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 Sala de entrenamiento

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Jun

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Miér Sep 17, 2014 12:18 am

Es algo a tener en cuenta, tanto para enfrentarme a ella como para ayudarla, claro. Que mi objetivo no es alzarme por encima de ella. Me interesa más ser capaz de mejorar su rendimiento, la verdad. Supongo que ni aunque luchase resultaría demasiado feroz. Por mucho que lo piense no me lo creo.
Por ahora pensaré en ese defecto suyo. Quizás pueda hacer algo al respecto...

En cuanto a lo de Lluvia, sin problema. Asiento, efusivo. Siempre digo que quiero que quedemos un día los tres y al final...

-Pues entonces hagámoslo. No ahora, claro. Ahora creo que lo perfecto sería una ducha.

Aunque no es que haya sudado demasiado... Pero apetece.

*Se van*
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Corbin

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 6:31 pm

Cuando Corbin entró en la sala de entrenamiento tenía una idea fija en mente. Llevaba un tiempo aprovechándose de aquella caja para entrenar distintas habilidades, pero había ciertas cosas que no había puesto en práctica. Y, aunque era consciente de que nada de lo que pidiera iba a poder equipararse a luchar contra uno de sus compañeros reales, resultaba útil no tener que depender siempre de ellos para una buena práctica.

Como le era habitual, comenzó sus ejercicios con lo más básico, calentando el cuerpo para prepararse a combatir. Procedió primero con una carrera no muy intensa, dando vueltas a la sala y variando pequeños ejercicios de trote, saltos, y cambios bruscos para forzar al cuerpo a reaccionar en condiciones. Una vez consideró que era suficiente, se dedicó a las articulaciones, desde el cuello hasta los tobillos.

Miró entonces la caja. Pero aún no era el momento. Sin los guantes, encaró un muñeco, encajando una patada tras otra, tratando de dar firmeza y velocidad a sus movimientos, repitiendo el mismo golpe una y otra vez. Necesitaba ganar algo de agilidad y flexibilidad, aunque pudiera contar con los puños como punto fuerte. Procedió, tras ello, a cambiar la pierna, asegurándose así de que cualquiera de ellas era igual de efectiva. Tras ello, procedió a encajar un puño, de nuevo limitándose a repetir series de golpes, centrándose en la calidad de los mismos. Y, una vez lo dio por suficiente, procedió con el otro, un golpe tras otro, fijando un blanco concreto para cada serie y una forma de golpear, e insistiendo una y otra vez en el gesto.

Entonces se puso los puños y, tras acomodarlos, se volvió hacia la caja y la abrió. El ya conocido hombrecillo no tardó en salir ante él, y como le era habitual, Corbin hizo su petición sin rodeos, mirándolo con absoluta seriedad.

-Quiero enfrentarme a mí mismo -reclamó.

No tuvo que decir más. Pronto una copia suya se plantaba ante él, en posición de combate. Aquello era algo que a Corbin le inspiraba tremenda curiosidad. Necesitaba emplearse al máximo para vencerse a sí mismo. Si lograba extraer todos sus propios fallos, podría superarlos. Procedió, pues, a atacar a su enemigo.

*Se queda entrenando*
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 6:45 pm

Salto desde uno de los arcos del pasillo a una pared y salto hacia la primera puerta abierta que veo, cayendo al suelo con una voltereta para rodar sigiloso en su interior y quedar agachado cerca del suelo para observar la sala.

Dentro hay dos hombres luchando, con lo que saco rápidamente el kunai y ruedo tras uno de los muñecos de madera que hay cerca. Ya he estado en esta sala, es la que usan algunos guerreros para entrenarse en combate.

Entorno los ojos tras la máscara al ver que son los dos iguales. Eso sí es una buena forma de burlar a la muerte.

Tras el muñeco de madera, observo su combate para conocer sus movimientos.
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Corbin

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 8:00 pm

Corbin se encontró a sí mismo hábil, resistente y decidido, aunque, como ya le había pasado con copias anteriores, más débil de lo que le hubiese gustado. Atacaba, mantenía sus movimientos, sus habilidades, pero siempre en menor medida. Y le sorprendió un tanto, para mal, descubrir que le era más sencillo vencerse a sí mismo que vencer a otros. Podía deberse a que se conocía mejor, pero también a una mayor debilidad. Lo cual resultó frustrante.

El verse débil no hizo sino que sus ataques se volvieran más agresivos. Recibía los golpes sin problemas, sabiendo cómo absorberlos, y atacaba sin piedad, obligando a su otro yo a retroceder. Él se defendía también, poco dispuesto a darle tregua, y ambos acabaron enzarzados en una lucha sin cuartel.

Finalmente, cuando Corbin logró imponer una clara ventaja, acabó por encontrar la forma de tomar la cabeza de su enemigo, y el un rápido giro, lo desnucó con un desagradable crujido. La copia cayó al suelo, inerte, y desapareció. El claritas se quedó allí de pie, claramente frustrado.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 8:22 pm

El combate parece estable hasta cierto punto, donde uno de los dos hombres iguales empieza a ganar ventaja. Su combate es fuerte y directo, usando sus puños que parecen cubiertos por una fuerte coraza. Parece el tio de enemigo bastante pesado.

Cuando termina el combate, uno de ellos desaparece y abro más los ojos, algo sorprendido. Aparece junto al hombre claritas un pequeo hombre con barba. No entiendo bien.

Salgo de detrás del muñeco, en pie y en guardia, mirando al claritas. Antes de nada debo preguntar.

¿Cual es tu nombre? —Miro un momento al hombre pequeño. Puede que sean aliados.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 8:29 pm

Corbin aún no había cerrado la caja cuando una figura llamó su atención. Pese a su agresividad patente, consiguió limitarse a una posición de combate, sin llegar a atacar. De todas formas, el hecho de que el recién llegado estuviera armado no dejaba de resultar un detalle revelador, que el claritas no pensaba pasar por alto.

Lo miró atentamente. Era más pequeño que él, en todos los sentidos, y llevaba la cara cubierta. Eso no era un problema, de todas formas. Aquella máscara no parecía exactamente una protección, y Corbin dudaba que fuera capaz de resistir un puñetazo en condiciones.

La pregunta le hizo fruncir el ceño.

-No deberías aparecer de la nada con un arma y exigir respuestas -respondió, violento, aunque aún sin moverse.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 9:03 pm

El claritas guarda en una caja al hombre pequeño y se vuelve, colocándose otra vez en la posición de ataque que había puesto con su anterior adversirio.

Me habla, pero no para responder a mi pregunta, sino para protestar por mi arma. Me lo pienso un momento y recuerdo las palabras de Njorthbiartr de cómo se relacionan entre ellos. Bajo el kunai lentamente, sin apartar la vista de su cuerpo.

Buenas tardes —Informo. Aunque su actitud se parece a la de la chrysos que siempre seguía a Massen Dew, mirándome con ojos fieros.

Ahora puedes decir tu nombre —Le repito.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 9:12 pm

Corbin entrecerró los ojos, con el cuerpo en tensión y toda su atención puesta en él. No le pasaba por alto el hecho de que no lo había sentido entrar en la sala. Cada vez encontraba más gente capaz de pasar por alto sus sentidos, y eso era algo que no llevaba bien el absoluto. Después de todo, ¿suponía aquello que el esfuerzo de toda su vida no era suficiente? ¿Eran ellos realmente tan buenos en el sigilo? ¿O acaso él estaba tan acomodado que había bajado la guardia? No le gustaba, en cualquier caso. No le gustaba en absoluto.

Tampoco le gustaba la tranquilidad de su interlocutor, ni su insistencia en conocer su identidad, ni mucho menos la forma en que ocultaba la propia. Quería vigilarlo, quería mantenerse en guardia con respecto a él. Si era capaz de burlar así su atención, era alguien de quien cuidarse.

-Quítate la máscara -exigió, agresivo.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 9:30 pm

Parece que tampoco mis nuevas palabras hacen que el claritas se relaje con lo que me tenso un momento de nuevo, sin bajar la guardia. Si no es suficiente con lo que he dicho, no sé qué espera que diga.

Me pide que me saque la máscara y niego. No es alguien de quien pueda fiarme para hacerlo.

Antes te has atacdo a ti mismo hasta desaparecer y no quieres decir tu nombre. Pretendes burlar bien a la muerte. Pareces más listo que ellos —Le digo. Es molesto cuando uno de ellos se comporta de esa forma, hace que tenga que estar más alerta; no tengo a la muerte de mi parte.

¿Cuál es esa magia? —Pregunto, señalando la caja donde ha guardado al hombre que estaba con él.
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Corbin

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 9:35 pm

Corbin torció el gesto ante la negativa. Ni siquiera podía saber cómo era. Así sería mucho más complejo prepararse contra él. Sin embargo, y aunque seguía furioso, poco a poco se iba calmando. No cambió, sin embargo, su postura. Él tampoco insistió más en su nombre, y Corbin decidió definitivamente que, ya que él no pensaba darle una identidad, no facilitaría la suya.

Miró de reojo un instante la caja, aunque no tardó en volverse a él. Sus halagos no iban a ganarlo. No había muchas cosas capaces de ganar a Corbin, en realidad. Permaneció firme, donde estaba, pendiente de él en todo momento, sin apenas responder.

-Es un servicio para los guerreros -llegó a explicar, de todas formas, murmurando entre dientes-. Permite enfrentarse a quien no está realmente aquí.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 10:39 pm

Esta vez no tiene problemas por responder. Así que no es su poder, es algo que puede hacer cualquier guerrero. "Enfrentarse a quien no está realmente aquí", me paro a pensar en la ninja que murió hace poco. Asiento.

Si sigues enfrentando ilusiones entonces no debes temer por tu nombre —Le explico. Guardo entonces el kunai y me dirijo a la puerta. Pero cuando voy a echar a correr me detengo un momento. Me giro hacia él otra vez.

Buenas tardes, enfreta ilusiones —Entonces si cojo impulso y salto para agarrarme a la puerta y poder utilizar el marco como impulso hacia el pasillo.
*se va*
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Corbin

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 22, 2014 10:46 pm

El ceño de Corbin se frunció más ante su respuesta, pero esta vez no por rabia, sino por confusión. Si había algo que podía decirse de aquel joven era que tenía una forma de hablar enigmática. Bien pensado, parecía sacado de alguna historia de fantasía. Corbin se preguntó si estaría cuerdo.

No bajó el arma hasta que hubo abandonado la sala. Aún miró la puerta un momento más, serio, reflexionando sobre lo que acababa de vivir. Finalmente, acabó por guardar los puños en los bolsillos y abandonar la sala él también. No estaba contento. No después de aquel entrenamiento. Pero lo arreglaría.

*Se va*
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Adain

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Miér Sep 24, 2014 11:54 pm

Abrí la puerta de la sala de entrenamientos y asomé la cabeza. No hay nadie, cojonudo.
Por algún motivo prefería intimidad para practicar con los puñales. Siempre es bueno tener un as en la manga, nunca mejor dicho.
Había pasado ya casi un mes, ¿O más de un mes?, desde mi llegada a Brontë y por lo que sabía seguía bajo sospecha de asesinato. Nadie me había venido a decir si ya era oficialmente inocente por lo que entrenar la habilidad de esconder armas en mi cuerpo no era algo que hacer delante de todo el mundo, ni si quiera de Rick.
Las prácticas con espada estaban yendo bien, aunque no nos veíamos mucho yo notaba mejoría, pero siempre al pasar junto a las armas miraba de reojo los puñales y no podía evitar pensar en el asunto pero no me atrevía a decirle nada. Ni a él ni a nadie, después de todo si se le fuera la olla a alguno de arriba y me declararan culpable no tendría nadie que se enfrentara a él por mí. Me acordé de la enorme mujer que me encerró y noté un escalofrío. Acto seguido me acordé de Fera y se me erizaron los pelos y las finas plumas de la nuca. Agité la cabeza para borrar esos pensamientos y, tras cerrar la puerta, me acerqué a los puñales.

Había estado practicando la última semana con cubiertos que robaba del comedor. Primero cucharas, luego tenedores y finalmente cuchillos, por grado de peligrosidad. Tenía los brazos y las manos llenos de pequeñas filas de cuatro puntos y puntadas sueltas causadas por los dos últimos grupos de cubertería, pero por suerte cuando empecé con los cuchillos ya apenas cometía errores.
Cogí tres puñales, finos alargados y brillantes, y los observé un momento a la luz. No llevaba mi ropa normal de ir a entrenar, sino algo más común, después de todo tenía que entrenar pensando en aplicar mis habilidades después en batalla. Y dudo que si nos atacan de imprevisto me dé tiempo a ponerme ropa cómoda.
Había cogido sólo tres porque, aunque era capaz de esconder un mayor número de diccionarios no me atrevía a esconderme un puñal en la cintura, por ejemplo. Además son más grandes que cualquiera de mis libros. Pretendía guardarme uno en la manga derecha y dos en la izquierda, con la que siempre había tenido más habilidad para estas cosas. Una parte de mí pensaba que empezaba muy fuerte, que esos no eran cuchillos del comedor, pero la otra pensaba en lo genial que sería cuando pudiera esconderme más e incluso a la vez que mis libros.

Los guardé en mis mangas con relativa facilidad, un movimiento rápido y listo. Lo difícil era moverse con naturalidad con ellos encima. Recordaba cómo me había costado aprender a llevar siempre escondidos un par de libritos y que al principio siempre se me escurrían, pero esto necesitaba mayor discreción. Y me gustaban todos mis dedos.

Probé a andar y luego a correr y saltar. En una hora o así me había acostumbrado al peso. Al final lo de practicar antes con cuchillos no fue mala idea. Comencé a hacer movimientos más complicados y poco a poco el número de veces que uno se me escurría iba disminuyendo. Los llevaba con el mango apuntando hacia la muñeca para que al sacarlos no me los clavara pero eso me obligaba a hacer un movimiento con la mano para ponerlos en posición para lanzarlos. No me salía muy bien lo de girarlos sobre la palma y, aunque no se me solían caer, quedaba torpe y sobre todo lento.

Tras un rato de sacar y guardar los puñales pensé en la posibilidad de no tener una chaqueta para guardarlos. Llevar sólo camisa implicaría guardarlos pegados al brazo, tendré que practicar también eso para evitar cortes, no siempre llevaré tantas capas de ropa. Me puse frente a unas dianas de tiro mientras pensaba en los puntos que tenía que reforzar, pensé que se me daría mejor. Al menos la puntería sí era lo mío.
Desde que nos mudamos a Ignis no había tenido oportunidad de practicar con los dardos pero mis muchos años de taberna en Ventus habían logrado guardar en mi memoria una habilidad que había sobrevivido a mis excesos con el alcohol. Hice una mueca al recordar todo aquello, era de las pocas cosas de Ventus que no añoraba.
Lancé primero con la izquierda, el otro puñal que tenía guardado en esa manga siempre se me escurría y me obligaba a hacer aspavientos para que no se cayera. Todo ello no evitó que diera en la diana, pero ni mis años de falta de práctica ni el puñal bailando en mi manga justificaban un tiro tan malo, me sentía decepcionado.

-Vaya mierda...

Y eso que la izquierda siempre fue mi fuerte. Claro, con la derecha agarraba el vaso... Deslicé el segundo puñal desde mi maga izquierda hasta mi mano y lancé, sin esperar a penas hice lo mismo con el que llevaba en la derecha. Ambos tiros fueron mejores que el primero pero no por ello menos horribles. Y aun así el mejor es el de la derecha... He empeorado más de lo que pensaba. Al menos no había dado fuera de la diana, pero tampoco había nada que los hiciera especialmente impresionantes.

Me quedé como una hora practicando puntería y no vi demasiada mejoría, estaba muy oxidado. Mentalmente comencé a repasar los fallos y puntos flojos que me había encontrado. Mi plan de hacerme experto en este asunto iba a ser mucho más lento de lo planeado en un principio pero junto con las clases de espada me vendría bien para ponerme en forma. Cuando me rugió el estómago lancé el puñal que me faltaba, sólo para ver otro tiro mediocre como resultado, y me dispuse a recoger para irme a cenar algo. Un baño y una buena cena me vendrán bien. Estaba algo decepcionado, después de todo incluso la primera clase de espada con Rick había ido mejor. Aunque tampoco había tenido expectativas. Mientras colocaba los puñales le seguía dando vueltas a que tenía que practicar más, después de todo en esto no tenía un profesor. Antes de colocar el último me fijé en mi reflejo borroso en el filo y una idea me cruzó la mente. Es una locura, sigo siendo sospechoso de un crimen. Y aun así giré el puñal con la mano izquierda y lo escondí en la manga. Entrenamiento continuo, no puede haber fallos. De momento uno: sin prisa pero sin pausa. Era arriesgado, pero de alguna forma sentía que me lo estaba tomando en serio, tanto como para arriesgarme. Y no creo que nadie se dé cuenta, no tienen las armas numeradas, no hay un orden fijo y faltan ya muchas... Y con las mismas di un golpe al estante, como disimulando, y los puñales quedaron algo más descolocados de lo que ya estaban. Con una sonrisa salí de la sala de entrenamientos y me dirigí a los baños. Después de todo sólo es un puñal. Y lo hacía por Brontë.


*se va*
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Corbin

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Dom Sep 28, 2014 9:33 pm

Corbin, por un día, decidió dejar de lado la caja y centrarse en otra clase de entrenamientos. Seguía con un encargo en mente, y esperaba salir de él con nuevas herramientas. Y, por tanto, necesitaba estar seguro de que sabría usarlas cuando estuviera de vuelta.

Ignorando al genio, fue directo a la armería y buscó entre las armas disponibles, en pos de una parecida a su daga. Corbin contaba con la desventaja de que no sabía exactamente cómo era el filo de su arma, pero a partir de la funda podía hacerse una idea al respecto. Así pues, rebuscó entre los filos disponibles hasta dar con uno que, a su parecer, no era muy diferente del suyo. La enfundó, se ajustó el arma al cinto y comenzó su entrenamiento.

La primera parte del mismo no fue muy diferente a como acostumbraba. Tal y como solía hacer, comenzó dando vueltas a la sala, trotando a un ritmo más o menos constante, acostumbrando el cuerpo al calor del ejercicio y la respiración a la velocidad de la marcha. De vez en cuando, cambiaba de dirección en seco, retomando el ritmo hacia el otro lado, sin detenerse en ningún momento. A estas carreras en círculos le siguieron un conjunto de variantes de las mismas: saltos, carreras en lateral, carreras hacia atrás, y una serie de ejercicios que alternaban la carrera con tocar el suelo cada ciertos pasos o alzarse en el aire (a veces, ambas).

Cuando consideró que había sido suficiente, se dirigió a una zona con muñecos, aunque en un principio los ignoró. Comenzó entonces a calentar las articulaciones, de arriba a abajo, como siempre, y posteriormente inició sus movimientos de combate más básicos, haciendo repeticiones contra el aire, una y otra vez, sin detenerse.

Entonces procedió con los puños. Al principio solo se puso uno, con lo que podía sentir la diferencia entre una mano y la otra y dedicarse a equilibrarlas para unos golpes más efectivos. Después, procedió solo con el otro, repitiendo las mismas series de golpes una y otra vez, todavía contra el aire. Tras esto, se encaró con un muñeco, procediendo en una serie de golpes contra él, de nuevo con manos desnudas, luego un puño y luego el otro. No fue hasta que hubo terminado con esto que procedió a ponerse los dos puños, repitiendo los ejercicios.

Cualquiera que hubiera visto la forma de entrenar de Corbin se habría dado cuenta de que, aunque no había descartado ninguno de los ejercicios que le eran habituales, las series de golpes sí se habían reducido en cantidad. Corbin terminó en la mitad de tiempo que le era habitual los ejercicios básicos. Y es que aquel día tenía algo nuevo que probar, y debía estudiar cómo ponerlo en práctica.

Sacó la daga, empuñándola con la mano derecha, y la acomodó junto al puño de acero, concentrado. Procedió entonces a repetir los movimientos, al principio exactamente de la misma forma que lo había hecho antes. Poco a poco, sin embargo, iba introduciendo variantes. En ciertos momentos, cuando veía que podía convenirle, dejaba arrastrar la daga tras el puño por la superficie del muñeco, creando la línea de un corte tras el golpe. Al principio lo hacía muy de vez en cuando, de forma especialmente cuidada. Poco a poco, sin embargo, la frecuencia de los cortes aumentaba, a medida que Corbin veía dónde podían serle de mayor utilidad.

Para cuando el claritas dio por finalizado su entrenamiento, se encontraba perfectamente satisfecho. Consideró que, si añadía aquello con cierta frecuencia a sus ejercicios, podría llegar a manejarse bien con aquel arma, lo que añadiría calidad a su forma de combate.

*Se va*
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Rick

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:24 pm

Aquel día tocaba entrenar con Lea y me sentía extrañamente intranquilo, con una ligera emoción. Pero, por supuesto, no por aquello debía tomármelo a broma, o como un juego. Entrenar con ella era protegerla, también, y por tanto debía esforzarme al máximo en ello.

La sala estaba vacía en aquel momento. La miré de reojo, entrando delante, pero no dije nada. Cuando pasó cerré la puerta.

-Pues aquí estamos -comenté, con una sonrisa, asintiendo, poniendo los brazos en jarras-. Antes de nada hay que calentar un poco -comencé, como si ella no lo supiera, comenzando a trotar suavemente por la sala.

Tenía mucho más tiempo y no sabía con qué llenarlo. Por si fuese poco, el tiempo había mejorado mucho, y no podía dejar de pensar que a Lyo le hubiese gustado mucho pasear por el prado con Telma.
No había vuelto a ver a Cassandra desde aquel momento en el que se lo había llevado. Había preguntado al servicio, pero nada: no estaba, ni rastro de ella.

-Cassandra ha vuelto y se ha llevado al niño -le comenté, sin dejar de correr, sin mirarla.

Poco después me detuve, empezando a calentad hombros y cuello. Se me había como apagado algo de energía. ¡Tenía que arreglarlo!

-¿Alguna preferencia? ¿Prefieres probar cosas, un enfrentamiento...?
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Lea

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:25 pm

Por fin, pese a que ya hace muchísimo que se lo he pedido, he conseguido que quedemos para entrenar. Y ya iba siendo hora, porque aunque hago algo por mi cuenta, no puedo evitar la sensación de que no sirve de mucho si trabajo sola. Vilo me ayuda, por supuesto, pero creo que no es exactamente la clase de ayuda que necesito.

Me he armado, pues, tanto con la espada como con los látigos, aunque todavía no tengo muy claro qué haremos exactamente. Me he preocupado de ponerme ropa cómoda y recogerme el pelo, y aunque Vilo está emocionado, voy a asegurarme de que se mantenga al margen esta vez. Por suerte para mí, poco a poco se va volviendo más obediente. Si es que realmente es un cielo.

Asiento, sin más, a lo que dice Rick. Espero no tener que aclarar que esto es un entrenamiento conjunto y no una clase, así que por el momento me limito a trotar a mi ritmo, con el cuerpo relajado y sin tomármelo aún demasiado en serio. Lo cual no parece del todo fuera de sus planes tampoco, ya que incluso se permite dar conversación. Llego a alzar una ceja, algo sorprendida.

-Bueno, era algo que sabías que pasaría -comento-. Y es un alivio, supongo. Cuanto más tardaba más hacía parecer que lo había abandonado. Estará bien con su madre.

Por lo que me ha contado, no estoy del todo segura de eso, pero no voy a sacar preocupaciones a relucir. Ya bastante se atormentará él solo al respecto, conociéndolo. Así pues, me limito a mi trote, que luego cambio por unos saltos y un pequeño calentamiento de articulaciones.

-Querría un enfrentamiento -respondo, segura-. Pero creo que es mejor que antes veamos un poco de técnica. Traer, he traído de todo, pero creo que por ahora es mejor limitarnos a la espada.
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Rick

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:26 pm

Torcí el gesto un momento a sus palabras, aunque asentí. Tenía razón, al fin y al cabo; aquello incluso se había prolongado más de lo esperado. Quizás, de hecho, aquel había sido el principal problema, al final...

-Fue extraño, de todos modos... Iba con mucha prisa, prácticamente lo cogió y se lo llevó sin mayor explicación. Ni siquiera pude despedirme decentemente, y al parecer ha abandonado Brontë de nuevo-. La miré, con gesto algo preocupado-. Le ofrecí dinero para Lyo y me dijo que le vendría muy bien, pero tampoco tengo forma de contactar con ella. Me asusta que pueda estar en problemas.

Me pasé una mano por la cara. ¡Ya estaba! Preocupaciones aparte. Aquel era el día de entrenar con Lea, y debía aplicarme.
Eché un vistazo a Vilo terminando de calentar las articulacioneas y luego, de nuevo, la miré a ella.

-Ya he visto los látigos -comenté, sin mucha ilusión en el tono-. ¿De dónde han salido?-. Era verlos y me subía una sensación extraña de quemazón por la espalda. Aquel recuerdo todavía no se me borraba, ni después de tres años-. Me parece buena idea.

Sin decir mucho más me acerqué a por una espada. A causa de entrenar con Adain me estaba aficionando a utilizar también aquellas. No iba a dejar a Värdjas de lado, pero no estaba de más practicarlo todo.
Volví a acercarme, dándole un par de ágiles vueltas en la mano; desde luego era como llevar una pluma.

-Vamos a ver, entonces... -comencé, risueño-. Cojo esta, espero que no te importe. ¿Alguna vez has probado una espada normal? -inquiricé, lanzando un par de cortes al aire, probando el equilibrio.
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Lea

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:27 pm

No parece, efectivamente, que necesite ninguna clase de ayuda para llenarse la cabeza de preocupaciones. Lo escucho en silencio, aunque tampoco hay mucho que pueda decirle. Si tan poco se fía de la situación, lo lógico habría sido pedir ayuda a quien tuviera autoridad. Y, si piensa dejar las cosas en manos de la madre, tendrá que aceptar las consecuencias. Permanezco callada un momento. Casi me preocupa más que se deje desplumar así. Porque la señora no es que haya dado mucha señal de merecer dinero alguno, y nada asegura que vaya a invertirlo en su hijo; más bien al contrario. Pero sigue siendo asunto suyo, y no me veo con ningún derecho a hacer reproches.

-Bueno, si ha aceptado tu dinero y no se lo has dado, tendrá que contactarte de nuevo para conseguirlo -apunto-. Entonces podrás hablar con ella en condiciones. Por otra parte, si ha sido capaz de dejar al niño solo cinco meses con tanta tranquilidad, estoy segura de que si de verdad está en problemas no dudará en pedir ayuda. Y tú ya le has demostrado que eres digno de confianza, creo yo.

No es un tema que me apetezca mucho tratar, pero de alguna forma entiendo su preocupación. De todas formas, es decisión suya si prefiere dejar el entrenamiento de lado (otra vez) o si prefiere conversar en otro momento. Ambas cosas a un tiempo acabarán por ser imposibles.

Me pongo un poco a la defensiva con su tono. Desenfundo ambos látigos, ignorando por una vez el gesto de Vilo, y los dejo en un colgador junto a la puerta. No látigos, ya lo he pillado. Tampoco hay que ponerse así, ni que hubiera traído una máquina de tortura.

-Del mismo sitio que Vilo -respondo, con voz algo dura-. Y ante cualquier cuestión, sigo pensando que están mejor bajo mi custodia que bajo la del cabrón al que se los quité.

No insisto más en el tema. Cuando creo que he calentado lo suficiente, me dirijo junto a la espada, custodiada por Vilo, y me agacho a darle un beso antes de coger el arma. Un beso y una orden, bueno. Hoy debe estarse quieto. De todas formas, empieza a entender que estarse quieto en ciertas ocasiones no implica pasar un solo día inactivo. A ninguno de los dos nos gustaría eso.

Me vuelvo hacia Rick, remando un par de veces mientras me acerco y miro la espada. Acabo por asentir.

-En realidad eran las que usaba normalmente -explico-. Luego me regalaron esta y me especialicé. ¿Prefieres que empecemos por esas?
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Rick

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:29 pm

Asentí, algo consolado por sus palabras. Efectivamente, Cassandra había dicho aquello de que yo enseñaría a Lyo. Y que el dinero le iría bien... ¡Tendría más noticias de ella! Por supuesto que sí.
Esbocé una sonrisa, más relajado.

-Seguro que sí. Me preocupo demasiado -zanjé, con un leve encogimiento de hombros-. Supongo que se me hace raro y no me acostumbro...

La seguí con la mirada cuando fue a colgar los látigos, descendiéndola un instante por su espalda, cintra, cadera, ...
Alcé la vista antes de que se volviese de nuevo.

-Estoy seguro de que están mejor en tus manos -aseguré, atreviéndome con una.sonrisa, que se convirtió en una mueca de volver a ver la piel tirante y abierta-. Simplemente me trae malos recuerdos, pero alguna vez debería enfrentarme a ello...

Inspiré profundamente, preparándome. Tampoco necesitaba mucho más para un entrenamiento, pero quería hacerlo bien.

-Prefiero que uses la tuya -comenté, con una sonrisa, mirando la interesate arma-. He de decir que ahora me ha picado la curiosidad, pero al fin y al cabo lo primero es potenciar la que utilices-. Dicho así, sonaba como si yo fuese perfecto y no lo necesitase-. Vamos con ello entonces.

Ya era el momento, o nunca empezaríamos. Roté un poco el hombro derecho hacia atrás y me puse en posición, girando el cuerpo, ladeándome ligeramente, apuntando con la espada hacia ella, pero relajado.

-Te queda muy bien el pelo recogido -murmuré, esbozando una sonrisa de lado-. Es la segunda vez que me enfrento a una espada así. Tienes ventaja. Enséñame -pedí, pero ya sin perderla de vista.
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Lea

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:31 pm

No es que el tema me interese mucho, pero no lo dejo ver. Después de todo, parece algo que realmente le preocupa, y tampoco quiero hacérselo más difícil. Acabo por encogerme de hombros.

-Desde luego, habrá sido toda una experiencia -comento, sin más-. Aunque no creo que sea todo malo. Seguro que echabas en falta algunas libertades. Es lo que dicen que suele pasar.

Frunzo ligeramente el ceño. Encuentros con látigos. Sí, esa historia me suena, ahora que lo pienso. He visto esa espalda cruzada de cicatrices. Bien pensado, es algo que tendría que haberme esperado.

-¿Qué pasó? -pregunto. No deja de ser raro que alguien de su casta tenga esa clase de marcas. O, al menos, que yo sepa.

Dado que no me pide un cambio de arma, afianzo las manos sobre la mía. La verdad es que no dejan de gustarme otras espadas, pero estoy bastante acostumbrada a las dos hojas. Creo que echaría en falta la posibilidad de responder tan rápidamente a los golpes. Hace mucho que no uso una espada normal, realmente.

-Bueno, esta vez no es como la última -advierto-. Esa espada es más fácil de contrarrestar ahora.

Por el momento, me limito a adelantar la hoja inferior. Resulta más sencillo detener así un golpe vertical, y da mayor impulso a la superior para el ataque. Aunque las funciones siempre pueden intercambiarse, por supuesto.

Frunzo ligeramente el ceño.

-Concéntrate, Rick -me limito a decir. Tengo la sensación de que me infravalora con respecto a esto. Se nota que intenta llevar el liderazgo y que no le importa distraerse. Sé que es probable que sea mejor que yo, pero no deja de ser ofensivo que me trate de esa forma.

Remo un momento, amagando con la hoja superior, pero antes de que haya tenido oportunidad de tomar contacto, bloqueo el arma. Ahora es la hoja inferior la que avanza hacia él, buscando el cuerpo, rápida por el brusco bloqueo en la empuñadura, mientras la hoja superior se aleja hacia mi espalda.
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Rick

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:32 pm

Tras dejar el tema de Lyo a un lado, más tranquilo, fue el turno del entrenamiento. No obstante, una nueva pregunta me hizo crispar levemente el ceño. No tardé en sonreír.

-Fue un castigo por mal comportamiento. Aren Darvenwish, líder de Caligo... Él mismo se encargó de...corregirme -. Apreté la mandíbula, muy serio de pronto-. Ese hombre es peligroso. Jamás lo contradigas, ni le faltes al respeto.

Mi mirada debía de transmitir una certeza absoluta, incluso algo de temor, porque sentía respeto desde el miedo. Y jamás me había vuelto a pasar nada con él, pero una vez había bastado.

Mejor centrarse en la espada...

-¿Más fácil de contrarrestar? -inquiricé, curioso-. También es más rápida.

Alcé las cejas un instante cuando me llamó la atención, y no tardé en fruncir el ceño, más serio. Aquello era cierto. Tenía que centrarme.
Enseguida todo dio comienzo.

Prestaba atención a sus movimientos. En cuanto atacó, dirigí la hoja hacia la suya, para bloquearla, pero a medio camino ella cambió la trayectoria de su ataque. Abrí suavemente la mano derecha, de forma que la espada rotase, y que la hoja quedase mirando hacia abajo, llevándola de nuevo a la derecha para bloquear la suya. Una vez hube detenido el golpe retrocedí para asir la espada de forma normal de nuevo.

Desde luego, tenía más alcance. Era interesante. Tenía que lanzarme sin miedo. Aquel era el punto débil de Lea.
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Lea

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:33 pm

Su respuesta me hace estremecerme. La verdad, no lo habría imaginado. Y, pese a todo, no es descabellado. Aunque mi experiencia en Caligo no me dio grandes oportunidades de ver cómo funciona la isla, no estoy tan aislada del mundo como para no haber oído hablar del dictador. No es un sistema de gobierno que me guste (tampoco el de Ignis, pero lo considero algo más cercano a mi gusto), pero el principal problema no es el sistema, sino quien lo maneja, a mi parecer. Por otra parte, no me gusta hablar desde la ignorancia, así que me limito a asentir, sin hacer más comentarios.

-Sí, lo es -coincido, sin más. Considero que su velocidad no es algo de lo que deba preocuparme, aunque yo no pretendo infravalorarlo. De todas formas, sigue imponiendo menos esta espada, le guste o no.

Hace amago de seguir mi movimiento, pero reacciona a tiempo para parar el auténtico golpe. Tampoco esperaba alcanzarlo tan fácilmente. Retrocede tras bloquearme, creando una distancia. No le conviene mucho, pues yo llego más lejos, pero no voy a fiarme de las apariencias. Sé que es bueno. Con el ceño fruncido, voy avanzando hacia él, remando a ambos lados como prevención a posibles ataques. Estoy preparada para alcanzarlo remando, si tengo oportunidad, o bien para parar sus golpes de la misma forma.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:34 pm

Desde la distancia que yo mismo había abierto podía verla venir. La seguí con la.mirada, ladeándme por completo. Me gustaba más ir de frente, con Värdjas, pero la posición de esgrima reducía sus posibilidades de ataque. Podría tener dos filos, pero yo podía cubrirme con la espada por ambos lados.

Apreté la mandíbula, concentrado.
No esperé a que llegase y avancé yo mismo, con seguridad, empujando con la izquierda y adelantando la derecha, lanzando una estocada a su vientre.
Quizás su arma tenía dos hojas, pero su punto flaco, entonces, estaría en el centro, ¿no? No podía doblarla, y quizás aquello dificultase el detener un golpe como aquel. De todas formas, era una práctica, y solo la tanteaba.

Luego combatiríamos. Tenía ganas de aquello. De todos modos, tenía intención de controlar siempre los movimientos con el fin de no herirla. No me importaba llegar a rozarla con el arma, pero cortarla era otra cosa.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:35 pm

En mitad de mi avance me veo interceptada. No solo interceptada, sino contraatacada. De todas formas, no es nada que no tenga fácil solución. Adelanto ante mí el arma, ofreciendo como apoyo a su espada el centro mismo de mi empuñadura, en el espacio entre ambas manos. Me he llevado un buen montón de riñas por ese gesto, pero sigo poniéndolo en práctica. Es una forma esencial de defensa, a mi parecer, aunque suponga un riesgo. En su caso, la fuerza es mayor, así que tengo que retroceder un paso para afianzar mi postura.

Tampoco es que pretenda mantenerla mucho tiempo. Una vez he absorbido el golpe, o más bien, cuando aún lo estoy absorbiendo y aprovechando su empuje, pivoto ligeramente hacia la derecha, soltando la mano izquierda para dejar deslizar su arma en esa dirección. Así, su propia fuerza empuja la otra hoja hacia él, mientras que yo mantengo el cuerpo tras mi arma en todo momento. En cuanto el arma ha pasado, recupero la posición de la mano izquierda en la empuñadura.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 29, 2014 6:36 pm

Ensanchicé los ojos un instante, controlando el movimiento para que no recibiese el impacto al completo. El movimiento fue ágil ella logró evitar mi ataque, aunque había sido una maniobra peligrosa... De haberse resbalado mi arma por la suya podía haber habido un accidente. Pero tampoco tuve mucho tiempo para arrepentirme o preocuparme, porque ella atacaba de nuevo.
O no... Más bien el ataque venía solo, provocado por el mío. Me eché hacia mi derecha, notando cómo me rozaba la ropa. De haber ido en serio me habría dado, seguramente.

Retrocedí un par de pasos, primero, en guardia, recuperando la compostura. Tenía ganas de llevar aquello más allá, pero no quería ser un innoble tarugo que la tratase con violencia. Quería ayudarla a mejorar. Quería darle seguridad.

De nuevo, ataqué. El avance era de frente, para evitar que un simple retroceso lo impidiese, y la espada iba veloz hacia su hombro izquierdo, de arriba abajo, pero estaba pendiente de la reacción. Si ella iba a detenerla, con un giro de muñeca cambiaría el golpe para atacar al lado izquierdo de su cuello, y si no hacía amagos de detenerlo, sin embargo, continuaría con ello.
Era verdaderamente un arma ligera como una pluma en comparación con Värdjas.
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