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 La escolta

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MensajeTema: La escolta   Miér Sep 10, 2014 9:59 pm

Para cuando Rick Dehnel llegó ante la residencia principal de los Mënlhoc, ya era de noche y las puertas estaban cerradas. Sin embargo, esto no supuso un gran problema, pues el regente sabía que el joven guerrero llegaría a aquellas horas. Apenas un momento después de que el flamma pusiera los pies ante las puertas, y sin que llegara a hacer nada al respecto, estas se abrieron para él.

Un enjuto sirviente de aspecto nervioso lo recibió entre reverencias, indicándole que, por favor, se sintiera libre de entrar. Otros dos sirvientes, con aire marcial, se situaron detrás de Rick en el mismo momento en que traspasó las puertas, buscando algún equipaje que aligerar de la carga del guerrero.

Siguiendo al nerviosos sirviente que lo había hecho pasar, Rick recorrió los extensos jardines por el camino principal hasta las escaleras que daban a la puerta principal de la casa. Antes de que nadie hiciera nada al respecto, de nuevo, las puertas se abrieron desde dentro, y dos jóvenes con uniforme del servicio, perfectamente compenetradas, recibieron a Rick con una exquisita reverencia. El sirviente que lo guiaba, de nuevo, lo hizo pasar, y sus dos escoltas lo siguieron en silencio.

-El señor estará cansado -comentaba el criado, frotándose las manos con cierto nerviosismo-. Póngase cómodo, por favor. Espere al señor Mënlhoc en el comedor, si gusta, señor. Pronto se presentará para la cena.

Tras dejar todo lo que llevara a cargo de su escolta, Rick fue llevado a una enorme sala, perfectamente iluminada y con grandes ventanales. Una enorme chimenea, custodiada por dos imponentes calaveras de blins, se entreveía detrás del asiento principal. La mesa, de hecho, estaba perfectamente dispuesta para la cena, con cada cubierto, vajilla y copa colocados en el lugar exacto y relucientes. Tan solo habría, por lo visto, dos comensales.

El sirviente apartó para Rick el asiento frente a la chimenea, y este se sentó. Tras un cuarto de hora de espera, tan solo acompañado por el pequeño criado, las puertas se abrieron de nuevo, y un alto claritas de mediana edad y sonrisa reluciente se presentó en la sala, dirigiéndose directamente a Rick.

-¡Ah, Rickiard Fudho Dehnel, qué placer, qué honor es tu presencia en mi casa! -exclamó, estrechando la mano del flamma efusivamente-. Por favor, por favor, siéntate. Pronto estará la cena, ¿no es así, Hëllund? Sí, pronto estará la cena y podremos discutir los asuntos importantes que atañen a las grandes familias. ¡Vamos!

Y, mientras se sentaba frente a Rick, continuaban sus gestos apremiantes. El pequeño criado, con su aspecto nervioso, se desplazó rápidamente hacia otra puerta y la abrió, saliendo por ella copiosas bandeja, todas ellas tapadas, de aspecto humeante y olor apetecible.
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Rick

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MensajeTema: Re: La escolta   Vie Sep 12, 2014 4:16 am

El viaje no me había parecido demasiado largo, porque me movía el ansia. Una ilusión extraña, una mezcla entre las ganas de actividad, que hacía tanto que no tenía, de heroicidad, que también hacía bastante que no... no, y de, para terminar, emoción. Y no solo la emoción de todo lo anterior, sino la emoción añadida por haber sido llamado especialmente. No todos los días a uno lo requerían en un sitio. Y un hombre valeroso, por supuesto, debía cumplir allí donde lo llamaban. Y, de todo Brontë, era yo el llamado y no otro.
Vaya un honor.

Tuve que ayudarme de un flagrare al final, para poder ver mientras avanzaba. Me había permitido el lujo de tomar una montura, un heroico caballo negro ruano de cuerpo robusto y patas fuertes y largas. Una bestia digna de llevar, desde luego.

Cuando vi aparecer la casa apuré al animal, y pronto estuvimos frente a ella. De verla simplemente, una parte nostálgica volvía a mí. Hacía mucho que no iba por casa, y aunque mi hogar en Ignis era muy diferente, no podía dejar de encontrarle ciertos parecidos que me hacían añorarlo todo un poco.

Tras bajar de mi transporte (y amigo ya, prácticamente) lo dejé a buen recaudo, nada más entrar. Me había vestido especialmente para la ocasión, preparado para la batalla, por supuesto, con Värdjas a la espalda, pero con una elegante camisa blanca, holgada para permitir los movimientos amplios de la lucha, pero digna para comparecer en público. En general, es ropa apropiada para ambas cosas. Incluso las botas lucen especialmente limpias y lustrosas, aunque valgan para pisar el barro en caso de ser necesario. Y por encima, una capa verde oscuro con detalles en ocre, ceñida al cuello por un medallón con el escudo de la familia. Las patillas, perfectamente recortadas y pulcras, no hacían más que reflejar la madurez y poderío. El pelo, algo peinado hacia atrás pero sin apelmazarse, mostraba algunos mechones sueltos, joviales, pero no dejaba de ser elegante. En resumen, el aspecto sí era el de un héroe. Las uñas cortadas, limpias, un perfume discreto y varonil, arreglado, pero de todas formas dispuesto a luchar.

Saludé cortés al hombre que me guiaría, presentándome hasta mi bisabuelo, y este me llevó, entonces, por los expléndidos jardines, que pude contemplar con una sonrisa pese a la oscuridad. Me resultaba extraña tanta cortesía después de aquellos años, aquella forma de trabajar... Si bien era cierto que en Brontë el servicio era magnífico, las formas no eran exactamente las mismas, y aquellas me traían unos recuerdos diferentes, más distantes.
Alabé con educación un par de obras que vi, y finalmente, tras un rato que tampoco se me hizo largo, me dejaron en un comedor impresionante. Educado, siempre formal, erguido, callado si no hacía falta hablar, seguí al claritas que me invitó a tomar asiento, y ya sentado, sintiendo que los pies lo agradecían dentro de las botas, me dediqué a observar la habitación con decoro, fijándome en los detalles.

Cuando la puerta se abrió me levanté enseguida, llevándome una mano derecha al vientre y haciendo una reverencia recta. No obstante, se acercó más, y correspondí a su apretón de manos con firmeza, esbozando una sonrisa educada, mirando al hombre a los ojos.

-El placer es mío -objeté, con tono comedido, manteniendo las formas y sonriendo-. Me honra enormemente haber sido llamado.

Dediqué una corta mirada al otro hombre cuando fue mencionado, pero pronto prestaba atención de nuevo a mi anfitrión, al que no debía perder de vista, pero tampoco atosigar. Llevaba tiempo sin hacer aquello, pero lo recordaba bien.

Asentí, concesivo, a sus palabras, tomando asiento donde tocaba, apoyando la espalda en el respaldo, recto y sereno.

-Espero que mi llegada no haya resultado demasiado tardía. No quería perturbarlo a estas horas -comento, apoyando suavemente ambas manos en la mesa-. Permítame decirle que tiene una residencia espléndida.

Y el viaje me había dejado hambriento, claro, pero aquello debía ser disimulado. Al fin y al cabo, actuaba en nombre de mi familia, y mi padre no se hallaba allí, ni mi madre, por lo que el deber recaía sobre mis hombros. Era un buen momento para demostrar cosas.
Pero olía tan bien... Pero debía olvidar las bandejas y mirar al hombre, y nunca presionar, de momento. Esperaría a que él comenzase, a que él ordenase, a que él explicase los asuntos importantes. Así debía ser. Era un invitado, al fin y al cabo.
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MensajeTema: Re: La escolta   Sáb Sep 13, 2014 7:50 pm

El hombre soltó una risotada, claramente de buen humor, y dio al flamma un par de palmaditas en la espalda antes de invitarlo a sentarse. Tras ello, se separó de él para tomar asiento en la otra cabecera de la mesa, justo delante de las dos calaveras de blins y la chimenea.

-Querido Rickiard, la honra es mía -replicó mientras se dirigía a su asiento-. Tu padre me es un amigo preciado, y conocer al fin a su gallardo hijo es un auténtico placer. ¡Son muchos años de relación, a estas alturas! Y los Dehnel me sois muy preciados.

Según tomaba asiento, dio un par de palmadas, y los sirvientes que traían los carros con bandejas procedieron a colocar a lo largo de toda la mesa fuentes de entrantes. Rick tenía tras de sí a Hëllund, que se encargaría de servirle aquello que él indicase. Mientras, el señor Mënlhoc ya había procedido a indicar a su particular sirviente qué debía haber en su plato y en su copa. Su sonrisa parecía eterna.

-No te preocupes por la hora, Rickiard -indicó el anfitrión-. Solemos cenar más temprano, pero ya había preparado esto especialmente para que fuera así. Las damas ya han cenado, y ahora estamos tan solo los hombres para ocuparnos de los asuntos que atañen a los hombres, ¿eh? Como corresponde.

Rió suavemente, claramente orgulloso, aunque sin un atisbo de modestia.

-La residencia principal de los Mënlhoc ha sido un símbolo de nuestra familia durante doce generaciones. ¡Doce, Rickiard! Por supuesto, ha sufrido remodelaciones a lo largo del tiempo, no podemos permitirnos pasar sin los mayores avances en todo momento, pero mantiene el espíritu de la tradición Mënlhoc. Y me siento orgulloso de saber que mi hija podrá seguir manteniendo esta tradición cuando le llegue el momento -. Hablaba por los codos, claramente cómodo y satisfecho, pero acabó por ponerse serio-. Pero, ¿sabes, Rickiard? Para que eso ocurra necesito que cumplas tu cometido. Mi hija es lo más preciado que tengo, y no puedo permitir que nada salga fuera de lo previsto. Espero que comprendas que ponerla en tus manos es un gran gesto de confianza por mi parte.

El ambiente se había vuelto tenso, y la seriedad del hombre parecía haberle dado, de pronto, un toque hasta siniestro a toda la sala. Hasta que, de nuevo, sonrió y soltó una carcajada, y la sala pareció iluminarse nuevamente.

-¡Y por eso es una suerte poder contar contigo, muchacho! Sé que cumplirás con tu tarea.
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MensajeTema: Re: La escolta   Sáb Sep 13, 2014 8:54 pm

Desde luego, se trataba de un hombre animado. Alguna vez había oído hablar de él a mi padre, pero las localizaciones los emplazamientos tan alejados de ambas viviendas habían hecho que no llegase a conocerlo. Y, la verdad, conocía vagamente su historia, la historia de su familia, pero no era un tema de buena educación, y menos aún para tratar en la mesa con un hombre al que, personalmente, acababa de conocer. Sentía curiosidad, sin embargo, por lo que esperaba de mí, porque aunque conocía mi misión, no tenía más detalles que el el objetivo de la misma. ¡Aunque el motivo tampoco importaba! Por supuesto, yo trabajaría noblemente para él, sin entrometerme en sus asuntos.

-Por supuesto, señor Mënlhoc -respondí, con una nueva inclinación de cabeza y una sonrisa educada-. Estoy deseoso por hablar de esos temas, y ansío de verdad cumplir con mi cometido. Prometo que no lo decepcionaré, ni como Dehnel ni como guerrero de Brontë -recité, mirándolo a los ojos, algo más serio.

Me sentía nostálgico, pero también algo extraño. Hacía tanto que no hablaba de aquel modo, en un entorno como aquel, que no tenía claro dónde estaba exactamente el detalle que fallaba.
Y entonces empezó a hablar, y hablaba mucho, y no pude pensar mucho más en si algo fallaba o no. Me habló primero de su casa, y luego de su hija. Allí era donde entraba yo, suponía.
Aunque la comida olía excelentemente no era capaz de concentrarme en ella, y seguía mirando al hombre.

-Comprendo que para un importante hombre como usted, para cualquier padre, dejar a su heredera, a su hija, es un acto difícil. No cualquiera puede cumplir y entregarse a un trabajo, pero prometo que cuidaré de ella como si fuese mi propia hermana Nadia. No estoy dispuesto a permitir ningún contratiempo, señor, cuente con ello por adelantado. Daré mi vida por su seguridad si es necesario.

¿Era aquello cierto? Por supuesto... No permitiría que nada malo le pasase. Era mi trabajo. Y, aunque no lo hubiese sido, lo hubiese hecho igual. Porque era un protector, y me gustaba ayudar a los demás. Pero en aquel momento incluso de aquello dependía, quizás, el poder impresionar a mi padre. Era una misión importante...
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MensajeTema: Re: La escolta   Mar Sep 16, 2014 10:59 pm

La cena avanzaba poco a poco, sucediéndose los bocados que llegaban a los platos de ambos comensales según lo que ellos indicaban. Y, mientras tanto, continuaba también la conversación, que poco a poco se iba encaminando hacia lo que había llevado al joven flamma a aquella casa. El anfitrión negó lentamente con la cabeza, solemne.

-Eres un buen hombre, Rickiard. No podría ser de otra forma siendo hijo de tu padre y descendiente de la casta Dehnel. Por ello confío en que no me fallarás. No debes preocuparte de promesas que sé cumplidas antes que formuladas -pronunciaba, seguro, serio, digno-. Pero, ¡Ah, Rickiard! Sé que conoces la historia de mi familia. Nada volvió a ser lo mismo después de que Vëreck nos dejara. ¡Mi hijo, Rickiard! ¡Mi heredero! -El hombre calló un momento, al parecer sumido el profundos pensamientos-. Tan solo nos queda confiar ahora en que Cìria no correrá la misma suerte. Se lo hemos dado todo, Rickiard. Hemos vivido para ella. Y pronto tendrá que cumplir con su deber como sucesora.

El hombre calló de nuevo, tremendamente serio, y aprovechó la dramática pausa para, con un gesto casi trágico, exigir otro muslo en su plato. Continuó entonces con la comida, manteniendo aquel silencio tan sobrecogedor.

-Cìria es joven, Rickiard -explicó-. No hace mucho aún era una niña. Tiene toda la vida por delante, y confío en que el orgullo que he depositado en ella es merecido -. Lo miró fijamente entonces-. Su principal pretendiente la espera pasado mañana en la capital. Se trata de un hombre importante, un próximo allegado de la realeza, ¿sabes, Rickiard? No es alguien a quien cualquiera podría rechazar. Nuestra familia se siente honrada por su interés en nuestra pequeña. Es de suma importancia que llegue sana y salva a la ciudad, y sin retrasos. No es un camino muy largo, pero, ¿sabes?, los caminos ya no son seguros estos días, Rickiard. Mithos no es lo que fue antaño, y tampoco Lumen lo es -. Calló entonces un momento, taciturno-. Tú serás su escolta, joven. Sé que serás un perfecto protector. Os acompañará tan solo una persona más, su dama de compañía. Soy de la opinión de que más gente supone siempre más problemas, Rickiard. Sé que tú serás suficiente.
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MensajeTema: Re: La escolta   Vie Sep 26, 2014 3:34 pm

A medida que la cena se prolongaba era más evidente que aquel hombre se comportaba como siempre, como hacían los hombres de dinero, de renombre, dando vueltas sin decir lo necesario, preparando el camino, indirecto. Entonces era yo el distinto, el más acostumbrado a un trato diferente, y aquella sensación se me volvía muy extraña.
Comía despacio, educado, pese al hambre que tenía, disfrutando de cada pequeño plato, sin perder de vista al hombre que había frente a mí, que llevaba el peso de la conversación sobre sus hombros.

La historia de aquella familia era trágica. Un heredero desaparecido era una gran pérdida para una familia que necesitaba pasar su legado. Era normal, pues, que la segunda les preocupase. De suceder algo con la hija perderían la línea sucesoria pura, y entonces tendrían que buscar a otros familiares más lejanos. Y nadie con renombre deseaba perder de aquella forma lo que tanto tiempo le había llevado ganar y mantener.

Ciria, la hija menor, la hija única, debía ser llevada frente a un pretendiente que la desposase. Así crecían las familias en renombre y riqueza. Era como debía ser, al menos de puertas para afuera. Lo que se esperaba de una familia poderosa era que lo fuese más. Era una vida dura en lo relacionado con aquello. Las elecciones estaban en segundo lugar, porque la apariencia era principal. Y unos y otros se creían tan importantes por aquello de aparentar que ni se daban cuenta del ridículo y de lo verdaderamente importante.
La nobleza los hacía innobles. Vaya una pena.
No obstante, la misión no parecía compleja. Asentí, serio, heroico, deteniendo mi comida por un momento, para mirarlo con intensidad.

-Cuente con ello, le digo por anticipado. Cuidaré de que nada pase. Ya han vivido bastantes pesadillas en su vida; me encargaré de que ni siquiera se asome una nueva. En unos días su preocupación será poco menos que un recuerdo sin ninguna base.

Les gustaba aquella palabrería, aquella seguridad. Mi familia agradecería mi aporte. Los lazos se estrecharían, con la relación podía crecer una amistad e incluso un comercio, y con ello crecería el respeto de mi padre por mí, y su aprecio a mis esfuerzos.

-¿Hay algo que deba saber sobre el asunto, señor Mënlhoc? -inquiricé, sin embargo. Si quería hacerlo bien debería estar preparado-. Supongo que no habrá recibido ningún mensaje que indicase peligro, o que nadie habrá tratado de boicotear la unión -seguí, mirándolo fijamente-. Todo lo que pueda saber me ayudará a ser más eficaz, y lo que más deseo es poder servirle de esa forma: con la mayor eficacia posible.
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MensajeTema: Re: La escolta   Mar Sep 30, 2014 9:26 pm

El hombre hablaba y hablaba, dejando apenas espacio para que su invitado declarara unas palabras de apoyo o de deseo de confianza. Parecía, pese a su incontinencia verbal, perfectamente satisfecho con lo poco que el flamma podía responder. Rió cuando el chico preguntó por la situación, negando con la cabeza.

-Ah, Rickiard, no, no se trata de eso -declaró, seguro-. Pero soy un hombre poderoso, y las intrigas y envidias se les sirven en grandes cantidades a los que son como yo. Uno debe ser precavido, y más si se trata de una heredera. Tan solo espero que sepas mantenerte alerta en caso de que ocurra lo peor, y que no permitas ningún daño a mi hija.

Tras aquello, la cena discurrió como hasta el momento, y el señor de la casa no tardó en indicar a Rick que se retiraba. Le esperaba una jornada larga, después de todo. Tras asegurarse de que el joven dispusiera de todo lo que necesitara, el hombre se despidió de él y se retiró.

***

Para cuando a la mañana siguiente Rick fue llamado a prepararse, el señor Mënlhoc ya estaba ocupado con sus quehaceres, y delegó en su criado la presentación de su hija. Rick, una vez dispuesto, fue llevado a la entrada, donde la joven Ciria esperaba, engalanada y dispuesta para el viaje. La doncella que la acompañaba llevaba ropas más sencillas y probablemente más cómodas, e iba armada con una gran espada.


Ciria no dirigió más gesto a Rick que una ligera reverencia, no dijo ni una palabra y apenas se paró a mirarlo. Seria, digna, avanzó junto a su dama de compañía hacia la entrada, donde un caballo completamente blanco la esperaba. Tras montar en él y acomodarse con ayuda de los criados, esperó a que Rick y su dama de compañía hicieran lo propio. Las dos mujeres abrirían la marcha, quedando la espalda cubierta por el flamma. Pronto se internarían ya en los caminos, siguiendo las indicaciones que Rick había recibido para el viaje.
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MensajeTema: Re: La escolta   Miér Oct 01, 2014 8:13 pm

Me tranquilizó un poco su respuesta. Desde luego, Padre siempre había dicho una cosa que se me había quedado grabada a fuego en la mente, acerca de ser precavido. En aquel momento no lo recordaba bien, pero algo era. ¡Y algo importante! Una frase de héroes, por lo menos.
La cuestión era que toda precaución era poca, por lo que asentí y sonreí, satisfecho. Me encargaría de que no hubiese nada que temer. ¡Por fin me demostraría a mí mismo, y a todos, que mis habilidades bastaban para cumplir gratamente una misión! Ya casi podía sentir la satisfacción.

Tras el fin de la cena y algunas adulaciones más por parte de ambos fue la hora de descansar. Me esperaba una jornada dura, al día siguiente, por lo que tras dejarlo todo listo me fui directamente a la cama, preparado para el comienzo de mi aventura.

Aquella noche soñé mucho: soñé con la joven Ciria, a la que no había visto todavía, encantadora y delicada, embelesada por mi fuerza y mi carisma. En el sueño, el viaje era calmo al principio, pero a mitad de camino unos bandidos asaltaban, y entonces ella se agarraba femeninamente a mi brazo, temblando con suavidad, y podía notar sus pechos contra mí.

"Oh, señorita, no os preocupéis", decía yo, sonriendo virilmente. "Me encargaré de todos ellos sin que sufráis un rasguño."

Y así lo hacía, tan raudo, que ni yo mismo tenía claro cómo había sucedido, pero escasos segundos después todos ellos estaban amontonados en el suelo, atados con las manos a la espalda, gritando improperios que no venían al caso, y ella me buscaba con ardor en la mirada, acercándose a mí.

"Oh, caballero", me decía, clavando sus ojos en los míos, entreabriendo los labios suavemente.

"Mi señora, espero que nada malo os haya pasado.", respondía yo, con una sonrisa brillante y heroica.

"¿Señora? ¿Quién es tu señora?", sonaba entonces una tercera voz a mi espalda, arrogante, poderosa, altiva, suprema, dura.

Al volverme, allí estaba ella, con los brazos cruzados, el ceño fruncido y sus ojos, como dos centellas verdes, taladrándome. Tan fría, tan atractiva...

"Ah, no... No he hecho nada. Solo estaba... Prometo que ni sé cómo ha...", trataba de excusarme, pero ella solo agitaba la cabeza, haciendo que su larga melena ondease a su espalda.

"¿A qué viene tanta explicación?", inquirizaba ella a cambio. "Sueña lo que quieras. Supongo que todas somos lo mismo para ti."

-¡No! ¡Es que...! -exclamé, irguiéndome de pronto, jadeante. Golpeé la cama con el puño-. Tengo un problema... -murmuré, para mí, poniéndome en pie.

Ya había salido el sol.

No tardé en prepararme y vestirme, y luego fui llevado a donde esperaba la dama. Al verla, nada más encontrarla mis ojos -y ver que no era la del sueño en absoluto, aunque no por aquello era peor su apariencia- la saludé educadamente, con una reverencia adecuada, varonil.

-Es un placer conocerla. Soy Rickiard Fudho Dehnel, y seré su escolta en este viaje.

Su respuesta fue, cuanto menos... no fue. La mujer hizo una reverencia y comenzó a avanzar con la dignidad de una viuda demasiado vieja para volver a casarse.
Saludé también a la otra mujer, que la educación y la cortesía no debían tener límites. Tampoco ella parecía la más animada del reino, desde luego, pero al menos dio alguna respuesta.
Luego me puse en marcha. ¡La eficiencia era esenciosa!

Una vez en los caballos, ya avanzando, observando aquel territorio a la luz del día, curioso, se me ocurrían preguntas que hacer, para que el tiempo pasase más aprisa. Hacer buenas migas entre familias era algo importante, a ojos de las familias. A mí, por mi parte, menos preocupado por aquellas cosas desde mi llegada a Brontë, tras las cuales las personas me importaban más que sus apellidos, me gustaba hacer buenas migas, sin más.

-Tienen una residencia encantadora, señorita Mënlhoc -comenté, de buen humor-. He de confesar que solo había estado una vez en Lumen, y de paso, por lo que siento gran curiosidad por los lugares de por aquí. ¿Han ido ustedes a Ignis alguna vez?

Aquella sí era una buena forma de sacar un tema de conversación relajado.
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MensajeTema: Re: La escolta   Miér Oct 08, 2014 11:14 pm

Rick no tardó en descubrir que la travesía que les esperaba era cómoda, tranquila y sencilla. Había recibido indicaciones de no apurar demasiado el paso; después de todo, alcanzarían la capital sin problemas incluso al paso. No había ninguna prisa y, según lo que Rick había podido saber, Ciria no debía llegar cansada a su destino.

El recorrido se presentaba encantador. Se trataba de un camino amplio y llano, bien definido, rodeado a ratos de verdes campos donde las flores propias de la época empapaban de colores el entorno. Cuando esto no era así, los árboles marcaban los límites del sendero, altos, frondosos y de tonos de lo más variado, alternando con distintos verdes una amplia gama de marrones, amarillos y anaranjados. Por lo demás, quitando el canto de algún pájaro, especialmente común en las zonas arboladas, el camino discurría tranquilo, sin ninguna presencia humana y en completo silencio.



La actitud de las mujeres escoltadas no había variado en absoluto. Rick pronto pudo comprobar que no era solo un silencio dirigido a él el que portaban; tampoco entre ellas intercambiaban ninguna palabra. Ciria iba dignamente en su caballo, con la vista siempre al frente y la espalda bien recta, tan quieta y silenciosa que uno podía llegar a preguntarse si de verdad estaba viva. A los intentos de Rick de entablar conversación, se mostraba tremendamente escueta, limitándose a un seco "gracias" o "nunca", palabras que respondían de forma simple a las preguntas que el flamma planteaba, sin siquiera volverse hacia él, y en un tono tan bajo que el hombre tenía problemas para oírla.

En cuanto a su compañera, su actitud parecía similar. Nadie diría que estuviera intentando imitar a su señora, pero lo cierto era que se mostraba seria, montando a su lado sin intervenir. En ella, sin embargo, sí había alguna muestra más de vitalidad, aunque estas fueran escasas, pues contemplaba el paisaje, observando con atención los lados del camino, y de vez en cuando se volvía a estudiar a Rick, seria y en silencio, evitando que sus miradas coincidieran en la medida de lo posible.
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MensajeTema: Re: La escolta   Miér Oct 08, 2014 11:52 pm

Desde luego, aquello resultaba como un paseo. El tiempo acompañaba, los animales se comportaban, y hasta parecía que los sonidos de la naturaleza eran más tranquilos. Una jornada como aquella, acompañado de dos mujeres, podía haber sido algo encantador, pero la verdad era que se me estaban resisitiendo.

-Esto es precioso, desde luego -comenté de nuevo, en algún momento, volviendo a echar un vistazo a los alrededores.

Se trataría, sin duda, de un buen sitio al que ir a pasar algún día, quizás, en unas cortas vacaciones de Palacio. Pero aquello no eran vacaciones, sino deber, y aunque pareciese una misión sencilla yo seguía siendo el protector allí, y no debía bajar la guardia. Estaba todo a mi cargo, al fin y al cabo.

-Ese pretendiente vuestro parece ser un hombre importante -dije, de nuevo en alguna parte del camino, tras algunos minutos en silencio-. Vuestro padre se mostraba verdaderamente orgulloso al respecto. ¿Es este vuestro primer encuentro con él? -inquiricé, risueño, pero manteniendo el tono educado.

En algún momento, también, noté que la otra mujer me miraba. Desde luego, me sentía extraño. Como si fuese mal recibido allí, o más bien como si fuese raro... Como si me encontrase en medio de una aldea de mujeres vírgenes que no habían visto a un hombre antes. Había leído un libro con aquello en la historia. El hombre era echado del pueblo, pero antes veía una dama especial, de la cuál se prendaba, y tenía que hacerse pasar por una doncella, también, para volver, valiéndose, al parecer, de unos rasgos delicados que se lo hacían posible, incluso pese a su metro ochenta y cinco de estatura y los brazos que debería de haber forjado, teniendo en cuenta que, al parecer, luchaba usando el ancestral manejo de las dos hachas de hoja ancha.
Quizás, se me ocurrió, debería volver a leerlo, porque era un libro entretenido.
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MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 09, 2014 12:20 am

La mañana transcurría tranquila. Los caballos marchaban con paso casi rítmico, sin sentirse apurados, y hasta ellos mismos parecían disfrutar del silencio natural alrededor. Rick, sin embargo, no parecía satisfecho al respecto, sino que insistía en llenar el ambiente. Y, aunque por cuestiones de protocolo y educación recibía siempre una respuesta, aunque esta no fuera más que un gesto vago, era evidente que nadie tenía intención de responder en condiciones.

La dama de compañía se mostraba sumisa y seria, muy pendiente de su señora, y cada vez que Rick hablaba, ella dirigía una mirada a Ciria, como buscando en ella una señal de cómo proceder ante el nuevo intento. La doncella, por su parte, era la que se encargaba de responder cada vez, salvo que Rick se dirigiera directamente a su acompañante. Y, en general, parecía poco afectada e interesada por las palabras de Rick, independientemente de cuáles fueran estas.



Todo lo que Rick consiguió crear en su entorno fue una mayor muestra de incomodidad. A la mención del prometido, la joven irguió más aún la espalda, tensándola en un gesto suficientemente rápido para llegar a ser visible, dentro de su suavidad y sutileza. La respuesta de la joven no fue distinta a las ocasiones anteriores, ya que se limitó a un "no" escueto. Y, sin embargo, hubo algo diferente, una tensión no existente hasta el momento, una mirada especial por parte de su dama, una ondulación en el ambiente. Acabó por pasar, de la misma forma que había llegado.

El sol se alzaba ya sobre ellos a buena altura, indicando que el mediodía estaba ante ellos. Pronto debían encontrar un lugar en el que detenerse a comer.
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MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 09, 2014 1:12 am

Desde luego, aquello era peor incluso que las reuniones en los entierros... Había presenciado algunos velatorios más animados, con perdón por los pobres difuntos irrespetados en aquellos momentos. De hecho, parecía que nada surtía efecto, hasta que mencioné al hombre, al prometido, al caballero... Entonces algo cambió, y me sentí un poco incómodo, por lo que no insistí con aquello.

Podía imaginarlo: un anciano noble rico, casado ya por tercera vez, encaprichado de una joven bella. Al ofrecer su nombre al padre de esta, ¿qué podía hacer sino aceptar para medrar? ¡Los nobles eran tan despiadados! Porque el amor era secundario, por supuesto, y todo lo que importaba era el renombre. Habían perdido la nobleza del corazón, y solo conservaban la del apellido. Y lo peor era que, ignorantes, vivían sin saberlo, y reían en sus banquetes presumiendo de verdaderas vergüenzas, como lo era el obligar a una doncella como aquella a casarse con un viejo al que no quería.
Qué espantoso destino...
Quizás yo pudiese hacer algo, claro. Quizás mi destino era conseguir un buen resultado de todo aquello. Pero si por incumplir la petición del padre y agradar a la hija ensuciaba el apellido Dehnel entonces...
¡Qué irúnico! Preocuparme por unos y no por otros. Aquello era un poco egoísta, pero no deseaba mal para mi familia, ni para la imagen de Brontë.

Necesitaba pensar.

En un punto encontré una zona más recogida, con algunas rocas libres de musgo, zonas con más sombra y otras más soleadas y un aspecto agradable. Y el estómago empezaba a llamar mi atención, por no hablar de que ya tenía una nueva misión entre manos que cumplir.

-Deberíamos detenernos a comer aquí-indiqué, echando un vistazo al cielo, desde el cual el sol taladraba con fuerza especial, aunque por la época no resultaba atroz del todo-. Es mala hora para viajar, y los animales agradecerán un descanso-. Ya me había rendido con las conversaciones banales, por supuesto-.
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MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 09, 2014 4:03 pm

El silencio había vuelto a apoderarse de todo, y Rick había decidido dejar de insistir al respecto. El resultado era que, hasta que el flamma indicó dónde detenerse, avanzaron sin una sola voz. Se desviaron del camino hacia un descampado, donde unos pocos árboles daban sombras solitarias. Ciria indicó a su dama con un gesto dónde situarse exactamente, y allí se dirigieron los tres.

Fue la criada la encargada de disponer una manta en el suelo y, sobre ella, la comida que su animal cargaba. Se trataba de comida bastante sencilla en comparación con la cena del día anterior, pero igualmente refinada y exquisita. Disponían, además, de una serie de bandejas en las que tomarla.

El sonido de un riachuelo inundaba todo en su entorno. Allí, no muy lejos, los caballos tendrían oportunidad de beber. Ellos, por su parte, tenían su propia agua embotellada, que la criada dispuso en vasos. Parecía increíble todo lo que llegaba a llevar en su alforja, como lo era el hecho de que la comida pareciera recién hecha.


La actitud de la joven no cambió durante la comida. Se mantenía, como hasta entonces, seria y taciturna, concentrada en su plato. Sí era curioso, sin embargo, el hecho de que no parecía en absoluto molesta. No expresó, directa ni indirectamente, la menor queja respecto al hecho de tener que comer en el suelo, bajo un árbol, con unos medios tan humildes.

Cuando dieran por terminada la comida, podrían seguir su camino.


Última edición por Narrador el Jue Oct 09, 2014 8:30 pm, editado 2 veces
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Rick

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MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 09, 2014 4:18 pm

Una vez la joven Ciria hubo seleccionado un lugar de su agrado, de nuevo sin una sola palabra, allí nos dirigimos. Tomamos la comida en un silencio que no interrumpí más que para desear buen provecho. Ni siquiera hice mencionación a los alimentos, aunque de hecho me sabían mejor incluso debido al hambre, y aunque las miraba a ratos intenté no insistir demasiado en todo aquello, pensativo.

Y una idea llegó.

Cuando ya había acabado de comer, pero a ellas les quedaba un poco, lo que podría parecer que había sido un grosero y un maleducado pero no era de aquella forma; lo había hecho a propósito, me levanté, excusándome.

-Llevaré un momento a los caballos a beber -informé, con tono calmo-. No iré muy lejos, por lo que a la vista de cualquier peligro dad una voz y estaré aquí en un segundo.

Me apresuré a tomar a los tres animales y, en lo que ellas acababan, me interné veloz entre los árboles, llevándolos junto al arroyo, atándolos a uno de los troncos cercanos desde el que podían acceder al agua, pero no alejarse y entonces, cuidadoso, avancé con sigilo de nuevo a un punto intermedio, oculto tras un árbol, en un lugar desde el que podía verlas, aunque no escucharlas.
Quería ver si, por lo menos, al estar solas algo cambiaba.

Quizás las había incomodado. Un mal reporte tampoco era algo que quisiese recibir.
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MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 09, 2014 8:28 pm

La comida transcurrió en silencio, dejando a un lado las formas de cortesía correspondientes, que transcurrieron de forma escueta y sin mucha floritura. La dama miraba a Rick de vez en cuando, siempre intentando que sus miradas no coincidieran, como había hecho hasta entonces, y comía con calma, aunque sin parar más que para beber. La doncella, por su parte, no parecía tener mucho apetito, y comía todavía más despacio, con aire ausente, sumida en sus pensamientos y con rostro serio.

El flamma, cansado del silencio y habiendo terminado, se dispuso a atender a las monturas. Pudo ver cómo la dama de compañía se mostraba un tanto incómoda ante la idea de que las dejara solas, mientras que Ciria se limitó a asentir, sin prestar demasiada atención. Ninguna expresó la menor queja al respecto, sino que dejaron que el joven marchara.

Cuando Rick, tras dejar a los caballos, volvió a vigilarlas, pudo observar cómo la joven se había dejado caer sobre el hombro de su criada, que la rodeaba con un brazo, con aire consolador. En cuanto a la comida, la dama de compañía había terminado, mientras que Ciria parecía haberse rendido y había dejado su plato, aún sin terminar, a un lado.

Aunque parecía evidente que intercambiaban alguna frase, Rick no podía escucharlas desde aquella distancia.

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MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 09, 2014 9:05 pm

Era de aquella forma, entonces... La joven Ciria parecía derrotada, pero en mi presencia se mostraba fuerte y altiva. Grande. Poderosa. Pero aquella no era la actitud de alguien molesto conmigo, sino de alguien triste.

Me apresuré a volver rápido a por las monturas para regresar al claro, en solo un momento, pensando en aquello. Si no me ganaba su confianza no podría ayudarla. ¡Y sabía bien que mi misión no era otra que escoltarla! Pero que una joven como aquella tuviese penas en su corazón me obligaba a querer arreglarlo.
Un mandado cumpliría su trabajo, como Mithos mandaba. Pero, aunque a veces renunciaba a aquel sueño, yo siempre había querido llegar un paso más arriba. Yo quería ayudar de verdad a la gente, aunque la recompensa fuese solo la satisfacción de haberlo hecho.

Por tiempo lo había pensado. Llevaba mucho en Brontë, ya. En una ocasión, en la vez que habíamos ido a buscar al prometido de Sara, este había aumentado la oferta si cambiábamos de bando. Y estaba seguro de que muchos otros hubiesen aceptado. Para mí, no obstante, aquello era un insulto. ¡Y no por el mero cambio de bando! Porque yo no quise matar al oso cuando la niña nos contó su historia...
Se trataba de hacer lo correcto.

Un protector, un héroe..., una buena persona debía intentar hacer siempre lo correcto. Y a veces lo correcto hacía que esa misma persona cayese a puestos más bajos, que perdiese dinero, fuerza, recompensas o lo que hiciese falta. Pero lo importante no era ganar nada. Ni tener nada. Lo importante era haber cumplido con lo que uno consideraba correcto.

-Creo que sería hora de ponerse en marcha de nuevo -comenté, muy serio, mirándolas ya con las monturas al lado del grupo-. Siento la tardanza.

¿Y qué debía hacer entonces? No sabía cuál era el problema. Probablemente tendría que ver con aquel prometido, por la extraña sensación que había causado el mencionarlo. ¿Pero por qué? ¿Acaso amaba a otro hombre? ¿Acaso la idea de que fuese un viejo la espantaba? ¿Acaso no se sentía preparada para un matrimonio? ¿O era otra cosa?
Quizás ni siquiera tuviese que ver con aquello. Quizás solo estaba enferma, o triste. O incluso contenta, pero no sabía expresarlo. O tal vez...
¿Qué era lo correcto?

Mi misión era escoltarla hasta la ciudad. Era llevarla allí, junto a aquel hombre. Y si callaba podría cumplirla veloz, sin ningún problema por el camino, y sería sencillo.

"A veces la gente no querrá que te metas en sus problemas", me había explicado una vez mi abuelo, teniéndome sobre sus rodillas, cuando me contaba una de sus muchas hazañas como héroe, en su juventud.

"¿Y qué debes hacer entonces, abuelo? ¿Qué hace un verdadero héroe?", había preguntado yo, con los ojos grandes y una sonrisa animada, queriendo siempre saber la respuesta a todo, para llegar a ser tan grande como él.

Y él me había sonreído, y entonces me había dado una respuesta que jamás olvidaré.

"Depende, Rick. Si al final del día sientes que has obrado mal entonces es que has hecho lo incorrecto."

Ya sobre el caballo, preparados para volver a la marcha, entonces, hablé.

-Si me permiten el comentario -comencé, serio-, al regresar con los caballos no pude evitar verlas y notar que sucede algo malo en todo esto. Pero no creo que mencionar un problema a un simple guerrero vaya a empeorar las cosas. Y quizás, si me lo permiten, pueda prestar ayuda.

Ir de frente era lo más noble. Pero, por supuesto, no siempre daba resultado. Con suerte no me ignorarían y emprenderían la marcha sin más.
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MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 09, 2014 10:00 pm


Ambas mujeres se recompusieron en cuanto Rick dio la menor muestra de estar de vuelta. Desde su posición, pudo ver cómo la joven Ciria se recomponía, irguiéndose dignamente, mientras su acompañante recogía su plato sin terminar a toda velocidad. Viendo venir al flamma, pronto lo dispuso todo para que pudieran continuar la marcha, manteniendo los ojos bajos. Ciria, por su parte, respondió a las palabras de Rick con apenas un asentimiento y se levantó, esperando a que todo estuviera dispuesto. Subió a su montura con algo de ayuda, animando rápidamente a su caballo a ponerse en marcha hacia el camino. Pronto sus acompañantes la seguían, su dama al lado y el caballero tras ellas.

Y, en el momento en que escucharon las palabras del mismo, ambas mujeres reaccionaron, cada una a su manera, pero ninguna indiferente a las palabras del flamma. La criada dirigió una rápida mirada al hombre, alarmada, y luego se volvió hacia su señora, acercando el caballo al de ella y alzando una mano, intentando tocarla. No llegó a tiempo.

Ciria, con un manejo de su montura que no había demostrado hasta entonces, tomó con fuerza las riendas e hizo que el caballo, en un rápido gesto, frenara y se volviera hacia el de Rick, quieto. Pese a su juventud, la resolución era evidente en su mirada, y cuando habló no había la menor muestra de molestia ni súplica en su voz, sino tan solo una absoluta seriedad.

-Si quiere ayudarme, señor Rickiard -habló, mirándolo fijamente-. Si de verdad quiere ayudarme, déjeme marchar.

No hubo tiempo de decir mucho más. En aquel mismo instante, cuatro figuras armadas saltaron al camino de pronto, rodeando al flamma. De nuevo demostrando una agilidad hasta el momento oculta, Ciria saltó de su caballo, y en un instante se hallaba firmemente abrazada a uno de los supuestos asaltantes recién llegados.


La dama, por su parte, desenfundó su espada, volviendo también su caballo hacia Rick. Y, aunque no podría haberlo asegurado, al flamma le pareció que su labio inferior temblaba un instante, pese a su aparente determinación.
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MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 09, 2014 10:40 pm

Sucedió deprisa. Todo, en general. Como respuesta a mis palabras, ambas reaccionaron por primera vez, más de lo que habían hecho hasta entonces. Mis ojos siguieron a la joven Ciria, sin embargo, que fue la que se dirigió hacia mí. Incredulizado escuché sus palabras, y entreabrí los labios para dar respuesta, o para preguntar más bien, pero no hubo tiempo porque el escenario cambió de golpe, y me vi rodeado por cuatro personas.

-¡¿Qué demonios...?! -comencé a decir, llevando una mano a Värdjas, preparado para tomarla, pero antes de poder hacerlo, de nuevo, un cambio inesperado.

Ciria saltó del caballo a los brazos de un hombre.

Mantuve la mano en la empuñadura, examinando a los que me rodeaban. Incluso la dama que nos acompañaba parecía haberse puesto de parte de ellos. ¿Qué clase de emboscada era aquella?

Lentamente, los iba examinando, uno a uno. No quería creerme superior a nadie, me superaban en número, y pese a todo me sentía capaz de enfrentarme a todos ellos si era por liberar a una dama. Lucharía hasta la muerte por salvarla de las garras de unos malvados malandrines.
Pero no lo eran.
¿Verdad?

Lentamente solté el mango de Värdjas, serio, volviendo a examinarlos uno a uno. Terminé por sonreír, afable.

-No creo que quieras convertirte en una fugitiva buscada. Estoy seguro de que tu padre movilizaría  a un ejército entero por encontrar a su única hija. Y no por su estatus, sino porque eso es lo que hacen los padres. Entonces no solo yo me vería en un problema ante Brontë y ante mis padres, por haber manchado el honor de la familia, sino también usted. Las dos, de hecho -. Miré a la dama un momento, y luedo a la joven. Aunque sonreía me sentía serio y lleno de fuerza-. Por otro lado, podemos sentarnos todos y hablar de esto. Contadme la historia, Ciria, y os ayudaré en lo que pueda a buscar una solución mejor que lanzarse a los bosques. Os doy mi palabra.

Y aunque me mostraba manso, no había abandonado las riendas ni la montura. No me asustaban. Porque era un protector, y allí nadie más que yo estaba en peligro. Todo estaba bien, entonces.
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MensajeTema: Re: La escolta   Sáb Oct 11, 2014 12:15 am


Ciria se mantenía aferrada al recién llegado que, como todos los demás, mantenían sus armas al frente, esperando el ataque del flamma. Un ataque que no llegó. Sin separarse del joven, Ciria observó a Rick con cierto temor, sorprendiéndose al ver que abandonaba siquiera la idea de sacar su arma.


Sus palabras, sin embargo, no la tranquilizaron en absoluto. Solo consiguieron que abrazara con más fuerza al joven que, por su parte, miraba a Rick con el ceño fruncido y expresión determinada, esperando que dejara la palabrería y atacase. Sus compañeros, por su parte, se mantenían estáticos, pendientes de todos los movimientos de Rick y esperando una señal para atacar. La dama, por su parte, mantenía la misma actitud que el resto, pese al brillo de temor visible en su mirada.

Cuando Rick terminó de hablar, Ciria alzó la vista hacia el joven que abrazaba, como buscando en él la fuerza para tomar una decisión. Finalmente, con un gesto, le pidió que la soltara, y él accedió con suavidad. Ciria no se alejó mucho, sino que mantuvo su mano cogida a la del joven, limitándose a volverse hacia Rick, pero sin acercarse.

-¿Y escuchará usted, señor, lo que le diga una niña? -preguntó con voz suave y algo acongojada, mirándolo con sus profundos ojos con un aire de cautela y aún desconfianza.
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MensajeTema: Re: La escolta   Sáb Oct 11, 2014 12:56 am

Miraba continuamente a todos los que me rodeaban, sintiendo cada vez menos temor. Podían atacarme si querían, por supuesto, pero sabían que no debían, porque saldrían perdiendo. Si me atacaban serían perseguidos. A no ser que me matasen. Pero estaba seguro de que ellos no eran del tipo de personas que me matarían sin más.
Las buenas personas no harían aquel tipo de cosas, desde luego.

Aguardé a que la joven se pronunciase, con total calma, como si de hecho fuese yo el que portaba un arma que acorralaba al enemigo, y me sintiese lleno de seguridad. Como si verdaderamente tuviese el poder en mis manos.
Me sentía grande. Llevaba tiempo sin ser así.

Dejé ir una risa suave a su pregunta, bajando la vista un instante, aunque no tardé en volver a mirar a Ciria, muy fijamente, manteniendo la sonrisa.

-Disculpe, señorita Mënlhoc, pero no veo que haya ninguna niña aquí-. Ladeé un poco la cabeza. Desde luego, sonaba de lo más heroico-. Y sería muy descortés por mi parte no escuchar a una dama, ¿no lo cree así? Al fin y al cabo, el propósito de Brontë es ayudar a los que necesiten de ello.

Y yo...
Yo era un protector.
¿No?
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MensajeTema: Re: La escolta   Dom Oct 12, 2014 12:15 am


La respuesta del flamma consiguió hacer enrojecer a Ciria, y aunque el color de sus mejillas era poco visible bajo su piel morena, la caída de su mirada hacia el suelo dejó claro el efecto. Entre azorada y halagada, la joven tuvo que inspirar hondo un instante antes de tomar la fuerza suficiente para volver a alzar la vista, dispuesta, por primera vez, a expresar sus opiniones.


Antes, sin embargo, volvió la vista al joven que la acompañaba, dudando. Este, de aspecto aniñado y expresión derrotada, se limitó a ofrecerle una pequeña sonrisa, encogiéndose de hombros y dando a entender que era suya la decisión de cómo tratar aquello. Aunque afectase a ambos. Aunque pudiera dar un giro completo a su vida.

Finalmente, la joven se adelantó un par de pasos, de pie ante el caballo de Rick, encarándolo ella sola. Y, pese a la diferencia de altura, aumentada por el caballo, y su aspecto pequeño, frágil e indefenso, no parecía asustada. Aunque, desde luego, sí era visible en ella cierto nerviosismo.

-Usted conoce la historia de mi familia, caballero -comenzó, con su voz dulce-. Sabe de ese hermano al que nunca llegué a conocer. Y, aunque no llegara a saber nunca de él, está muy presente para mí, porque su pérdida cambió mi vida -. Hizo una pausa, tratando de ordenar sus ideas-. Solo he conocido a mi padre bajo el peso de esa pérdida. No sé cómo era antes. Pero sé que siempre ha intentado protegerme y mantener mi vida a salvo. Sé cuán importante soy, y sé cuánto le importaría que corriera la suerte de mi hermano mayor -. Negó con suavidad-. Pero precisamente porque siempre ha querido protegerme, nunca me ha escuchado. Sé que no es cierto, pero a veces no puedo evitar pensar que no soy para él más que un tesoro que proteger de cualquier daño. Sé que quiere lo mejor para mí, pero jamás me ha preguntado lo que quiero -. Juntó las manos ante sí, frotándolas con nerviosismo-. Y... todo este asunto de la boda... me pilló totalmente por sorpresa. ¡Yo no sabía nada hasta hace unas semanas! Llevo mucho tiempo pensando en cómo conseguir que mi padre me escuche, contarle que Aräsu y yo... -Volvió un instante la vista al joven, y luego volvió a negar y fijó los ojos en Rick-. Pero no es posible. Aräsu es incluso más joven que yo, y aunque posee tierras y títulos, no son tantos como los del señor Ennäk. Incluso si yo intentara explicárselo, no lo entendería, y yo...

La joven enterró la cara entre las manos, estremeciendo los hombros ligeramente. Aräsu, unos pasos tras ella, se adelantó hasta su altura con gesto grave, rodeándola con los brazos, tratando de consolarla. Cuando volvió la vista a Rick, el flamma pudo ver el miedo en sus ojos.

-Quizá usted pueda hacer algo, señor -murmuró, con voz dulce, que demostraba que aún no había madurado del todo-. Quizá el señor Mënlhoc lo escuche a usted. Yo todavía no estoy en posición de pedir la mano de su hija -. Bajó la vista, apesadumbrado-. Pero temo que cuando pueda hacerlo ya sea demasiado tarde.
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MensajeTema: Re: La escolta   Dom Oct 12, 2014 5:44 am

Me alegró ver que poco a poco parecía que la situación se relajaba. Quizás no para ellos, que seguían pareciendo tensos, pero sí para mí, que cada vez veía mi vida en un peligro menos. Desde luego, la templanza era una gran habilidad. Quizás otros hubiesen atacado antes de preguntar. ¿Y para qué?
Entender era más importante que muchas otras habilidades. Un protector debía ser capaz de entender. Y yo me sentía entender cada vez más, con el paso del tiempo. Sería la sabiduría de la edad.

La joven Ciria comenzó con su historia. Aquello significaba, entonces, que había decidido confiar en mí. Me daba, pues, más fuerzas para luchar, porque me aportaba valor. Aunque debía ser capaz de, incluso, actuar correctamente sin el valor de otros, aunque el mundo estuviese en mi contra, solo por hacer lo que fuese adecuado.
Aquello solo lo hacía más fácil.

Comenzó hablando de su hermano, el niño desaparecido, Vëreck Mënlhoc; la tragedia familiar. Imaginar a un padre con su hijo arrebatado... De solo imaginar la desaparición de Nadia me aterraba. Un dolor como aquel debía ser tal que sería imposible calcularlo. y se extendía a los de alrededor. Sufrían todos. Incluso ella, que nunca había conocido al muchacho, sufría también por él, mucho tiempo después.

Los escuché a ambos, sin embargo, sin decir nada. Pensaba. Porque aunque parecía sencillo, no lo era tanto. Necesitaba esclarecer algunas cosas.
Pero ya me había comprometido. Ayudaría a aquellos jóvenes a llevar adelante su amor.

Me bajé del caballo. Era lo primero para mostrar mis buenas intenciones.

-Tranquila -comencé, mirando a la joven Ciria, con gesto serio-. Arreglaremos esto. Pero antes necesitaré un poco más de información. En primer lugar, querría saber todo lo que pudiese sobre tu pretendiente, y también sobre...-. Miré al chico-. Aräsu, ¿verdad? -. Le tendí la mano. Un saludo de hombres-. Eres un hombre valiente, enfrentándote así a alguien por lo que te importa. Tienes mis respetos. Querría saber -. Los miré a ambos-. si la diferencia social es mucha. Aunque eso es lo que menos debería importar, me ayudará a buscar la forma de hablar con vuestro padre, señorita Mënlhoc. Asimismo, quiero saber-. Ya la miraba a ella- cómo se comporta vuestro padre hacia vos. ¿Se muestra tajante y severo o más bien decide por vos y os ignora?

Me volví entonces hacia la dama. Quedaba ella, también. Podría aportar mucho.

-¿Estaba usted con el señor Mënlhoc cuando aún estaba su hijo? Si es así, querría saber cómo ha evolucionado el señor Mënlhoc desde entonces. En caso contrario, de todos modos me gustaría conocer su visión del señor con respecto a su hija y a sus asuntos económicos y de poder. ¿Cuánto valora el estatus social y cuánto a Ciria?

Aquellos nobles siempre haciendo lo mismo. Al final la palabrería y todo lo demás solo terminaban causando problemas.

-Cualquier dato revelizante será agradecido. Cómo es, qué le gusta, lo que sea...
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MensajeTema: Re: La escolta   Dom Oct 12, 2014 9:45 pm


Aräsu estrechó la mano del flamma con gesto serio y un tanto confuso, y cuando el apretón terminó, hizo una pequeña reverencia. Volvió entonces su atención a su amada. Ciria miró un momento a su compañero, y tras dudar un instante, se volvió hacia Rick y se dispuso a responder a sus preguntas.


-La familia de Aräsu tiene el mismo nivel que la nuestra, señor -explicó la joven, muy seria-. Creo que sus tierras son algo más numerosas, pero nosotros tenemos unos mejores contactos. Y nuestros títulos son equivalentes. Aräsu tiene una hermana mayor, que está casada, pero la dote ya se ha ofrecido, y él se quedará con el resto de la herencia -. Miró al chico, buscando confirmación, y este asintió. La joven bajó la vista-. El señor Ennäk es más cercano al rey, señor -continuó con cierto pesar-. Sus títulos superan a los de mi familia, así como sus riquezas. Y en cuanto a mi padre - la joven alzó la vista-, creo que nunca lo he visto enfadado, señor. Mi padre es un hombre bueno. Creo que nunca me haría daño, al menos a sabiendas -. Las pestañas de Ciria cayeron de nuevo-. Pero nunca escucha. No habla conmigo de nada que sea importante. Es como si pretendiera mantenerme como una niña para siempre, pero a la vez que estuviera preparada para afrontarlo todo. Me da miedo pensar que espere más de mí de lo que soy capaz.

Aräsu, a su lado, alternaba la mirada entre ella y Rick, serio. En aquella ocasión no se atrevió a acercarse, aunque tampoco parecía que la joven fuera a desmoronarse.

En cuanto a la dama de compañía, acabó por guardar su arma, viendo que no había motivos para seguir amenazando así a alguien que, después de todo, estaba por encima de ella. Cuando Rick descendió de su caballo, ella hizo lo propio, incapaz de ser la única que se mantenía sobre su montura cuando era la de más bajo rango del grupo. Inclinó la cabeza ante Rick, y luego negó, seria.

-Siento decirle, caballero, que no sé mucho de aquel entonces -respondió, con aire apagado-. La mujer que se encargaba de los cuidados del pequeño señorito Vëreck fue despedida cuando el niño desapareció. Después de todo, era su responsabilidad, según consideraron los señores. Sé que hubo muchos cambios en la casa por entonces, pero solo por lo que me han contado algunos compañeros. Yo llegué exclusivamente para encargarme de la joven señorita Ciria, y la he acompañado desde su cuna. Espero haber cumplido con mis cuidados, y me sentiré muy avergonzada si el señor considera que no he actuado correctamente, pero la felicidad de la señorita Ciria está para mí por encima de todo -. Negó con la cabeza-. De todas formas, creo que también es así para el señor. Él quiere lo mejor para ella, después de todo. Confío en que es más importante para él que todas las riquezas y títulos de mundo -. Suspiró-. Pero es difícil hablar con el señor de la señorita. Después de todo lo que ha sufrido, se altera con mucha facilidad.
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MensajeTema: Re: La escolta   Lun Oct 13, 2014 3:14 pm

Me froté la barbilla un momento mientras los escuchaba, muy serio. Aunque, de hecho, lo que decían no era tan grave. No me gustaba pensar que las cosas eran fáciles sin más, porque incluso a los héroes más grandes en muchas ocasiones les pasaban cosas que terminaban arruinando sus aventuras, poniéndolos a prueba, pero de hecho no parecía algo imposible de realizar. ¡Y yo estaba allí, por supuesto! Yo los ayudaría por encima de todo.

Terminé por sonreír, cuando la joven Ciria acabó con su explicación, y pasé a escuchar a la dama. Por desgracia, ella poco sabía del señor Mënlhoc  antes de la desaparición de su primer hijo, pero fue suficiente para que, entre las cosas que me habían dicho ambas, armase un plan en mi cabeza. Ya cais podía recitar lo que diría al señor Mënlhoc.

-Has actuado como debe ser-dije a la mujer, con una sonrisa agradable-. Poca gente antepondría el bienestar al trabajo, y eso te convierte en alguien de corazón muy noble. A partir de ahora, sin embargo, me encargaré yo. Todos, realmente. Vamos a hacer que las cosas sean como deben ser.

¿Confiaba en mí mismo?
Sí. Estaba seguro de podría hablar bien con el señor Mënlhoc. Y por un momento me planteé mentir, inventar una historia donde Ärasu era el héroe, porque aquello le daría los puntos que por su juventud no tenía, pero pronto me quité aquella idea de la cabeza.
Los problemas entre padres e hijos no debían arreglarse con mentiras.

-Entonces supongo que habremos de volver a vuestra residencia -comenté, subiendo al caballo de nuevo-. Habrá que apurar la marcha, para no perder tiempo. Ärasu debería venir también -indiqué, mirando al muchacho-. Aunque me temo que nuestros caballos no podrán con los cuatro. Quizás si viene uno más, o él solo incluso...-. Los miré, esperando una decisión por su parte. Luego seguí hablando-. ¿Desde cuándo mantenéis una relación? -inquiricé entonces, aunque sin ánimo de cotillear, por supuesto. Todo aquello lo necesitaba para tener las ideas claras-. ¿Y cuál es tu apellido, Ärasu?
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MensajeTema: Re: La escolta   Lun Oct 13, 2014 11:31 pm

La dama de compañía hizo una leve inclinación de cabeza ante la aprobación de Rick, permaneciendo seria, donde estaba. Al igual que el resto de los presentes, volcaba entonces en el flamma toda su atención, esperando instrucciones. Y aunque el ambiente ya no era agresivo, la expectación de todos parecía evidente.


Aräsu dirigió una mirada a sus compañeros, dudoso. No quería escoger a ninguno por encima de los demás, ni tampoco dejarlos atrás. Ellos lo habían seguido sin dudarlo, y sacarlos de aquello después de molestarlos parecía muy desagradecido. Uno de sus compañeros se adelantó, con una franca sonrisa.

-Irá el solo -declaró, y pronto los otros dos asintieron-. No creo que debamos meternos en asuntos familiares de la doncella. Hemos venido a ayudar, y acompañándoos solo os retrasaríamos. Sabes que puedes contar con nosotros si vuelves a necesitarnos, Aräsu.

El joven se lo agradeció de corazón. Tras despedirse, los tres chicos se marcharon, dejando todo en manos de los que quedaban. A petición de Ciria, la dama permaneció en su caballo, al igual que Rick, mientras que ella volvió compartiendo montura con el joven claritas. A la pregunta de Rick, negó con la cabeza.


-No podría darle una fecha al respecto, señor -explicó, con una tierna sonrisa-. No es algo que sucediera de pronto. Aräsu y yo nos conocemos desde niños. Una de las villas de su familia está bastante cerca de nuestra residencia principal, así que nos veíamos siempre que ellos iban allí. Pero en ningún momento hubo alguna clase de acuerdo, y por el momento no hemos podido prometernos. Simplemente, queremos estar juntos.

Y, aunque pudiera sonar infantil, había resolución tanto en sus palabras como en su mirada. Ella llevaba las riendas, y su compañero se sujetaba a su cintura, tomándola con delicadeza. Parecían felices, juntos.

El joven alzó la vista hacia el flamma.

-Aräsu ën Lennok, señor, de la familia de los Lennok -respondió el joven, muy serio-. Quizá haya oído hablar de nosotros. Mantenemos un comercio marítimo con Ignis desde hace generaciones.
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MensajeTema: Re: La escolta   

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