesto, tendré que demostrar mis capacidades e independencia, pero... Pero, ¡olvídelo! Me las apañaré para demostrar que no he venido para nada. Espero...

Para cuando ella da por terminada la conversación, Kyoti no sabe si sentirse apurado o aliviado. Ha tenido la suerte de encontrarla comprensiva y amable en todo momento, pero eso no quiere decir que no haya metido la pata un par de veces con comentarios poco afortunados. Pese a todo, puede despedirse y agradecerle su tiempo, y sale con la sensación de que no ha sido tan terrible. Después de todo, la dueña del palacio ha resultado muy agradable.

*Se va*
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Aulas   Miér Ene 28, 2015 4:22 am

Cuando sé que la líder chrysos, Jillian Campbell, ofrece la posibilidad de visitarla termino por acercarme a hacerlo. La mayor parte de quejas o problemas que pueda tener sobre Brontë ya están solucionados, son personales o, supongo, ya se le habrán expuesto varias veces, pero no considero que esté de más mostrar mis respetos a una líder de mi raza, aunque no se encuentre aquí ahora mismo. Es, al fin y al cabo, la dueña del palacio. Y tener contactos entre los más fuertes puede ser positivo. No hay motivo para dejar de mostrar ese respeto porque ahora sea Fera la que se hace cargo; son cosas independientes.

-Buenas noches -la saludo nada más verla, realizando una reverencia suave-. Me alegra volver a verla. Hace mucho desde la última vez que nos vimos, líder Campbell. Me alegra ver que se encuentra en buenas condiciones.

De ahí deriva en una conversación normal. Dejo que me cuente lo que me tenga que decir y, si pregunta, doy las respuestas que considero pertinentes, buscando no faltarle nunca al respeto y no entrar dentro de mi experiencia personal más de lo debido.
Sin embargo, llega el momento. Cuando me habla de mí, lo hace refiriéndose a mi estancia en las mazmorras y mis problemas de fidelidad con Palacio. No aparto la vista ni me muestro pasiva.

-Eso ha quedado atrás, como le podrán decir todos los líderes que me han observado desde entonces. He procurado dar cuantas muestras de fidelidad he podido desde entonces y busco seguir haciéndolo en el futuro. Brontë me ha dado la posibilidad de liberarme de algo que era nocivo para mí, y le estoy muy agradecida a usted y al resto de líderes por haberme dejado seguir aquí pese a lo que hice. Trabajaré todo el tiempo que haga falta en seguir enmendándome, y por adelantado le aseguro que soy fiel a Brontë no por obligación, sino porque he encontrando aquí algo que puede ser, hasta la fecha, lo que más me ha satisfecho. Asimismo, entreno con la intención de seguir haciéndome fuerte y espero poder llegar a ser considerada como una pieza útil y fiel a este ejército. Por supuesto, comprenderé que esos ojos sigan puestos en mí.

Termino con una reverencia. No creí que acabaría diciendo algo como eso, pero siento cierto alivio tras haberlo hecho.

Charlamos un rato más hasta que le toca el turno a otro, momento en el que me despido como corresponde, le deseo una buena estancia y suerte en sus labores y me retiro, educada.

*se va*
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Rick

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MensajeTema: Re: Aulas   Dom Feb 01, 2015 11:59 pm

Cuando me presenté ante la líder Jillian Campbell, aquella que nos había recibido en Brontë años atrás, confiando en nosotros, permitiéndonos acceder a su casa y dándonos la posibilidad de servirla, lo hice con una gran reverencia, muy emocionado de poder encontrarla. Al fin y al cabo, no era un secreto que había tenido que ausentarse y ceder su puesto como líder de los guerreros a su no menos encantadora prima, Fera Twinkle. Poder disfrutar de su presencia, tener el honor de hablar con ella, no era algo que desestimar, y me sentía muy orgulloso de presentarme de aquel modo. Y así se lo hice saber.

-Se presenta ante usted Rickiard Fudho Dehnel, señora Campbell. Es un honor para mí el servirla a usted y a la actual líder chrysos, y también lo es que me permita saludarla de esta forma. Estoy muy contento de que me hayan dado la oportunidad de trabajar para ustedes dos, así como para el resto de los líderes, y espero poder servir como se espera de mí.

Tras aquello, la conversación fue fluyendo. Pro desgracia, aunque me hubiese gustado decirle que hacía todo lo que me pedían, en un momento no pude evitar llevarme la mano al cuello, sin quererlo, para rozar con ella la marca de Fera, que me sabía de memoria a pesar de que tenía un tacto igual al del resto de la piel. Aquel era mi más reciente deshonor...

-Es cierto que he causado algunos problemas, señora Campbell, y usted lo sabrá, por supuesto. No quiero pretender no haberlo hecho, pero le explico, de todos modos, que fui provocado cuando golpeé a ese bas... Browen en el baño. Él comenzó con sus ataques, y lleva ya mucho tiempo comportándose de una forma inapropiada en mi opinión. Pese a todo, no volveré a sucumbir ante cosas como esa. A partir de ahora sabré comportarme como es debido, tal y como me prometí a mí mismo en el propio momento. Y, si usted pudiese transmitirle mis disculpas a la líder Twinkle, que se vio obligada a intervenir... Me temo haberos decepcionado tanto como para perder vuestra confianza, cuando siempre he sido un gran partidario de Brontë y he estado deseoso por, con mis compañeros, traer la estabilidad al mundo y ayudar a todo en lo que haga falta.

Continuó la conversación por un buen rato, tocando otros temas menos difíciles, como mi relación con otros guerreros, mis entrenamientos y las recientes misiones. Al final me sentía algo más tranquilo que cuando había sacado aquel tema tan delicado.

-Oh, le juro, señora Campbell, que me siento muy honrado de poder estar en su compañía. Me alegra mucho verla y, si me lo permite, tiene un aspecto excelente. Espero que sus tareas lejos de Brontë le sean propicias y estoy seguro de que los guerreros agradecerán su interés por ellos y sus ánimos. Para mí es usted un gran emblema-. Era, al fin y al cabo, una chrysos sin ojos de asesina-. Espero poder seguir trabajando para el Palacio como hasta ahora y ser de provecho. Nada me honraría más.

Cuando tocó la despedida, fui tan correcto como durante toda la conversación. Agradecí una vez más su atención y muy contento por haber podido ver a la líder abandoné la sala.

*se va*
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Jill
Jefe de Raza
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MensajeTema: Re: Aulas   Dom Mar 15, 2015 1:03 am

La primera persona en entrar por la puerta fue Elektra, una de las pocas chicas parvus que había en el palacio. Le sonreí nada más verla -también sonriente, por cierto-. Ya llevaba varios años en el palacio, y su presencia, aunque todavía desconocida, se hacía ya familiar. Parecía que todo estaba bien con ella, no destacó ningún problema, lo cuál me alegró aún más. Hizo un comentario acerca de lo del pacto con la líder flamma, y torcí un poco la sonrisa, no me gustaba nada aquella idea.

- Sobre eso... No existe ninguna norma en el palacio que impida esa clase de pactos... Pero mi deber es recordaros a los guerreros que además de derecho tenéis unos deberes, entre los cuáles cabe destacar la completa fidelidad a Brontë - mi expresión era seria, pero para nada hostil. Sólo buscaba prevenir posibles conflictos futuros -. No quiero que malinterpretes mis palabras, no busco deshacer el vínculo que estableciste con la líder, sino recordarte que este techo es ante de Brontë que de Flavia Gnaea.

Sinceramente, me parecía repugnante que un líder -o cualquier persona- necesitase hacer pactos y vínculos con otros para emplearlos con sirvietes, armas, o a veces hasta escudos. Sin embargo, ese asunto no era de mi incumbencia. La parvus pareció entender y aceptar mis palabras, abandonando así el aula con una sonrisa a la que yo correspondí.

El segundo en entrar fue Jun, el chico al que salvaron algunos de los guerreros de Brontë. Lo primero que hizo al entrar fue reverenciarse durante unos segundos, estaba cansada de los fromalismos con los que se me trataba en el palacio -a pesar de ser señal de educación-, pero no era quién de llamar la atención por buenos modales.

El cláritas me ofreció un amuleto que llevaba encima para así poder comunicarse conmigo. No dudé en ponérmelo para así poder mantener una convarsión con él sin ningún tipo de traba.

Sonreí aliviada al escuchar sus primeras palabras, me enorgullecía escuchar que tanto los guerreros veteranos de Brontë como el personal servían de ayuda y apoyo para el resto. Además, el mismo Jun llegó a hablar de sus mejoras y esfuerzos.

- ¿Inventar? - Mi tono fue de sorpresa, una muy agradable -. Me encargaré personalmente de que no falte ningún medio para que tú y tu compañeros podáis dejar volar vuestra imaginación -. Muchas de las grandes invenciones empezaron como grandes locura. Me alegraba ver que Bontë no era sólo músculo y fuerza, para que un cuerpo gigantesco se moviese necesitaría una cabeza que fuera proporcional.

Al igual que con la anterior, Jun fue despedido con una gran sonrisa de mi parte. La misma sonrisa que recibió al parvus Marik. Entró cabizbajo y algo nervioso.

- Muy buenas - me incomodaba que la gente no estuviera a gusto conmigo, me recordaba a todos los líderes con los que tuve que hablar cuando era pequeña; no me gustaba sentirme identificada con aquellos señores serios y estrictos que muchas veces ni me miraban a la cara.

Escuché atentamente sus palabras, al parecer el pobrecillo no tenía muchos amigos en el palacio -por no decir ninguno-.

- No te preocupes, yo misma me encargaré de que puedas hablar con alguna gente del palacio, organizaré alguna actividad o misión para que puedas pasar algún tiempo con gente del palacio, no sería nada peligroso -. El chico no llevaba mucho tiempo en el palacio, y su historial podía escribirse en una servilleta. Le guiñé el ojo amistosamente -. A cambio tú también tendrás que poner un poco de tu parte.

Lo despedí cordialmente, quedándome con la sonrisa hasta unos minutos después de que se marchase. A mí también me gustaría tener más tiempo para poder estar con amigos, aunque para una investigadora como yo era una tarea algo difícil.

Entró la cuarta guerrera del día, Frikka Njorthrbiartr. El contraste de confianza entre ella y Marik se hizo notar desde el momento en el que se abrió la puerta. Desde luego no tenía nada que ver. La saludé como a los demás, sonriente.

Tuvimos una agradable conversación, me alegraba poder conocer en persona a los guerreros de Brontë. Además, el hecho de que se acercasen a hablarme demostraba mucho para mí. Era una chica muy activa, y seguro que no mostraba ni la mitad de lo que era en realidad -con los líderes la gente siempre solía contenerse, en una mayor o menor medida-.

Entonces mencionó algo que llamó especialmente mi atención, me habló acerca de Gerald Browen y su situación. Ya me había puesto al tanto con enfermería y con Fera. La miré a los ojos entonces con firmeza y relaje la sonrisa que había mantenido hasta entonces.

- El equipo del palacio está haciendo todo lo posible para poder solucionar esa situación. Sin embargo, tienes que ser consciente que en muchos casos una maldición no es tan fácil de contraconjurar como de conjurar en sí. Como investigadora médico que soy -era uno de mis principales cometidos en el laboratoria para el que trabajaba- me uniré a la lucha de esa maldición junto a los otros líderes y al equipo médico para hacer todo lo que esté en mi mano.

El tema no tenía mucho más que discutir, y parecía que ella ya lo sabía. Retomamos la conversación y poco a poco fui recuperando la sonrisa que había dejado atrás.

- Me alegra oír que te esfuerzas constantemente, y recuerda que el descanso es tan necesario como el deber - desde luego me encantaba oír que los guerreros entrenaban mucho, pero también debía advertirles de que cualquier exceso era malo.

Contemplé como abandonaba el aula. Frikka había demostrado ser una muy buena amiga. Una vez más, el orgullo de Brontë efervescía en mis venas.

Ben Dono fue la quinta en entrar. Llevaba mucho tiempo queriendo conocerla, incluso para una persona que se vio medio Mithos como yo resultaba llamativo ver una hibridación humana de grado cinco. Al igual que con los anteriores, mi sonrisa la recibió, a la que ella respondió con una reverencia. No me iba a cansar yo ese día de reverencias...

Comenzamos muy bien la conversación, ella parecía algo inquieta y, de hecho, agradecí bastante esa inquietud, necesitaba un poco de movimiento y ánimo para despejarme la cabeza después de la conversación con Frikka -me preocupaba mucho la situación de Gerald Browen- que todavía seguía rondándome la cabeza.

Entonces sentí como se acercaba a mí y me agarraba las manos, su tacto no se correspondía con su mirada. Escuché con atención toda la energía que la chica soltaba por la boca, llegando hasta tratarme de "mi señora". Me alegraba el hecho de que hubiera gente tan devota a Brontë, pero desde luego no podía permitirme un título tan arrogante. Tan pronto paró de hablor me soltó las manos.

- No, por favor, no merezco, ni tampoco quiero, que me llames así. Simplemente Jill, o Jillian, como prefieras. De todos modos, me encanta contar con gente como tú, predispuesta a cualquier cosa y con energía -. Solté una pequeña risotada al ver su cambio de actitud repentino.

Escuché seria sus palabras, y negué rotundamente con la cabeza.

- Brontë está formado por cada uno de nosotros. Expulsar a alguien resultaría tan doloroso como perder una parte de nosotros, y ni yo ni ningún líder permitirá que un guerrero abandone Brontë si no es por voluntad propia o como castigo por un incumplimiento intolerable - me había puesto un poco tensa de más ante la pregunta, me dolía que alguien bajo mi techo se sintiese así.

No tardé en volver a sonreír.

- No te fíes de nadie que te obligue a abandonar el palacio. Si algo así ocurriese, te rogaría que me lo comunicases lo más pronto posible. En caso de que yo no estuviera, tienes a tu disposición todo un cuerpo de personas que se preocupan por vosotros, aunque yo te recomiendo especialmente a la líder chrysos -solté de nuevo un guiño de ojo-, es una excelente consejera.

Despedí a Ben con una sonrisa. Realmente me preocupaba que gente en el palacio llegase a pensar que otros no la quieren, ¿y si no era el único caso? A lo mejor estábamos haciendo algo mal...

Entró Massen Dew, la primera con la que ya había hablado anteriormente, una guerrera ya con mucha experiencia y de la que una podía estar orgullosa. Saludó con educación para después sentarse delante de mí. Yo, como de costumbre, le correspondí con mi sonrisa.

Escuché atentamente sus palabras. De nuevo, brotaba el cariño y la preocupación que sentían los guerreros hacia Brontë. Me costaba escuchar las palabras que salían de su boca, eran realidades dolorosas que yo no logré evitar -o bien porque no estaba o bien porque no me di cuenta a tiempo-; eran la imagen de mis errores como anfitriona.

- Respecto a eso, os debo una disculpa por cada uno de los fallos cometidos. Realmente me consuela saber que Brontë está en buenas manos porque, al fin y al cabo, sois vosotros sus verdaderos poseedores. Sin embargo, no debería ser vuestro deber protegeros de intrusiones como esas que acabs de mencionar, para estamos los líderes en teoría. Nunca rechazaremos vuestra ayuda siempre y cuando no corráis ningún tipo de riesgo, vuestra seguridad es primordial para nosotros. Entiendo que quieras ayudar, y también que hemos cometido errores, pero, repito, lo último que quiero es que haya una vida en riesgo - realmente no podía decir mucho más, Massen Dew tenía razón en todo, pero si le dejase actuar en momentos de peligro estaría poniendo en peligro su vida -. Para ello, yo misma me encargaré en lo que me queda de estancia de instalar una nueva barrera mejorada, además, los líderes y las fuerzas del palacio también nos hemos puesto aún más las pilas. Brontë se está convirtiendo poco a poco en un refugio de seguridad máxima, y no permitiremos un nuevo desliz.

Massen parecía algo relajada respecto a lo último que le dije. Continuamos hablando, era sorprendente como las conversaciones giraban en torno a temas muy distintos con cada uno de los guerreros. Salió otro tema de conversación, esta vez sobre el líder Nagorr. Sus palabras me extrañaron un poco, no debía opinar nada hasta que hablase con él.

- No te preocupes, yo misma me encargaré de hablar con líder y transmitirle la preocupación de forma anónima - yo me había comprometido a solucionar todo lo que estuviera a mi mano y eso también incluía problemas que hubiera con líderes. Es más, el hecho de que un líder esté implicado en un problema es un gran motivo de preocupación.

Massen abandonó la sala tras hablar un poco más. Lo último me había dejado un poco descolocada, la verdad.

Entró el séptimo, Corbin ad Faldice, un hombre sin duda curtido y serio, o eso era lo que había notado las pocas veces que lo había visto por el palacio. Saludó con respeto, silencioso, limitándose simplemente a responder a las preguntas que yo formulaba de forma concisa. En cuenta a mí, siempre me dirigía al claritas con una sonrisa.

Escuché atentamente su respuesta a mi pregunta sobre cómo se sentía hacía el palacio. Parecía no recibir suficientes encargos –o al menos todos los que él quería-.

- No puedo garantizar que haya misiones, encargos y diversas tareas para todos los guerreros de Brontë veinticuatro horas al día. Sin embargo, como anfitriona de este palacio mi deber es que todos los guerreros de Brontë estén contentos con respecto a su casa.

Continuó su respuesta, buscaba que todos los miembros de Brontë impulsasen su poder. Demostraba su preocupación por el palacio afirmando que muchos de los guerreros no eran lo suficientemente poderosos; quizás tuviera razón, me centraba tanto en mimarlos que pocas veces les exigía algo a cambio.

- Tendré muy en cuenta lo que me acabas de decir para el futuro próximo, quizás te llegue pronto una notificación de misión personalizada. Con respecto a tus compañeros, discutiré con el resto de líderes algunas posibilidades que podamos llevar a cabo.

Asintió con la cabeza, no parecía muy convencido de mis palabras. Lo despedí con un gesto cordial y lo vi abandonar la sala.

Detrás del claritas entró Lea, a la cual sonreí nada más verla, ya había hablado con ella y con Anna de otros asuntos con anterioridad, me interesaba saber cómo se encontraba. Mantuvimos una agradable conversación en la que se hicieron pequeños referencias a la misión que teníamos pendiente, pero nunca se convertía ese en el tema principal.

Confesó tener algo que la incomodaba un poco, y escuché atentamente su testimonio, esperando encontrar una solución fuera cual fuera el problema. Asentí mientras escuchaba lo que me contaba, ya había oído hablar algo de ese tema.

- Me alegra que te preocupes por ellos, como persona da mucho que decir. Sin embargo, Brontë no puede actuar porque dos personas se lleven mal. Claro está que ha habido más que una mala relación, y como tú misma has dicho, la líder Twinkle se encargó de detenerlos. En estos casos, quienes se tienen que comportar son los que tienen el problema, y los que saben que según cómo actúen pueden tener unas consecuencias u otras. La única forma en la que Brontë podría ayudar sería quizás con alguna terapia, pero para ello necesitaríamos la aprobación de los dos. Supongo que la líder Twinkle ya les habrá advertido, sintiéndolo mucho, no podemos hacer nada mientras no vuelva a pasar nada – agaché la vista ligeramente, me encantaría poder intervenir y ayudarlos, pero no podía como líder meterme en una relación entre guerreros el palacio. Es cierto que habían tenido problemas, pero cuando ocurrieron yo no estaba y fue Fera la que se había encargado de amonestarlos -. De todos modos, si vuelve a surgir algún problema, nos encargaremos tan pronto podamos de solucionarlo. No nos gustaría que un tercero se viera implicado.

Pareció entender mi explicación, y preferí no darle más vuelta. El tema de conversación no tardó mucho en cambiar, esta vez para hablar de Vilo, la mascota de Lea. Sonreí de nuevo, me encantaban los animales.

- De la forma en la que lo has planteado no veo ningún problema siempre y cuando regreséis cada uno a vuestros respectivos cuartos. Todo lo que sea por un bien merece el apoyo de Brontë, y cuidar de un animal de forma tan responsable es sin duda señal de buen corazón -. Le sonreí una última vez antes de verla marchar por el marco de la puerta.

El noveno en entrar fue Adain, que en comparación con muchos de los que habían venido aún era bastante nuevo, aunque ya muy implicado en asuntos del palacio. Respondí a su saludo con una sonrisa, indicándole que se sentase en la silla que tenía en frente. Me interesaba mucho lo que pudiera decirme Adain, aún no llevaba mucho en el palacio y quería conocer también su opinión al respecto. Mencionó algunos recuerdos dolorosos de cuándo él había llegado, lo cual me borró la sonrisa para pasar a una cara más seria, aunque no tardé en recuperarla.
Mencionó el hechizo que impide volar a los aether del palacio.

- Entiendo la frustración para todos los aether de no poder volar, pero bien es cierto que no necesitas alejarte mucho del palacio para poder hacerlo. El hechizo sirve de protección para el palacio y lo consideramos necesario, sino te aseguro que nunca lo hubiéramos conjurado. Sintiéndolo mucho, no podemos daros otra opción -. Me entristecía escuchar cosas como que les cortábamos las alas, no me gustaba que la gente se sintiese así en su casa, pero era por el bien de todos -. Veré lo que puedo hacer. Hablaré con los líderes y consideraremos las circunstancias.

Le sonreí una última vez antes de que se levantase y abandonase la sala.
Entró en la sala Cierzo Cogo con una reverencia, a la cual respondí con una sonrisa, como al resto de guerreros que habían pasado por la puerta aquel día. Le pedí que tomase asiento y así hizo, siempre demostrando una buena educación.

Asentí a sus palabras cuando empezó a hablar, mostrando interés en lo que contaba y alegrándome de lo que oían mis oídos. Siempre era un placer tener a gente como el aether, realistas y agradecidos. Pero también buscaba la otra parte: aquellos aspectos que él considerase incómodos o desafortunados en el palacio, que eran igual de importantes para mí.

- No te preocupes sobre eso, mientras cuentes con el apoyo de los líderes nada de lo que hagas será visto con malos ojos. Además, en el caso hipotético de que Brontë se viera involucrado más de lo debido, no sería culpa tuya, eso desde luego – entendía por qué podía preocuparse y me alegraba todavía más el hecho de que lo hiciera: de nuevo, los guerreros de Brontë demostraban tener un gran sentido de la responsabilidad, y eso debía ser premiado.
La charla continuó unos minutos más antes de que el aether abandonase la sala para dar entrada al flamma Kiotti Thorkild.

Me sorprendía la cantidad de guerreros relativamente nuevos que se acercaban a las aulas y, del mismo modo, me sorprendía no haber visto a algunos de los guerreros que esperaba ver. Quizás tendría que tener una charla a solas con esos.
Invité al chico a que se sentase, como al resto. Parecía un poco tímido, lo que sólo engrandeció aún más mi sonrisa.

- Tranquilo, estás en casa – esperaba verlo un poco más relajado mientras hablábamos, no me gustaría que como anfitriona se sintiesen juzgados por mí, todo el mundo tenía personalidades diferentes, y si estaban en el palacio era porque estaban invitados.
Escuché con atención a sus palabras. Quizás podría crear un programa de integración en el palacio para que la gente nueve pudiera conocerlo rápidamente y de paso hacer amigos y tener apoyos desde el principio.

- No te preocupes, yo te puedo ayudar con eso, me encargaré de encontrar a alguien que te sirva un poco de guía por el palacio y te pueda integrar con los otros guerreros – me di cuenta entonces de que podría haber sonado un poco brusca con lo de integrarse, pero sin duda me encargaría de hacerlo.

Como con Marik, no podía permitir que nadie se sintiera solo o desorientado en su propia casa. Kioti parecía un chico muy tímido y quizás le costase más integrarse a sus compañeros, pero sin duda parecía una buena persona y no creía que tardase mucho en encontrar a alguien que viera eso en él. Mantuvimos una conversación apacible hasta que el flamma abandonó la sala.
Entró por la puerta Alehyss Lester. Ya había hablado con ella en otras ocasiones, a diferencia de muchos de los guerreros que habían pasado por las aulas. Estaba muy orgullosa de en qué se había convertido dentro del palacio. Todavía recordaba el escándalo que había armado con Rick Denhel pocos días después de la llamada.

- El placer es sin duda mío – no me gustaba tener preferencias entre los guerreros, pero Alehyss Lester habái sido uno de los guerreros con los que más contacto había mantenido y no podía evitar sentirme orgullosa. Conocía los problemas que había causado en el palacio, pero era una prueba de que la superación era algo que en Brontë también se conseguía.

- Los líderes no somos quiénes de juzgar el pasado de nadie, ni sus actos. Sólo nos encargamos de que existan unas normas en Brontë y de que se cumplan. Mientras muestres respeto y motivación, nadie tiene derecho a decirte nada- la miré a los ojos, no quería que se disculpase por eso -. Incluso si algunos líderes no confían en ti, no quiero que cargues constantemente con esa culpa, porque no hay nada de culpa. Tú fuiste llamada por Brontë cuando llevabas un estilo de vida alejado a los ideales del palacio, pero como tú misma has dicho, eso te ha permitido alejarte de ciertos males. Tienes que estar muy orgullosa, como yo lo estoy, de que todavía sigas aquí, y con mucha más fuerza que antes.

Conversamos un poco más, aunque no mucho. Le dirigí una última sonrisa y abandonó las aulas tras despedirse con una reverencia.

Detrás de la chrysos, entró el que había sido una vez su enemigo: Rick Denhel. No lo conocía tanto como a ella, de hecho, nunca había hablado con él. Sabía, sin embargo, que se trataba de una persona muy noble y amable.

- El honor es mío y de todos los líderes que contamos con la ayuda de grandiosos guerreros que nos permiten sacar a Brontë hacia delante – desde luego que era un honor, pues Rick Denhel también destacaba como un muy buen guerrero, y era algo que no podía ignorar.
Escuché todo lo perteneciente al conflicto que ya me había comentado Frikka anteriormente, y comprobé que efectivamente Fera les había puesto un sello ara que no pudieran tocarse. No compartía el castigo tomado por mi prima, pero lo entendía y la entendía a ella.

- No te preocupes, yo misma me encargaré de hacer llegar esas disculpas a la líder Twinkle –respondí sonriente y tratando de quitarle un poco de seriedad al asunto, que algo de serio sí que tenía -. Es normal que durante años de convivencia en el palacio uno tenga conflictos con otros. Entiendo que la única gente con la que mantienes contacto es la que vive aquí, y es completamente normal no llevarse con todo el mundo o en algún momento llegar a algo más desafortunado. Lo importante es que hayáis recapacitado y adquirido un nuevo punto de vista, y que os sirva no solo para mejorar el problema que haya entre vosotros, sino para una relación futura con cualquier otra persona – intenté que no se sintiese culpable por lo que había hecho .

Me sonrojé un poco ante sus últimas palabras.

- Muchas gracias, yo también espero y quiero poder ayudaros a todos. Me enorgullece escuchar tales palabras, hacen que una se sienta orgullosa de servir a Brontë. Pero quiero que sepas que el orgullo siempre será nuestro de teneros a vosotros. Porque Brontë puede seguir hacia delante sin líderes, pero no sin vosotros – el chico era encantador, me había arrepentido de no haber hablado con él antes.

Tras conversar un poco más, abandonó la sala.

Había sido el último. Aquel día me había dado cuenta de muchas cosas, de cambios, de sentimientos de los guerreros… Había sido sin duda un buen ejercicio para mí, y para los guerreros. Esperaba así poder ayudarlos a todos.

Ninguno había abandonado la sala sin llevarse nada en las manos. No era nada valioso –respecto al valor sentimental-, pero esperaba que les pudiera servir de ayuda en algún momento.

Después de recoger mis cosas, y dejar todo como estaba al principio, abandoné la sala, al igual que el resto de personas que había entrado ese día en las aulas.

*Me fui*

FdR: Cada uno recibirá un mensaje con el objeto que haya recibido, ¡espero que os guste! Por otro lado, Jill intentará con toda su ilusión hacer realidad cada una de las peticiones de los guerreros.
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MensajeTema: Re: Aulas   Jue Mar 19, 2015 8:05 pm

Aprendizaje con Tita Brebajes


Resulta difícil entender que, a su edad, Tita pueda llegar sola y sin problemas a las aulas de Brontë, pero el caso es que, tras obtener el permiso, allí se presenta con sus petacas y bolsas. No tarda en hacerse con una silla, y en seguida ha pedido las herramientas que sus aprendices podrían necesitar. Por lo visto, también debe tener la cabeza como un reloj, porque no se le escapa una.

Tita considera que todos, independientemente de la edad, pueden aportar algo bueno al mundo. Y para Brontë Tita también tiene un regalo: sus enseñanzas. A cada guerrero que vaya a visitarla, Tita le enseñará a preparar la poción que él elija, y le hablará de las nociones más básicas de la cocina de pócimas. Además, su pupilo podrá quedarse con los resultados de su creación. A cambio, Tita pedirá a cada guerrero que le cuente una historia de sus aventuras, por el placer de entretener a una pobre anciana. Eso sí: no permitirá ni una sola historia repetida.

FdR- Tal y como dice el post, cada guerrero preparará una poción de nivel básico y contará a Tita Brebajes una historia de sus andanzas desde su llegada a Brontë. Podéis elegir cualquier cosa, no necesariamente misiones, pero pensad que a esta anciana cotilla le gustará oír historias con un poco de chicha. Recordad que es una señora mayor y que merece un respeto. También tened en cuenta que la preparación de la poción está por encima de la historia: podéis mencionar de pasada qué historia contáis a Tita, pero de la forma en que preparáis la poción debéis dar detalles. De vuestra experiencia con Tita Brebajes obtendréis la poción que preparéis, la capacidad de hacer pociones de nivel básico y la capacidad de reconocer los ingredientes de las pociones con facilidad (nunca se sabe cuándo pueden aparecer en una misión o en otro tipo de andanzas por el mundo).
Recordad que hasta que no se cierren los plazos no tendréis nada de lo que habréis preparado. La fecha de cierre del evento se notificará con una semana de antelación. Por el momento, el plazo no tiene fecha límite. ¡A cocinar!
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Elektra

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MensajeTema: Re: Aulas   Sáb Mar 21, 2015 4:24 pm

Entré en la sala con una sonrisa en la boca, no había pasado mucho desde la última vez que había pasado por aquella puerta para hablar con la líder chrysos Jillian Campbell. Sin embargo, esta vez no era precisamente una joven la que esperaba en la mesa principal, sino todo lo contrario.  Me acerqué a ella, presentándome.

- Encantada, me llamo Elektra Samon, es un placer conocerla – no dejaba de sonreír, y la señora que decía llamarse Tita Brebajes tampoco –eso o no distinguía su boca entre tanta arruga-.

Explicó que era una experta en pócimas y que estaba en las aulas para enseñarnos un poco de su arte. Desde luego parecía una mujer muy cualificada con muchos años de experiencia encima, cualquiera dudaría de las palabras de una mujer así. No podía evitar de vez en cuando echar un vistazo a lo que parecía el mapa geográfico de la zona montañosa de Hummus., llevándome la mano a la cara sutilmente y agradeciéndome a mí misma los sacrificios de cada día –una capa de terracota por la mañana y otra regenerativa por la noche después del baño-.

- Me encantaría poder elaborar el antídoto ovejero del Doctor Flinter – no estaba realmente interesada en esa poción, pero sabía de su existencia y sabía que cualquiera que quisiese dedicarse a la elaboración de pócimas tendría que saberlo.

La mujer asintió, no sin antes realizar una petición a cambio. La miré fijamente, sus palabras me habían extrañado un poco, incluso llegué a pensar que no la había entendido bien. ¿Tenía que contarle una historia? Sin dejar de sonreír una parte de mí deseaba morirse, ¿qué le iba a contar yo a esa señora? Mis aventuras… Hacía tiempo que no vivía de eso…

Agaché la vista unos segundos, pensativa. Varios recipientes con líquidos y hojas que no reconocía –a excepción del asfódelo- estaba expuestos sobre la mesa. Suponía que mientras le contase mi historia ella me indicaría cada paso a realizar. Me llevé la mano derecha al pecho y alcé la vista, con la misma sonrisa que había escondido al bajar la cabeza.

- Recuerdo mi primero viaje a Ignis como si fuera ayer… Cómo no, el calor estaba
presente en todo momento. Recuerdo que fuimos guerreros algo reconocidos de Brontë, tales como Alehyss Lester, Massen Dew, un tal Heylel, y dos guerreros con cierta falta de
– titubeé un segundo, llevándome el índice a la comisura del labio- no diría humanidad… sino más bien inteligencia.

La señora anciana parecía haber empezado a preparar los ingredientes y útiles para elaborar la poción. Tendría que seguir contando la historia, y añadir factores interesantes, si quería causar la mejor impresión y que me enseñase a elaborar el antídoto.

- No recuerdo muy bien sus nombres, no suelo hacerlo cuando una persona no me interesa lo más mínimo. Aunque, apostaría que eran… ¿cómo era? Uno desde luego parecía tener algún tipo de problema mental, y otro simplemente tenía dificultades, pero es normal, ¿no? No todos estamos al mismo nivel en el palacio – desde luego que me acordaba de Errald el traidor y Lyam, el indecente, pero no merecían ni tan si quiera ser nombrados, puesto que su presencia en la misión fue completamente irrelevante en términos de éxito -. Pero bueno, empezaré la historia desde un principio. Como dije antes, hacía mucho calor. Éramos tres chicas: Alehyss Lester, Massen Dew y yo – desde luego las más sensatas de aquel grupo-. Y después, bueno… Heylel “comosea”,  un traidor que no merece ser mencionado, y otro chico que, como dije antes, no recuerdo ni considero relevante en el transcurso de la historia.

Tenía las uñas muy bien hechas, se notaba que le había dedicado mucho tiempo a su cuidado la noche anterior, mientras esperaba a que la piel absorbiese la máscara regeneradora. Observé como “doña Brebajes” separaba doscientos mililitros de agua y los ponía a calentar en un pequeño hornillo que había en la mesa, entre otras cosas.

- Además, los líderes piscis y caeruleus nos acompañaban; sin duda un índice más de la peligrosidad de la misión, la cual consistía en desmantelar una organización secreta que atentaba contra Brontë – el agua todavía no había empezado a hervir, no creía que tardase mucho más -. Nos recibieron dos copias de los líderes, que parecían repetir sus movimientos como si de un espejo se tratase. Todavía no entiendo muy bien por qué seguimos avanzando los guerreros sin los líderes, pero así hicimos, entrando en una nueva sala, donde nos recibieron unas copias baratas de nosotros – el tono de mi voz sonó con cierto desprecio cuando pronuncié la última frase, sin borrar la sonrisa, por supuesto -. Una encantadora recibida.

Empezaba a haber burbujas, aunque la anciana tardó unos segundos más antes de echar asfódelo espinoso y lo que decía ser latónico humeante y tarlúnica. No tocó nada ni removió nada, simplemente mi miró, como indicando que continuase.

- Al final pudimos superar la prueba impuesta por nuestros enemigos, aunque algunos con más dignidad que otros- cada vez que hacía referencia al chrysos una sonrisa ladeada me delataba

Me pasé la mano por el pelo delicadamente, no mencionaría nada de aquello. El agua empezó a adoptar color poco a poco; estaba cada vez más turbia.

- Todo había sido la treta de un duende estúpido – cada vez que me acordaba de aquella misión se me formaba un nudo en la garganta -. Nos ofreció un pacto estúpido para salvarse él, después de habernos intentado matar - me llevé la mano para esconder una pequeña y breve risa -. Pero como guerreros de Brontë esas no eran nuestras prioridades. Sólo uno de nosotros cedió ante el que se autoproclamaba “bienintencionado” duende de lo que fuera; el aether, Heylel, intentó justificar su decisión. Descarado, ¿no crees?

Me sorprendía la facilidad con la que estaba hablando, hacía mucho tiempo que nadie me pedía una historia. Además, a la señora se le notaban las ganas de cotilleo, todo lo hacía por una buena obra.

-Finalmente, tuvimos que enfrentarnos a un cadáver volador llamado Prosper. Al parecer, había sido un guerrero de Brontë. Supongo que algunos de mis compañeros necesitaron una inyección de sangre fría para enfrentarse a aquel engendro, ya que no se contuvieron nada a la hora de reducirlo - la miré de nuevo, esperando la aprobación de mi historia hasta el punto donde lo había dejado.

La anciana echó el resto del agua en el recipiente con la mezcla hirviendo. Un humo de color rosa empezó a surgir.

- Creo que eso es todo. ¡Ah! Bueno, olvidé mencionar que hubo un traidor, pero
bueno, ya ha recibido su merecido por parte de los líderes
– Mi sonrisa no había faltado en ningún momento durante la historia. No había sido una gran historia, pero si lo que esperaba era escuchar chismes del palacio le recomendaría que se uniera al servicio del palacio.

Era mi turno, me tocaba a mí repetir el proceso que tita Brebajes me enseñó. Había estado demasiado entretenida contando mi historia y tuvo que repetirme de nuevo alguna que otra cosa, pero al final conseguí hacer la poción.

Le agradecí con una reverencia la oportunidad y me despedí de ella, abandonando las aulas con mi Antídoto ovejero del Doctor Flinter.
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Lea

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MensajeTema: Re: Aulas   Mar Mar 24, 2015 12:59 pm

Llego a la sala acompañada de Vilo, con una sonrisa para la arrugada mujer que espera. Tras saludos y presentaciones, comienza a explicarme cuál es el motivo de su llegada a Brontë. No parece una tarea inútil, la verdad, así que dejo que me explique, en primer lugar, cuáles son las opciones de práctica. No tardo mucho en decidirme por la poción isotónica de Gallon. Teniendo en cuenta lo que estoy practicando últimamente, tengo que decir que parece una opción muy adecuada.

Sin embargo, no parece dispuesta a explicar las cosas sin obtener nada a cambio. Tengo que contarle una historia. ¿Y qué podría contarle? Lo pienso un momento antes de sonreír, ya tomada mi decisión: le contaré cómo conocí a Vilo. Una vez ofrecida mi historia, asiente, conforme, y comienza a ofrecerme los ingredientes.

En lo que mido y caliento los 150 ml de agua, la pongo en contexto de la situación: adónde fui, con quién, cuál era el objetivo. Mientras, voy moliendo los brintalfitos con el latónico humeante, para ya tenerlo preparado. Para cuando el agua hierve, ya estoy hablando de cómo nos perdimos en el bosque, en Caligo, buscando el lugar que se nos había indicado. Me indica que separe 50 gr. de asfódelo espinoso mientras hablo, y me invita a echarlo en el agua hirviendo. Tengo que bajar el fuego, y en lo que revuelvo, le cuento cómo encontramos aquella otra cabaña, convencidas en un principio de que era el lugar al que nos dirigíamos. Cuando ella me indica que ha adquirido el color adecuado, yo estoy hablando de los animales que allí encontramos y de lo furiosa que me sentí con todo aquello. Tengo que añadir entonces el polvo que he preparado antes, y subo un poco el fuego antes de continuar. En lo que muelo el dábano, siempre vigilando la mezcla, narro la llegada de los furtivos y el encuentro que tuvimos con ellos. También le cuento cómo liberamos a todos los animales. Ella me ofrece el frasco en el que vierto mi preparado, y al que añado el polvo de dábano. Mientras agito la mezcla, le explico cuál era la situación de Vilo y Agatónico, y por qué los trajimos con nosotras. Por último, ella comprueba el líquido turquesa, mostrándome por qué el color es adecuado. Tras entregarme el resultado, me muestra algunos ingredientes más que podrían ser útiles para las pociones y me deja marchar, no sin antes acercarse personalmente a echar un vistazo a Vilo.

Tras agradecer su ayuda y despedirnos, Vilo y yo dejamos la sala.

*Se van*
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Massen Dew
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MensajeTema: Re: Aulas   Lun Abr 06, 2015 8:23 pm

Por lo visto, el palacio de Brontë tenía una nueva invitada, y sabía que era nuestro deber ir a conocerla. Además, los invitados de Brontë de aquel tipo solían traernos cosas interesantes. Quizás la tal Tita venía con algún otro amuleto interesante, o incluso con algún arma. Me gustaría que alguien nos trajera armas alguna vez.

Resultó que lo que me aguardaba con ella era una sesión sobre pociones. Sonreí, animada por la idea. Pociones quería decir plantas y venenos, y aunque no sabía mucho de ninguna de las dos cosas, ambas me habían llamado siempre la atención. No tardé en presentarme, y ella me recibió con su especie de puestecillo bien dispuesto. Después de explicarme por encima qué podía hacer con ella, me dejó elegir entre mis opciones. Me dijo que, aunque ella daría las indicaciones, sería mejor que fuera yo quien llevara la voz cantante: quería una historia.

Tuve que pensarlo mucho para todo. Dejé que, antes de nada, me explicara algunas cosas de los ingredientes que había traído, y también de las pociones que me proponía. Al final, decidí escoger lo más básico de todo. Le contaría mi primera misión, y a cambio ella me enseñaría cómo preparar una mataniños de Vlandar. Todo cuestión de comienzos. La miré fijamente, casi desafiante, cuando mostró un gesto de extrañeza ante mi elección, pero en lugar de cuestionarla, me facilitó los ingredientes y me pidió que comenzara la historia.

Mientras le contaba cómo, hacía ya algunos años, el líder Aren Darvenwish había pedido pieles de bismonte para su acordada boda con Cynara Ethrial, la por entonces líder de Ignis en Brontë, medí los ingredientes y preparé el fuego para el asfódelo espinoso y el latónico humeante. Al tiempo que los calentaba, le expliqué cómo una partida de guerreros de buen tamaño, pues por entonces era más habitual trabajar en grupos grandes, habíamos ido a hacer el intercambio, y cómo descubrimos que nos esperaba una suerte de timo.

Sin dejar de vigilar los ingredientes al fuego, mezclé el aceite de saciacal y el dábano, narrando cómo tras una acalorada discusión el problema había dejado de ser económico para volverse más bien bélico. Sin dejar de vigilar mis ingredientes, siguiendo las instrucciones cortas y precisas que de vez en cuando ella me daba, le expliqué cómo quisimos enfrentar a aquellos gólems, a los que no conseguimos hacer nada hasta que localizamos sus sellos.

En lo que vertía el agua, le conté cómo el líder Darvenwish se había enfadado con nuestra misión cumplida a medias, pues las pieles habían llegado a él sucias y empolvadas. Fue entonces cuando mezclé por fin todos los ingredientes, y un denso vapor verde me chocó contra la cara. No era muy agradable, pero tampoco podía decirse que fuera terrible. Mientras ella me enseñaba cómo embotellar correctamente mi poción, le hablé de aquellos guantes de malla barata que, aunque no usaba demasiado, conservaba con cariño como el primer premio por mi trabajo. Resultaba divertido hablar de aquellas cosas, teniendo en cuenta que todo había cambiado muchísimo desde entonces.

Una vez la historia y la poción estuvieron terminadas, me despedí de Tita, le di las gracias y me fui a guardar mi nueva adquisición. No era algo para ir paseando por ahí. Era un comodín, un seguro contra percances. Que una nunca sabía qué le podía pasar.

*Se va*

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Gerald

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MensajeTema: Re: Aulas   Lun Abr 06, 2015 9:05 pm

Al parecer hay una vieja que ha venido a enseñarnos a trastear con las hierbas para hacer posciones. No es que me guste la cocina y ese tipo de cosas, pero si me enseña a conocer ingredientes igual puedo prepararme algo interesante para cuando el médico no quiere darme nada para el dolor, o para acompañar la alegría de la cerveza...

Entro en la sala y saludo a la señora animado.

Buenos días, señorita. ¿Es usted Tita Brebajes? ¿Puedo llamarla Tita? Es un placer. Cuando me dijeron que alguien vendría a enseñarnos a hacer pociones no me esperaba a una mujer tan guapa —Sonrío con amabilidad, hablándole con tono amigable. Aunque la acababa de conocer, por lo que me habían dicho sobre su interés en charla con la gente y su cara me daba a mí que nos íbamos a entender.

Me arrodillo frente a ella y miro la disposiciónde los ingredientes y artilugios necesarios.

Bueno, Tita, creo que necesito que me dé unas nociones sobre esto. No se me da muy bien la cocina, ¿sabe? Soy un poco desastre. A mí se me da mejor eso de la espada. Es porque soy soldado, ¿sabe? Bueno, podría decir que lo era. Antes era Teniente en Caligo, pero me vine a Brontë porque decían que había más cosas que hacer. La verdad es que no sé qué decirle. Aunque sí que es verdad que pasan cosas. Hubo una época en la que hubo una tormenta horrible y tuvimos que reconstruir todo el pueblo y el castillo. Menos mal que nos llaman guerreros y no chicos de los recados —Bromeo, echando un ojo a las posciones que podía hacer. Al final me decido por la isotónica de Gallón. Creo que me vendrá bien y sino siempre sirve para meterse un buen pepinazo.

Dejo que me explique un poco de cómo se usan los utesilios, aunque no parece muy complicado hacerlo medianamente decente. Primero hervir el agua. Eso es muy lento. Mientras espero voy pesando los demás ingredientes.

50g de Asfódelo Espinoso... ¿Es este? ¿Y usted desde dónde viene? Yo es que soy de Fulmen de toda la vida, pero he vivido en Caligo mucho tiempo. La verdad es que me gusta mucho el ambiente de allí y al poder iluminarme y demás no resultaba tan complejo. Uno se acostumbra a la oscuridad. Una vez tuvimos que patearnos un bosque durante toda la noche y sólo se escuchaban gruñidos de bestias y gritos de mecñas. ¿Ha escuchado alguna vez un mecña? Es un sonido bastante desagradable. Personalmente no me gustan demasiado los animales. ¿Éstos son Brintalfitos? Vale, pues 25g. Y otros tantos de Latónico Humeante. Pero en Brontë ya le digo que pasan cosas bastante entretenidas. Una vez fui a una misión en Humus porque un pueblo tenía un problema con unas larvas enormes y acabé montado en una especie de cangrejo volador. Cuando me di cuenta estaba medito en una madriguera de esos bichos. Aunque intenté escabullirme al final se mevinieron encima y me encerraron en una grieta. Conseguí salir por suerte, pero se me vino la casa de esos bichos encima. Mis compañeros me sacaron y los parvus fueron bastante amables. Al final, claro, al principio nos tiraban hasta piedras. Creo que el agua ya está —Una vez veo que está hirviendo le echo el Asfódelo Espinoso y bajo el fuego para remover hasta que el agua se queda del color blanquecino brillante que me ha indicado la señora. Después echo el Brintalfitos que he machacado mientras hablaba con la mujer mezclado con el Latónico Humeante y remuevo hasta que se vuelve blanco opaco. Luego la dejo a fuego medio como indica la receta.

Vale, ahora los 100g de Dábano. Aquí se conoce mucha gente también. Aunque yo no soy de los que hacen muchos amigos. Hay un tipo que espero que pueda conocer. Se llama Cierzo, es un mozo maravilloso. Parece un poco gruñón, pero es un amor de chiquillo. Se quedó sin alas, ¿sabe? Todavía recuerdo el calambrazo que me llevé cuando tiraba de él para que aquel enorme karshnikars lo soltase. Es que el pobre nació con unas alas inútiles y se le quedaron enganchadas. Pensé que me quedaba sin él. Pero es un tipo fuerte y bastante grande, la verdad. Seguro que le gustaría, es un hombre apuesto. Aunque no tiene mucha fama entre las chicas. Yo siempre le digo que es porque pone cara de perro y así uno no puede conquistar a una mujer, ¿verdad? Me parece que estoy terminando—Vierto el contenido del caldero en el frasco de 200mL y le añado el Dábano, cierro y agito. Esto de las pociones ha sido más entretenido de lo que esperaba. Claro que la señora es bastante graciosa.

¿Ya está? Pues se me ha hecho bastante corta. Me pensaré eso de hacerlas más a menudo, aunque no vaya a tener tan buena compañía. Si quiere, ya que estamos le cuento el viaje que tuve que hacer con mi buen amigo Cierzo, el tipo del que le hablé antes. Era cuestión de vida o muerte, tuvimos que hacer un viaje la mar de largo. Primero hasta Humus, luego por Caligo y al final resulta que acabamos en Lumen. En Humus tuvimos que meternos en un sitio de los más horrible, los parvus de allí abajo nos la armaron bien gorda... —Le cuento un poco de la pelea de Humus y de cómo me rompí la nariz. Luego le doy un par de detalles sobre el resto del viaje y concluyo diciendo que el tipo al que teníamos que entregar algo improtante estaba ya muerto cuando lo vimos. Todo dándole un entusiasmo interesante para no aburrir a la mujer.

Al final me despido de ella muy amigablemente e incluso le pido si puedo darle un beso en la mejilla de despedida. Tras desearle buen viaje y esperar volver a verla, me retiro. Agito un poco el bote de la poción cuando estoy ya cruzando la puerta y finalmente me lo guardo en el bolsillo.

*se va*
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Anna

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MensajeTema: Re: Aulas   Jue Abr 09, 2015 11:30 am

Entro en la sala con una sonrisa tranquila y no tardo en ubicar a la mujer a la que busco. No tardo en saludar, educada, y en presentarme, y ella hace lo propio, dándome su nombre, que acepto con una nueva sonrisa aunque ya lo conocía de haberlo escuchado por los pasillos.
Me explica un poco lo que puede enseñarme, y la escucho en todo momento con un silencio educado, interviniendo solo cuando el suyo me da pie a hacerlo. Cuando, finalmente, me pregunta qué es lo que quiero cocinar con ella no lo dudo demasiado.

-Quiero hacer la poción isotónica de Gallon, si es posible –le pido, y no hay inconveniente alguno, por lo que enseguida comienza con las instrucciones. El precio: una historia.

En primer lugar me va mostrando los ingredientes para que los reconozca, mientras me informa de las cantidades. Me centro en el asfódelo, curiosa, y examino los brintalfitos, en lo que pienso.

-Lo cierto es que he llegado hace casi un año, pero mi vida como guerrera no ha empezado hasta hace poco. Supongo que mi venida a Brontë fue algo precipitada, que no estaba preparada. Ni ahora sé si lo estoy, pero supongo que he mejorado –le explico mientras termina de presentarme los ingredientes-. Yo me he dedicado a las tareas domésticas desde niña, y cuando me independicé, a los diecisiete, comencé a estudiar costura. Poco tiene que ver todo eso con lo de la lucha. Cuando le dije a Charlie que venía… -. Hago una mueca, aunque mantengo la sonrisa-. Ni se lo creyó, claro. Y creo que yo misma no he terminado de creérmelo, pero…-. Dejo ir un suspiro y comienzo a echar el agua en el recipiente. Son 150 mililitros, y trato de ser exacta-. Esto es un poco como cocinar, supongo –le comento risueña-. Calentar agua, echar los ingredientes, tiempos exactos… Me gusta bastante la cocina. Seguro que hacer pociones es relajante.

En lo que el agua se caliente voy preparando el resto de los ingredientes. Peso el asfódelo primero, apartándolo, y paso luego a pesar los brintalfitos y el latónico. No dejo de hablar mientras hago todo esto. Termino por pesar los 100 gramos de dábano y apartarlos.

-No soy muy aventurera, por lo que no fui a mi primera misión hasta este invierno. Y en Aqua, nada menos. Tuve que llevar mi ropa más gruesa, y ni con eso me salvé del frío. Fui con otro guerrero. En principio la idea era ir a buscar a una niña desaparecida, o eso supusimos al leer el anuncio. Al llegar allí nos recibieron unos niños y nos explicaron la situación a medias-. Una vez he pesado los ingredientes estoy a punto de ponerme a moler los brintalfitos y el latónico, pero veo que el agua ha empezado a hervir. La dejo un rato, sin embargo, para molerlos primero-. Nos dijeron que nos alejásemos del pueblo. No vimos a ningún adulto, y enseguida me temí que fuese un asunto un poco irregular. Aunque sabiendo cómo son los niños… La cuestión es que no podíamos ponernos a investigar a nuestros clientes porque una niña estaba en peligro. Nos internamos enseguida en el bosque y nos pusimos a buscar pistas-. Termino de moler y mezclar los 25 gramos de brintalfitos con los mismos de latónico y aparto la mezcla para echar finalmente el asfódelo en el agua y comenzar a revolver a fuego lento-. Encontramos algunas huellas extrañas de animales, y una cinta como del pelo rasgada en dos, y le juro que me temí lo peor. Porque historias sobre niñas que se pierden en el bosque y terminan devoradas no es que falten -comento, dejando ir una discreta risa mientras remuevo, antes de seguir hablando. La mezcla va adquiriendo un color blanquecino y no la pierdo de vista-. Al final las circunstancias hicieron que encontrásemos pistas en ambas direcciones y que tuviésemos que separarnos. Yo no encontré mucho, por lo que volví junto a él, que había seguido las huellas-. Cuando la mezcla ya es de color blanco brillante echo en ella el polvo que he molido, y revuelvo de nuevo, buscando homogeneizar el líquido, que se vuelve opaco. Lo dejo entonces a fuego medio y cojo el dábano que he apartado, pasando a molerlo-. Comenzaron a venir sonidos de entre los árboles, y un arbusto se movía. Admito que estaba preparada para que una bestia saltase, pero la que encontramos, un animal mitad búho mitad pantera con un pelaje precioso, estaba atrapada en una trampa de cuerdas. Y no estaba sola. Pronto aparecieron cerca dos crías de la misma raza. Era evidente, dada la situación, que era su madre, por lo que interrumpimos la búsqueda de la niña un momento para liberarla. El animal se mostró muy manso en todo momento-. Con el dábano ya molido remuevo un par de veces más la poción y preparo ya el bote para verterla-. Tanto que en algún momento mi compañero dijo que los llevásemos al pueblo. Los animales nos siguieron porque les ofrecimos comida, y ni habíamos entrado en el pueblo cuando unos niños salieron corriendo hacia el animal, y este hizo lo mismo al verlos. Fue un reencuentro muy tierno-. Aparto la poción del fuego y echo el líquido en la botella. Luego añado los polvos de dábano, lo tapo y lo agito para mezclarlo todo. El líquido adquiere un color azul-. Qué bonito -comento, risueña. Miro a la mujer de nuevo-. Al final resultó que siempre habíamos buscado a ese animal, que Rina no era ninguna niña. Debió de huir para criar. Los niños no podían encargarse de las crías y nos planteamos soltarlas en el bosque, pero no me sentí muy segura sobre si sobrevivirían. Esto está ya, creo -comento, tendiéndole el bote para que lo revise-. Cada uno de nosotros se hace cargo de una de las crías ahora. Nunca me había planteado cuidar a un animal, y menos a uno tan exótico, pero al final le coges cariño... Puedo enseñárselo, si lo desea. Creí que molestaría, aunque Lino es muy tranquilo.

Me informa de que la poción está correctamente, y parece interesada en conocer a Lino. Primero nos encargamos de la poción, que me entrega. yo le doy las gracias, de corazón, por haberme enseñado a hacer algo como esto, y por haberme dado un poco de su tiempo.
Me despido pronto, con tono educado y una sonrisa. No tardaré en volver sin embargo, con Lino, para mostrárselo.

*se va*
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