ÍndiceÍndice  CalendarioCalendario  FAQFAQ  BuscarBuscar  MiembrosMiembros  Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios  RegistrarseRegistrarse  ConectarseConectarse  

Comparte | 
 

 La escolta

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
Ir a la página : Precedente  1, 2
AutorMensaje
Rick

avatar

Edad : 27
Mensajes : 2598

MensajeTema: Re: La escolta   Miér Oct 15, 2014 4:58 pm

Asentí con calma cuando se decidieron. Que se atreviese a venir solo no era sino una muestra más de valor y confianza. Desde luego, aquellos jóvenes merecían lo mejor. Muchas veces los adultos no escuchaban a los jóvenes, desde luego, y aquello era un error. Ellos también tenían cosas que decir, casi siempre.

También la joven Ciria me respondió con una tierna historia. Desde luego, parecían seguros de lo que querían. De que se querían. También aquello era extraño. Tener las cosas tan claras a una edad tan temprana...
No pude sino acordarme de Rossel, de pronto, y de mí. De mi adolescencia, y del tiempo que pasé con ella. Estaba seguro de lo que quería, de que la quería, como ellos lo estaban en aquel momento. Y como una losa, su rechazo me había herido, y el dolor había durado mucho tiempo.

Por supuesto, tener claras las cosas no siempre las hacía correctas. En aquel momento, muchos años después, no pensaba, por ejemplo, que Rossel hubiese sido mi felicidad. Quizás comprendía sus palabras. "Eres muy joven", había dicho. Y pese a la ofensa de aquello, que parecía no haberle importado para otras cosas, ¿no era cierto acaso?
Creía que no importaba la edad. De verdad se podía amar a alguien mayor o a alguien menor, y también una persona joven podía enamorarse, y ese amor no tenía por qué ser falso, ni porque fracasar. De la misma forma, alguien mayor, experto y preparado, podía fracasar igualmente en el amor, por mucho empeño que pusiese.
Por aquellos motivos iba a ayudarlos. Que las trabas se las pusieran ellos, no otros. ¿No era aquello un acto noble con todas las letras?

Asentí, serio.

-Conozco el apellido -dije, sin más, en respuesta a las palabras de todos-. Ahora vamos. Regresemos -anuncié, dando la vuelta al caballo.

Y enseguida inicié una marcha veloz. Llegar cuando antes, conseguir que el fuego de la nobleza bullese en mis venas, aquello era importante. Me sentía animado, y al mismo tiempo muy serio.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Narrador

avatar

Mensajes : 1332

MensajeTema: Re: La escolta   Miér Oct 15, 2014 11:01 pm

El camino fue más corto que a la ida. Aunque los caballos empezaron al trote, Ciria acabó por animar un galope que pronto fue acompañado por el resto. El resultado fue que, en comparación con el paseo de la mañana, se plantaron en la casa en un momento. Realmente, estaba más cerca de lo que parecía.

Los criados se sintieron un tanto confusos al verlos en la puerta. Sin embargo, nadie se atrevía a hacer preguntas. Sin entender qué sucedía, se miraron un momento entre sí y acabaron por abrir la puerta, como los viajeros reclamaban. Además, a uno de ellos se le encargó avisar con urgencia al señor de la casa. El mensajero partió en seguida, mientras los otros asistían a los recién llegados, haciéndose cargo de los caballos con cierta perplejidad pero la eficiencia que se esperaba de ellos.

El señor Mënlhoc se plantó en seguida ante la puerta de entrada, antes incluso de que ellos tuvieran tiempo de entrar. Era difícil descifrar la expresión de su rostro. Lo más sutil era el aire de enfado, cubierto por varias capas de confusión, sorpresa y preocupación. Bajó las escaleras rápidamente, con muchos aspavientos y nerviosismo. La señora Mënlhoc, más recatada, los observaba desde la puerta, seria y atenta.

-¡Pero, Rickiard! ¿Qué ha sucedido? ¡Deberíais estar llegando a la capital! ¿Está bien mi hija? ¿Qué ha pasado? ¡Vamos, muchacho, cuéntamelo en seguida! -urgía, hablando a tal velocidad que era difícil explicarle nada.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Rick

avatar

Edad : 27
Mensajes : 2598

MensajeTema: Re: La escolta   Miér Oct 15, 2014 11:42 pm

La vuelta se hizo veloz. En aquella ocasión insistí en ir yo delante, muy serio, porque tenía un objetivo en mente y no quería perderlo. Y cabalgamos hasta que vimos la casa a lo lejos, y un poco más, hasta que llegamos a sus entradas. Y entonces, aún determinado, ya sentía hervir la sangre.
Iba a hacer bien las cosas. La felicidad de las personas... Quizás no dependía de mí. Dependía de ellos mismos. No era el héroe salvador, el único que podía acabar con aquello, ni mucho menos. Quizás por aquel motivo era importante. Con el tiempo, si no se arreglaba el problema, si Ciria se casaba con aquel hombre, se ensombrecería. El padre creería que había obrado bien. Quizás discutiesen, o quizás ella simplemente callase... ¡había tantas opciones posibles! ¡Y aquello podía acabar mal incluso si yo interfería! ¡Podía ser un romance de jóvenes! ¡Podía ser tan pasajero que al cabo de meses ni lo recordasen!
¿Pero qué importaba aquello?

Yo debía velar por lo que creía que estaba bien. Por eso cuando el señor Mënlhoc comenzó a hablar esperé a que acabase, muy serio, sin interrumpirlo, sin decir nada. Y cuando acabó... Entonces me tocó a mí hablar. Y noté, no sé si fruto de mi serenidad o de mi imaginación, mi propia voz más potente, más heroica, más noble y viril, que, quizás, en toda mi vida.

-No, señor. Su hija no está bien -. Eché un momento la vista atrás, mirándola a ella-. Y no podría estarlo de no ser por el valor de este hombre, que arriesgó su vida por salvarla-. Señalé a Ärasu con el brazo. ¿No me había, acaso, plantado cara por protegerla de un destino que no quería?-. Y si de verdad le preocupa que lo esté..., entonces debería escuchar lo que ella tiene que decir, señor.

Y de alguna forma encontré mi tono, serio y grave, especialmente atractivo. No era el momento de echarse flores, así que solo aguardé, mirándolo a él.
Al alzar la vista vi también a la señora Mënlhoc, supuse, que me observaba desde una posición más alejada. Suavicé un poco la expresión al encontrar su mirada.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Narrador

avatar

Mensajes : 1332

MensajeTema: Re: La escolta   Jue Oct 16, 2014 12:21 am

La alarma superó todas las demás emociones en el rostro del hombre, que miró a su hija con agobio. Incluso fue fácilmente perceptible el movimiento de su esposa, que se movió un paso adelante con cierta brusquedad, también con la vista fija en su hija. Sin embargo, las palabras de Rick que siguieron, así como el hecho de que la joven no parecía en absoluto herida, hicieron que las miradas de ambos padres se centraran de nuevo en el flamma.

El señor Mënlhoc se retorcía las manos, con nerviosismo evidente. Carraspeó, alternando la mirada entre los tres jóvenes.

-S-supongo que debo darte las gracias -comentó, dirigiéndose a un sorprendido Aräsu, que no puso hacer más que inclinar la cabeza en señal de respeto.


La mirada del padre pronto se centró en la hija de nuevo, esperando aquello que ella tuviera que decir con expectación. Ciria, extrañada por la repentina atención de su padre, dio un paso al frente, dispuesta a hablar.


Antes de que hubiera podido decir nada, sin embargo, otra voz se alzó sobre la suya, seria y autoritaria. La voz de su madre, cuya mirada indicaba que había atado cabos con más rapidez que su marido.

-Hette, encárgate de que nuestro joven huésped esté tan bien atendido como en su propia casa -. Su mirada se volvió a su marido-. Creo que deberíamos hablar esto cómodamente sentados, señor. Si os parece conveniente. Parece que Ciria tiene algo importante que contarnos -. Alzó la vista para mirar a Rick-. Y diría que el joven Rickiard Dehnel debería estar presente.

El cabeza de familia, que parecía algo perdido, decidió apoyarse en lo que su esposa proponía. Asintió rápidamente un par de veces, haciendo un gesto a los chicos para que lo acompañaran.

-Ah, sí, querida, tienes toda la razón. Rickiard, por favor, acompáñame y explícame lo que ha pasado.

Antes de que nadie pudiera replicar, el flamma y la joven claritas habían sido guiados a una sala de estar. Aräsu, separado del grupo por la propia Hette, ya no estaba con ellos, como tampoco lo estaba la dama de compañía. Ciria parecía algo abrumada, y la actitud de su padre no parecía estarla ayudando demasiado.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Rick

avatar

Edad : 27
Mensajes : 2598

MensajeTema: Re: La escolta   Vie Oct 17, 2014 1:13 pm

Parecía que todo estaba solucionado, que la joven Ciria por fin podría hablar y explicar a su padre lo que sucedía, y entonces, en aquella ocasión, fue la madre la que habló. Primero creí que simplemente se reunirían y hablarían, pero la señora Mënlhoc me invitó, de alguna forma, a formar parte de aquello. Asentí, educado, sin más, No iba a poner pegas. Si debía llegar hasta el final con todo aquello, lo haría.

Invité a Ciria a pasar delante con un gesto cuando llegamos a la puerta, y yo lo hice detrás. Me sentía serio y poderoso. Tanto que no podía evitar pensar que hubiese podido, incluso, plantar cara al enemigo más grande y fuerte que existiese sobre la faz de Mithos. Por supuesto, aquello era solo una sensación, pues incluso dentro de mi heroicismo sabía que seguramente un enfrentamiento como aquel me llevaría a la muerte. ¡Pero allí no se trataba de luchar! Se trataba de amor, o quizás de la relación entre un padre y su hija...
Tampoco podía decir, teniendo en cuenta mi vida, que fuese un experto en el amor. Casi podía pensar que aquellos dos muchachos habían alcanzado la cima antes que yo, aunque aquello lo diría el tiempo. Y, por otro lado, la relación que mi padre tenía conmigo, al menos las cosas que recordaba al pensar en él, no distaban tanto de la del señor Mënlhoc con Ciria, aunque fuese de forma diferente, y aunque los motivos fuesen otros.
De todos modos, diría que aquello me daba capacidad para saber las cosas. Conocía de primera mano muchas injusticias, y de aquella forma podía defender lo justo con mayor fuerza.

-Recorrimos buena parte del camino, como estaba mandado -comencé, muy serio, mirando un instante a la mujer y luego al señor Mënlhoc-. No hubo contratiempos más allá de que su hija no parecía demasiado contenta, señor. Pensé que sería fruto de mi imaginación, o que simplemente sería parte del carácter de ella-. No podía negar, al fin y al cabo, que había algunas mujeres en el mundo que eran un tanto duras, y no por ello menos bellas-. Pero al final resultó haber un motivo real, señor, para el descontento de vuestra hija. Así que solo quiero decirle una cosa-. Fruncí el ceño, serio-. Ella es su hija, señor Mënlhoc. Y estoy seguro de que la quiere y se preocupa por ella, pero entonces debe escuchar lo que ella tiene que decir, porque es importante. Ella es una mujer fuerte y segura, y tiene la mente clara, y solo desea que usted la escuche un momento para poder abrirse a usted, señor-. De hecho, resultaba frustrante. Casi me imaginaba diciendo todo aquello a mi padre, sobre ocho años atrás-. Así que, si tanto le preocupa Ciria, deténgase un momento, pregúntele qué piensa ella, y luego calle y escúchela. Porque eso es lo que deberían hacer los padres, algunas veces.

Dicho aquello, eché fuera el aire restante y callé.
No tenía claro, la verdad, si había obrado bien o había sentenciado a mi familia al desrespeto por parte de los Mënlhoc, pero estaba hecho ya...
Al final no había pensado tanto como hubiese querido.

Dediqué una mirada a Ciria. "¿Me falta algo por decir?" No podía pensar más que que lo había enfocado mal...
Demonios.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Narrador

avatar

Mensajes : 1332

MensajeTema: Re: La escolta   Vie Oct 17, 2014 11:01 pm


Ciria no pudo sino bajar la vista, con algo de color en la mejillas, ante las palabras de Rick. Realmente parecía sentirse mal por el trato que el había dado, incluso si el flamma no parecía darle demasiadas vueltas a lo injusta que había sido con él. Permaneció callada, con la vista baja, mientras el joven exponía la situación, esperando.

El señor Mënlhoc palidecía a medida que Rick hablaba, y parecía tremendamente confuso y nervioso. De vez en cuando lanzaba miradas fugaces a su hija, como si aquello fuera a resolverle algún misterio. Cuando Rick terminó de hablar, se echó ligeramente hacia adelante, con el ceño algo fruncido, concentrado.

-¿Y qué es lo que piensa mi hija? -preguntó, mirando a Rick fijamente, esperando genuinamente la respuesta.

Pero antes de que nadie tuviera tiempo de reaccionar, Ciria alzó la vista, estiró la espalda y clavó los ojos en él, muy seria. Parecía más resuelta que nunca, y eso le otorgaba una especial belleza.

-Yo os lo diré, padre -indicó con voz alta y clara, reclamando atención sobre ella-. No quiero ese matrimonio. Ya amo a otro hombre, y si obtuviera vuestra bendición sería la persona más feliz del mundo. Sé sin dudarlo que, en caso contrario, seré desgraciada toda mi vida.

El moreno de la piel del señor de la casa parecía desaparecer de forma incluso preocupante. Miró un momento a su hija, atónito, y boqueó un par de veces, buscando algo que decir.

-¿Pero quién...? -Y entonces, como movido por un resorte, se volvió hacia Rick-. ¡¿Tú?! ¡Rickiard! ¿Acaso has seducido a mi hija?
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Rick

avatar

Edad : 27
Mensajes : 2598

MensajeTema: Re: La escolta   Sáb Oct 18, 2014 12:02 am

Cuando el hombre habló sentí que la mayor parte de los músculos de mi cuerpo querían tensarse por un instante, y me costó un montón contener aquel descontento. Porque me sentía como si mis palabras hubiesen hallado un pozo sin fondo y no hubiesen sido escuchadas. Empezaba, desde luego, a entender a la joven Ciria y sus problemas. ¡Y yo que había pensado siempre que mi padre no escuchaba demasiado! ¡Qué ingenuo había sido!

Por suerte Ciria habló a tiempo, y conseguí no resoplar y calmarme. ¡Qué por suerte! Aún no me había sentido gratificado por su intervención y ya había escuchado la nueva reflexión del señor Mënlhoc, que parecía francamente desorientado.

-¡Por supuesto que no, señor! -respuse, con gesto grave, incredulizado por su ofensa. ¡Era solo una niña, por Mithos! Y ya había una dama en mi corazón, ¡pero aquello no tenía por qué saberlo! ¡Pero era trabajo! Vaya una insinuación-. Me temo que es otro el hombre, ¡y un gran hombre de valores excelentes! Y si se para a pensar en los que hemos venido de vuelta no le costará dar con su rostro.

Apreté la mano para evitar pasármela por la cara, porque no quería faltar al respeto al señor Mënlhoc, pero me lo estaba poniendo difícil. Eché un vistazo a la mujer, entonces, de la que Ciria parecía haber sacado el carácter fuerte y el buen juicio.

-No se dejen engañar por el aspecto de Aräsu ën Lennok, pues aunque parezca un niño ya es un hombre dispuesto a darlo todo por su hija. Así lo ha demostrado hoy -. Miré un momento a Ciria, y de nuevo al padre-. Y estoy seguro de que ningún padre quiere que sus hijos sean infelices, así que le ruego que piense en ella, en Ciria como en su hija, como en una persona, como en la mujer que es. Ya no es una niña, señor Mënlhoc. Ha crecido, y tiene ideas, y sentimientos, también. La protegen tanto que no la protegen.

Me estaba alterando, viviendo aquello a fondo. Pero lo sentía de verdad. ¡Y me daba igual lo que me pasase luego! Al menos no me importaba en aquel momento... Porque hacía lo que creía que era lo mejor. De aquella forma incluso equivocándome estaría haciendo lo correcto...
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Narrador

avatar

Mensajes : 1332

MensajeTema: Re: La escolta   Dom Oct 19, 2014 12:41 am

El señor Mënlhoc abrió la boca para negar, indicando que no tenía ni idea de quién estaban hablando, pero entonces Rick continuó hablando, aclarando con ello el asunto. El hombre alzó las cejas, evidentemente incrédulo, y llegó a dedicar una mirada fugaz a su hija, antes de centrar la vista de nuevo en Rick.

-¿E-el chico ën Lennok? -preguntó, sin entender. Sacudió la cabeza-. ¿Estás seguro? Pero ¿por qué iba mi hija...?

Se detuvo al sentir la mano de su esposa sobre la suya y la miró, claramente desconcertado. Ella había permanecido en silencio hasta el momento, esperando que los jóvenes explicaran la situación, pero parecía que había decidido, finalmente, intervenir.

-Señor, creo que quizás el joven Rickiard esté cansado tras tantas emociones -comentó, dedicando a Rick una sonrisa fugaz-. Y parece que vos tenéis mucho de qué hablar con nuestra hija. Con vuestro permiso, nosotros nos retiraremos para dejaros la intimidad necesaria.

Su marido, aún confuso, asintió, abrumado. La mujer se levantó, haciendo una pequeña reverencia a su marido e indicó a su invitado que la acompañase, dejando a padre e hija solos. Todo lo demás quedaba en manos de la joven.

Rick fue guiado por la señora de la casa hasta otra sala, donde un sirviente les trajo un té para pasar el rato. La señora, hábil en guiar la conversación e increíblemente dulce, supo mantener a Rick centrado en aquel asunto hasta que recibieran noticias. De Aräsu y la dama de compañía, Rick no podía saber nada.

Al cabo de un tiempo, una criada anunció en la sala la presencia del señor, y ambos se levantaron para recibirlo. Con el señor Mënlhoc entraron en la sala Ciria y Aräsu, y aunque ningún rostro era especialmente revelador, la tranquilidad reinante indicaba que las cosas no habían ido demasiado mal, al menos. De la dama, Hette, nada se sabía.

El señor Mënlhoc carraspeó, incómodo. Todo su habitual entusiasmo parecía haber quedado mermado. Avanzó hacia Rick, sin mirar siquiera a su esposa.

-Vaya, no esperaba que fueran así las cosas -murmuró, aún anonadado-. He enviado un mensajero urgente a la capital. Supongo que tendré que mantener una conversación más seria llegado el momento, pero confío en que esto sea suficiente por ahora. Por suerte, el encuentro de mañana iba a ser bastante íntimo. Espero no perjudicar la reputación de nadie -. El hombre desvió la vista, acercándose algo más a Rick y pasando a hablar en un murmullo-. Debo darte las gracias, Rickiard. Creo que has protegido a mi hija mejor de lo que yo había podido hacerlo nunca. No sé en qué situación me deja eso como padre, pero estoy seguro de que tú serás hábil cuando te llegue el momento. Criar hijos es complicado, joven...

El resto de la jornada transcurrió en una extraña mezcla de apuro y tranquilidad. El señor Mënlhoc parecía tener de pronto un montón de tareas con las que no contaba, y su mujer no tardó demasiado en desaparecer, tras dedicar a Rick una sonrisa agradecida, pero sin añadir demasiado. Ni siquiera se quedó a hablar con su hija o con Aräsu.

Al flamma se le ofreció hospedaje en la residencia hasta que él lo viera conveniente. Aunque, visto el revuelo que había surgido, Rick decidió no quedarse demasiado tiempo. Tras descansar lo que sintió necesario, recogió sus posesiones y se dispuso a despedirse de la familia. Ya estaba a punto de marcharse, habiéndose despedido, cuando los dos jóvenes acudieron de nuevo junto a él, al parecer incapaces de dar por finalizado el encuentro.


-Señor, de verdad que no sé cómo agradecérselo -repitió la joven, como llevaba haciendo desde que había hablado con su padre-. De verdad, señor, que tendrá usted mi aprecio mientras viva, y mi más profunda devoción. Acepte este obsequio por todas las molestias que se ha tomado por mí... -Volvió un momento la vista a su amado-. Por nosotros.

Ciria le entregó entonces un anillo a Rick, explicándole que se trataba de un pequeño tesoro familiar. En el llevaba grabado el sello de la familia, y la joven confiaba en que aquel símbolo declarara la buena relación entre ambas familias. Por más que Rick pudiera insistir, la joven no se detuvo hasta conseguir que lo llevara consigo.

-Gracias por todo, señor -añadió Aräsu, algo más comedido-. Creo que de verdad nos ha dado la felicidad.

-¿Nos escribirá, señor? -preguntó ella de nuevo, con los ojos brillantes. Y la alegría parecía haberle dado una nueva aura de hermosura-. Prométame que nos mantendremos en contacto. Y cuente con nosotros para cualquier cosa que necesite. Haremos todo lo que esté en nuestras manos.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Rick

avatar

Edad : 27
Mensajes : 2598

MensajeTema: Re: La escolta   Dom Oct 19, 2014 1:47 am

Al bueno del señor Mënlhoc le costó un buen rato comprender la situación. Yo estaba empezando a perder los nervios. ¡Qué innoble por mi parte el no mantenerlos! Pero es que creía haber explicado bien la situación, ¡y no haberla visto tan compleja! Aquello no era sino un padre sordo. Ansiaba ver al mío de nuevo y pedirle disculpas por haberlo considerado incomprensivo alguna vez, desde luego.
No obstante, la señora Mënlhoc parecía manejar la situación mucho mejor, y la arregló antes de que yo alzase el tono, liberándome de la culpa y salvándome de la deshonra. Desde luego, me sentía agradecido a aquella mujer.

Me retiré con ella, dirigiendo una breve sonrisa a Ciria antes de irme, tratando de darle a través de la mirada todas mis fuerzas, como había leído en algunos libros que podías hacer. Si concentrabas la fuerza en las pupilas podías enviarla a través del aire a los ojos del otro, y entonces se fortalecía un poco.

Con la señora Mënlhoc, a solas, la cosa fue un poco mejor, aunque me sentía algo nervioso mientras esperaba la respuesta, el resultado de todo aquello. No obstante, sin darme cuenta, acabé por relajarme, hablando con ella. Y poco a poco, sin darme cuenta tampoco al principio, iba contemplándola más a fondo. Su piel oscura mantenía la apariencia y suavidad de la juventud, aunque algunas líneas de madurez se dibujasen en ella. Sus ojos oscuros y profundos hacían que uno desease perderse en ellos, y su aspecto elevado resultaba al mismo tiempo elegante y atractivo. Desde luego, a más que la miraba más podía darme cuenta de que aquel hombre, el señor Mënlhoc, había tenido una gran suerte en su vida, y ni siquiera parecía vivir plenamente consistente de ello. Quizás aquel hijo le había sido arrebatado como cruel pago por una dama como aquella. Y aunque una parte de mí pensó que quizás aquel hombre alguna vez enfermase y la señora Mënlhoc necesitase entonces consuelo, la acallé enseguida, ofendido por mis propios pensamientos.


Finalmente el señor Mënlhoc regresó, y bien acompañado de los dos jóvenes. Enseguida mi atención estaba puesta en ellos, y en cuanto el hombre empezó a hablar mi tensión se relajó. Lo miré, risueño, asintiendo.

-No se preocupe, señor -respondí igualmente, bajando el tono como él, risueño, cuando se me acercó-. Se ve que sois un padre comprensivo y que quiere a su hija por encima de todo. Cualquiera puede errar, pero es el poder enmendar los errores lo que hace al hombre, señor. Y usted es un gran hombre. Su hija lo quiere mucho, y estoy seguro de que las cosas irán bien de ahora en adelante.

Quería decir, realmente, que había tardado en darse cuenta, pero prefería felicitarlo. Por el bien de Ciria y Ärasu, aquel hombre debía sentir que había obrado bien. Y lo había hecho al fin y al cabo, aunque tarde.

Después de aquello sentí que ya no debía estar allí. Aunque me invitaron a quedarme, el deber me llamaba en Brontë, y la casa parecía bullir más caos que a mi llegada. Dejarlos tranquilos para resolver sus problemas, pensé, sería lo mejor.
Iba a marcharme ya, con cierto peso en mi ser, cuando los dos jóvenes se me acercaron. Dejé el equipaje en el suelo un momento, haciendo una reverencia cortés a ambos, con una sonrisa suave. Parecían relajados, y aquello me animaba.

-Ha sido un honor, señorita Mënlhoc. Siento, en todo caso, no haberme dado cuenta antes del problema. No solo es mi deber ayudar, como guerrero de Brontë, sino que yo mismo, como persona, siento una gran afición por ello. La satisfacción que siento -. Los miré a ambos- es enorme, ahora mismo. La recompensa es sentir que he podido hacer algo por vosotros. A partir de ahora seréis vosotros los que luchéis, aunque estoy seguro de que podréis con los obstáculos.

Me sentía mayor, de pronto, de alguna forma.
Observé el anillo cuando lo tuve en las manos, finalmente, dado que no pude negarme.

-Será un tesoro para mí ahora también. Es todo un honor -le dije, repitiendo la reverencia. Luego estreché la mano del muchacho-. La felicidad era vuestra, Ärasu. Solo faltaba dar un paso. Un hombre es un hombre cuando decide serlo -le dije, mirándolo muy serio un momento, aunque terminé por sonreír-. Os escribiré si ese es vuestro deseo, por supuesto. Estaré encantado de recibir noticias también, y de prestar ayuda cuando haga falta. Muchas gracias a los dos por haber confiado en mí. Deseo que nuestros caminos se vuelvan a cruzar, pero por buenos motivos, la próxima vez. Da saludos a ti dama también, Ciria.

Con aquella reverencia sentí que había alcanzado la despedida perfecta.

Debía volver a Brontë. Me sentía bien. Había hecho lo que había que hacer, al fin y al cabo.

Tras terminar la despedida recuperé mi equipaje, dispuesto a salir, a reunirme con mi caballo y a regresar.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Narrador

avatar

Mensajes : 1332

MensajeTema: Re: La escolta   Dom Oct 19, 2014 2:02 am

Tras aquella despedida, los jóvenes vieron marchar a su protector y amigo con una extraña sensación de tristeza y felicidad. Y, tras aquello, mucho les esperaba por delante. Rick, por su parte, podía volver ya a Brontë, con la certeza de haber afianzado los lazos de dos familias con la suya y haber servido de ayuda a aquellos que lo necesitaban. Aumentaba así la reputación del ejército, de su familia y, por supuesto, la suya propia.

MISIÓN CUMPLIDA

Recompensa

-2 puntos de experiencia
-Anillo de la familia Mënlhoc: otorga 4 puntos de resistencia extra a quien lo lleve puesto en la mano derecha.
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: La escolta   

Volver arriba Ir abajo
 
La escolta
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 2 de 2.Ir a la página : Precedente  1, 2
 Temas similares
-
» EJÉRCITO DE PARAGUAY
» EL ESCOLTA AMBER LAKE
» ¿Quién necesita un portaaviones hoy en día?

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
 :: El Mundo de Mithos :: Lumen :: Misiones-
Cambiar a: