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 Sala de entrenamiento

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Massen Dew
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Ago 30, 2014 3:15 pm

Para cuando entré en la sala de entrenamiento, aún estaba vendándome las manos para proteger los puños. Abrí la puerta empujando con el hombro, atando una de las manos, mientras sostenía con los dientes la otra venda. En lo que avanzaba por la sala, terminé de colocarla y procedí con la que quedaba que, por algún motivo, fue más fácil.

Me dirigí hacia los muñecos y arrastré uno hacia el centro de la sala. Era poco más alto que yo, así que no era una referencia muy buena (la mayoría de enemigos a los que me había enfrentado hasta el momento no eran de mi tamaño), pero quería empezar por el principio. Dejando estar el muñeco, me alejé un poco, recolocándome la primera de las vendas.

Comencé entonces a correr a su alrededor, haciendo círculos bien amplios para calentar. Corría hacia adelante, a un ritmo constante, y de vez en cuando giraba sobre mí misma y echaba a correr en la dirección contraria. Trataba de no hacer estos cambios siempre cada el mismo tiempo, sabiendo que era más útil no acostumbrar al cuerpo. Pronto fui cambiando, pasando a saltos, carrera en lateral, e incluso corriendo de espaldas, hasta que consideré que había calentado el cuerpo.

Comencé entonces con las articulaciones, desde arriba hacia abajo, tal y como había ido aprendiendo. Cuello, hombros, codos, muñecas, dedos, cadera, rodillas, tobillos. Una tras otra, movía en círculos, contando cada vuelta. Después, con unos saltos, relajé un poco en cuerpo para comenzar.

Me acerqué al muñeco sin pensarlo mucho y le dirigí directamente una patada contra las costillas, en un intento por barrerlo. Un intento fallido, por supuesto; no tenía tanta fuerza como para tumbar a un enemigo de una patada, después de todo. Intercalé, a partir de ese primer golpe, puños y patadas para enfrentarlo. El muñeco se bamboleaba, pero estaba bien fijado al suelo y no caía.

Al principio, los golpes eran instintivos, un poco al azar. Las patadas iban dirigidas en su mayoría a las costillas, rodillas o tobillos, aunque también golpeé alguna vez contra el vientre. Los puños, por su parte, estaban centrados en el vientre y la cara, y rara vez buscaban otros puntos. Poco a poco, fui buscando dar golpes más específicos, centrándome en aquello que Alehyss me había enseñado. Los golpes buscaban zonas del cuerpo especialmente débiles o sensibles, zonas que, de tratarse de una persona, sí podrían haberla hecho caer. Sentía el dolor en puños y piernas, pero eso era algo a lo que tenía que acostumbrarme; pegar a alguien también podía doler bastante.

*Se queda un tiempo y luego se va*

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Lloyd

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Dom Ago 31, 2014 1:59 am

El chrysos llevaba ya un buen rato en la sala de entrenamiento. Había ido antes de cenar, y a pesar de que se había propuesto no estar mucho tiempo, había terminado por entretenerse, probando diferentes estilos de combate.

Al principio, se había centrado en combatir con la espada. Al llegar a la sala, había colocado varios muñecos en el centro de esta, de forma que las figuras formasen un círculo no demasiado amplio, simulando que aquellos muñecos eran hombres que lo habían acorralado, como si fuesen bandidos o algo semejante. Tras colocarlos, y pensar su entrenamiento, el chrysos había trotado por la sala, calentando, manteniendo un ritmo estable; luego, durante unos minutos, movió las muñecas, asiendo ya la espada, también preparándolas para los movimientos que haría poco después. Una vez hubo calentado, el chrysos se situó en el centro del círculo, y comenzó a practicar.

La idea era simple: al estar poco separadas entre sí las figuras, Lyam pensaba en atacarlas una a una y en diferentes puntos, sin llegar a tocar en ningún momento a los demás muñecos, fingiendo que, de hacerlo, sería semejante a que un bandido lo golpease. Buscaba probar tanto su agilidad como su velocidad, y también el control que tenía con el mandoble. Debía, pues, moverse con rapidez, y golpear de forma precisa, tratando de atacar a los puntos más débiles que una persona tendría en algunos casos, e intentando golpear a partes menos peligrosas (brazos, piernas) en otros, procurando, de todas formas, que estos ataques no fuesen inútiles, sino que sirviesen para que un posible enemigo perdiese la movilidad, se desestabilizase y/o quedase desarmado. A medida que golpeaba a un enemigo, solo una vez siempre, avanzaba hacia el siguiente, y luego, habiendo terminado de atacarlos a todos, volvía sobre sí mismo con la mayor rapidez posible, buscando rematar a aquellos a los que inicialmente no había liquidado. En algún punto de este entrenamiento, el chrysos comenzó a incluir patadas y puñetazos, de forma que, cada vez que sus ataques no fuesen letales, un golpe los noquease, los tirara al suelo o algo semejante. No obstante, el objetivo de aquella parte no dejaba de ser practicar su agilidad, sus reflejos y diferentes movimientos con la espada, así que pronto volvió a centrarse solo en atacar con el mandoble.

En su segunda parte del entrenamiento, el chrysos, tras descansar un poco, decidió abandonar el mandoble y centrarse en el combate cuerpo a cuerpo. Así, tras volver a colocar los muñecos que había tirado, Lyam comenzó de nuevo a atacarlos. A diferencia de otras veces, el chrysos no basó su practica en los puños, sino en las patadas, buscando golpear a las figuras en diferentes puntos (pecho, rostro, costillas, pierna, tibia, muñecas). Era consciente de lo mucho que dependía de sus puños, y no quería que aquello pudiese suponerle algún problema en el futuro. En esta parte de entrenamiento el chrysos no se preocupó por seguir un orden, ni nada semejante, sino que solo buscó practicar las patadas, la fuerza y la precisión con la que las daba.

Cuando finalmente su cuerpo no pudo más, el chrysos se dejó caer al suelo, sudando y resollando. Permaneció quieto, boca arriba, observando el techo y pensando en mil cosas y en ninguna a la vez durante bastante tiempo, hasta que finalmente se puso en pie y abandonó la sala en dirección a los baños.

*se va*
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Elektra

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Dom Ago 31, 2014 2:45 am

Entré en la sala de entrenamiento con Jaogín entre mis manos. Ahora era una guerrera de Flavia y, por tanto, debía entrenarme aún más, para llegar a ser más y más fuerte y así defender a "mi señora". La puntería con el tridente era un factor imprescindible a la hora de dominar el arte del tridente. Al mismo tiempo tendría que encontrar formas de no perder mucho el tiempo recuperándolo, lo cuál podría marcar la diferencia entre una victoria y una derrota.

Le dediqué unos minutos a repartir varios monigotes de entrenamiento por la sala, de forma que simulasen varios objetivos -no podía ni llamarlos enemigos ya que no se movían-. Tenían diferentes tamaños, pero todos eran mayores que yo -lo cuál no era difícil-. Debía pensar en una forma de organizar mi estrategia para acabar con todos ellos en el menor tiempo posible, y mientras tanto estiraría un poco para evitar posibles dolencias futuras.

Seis eran los muñecos, y desde luego mi arma no permitía alcanzar como objetivo a más de uno cuando se trataba en combates a distancia. Debía jugar entonces con la velocidad de actuación, el cálculo de trayectoria de Jaogín y quizás algún hechizo que me ayudase a agilizar y dinamizar un poco el entrenamiento. Jaogín voló por el aire, dirigiéndose al más cercano de los muñecos, y mi cuerpo comenzó a avanzar inmediantamente después, lo cuál me permitiría ahorrarme algún tiempo para recuperar a Jaogín y continuar.

- ¡Pervatia! - una barrera a la izquierda del muñeco impediría el rango de visión de tres de los cinco enemigos que había dispuesto -además del que estaba ya atravesado-. Arranqué a Jaogín y me giré velozmente con él en las manos, apuntando violentamente hacia delante -la dirección que apuntaba la espalda del monigote recién apuñalado-. Me detuve.

Recoloqué a los muñecos simulando el movimiento que habrían realizado para acercarse hacia mí y "atacar". Estaba más o menos rodeada. Dos de ellos -los que no habrían pedido el rango de visión- estaban colocados directamente delante de mí, separados por la distancia de un tridente, y listos para ser derrotados. Un tridente no tenía por qué clavarse solamente, también podía barrer a los enemigos. Y así hice, con un movimiento horizontal de Jaogín logré con dificultad barrera a los dos muñecos y tumbarlos -no era muy buena idea hacer eso- y aproveché la fuerza del golpe para completar un giro de ciento ochenta grados y colocarme en frente de los otros tres.

- ¡Terro! - dos pedruscos de piedra se dirigieron hacia dos de los muñecos, tumbándolos. El nuevo hechizo me venía de maravilla, mi sonrisa me delataba. El muñeco del medio -el único que quedaba en pie- podría ser rápidamente derrotado con mi tridente, destripado.

Estaba bastante insatisfecha con el entrenamiento, no era una muy buena estratega a la hora de planificar combates y saber cómo reaccionarían, era algo que también tendría que entrenar. Quizás mis compañeras podrían ayudarme en esa tarea.

*Seguí entrenando, pensando en otras estrategias y me fui tras un largo rato*
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Elektra

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 01, 2014 3:04 pm

Entré en la sala de entrenamiento con Jaogín entre las manos. Lo había decidido, entrenaría mucho más para llegar a hacerme una guerrera poderosa. No bastaba con un solo entrenamiento, ni dos, ni tres... Si quería ser la chica de Flavia más poderosa tendría que entrenar todos los días.

El entrenamiento de hoy se volvería a centrar en practicar la puntería y el cálculo de trayectoria de Jaogín. Esta vez dejaría de lado la estrategia, y me centraría solamente en acertar mis objetivos. Cogí varias de las dianas de mayor tamaño que había en la sala, que parecían estar ya hechas para esta clase de armas. Las coloqué a distintas distancias, ángulos y posiciones, de forma que intentaría alcanzarlas con Jaogín desde la misma posición.

Me coloqué en un punto de la sala, estaba rodeada por dianas. ¿Por cuál podía empezar? Quizás debería ir de más fácil a más difícil, empezando por las más cercanas y atreviéndome con las más giradas y alejadas. Era todo un reto para mí, pues la puntería no era precisamente uno de mis fuertes, y por eso debía entrenarla.

Lancé varias veces a Jaogín, consiguiendo pocas el resultado que buscaba. Aquéllo era más difícil de lo que parecía. Intenté imaginar que eran enemigos, luego las caras de las chicas de Flavia y, por último, la cara de Errald. Pero nada, había fallado muchas de ellas, acertando sólo en la propia Flavia y, como no, en la del parvus. No había duda de que las largas distancias eran uno de mis puntos débiles, debía entonces fortalecerlo para no decepcionar a mi señora... Me reí de mi propio pensamiento, el palacio estaba teniendo estragos en mí, sin duda. Esa sería otra cuestión que debería trabajar en otro momento.

*Se queda entrenando*
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Cero

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 01, 2014 3:16 pm

Abrí la puerta con mucha fuerza.

- ¡Me estoy meando! - Grité mientras entraba corriendo, pero... ¿dónde estaban los baños? Además, había una chica, bajita -. - mi dedo estaba señalándola -. ¿Qué haces aquí? Este es el baño de los chicos, así que si quieres mear no lo hagas aquí.

Aunque la verdad... El sitio no se parecía mucho al baño... Quizás se había confundido, porque estaba lanzando un tridente hacia unas dianas. Me acerqué a ella y tuve que bajar la cara para mirar la suya. No estaba mal, para ser tan bajita.

- Soy Cero Rein, el poderoso mago de Brontë, caballero de la justicia y servidor directo del príncipe Svend - me presenté extendiéndole la mano -. ¿Y tú?

Me quedé en frente de ella, contemplándola, a ella y a su tridente.
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Elektra

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 01, 2014 4:31 pm

Tenía que inclinarme un poco más, y aprovechar mas el impulso para acertar. Iba a lanzar a Jaogín cuando entonces escuché un grito en la sala. Mi cuerpo reaccionó inconscientemente girando sobre sí mismo y apuntando hacia el intruso. Sin embargo, mi mente tardó poco en procesar las palabras, que más que de un intruso parecían de un imbécil.

Era un claritas, con voz molesta y aspecto infantil. ¿Qué decía? Solté una bocanada de aire a modo de suspiro, para después sonreír -cada vez me costaba más hacerlo con la gente imbécil-.

- Hola, Cero - respondí con tono dulce y amable -. Soy Elektra Samon.

Estaba señalándome con el dedo, ¿quién se creía que era? Dudé un segundo en agarrarle la mano, pero desafortunadamente acabé dándosela. Cuando acabó de presentarse, no sabía si creérmelo o no, es decir... No conocía al príncipe Svend, pero suponía que tendría más decencia que... eso.

- Creo que te has equivocado, esto es la sala de entrenamiento - me fijé en su cara de bobalicón de nuevo -. Para entrenar.

Le señalé a Jaogín por si todavía no había quedado claro, pero supongo que si era tan poderoso como el decía, tendría que conocer la sala. De hecho, allí a mí lado, quizás podría demostrarme lo "poderoso" que era. Sonreí.
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Cero

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 01, 2014 5:36 pm

La chica me apuntó con su tridente, aunque poco tiempo, parecía que al percatarse de que estaba ante el hombre más bello y poderoso de Mithos no tenía nada qué hacer. rechisté con la cabeza ante lo que decía la jovencita Elektra y luego me empecé a reír a carcajada suelta.

- Cero Rein nunca se equivoca - y otra vez, lo que acababa de decir era cierto - simplemente confunde a sus rivales.

Estaba claro, había entrado en esa sala diciendo aquellas cosas para despistarla, al fin y al cabo, la sal de entrenamiento estaba para combatir. Aunque lo que no me esperaba es que hubiera una chica.

- Y tú - volví a señalarla con el dedo índice de la mano... ¿derecha? ¿Izquierda? Bah, con una mano -. ¡Eres mi rival de un día! ¡Y te derrotaré!

Con la otra mano señalé al cielo, di una vuelta sobre mi mismo y finalmente me agaché para volver a mi posición inicial.

- Esta es la danza de la guardia claritas del príncipe Svend, !dicen que fue así cómo se quedó soltero para toda la vida! - Empecé a reírme, era el chiste que siempre hacía mi hermano, pero yo la verdad, nunca lo había entendido -. Y como eres una chica, empiezas tú, ¿vale?
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Elektra

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Lun Sep 01, 2014 6:50 pm

Me reí con simpatía ante sus palabras, aunque realmente lo que sentía era vergüenza ajena, y eso que no había nadie más que nosotros dos -o a lo mejor estaba rodeada por sus amigos imaginarios. Volvió a señalarme con su dedo, ¡qué pesadez de crío! Di un paso hacia atrás, y la verdad es que estaba costando un poco mantener la sonrisa.

Quería pelear, ¿contra mí? Alcé una ceja sin borrar la sonrisa de mi cara. ¿Había venido a interrumpir mi entrenamiento para que entrenase con él? ¿No quería ir al baño?

Reí inocentemente.

- No creo que me atreva, si es cierto lo que dices, debes de ser un hombre muy fuerte - la verdad era que no me apetecía tener que tocar a ese chico, serían demasiadas molestias en un mismo día.

Entonces realizó un baile de lo más ridículo. Mi sonrisa pasó de inocente a incrédula, ¿qué se suponía que estaba haciendo? Al menos ahora ya tenía claro que todo el rollo ese de guardián claritas y no sé que más era una patraña. Quién sabía... Se rumoreaba que el príncipe Svend tampoco estaba muy bien de la cabeza.

Di dos pasos más hacia atrás, cualquier distancia con ese hombre era poco, y ya estaba viendo que iba a tocarme en cualquier momento.

- Aunque podría intentarlo - recuperé de nuevo la inocencia que teñía mi voz, cada vez tenía más ganas de ver a Cero atravesado por mi tridente.

FdR- Rol pausado
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Cero

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Mar Sep 02, 2014 1:50 pm

Vaya, vaya... Empecé a reírme, la pobre chica tenía miedo de qué pudiera hacerle daño, pero parece que después de meditarlo en su cabeza decidió acceder. Le gustaban los retos...

- Tranquila, seré consecuente, no me gusta hacer daño a las chicas - ella se alejó y yo hice lo mismo, no podía darle una paliza, era una chica guapa, pero tampoco iba a perder por ella.

Ella sería la primera en empezar, se lo había prometido y el gran Cero era fiel a sus promesas.

- ¡Cuándo quieras! ¡Tranquila, no me harás daño! - Volví a reírme, pobrecita, seguro que estaba temblando de miedo. Y no me extraña, yo también lo haría si tuviera que enfrentarme contra mí mismo.

Me coloqué en una pose defensiva, sólo por guardar un poco de respeto a la chica bajita que, por cierto, no era la única en el palacio.
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Mar Sep 02, 2014 2:37 pm

Sonreí, el que debería tener cuidado era él, no yo. Comencé a correr hacia él con Jaogín por delante. Me estaba acercando a él, sin más estrategia que eso, quería ver de qué era capaz el claritas de cerebro minúsculo.

Cuando lo tuviera en frente, seguramente apreciaría su olor a estupidez, lo cuál me hacía dudar de si realmente quería atacarle cuerpo a cuerpo, pero ya había comenzado a correr. Llevaba puestas las botas que había conseguido en la misión aquélla, todavía podía recordar la nauseabunda peste que soltaba la baba de aquel monstruo. Mi tridente entonce se deslizaría hacia delante, dirigido hacia su estómago.

Conocía los encantamientos de la sala y sabía que un golpe dirigido hacia su estómago, incluso acertando, no llegaría a darle por motivos de seguridad -aunque bien que se lo merecía-. Era mi primer entrenamiento contra alguien como chica de Flavia, así que no podía perder; el honor de Flavia me daba igual, pero debía mantener el mío a toda costa.
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Cero

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Mar Sep 02, 2014 2:52 pm

Elektra comenzó a correr hacia mí apuntándome con su tenedor gigante. Pobrecillo aquél que recibiese una estocada de ese mastodonte, ¡pero yo desde luego lo evitaría! Cuando se acercó lo suficiente me moví hacia mi izquierda y hacia atrás al mismo tiempo, con un pequeño saltito. Normal que tuviera miedo de pelear contra mí, se notaba su inexperiencia en el combate a leguas.

- Cierra los ojos - conjuré un Ebrain aitchbrëa que cegaría a la parvus, quiero decir... a la chica bajita.

Ya lo había hecho otras veces y sabía que tenía aproximadamente unos cinco segundos para corretear, y así hice. Entre sprints y saltos me coloqué en su espalda, a unos dos metros aproximadamente.

- ¿Dónde estoy? - ahora era el turno de un Suuchi. Me quedé ahí de pie, mirando su espalda, tenía un pelo dorado muy bonito, y además su pose parecía la de una heroína. ¿Sería acaso Elektra mi futura mujer?
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Elektra

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Mar Sep 02, 2014 3:12 pm

Cero pegó un salto hacia atrás. Sonreí, ¿sólo eso? Salté entonces yo también -aunque en mi caso hacia adelante y hacia la derecha en el mismo salto- al mismo tiempo que hacía retroceder a Jaogín para luego golpear al claritas desde un lateral. Me dijo que cerrase los ojos, ¿es que iba a hacer un...? ¡Agh! Todo se iluminó de repente, y forcé mis párpados al momento. Eso era malísimo para las arrugas, y no iba a permitir que me lo volviese a hacer.

La estupidez de hechizo me detuvo por un momento e hizo que cuando mi tridente fuera a golpearle el estúpido Cero ya no estuviera allí. Temí que aprovechase mi momento de debilidad para lanzarme otro hechizo, no soportaba no poder ver lo que pasaba. Sin embargo, el muy estúpido volvió a hablar, y para entonces ya pude abrir los ojos. Su olor, su voz, todo apuntaba a que estaba en mi espalda. Sonreí, di una vuelta sobre mi misma.

- Me pregunto dónde... - di un paso - estarás...

Podía sentir su olor en frente de mí, casi tocándome. Era asqueroso, repugnante.

- Pervatia - conjuré, haciendo que el muro de piedra se irguiese detrás de él.

Entonces, con la mano libre, le asestaría un puñetazo en el estómago, para que pudiera saborear el poder de la fuerza parvus.
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Cero

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Mar Sep 02, 2014 5:08 pm

Ja, pobrecilla, pequeña e inocente Elektra. Parecía desorientada y sin embargo se dirigía hacia mí con bastante seguridad. Se colocó entonces delante de mí, y conjuró un hechizo que no sabía para qué servía. Sentí algo en mi espalda moviéndose, pero no me giré, pude comprobar lo que era cuando el puño de Elektra se clavó en mi barriga para empujarme hacia atrás y que me volviese a golpear contra la pared de púas que Elektra había creado.

- ¡Ay!¡Espera, no es justo! Sólo puedes usar magia de luz, lo otro es trampa... - Tenía que devolverle el ataque, pero no podía, no a mi futura mujer.

Mi madre siempre me había dicho que si mi padre se casó con ella es porque era más bajita que él, yo tenía que seguir la tradición. Pero no podía asustarla, tendríamos que tener por lo menos cien citas, ¡una más que mis padres!

- Si te venzo... - de nuevo, la habitación se lleno de luz radiante, pero cegadora para ella - prométeme que tendrás una cita conmigo.

Salí corriendo para alejarme rápidamente de ella, me dolía un poco el estómago y la cabeza, pero no había nada que el fantástico Cero no pudiese superar.

- ¡Será la cita número uno! - Y mi cuerpo volvió a hacerse invisible, aunque esta vez a una distancia mucho más prudente de ella. Aún no entendía cómo podía haberme visto, quizás los ojos de los parvus eran mágicos.
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Elektra

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Mar Sep 02, 2014 5:18 pm

Le había dado, y luego se golpeó la cabeza con el pervatia, haciendo que una sonrisa brotase de nuevo en mi cara. Sin embargo... pareció haberle afectado poco, ¿cómo era posible? Las únicas veces que tocaba a alguien era para hacerle daño, mucho daño.

Soltó unas palabras estúpidas y volvió a cegarme, ¿pero cómo? Ni si quiera necesitaba pronunciar el nombre del hechizo. Salió corriendo, pero por su olor sabía en qué dirección se había marchado. Me giré hacia él, con los ojos bien cerrados. Tendría que echarme doble dosis de crema hidratante hoy si quería dormir tranquila.

- ¿Una cita? - Solté una pequeña risa con tono dulce, ni loca iba a ir a una cita con ese cerebro de mosquito. Coloqué mis brazos en cruz en frente mi cara para protegerme por si lanzaba algún hechizo o arma hacia mí mientras yo estaba ciega. ¿Cómo podía estar perdiendo el combate? Tenía que hacer algo...

- Primero tendrás que derrotarme - la luz había desaparecido, mis ojos cerrados se destensaron y abrieron, adaptándose a la luz de la habitación. Comencé a caminar lentamente hacia el origen del olor.

- Terro - dos rocas de tamaño medio aparecieron del suelo, lanzándose hacia el frente, a ver si, por lo menos, una llegaba a darle.
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Cero

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Mar Sep 02, 2014 5:29 pm

¡Sí! ¡Elektra había aceptado el trato! Eso significaba que ya tenía justificación para derrotarla, y dejar de jugar al escondite, que siempre acertaba y era aburrido... ¿Cómo sabía que estaba allí? Es que en serio... ¡No era justo! Salí corriendo deshaciéndose así el hechizo de invisibilidad, pero logrando que no me alcanzasen sus hechizos.

- ¡Te dije que sólo hechizos de luz! - el tercer Ebrain aitchbrëa del combate, hacía mucho tiempo que no usaba tanta magia en un combate, y eso que había matado a un dragón gigante de ocho cabezas la semana pasada.

Estaba cegada, y corrí rápidamente hacia ella, ya me daba igual esconderme, total... siempre me encontraba. Iba a agarrarla con un abrazo, pero el tenedor gigante me daba un poco de miedo. Era el momento de acabar el combate. Cuando estaba a unos cuatro metros de su espalda extendí la mano hacia ella.

- ¡Ten cuidado! - un Clair ëm yäk salió de mi mano y se dirigió a gran velocidad hacia ella. Estaba perdida, nadie podía un golpe con la magia del maravilloso Cero.


*fundido*
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Corbin

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Miér Sep 10, 2014 9:30 pm

Corbin entró en la sala de entrenamiento con su aire habitual, dispuesto a llevar a cabo sus ejercicios habituales. Comenzó con un calentamiento, limitándose a correr por toda la sala, aprovechando al máximo la amplitud de la misma. Tomaba distintos ritmos, cambiaba de dirección, probaba con saltos y, de vez en cuando, regulaba la respiración y el pulso.

Cuando dio estos ejercicios por finalizados, comenzó con aquellos que tenían más relación con articulaciones, y que, por cómo había aprendido a luchar, solía ligar a los movimientos básicos de lucha cuerpo a cuerpo. A los originales movimientos de brazos y torso, Corbin había añadido, no hacía tanto, movimientos de piernas, de forma que el completo del entrenamiento se enfocaba tanto en patas como en puñetazos.

Aún no había comenzado con los puños de acero, que solía reservar para la segunda mitad del entrenamiento, cuando escuchó una voz. Corbin frunció el ceño, mirando alrededor, pero la sala estaba vacía. Continuó, pues, con sus ejercicios, aunque atento a sonidos extraños. La voz no tardó mucho en repetirse. Esta vez Corbin la localizó y avanzó hacia ella. Hacia una... ¿caja?

Con cierta desconfianza, y ante la insistencia de aquella voz, Corbin se puso los puños y abrió lentamente la tapa de la caja, dispuesto a inmovilizar a quien saliera de ella. Un extraño viejo surgió de la misma, y Corbin se lanzó contra él sin dudarlo, dispuesto a reducirlo. Y, sin embargo, pronto encontró que, aunque pareciera débil y lloriqueara, se escurría y lo evitaba con cierta facilidad. Sin embargo, Corbin no le dio oportunidad de explicarse hasta pasado un tiempo.

Cuando, por fin, cedió y dejó hablar al hombre, Corbin supo en qué consistía todo aquello. Seguía mirándolo con cierto reparo, y ante su oferta de combate, el claritas permaneció en silencio. Por último, echó una mirada a su alrededor y avanzó hacia la armería, haciéndose con una espada.

-Quiero un enfrentamiento de espadas con Rick Dehnel -reclamó.

Pronto descubrió que, efectivamente, el flamma se hallaba ante él, dispuesto a batirse en combate. Corbin tuvo que apurarse para hacerle frente, pues el flamma cargaba ya contra él. Siguiendo las escasas nociones que el claritas tenía en esgrima, lo enfrentó durante un tiempo, viendo cómo aquel extraño Rick continuaba ataque tras ataque, incansable e imparable. Al final, viéndose reducido en cuanto a espadas, Corbin acabó por deshacerse de la suya y lanzarse contra él con los puños, parando con sus protectores el arma del flamma y y tratando de tumbarlo una y otra vez, incansable él también, sin fijarse en el desgaste que aquello le estaba causando.

Cuando, en un momento de lucidez, Corbin pudo expresar que había sido suficiente, Rick desapareció sin más, y el extraño ser volvió a su caja. Corbin quedó un momento más en el suelo, con el cuerpo magullado y en tensión, maldiciéndose por haber detenido aquello. Aún continuó un tiempo más entrenando por sí mismo hasta que decidió (o se obligó a decidir) que había sido suficiente.

Dejó entonces, con cierta rabia, la espada en la armería y salió trotando de la habitación, manteniendo aún algo de energía. Necesitaría un tiempo más antes de recuperar la cabeza fría.

*Se va*

FdR- Entiendo que esto ocurre en un tiempo diferente al enfrentamiento Cero-Elektra.
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Alexander Price

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Sep 13, 2014 8:31 pm

Entro en la sala de entrenamiento no sé muy bien a qué.
Me acerco a la caja de armas y escojo una.- Tsk...- No tengo ni idea de cómo usar cualquier arma de filo. Siempre estuve familiarizado con mis púas y ahora no las tengo. Aprieto los labios y tiro de mala manera la espada de nuevo a la caja. No soy malo en magia, pero tampoco me he parado a estudiar magia. Si soy sincero: no me gusta pelear. Y menos tullido.

Me miro la mano de cobre, inerte.

*se queda*
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Nagorr
Jefe de Raza
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Sep 13, 2014 8:43 pm

Me aparezco a su espalda, completamente serio, incluso con el gesto algo sombrío. Hace tiempo que no sonrío como antes. Incluso mi barba ha cambiado, y no ha sido cosa mía. Ahora ha crecido, pero apenas sobresale un par de centímetros por debajo de la barbilla. No puedo trenzarla como antes, pero la llevo arreglada de todas formas, mientras crece.

-¿Has decidido hacerr algo además de tus tarreas de limpieza -inquiero, acercándome al chico, poniéndome a su lado, y mirándolo de reojo-, Alexanderr Prrice?

Uno más de los guerreros que han fallado a Brontë. Ya son demasiados. Me cansa esa sensación de frustración creciente, esa impotencia. Y, viendo su mano mutilada, no me siento satisfecho. El castigo físico no cambia el pasado. Yo no hago las cosas como Aren, pero tampoco voy a contradecirlo.

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~~Brum Brum Brum~~
~~Nagorr Brumm~~
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Alexander Price

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Sep 13, 2014 8:56 pm

Me sobresalto ligeramente al escuchar su voz, pero rápidamente me recompongo y adquiero un semblante serio de nuevo.- Eso depende de si soy apto para luchar o simplemente para limpiar.- Respondo con tranquilidad.
Desde que he vuelto a Brontë no conozco bien mi papel en él. - No sé de qué forma debo "servir" a Brontë. No sé si en el sentido más literal de la palabra o... algo más.- Le miro con seriedad.
No quiero ser un criado eternamente.- No paro de preguntármelo. ¿Usted qué cree?

- Conozco su amistad con el Líder Darvenwish. Doy por hecho de que está enterado de mis fechorías.- Continúo. - ¿Confía en mi, lider Brumm? ¿Confía Brontë en mi? Si es así, deme una segunda oportunidad.

He tenido la suerte de toparme con uno de los peces gordos y no pienso desaprovecharla.
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Nagorr
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Sep 13, 2014 9:23 pm

Sí llego a esbozar una sonrisa cuando empieza a hablar, cuando dice la primera frase, a la que sigue una pequeña risa. Desde luego, no esperaba divertirme tan pronto.

-Dada tu prrocedencia, incluso dirría que no erres el más apto parra limpiarr de los que hay porr aquí -comento, acariciándome un poco la barba-. No obstante...

Niego un par de veces, sin decir nada, y comienzo a caminar, acercándome a un estante en el que reposan distintos tipos de hachas. Está un poco alto para que pueda alcanzarlas, pero tampoco quiero cogerlas. Y en caso de querer, por supuesto, podría hacerlo.
Me vuelvo hacia él, con una sonrisa torcida, y un brillo de interés en los ojos.

-Me gusta la gente dispuesta a lucharr, señorr Pride. Esto es un ejérrcito, aunque a veces parrezca que ni sus miembrros crreen que así sea -. Me vuelvo de nuevo hacia él. Ahora nos separan unos cinco metros. Lo miro con interés-. Y también entiendo que parra alguien de su nivel el estarr limpiando los desperrdicios de otrros puede serr considerrado un insulto. Perro no crreas tampoco, Alexanderr, que porr serr yo uno de los más interresados en contarr con activos de sobrra voy a desautorrizarr a otrro de los líderres, el líderr de tu rraza, librrándote de un castigo que él te ha impuesto. Dados los acontecimientos más rrecientes, y teniendo en cuenta tu historrial, podrría decirr que tu palabrra no vale nada ahorra mismo.

Dejo ir una pequeña risa, áspera, y termino de acariciar mi barba, pasando a cruzarme de brazos. Resulta realmente interesante, bien pensado.

-Nadie confía en ti, Alexanderr. Limpiarr un parr de baños no harrá que nadie confíe en ti. Perro si quierres que confíe en ti, yo, solo yo, entonces quizás haya algún modo de que me prruebes algo. Y entonces quizás pueda hablarr con Aren, de líderr a líderr, y no de amigo a amigo. Porrque a mí me da igual de qué rraza seas. Aquí todos sois iguales a mis ojos.

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Alexander Price

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Sep 13, 2014 9:41 pm

Me ahorro cualquier comentario innecesario y le escucho en el más absoluto silencio. Recto, alto, tieso.
-¿Probar?- Me pica la curiosidad.- ¿Qué debo probar?- Comento postrando mi mano de cobre hacia él.- Creo que es una prueba suficiente. Míreme. Sin armas. Sin una mano. Limpiando. ¿Qué más necesita?- Pregunto escéptico.

Le miro con estrañeza. El líder parvus me parece un viejo excéntrico y algo tarado. Lo disimula bien, pero es, sin duda, el más peligroso de toda esta cuadrilla. O al menos es la impresión que me transmite. Esa mirada...
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Nagorr
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Sep 13, 2014 10:11 pm

Guardo un momento de silencio, con una sonrisa entretenida. Parece que esté pensando, realmente, aunque tengo bastante claro lo que voy a decirle. Es sencillo.

-Porr supuesto, en prrimerr lugarr me gustarría que parrticipases en algo más que la limpieza de Palacio, perro eso no serrá difícil. Acude a una misión, ayuda a los guerrrerros como uno más, entrrena, perro no abandones tu puesto de serrvicio de momento. Te perrmitirré, como prrueba de buena fe, rrealizarr las tarreas prropias de un guerrerro. Porrque me sirrves más como guerrerro que como barrrenderro, Alexanderr. Si quierres volverr a serr un guerrrerro, prrimerro muestra que puedes serr un buen guerrrerro, perro sin abandonarr tu obligación.

Y luego, una cosa más. No es mi intención ser cruel. Me gusta ser comprensivo. Mi intención es ser un líder, pero no un dictador. No me gusta cortar manos. Prefiero otras cosas.

-Si quierres volverr a serr un guerrrerro tendrrás que seguirr siendo Alexanderr, pero no Prrice. Tu título pasarrá a mis manos, y si abandonas, si traicionas, si huyes..., ni tu título, ni tu apellido siquierra te quedarrá. Ya has trrabajado con tus prropias manos, no crreo que un apellido sea tan imporrtante ahorra como cuando llegaste. Perro pasarrás a serr, a todos los efectos, como los demás.

¿Y no sería incluso un alivio? Si volviese a traicionarnos con su apellido este quedaría demasiado manchado, para siempre. Es hasta un favor, según se mire. Pero no quiero que por recuperar un puesto como guerrero recupere también un orgullo innecesario.

-Si aceptas y cumples hablarré con el señorr Darvenwish.

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Alexander Price

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Sep 13, 2014 10:42 pm

-Eso puedo hacerlo.- Comento resuelto ante su primera petición, con un gesto de mi mano lanzando mi coleta con chulería por el aire.

Lo segundo ya me molesta más. Me paso la lengua por los labios para luego llevarme una cara a la mano. Pensativo. Mi mente trabaja rápido para encontrar una solución a aquella propuesta. -Sólo con la condición que cuando todo esto acabe, mi título me sea devuelto y que nadie se entere de esto.- Le tiendo la mano de cobre para cerrar el trato. Sin embargo tengo una última petición.- Usted, líder de la tierra. Haga algo con mi mano. Sino... ¿Qué sentido tiene que sea un guerrero si moriré el primero por no poder defenderme?- Hago una pausa y le mantengo la mirada.- Por favor.- Introduzco, con porte altivo, imitando a Darvenwish en mayor o menor medida.









FDR: A partir de ahora Nagor será Nagorr Price xDDDDDDDDDDDD
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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Sáb Sep 13, 2014 11:03 pm

Dejo ir una risa áspera, asintiendo, sin quitarle los ojos de encima.

-Porr supuesto. Se te devolverrá. Si cumples. No tengo ningún interrés en torrturrarte sin motivo. No me gustan esas cosas. Es solo un segurro.

Cuando me muestra su mano la miro curioso. Me acerco a él y la observo, atusándome la barba. Tras una leve duda, pronuncio unas palabras, apoyando la diestra sobre el cobre. Pasan varios segundos antes de que la suelte, y alzo la vista hacia Alexander de nuevo.

-Podrrás abrrirla y cerrarla, nada más, como una pinza. Parra algo más elaborrado necesitarré un poco más de tiempo, entrre otrras cosas -explico, tranquilo, pero con una sonrisa desafiante-. Ahorra tengo que irrme, perro nos verremos prronto, Alexander Kettleburn.

Un instante después no queda nadie más que él en la habitación.

*desaparece*

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Alexander Price

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MensajeTema: Re: Sala de entrenamiento   Dom Sep 14, 2014 12:19 am

-De acuerdo.- Finalizo el trato.

Noto como una magia densa fusiona el metal a mi cuerpo de una manera extraña y mágica. No sabría explicarlo muy bien. Una sonrisa de victoria se dibuja en mi rostro. Menos da una piedra. Y nunca mejor dicho.

Sin embargo mi felicidad desaparece de un golpe al escuchar aquellas palabras.¿Qué significada aquello? - MALDITO...- Chillo en cuanto desaparece, dando una fuerte patada a la caja de madera donde se guardan las armas, haciéndome un poco de daño.
Me dejo caer de rodillas.

¿Hasta cuando me va a perseguir la sombra de ese piscis? ¡Ojalá se pudra en el inferno! ¡Ojalá desaparezca!

Chillo, enfadado.
¿Acaso ahora debía portar aquel desacato de apellido?

Me tomo unos minutos para reflexionar en todo aquello y, en silencio y con gran pesar, abandono aquella sala.
Silvanus Kettleburn: te mereces la peor de las muertes. Te mereces todo lo que te ha pasado.

*se va, muy jodido*
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