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 A Ciudad Nevada.

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MensajeTema: A Ciudad Nevada.   Mar Sep 23, 2014 3:17 am

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BARRIOS BAJOS

Los guerreros aparecieron en la entrada de los barrios bajos, en lo alto de una ancha calle que se bifurcaba en otras más estrechas en su empedrado descenso a las zonas marginales de la ciudad. A diferencia de otras veces, los guerreros no habían viajado al continente, sino que habían sido transportados hacia unos segundos mediante magia. Después de que hubiesen sido llamados por la líder piscis, el pequeño grupo había sido guiado a una pequeña sala, donde el líder Svend los esperaba detrás de un lustrado cáliz que arrojaba una vaporosa luz azulada sobre las paredes y el suelo del oscuro habitáculo. Tras unos segundos en silencio, en donde los muchachos pudieron ver al claritas desaparecer y reaparecer cargado con cinco zurrones, la líder piscis comenzó a hablar; con absoluta seriedad y mirándolos fijamente de uno en uno, les contó que la guardia de Aqua llevaba meses investigando diferentes sucesos que se creía que podían tener relación con el llamado NeoMithos, que habían localizado el hospedaje de algunos sospechosos y también un posible lugar de reunión de los hipotéticos miembros, quienes, según sus informaciones, se encontrarían hoy mismo al mediodía. Mientras la líder hablaba, Svend, en el más absoluto silencio, les iba entregando un zurrón a cada guerrero, curvando brevemente los labios al hacerlo; si los guerreros los abrían, podrían encontrarse con diferentes prendas invernales, entre las que destacaban unas gruesas capas de color negro.

—Vuestro objetivo es encontrar información y capturar rehenes —había dicho la mujer—. Para ello contaréis con la ayuda de la guardia de piscis, que se encontrará con vosotros en cuanto lleguéis.

Blues observó de nuevo al pequeño grupo que tenía frente a ella, esperando preguntas, dispuesta a responder a todas sus dudas. Una vez los guerreros se hubieron expresado, la mujer le cedió la palabra a Svend, que explicó en qué consistían aquellas prendas que acababa de entregarles, manteniendo un semblante serio a pesar de lo orgulloso que sonaba. Al igual que la piscis, aguardó pacientemente por si alguien tenía alguna duda, y tras responder a las posibles preguntas de los muchachos, se volvió hacia su compañera, asintiendo brevemente. Fue entonces cuando la líder piscis se dirigió de nuevo a los guerreros.

—Ahora Svend os llevará a vuestro destino. —Con la cabeza, señaló el caldero—. Tened cuidado. No sabemos la fuerza que tienen vuestros adversarios.

La líder esperó unos segundos por si alguien quería añadir algo más; luego, tras esbozar una breve sonrisa, se desvaneció, dejándolos a solas con el claritas, que rápidamente se dispuso a explicarles el funcionamiento del cáliz, el cual resultó bastante sencillo: ellos, al final, no tenían que hacer más cosa que tocar la caldera y esperar a que el líder conjurase el hechizo. Entonces, tras un breve parpadeo, se encontrarían en Ciudad Nevada.

—Haréis la vuelta de la misma forma. La guardia de Aqua ya está informada, y disponen de los medios, así que no os preocupéis —aclaró, sonriendo ampliamente, amable. Soltó una breve risa—. No pienso abandonaros en un lugar tan frío, Mithos me libre.

Svend les dio unos segundos para que se pusiesen las prendas que les había entregado si así lo veían necesario. Una vez todos estuvieron listos, dispuestos alrededor del cáliz, con las manos tocando su fría superficie, el líder dijo:

—Buena suerte.

Y un segundo después los cinco aparecieron en Ciudad Nevada, en la misma posición que habían formado alrededor del caldero. No tuvieron tiempo para decirse mucho, pues pronto aparecieron dos miembros de la guarda, un muchacho joven y una mujer bastante mayor, que fue la que se dirigió a ellos. La mujer tenía la voz grave y les recordó lo que Blues les había dicho mientras el joven sonreía detrás suya, asintiendo de vez en cuando, con las manos tras la espalda y balanceándose con los pies. Cuando su compañera terminó, el muchacho pareció tomar el mando: comenzó a andar, en silencio, dando largas zancadas, pidiéndoles con un gesto que le siguiesen; la mujer se dispuso al final de la marcha.

El grupo permaneció en la ancha calle hasta que llegaron a la tercera de las bifurcaciones, en la que tomaron la calleja situada a su izquierda. A pesar de su estrechez, a ambos lados de la calzada se apiñaban altas viviendas destejadas con ventanas rotas y fachadas agrietadas y desconchadas que dejaban ver parte de la madera que conformaba el esqueleto de las construcciones, pero con signos de que estaban habitadas: por las ventanas y puertas rotas, los guerreros podían ver sillas, mesas o diferentes tipos de camastros, y si alzaban la vista y estrechaban los ojos, se encontrarían con largos hilos negros atravesando la calle; en alguno de ellos verían hasta camisas o faldones colgados, pero lo que probablemente más les llamaría la atención sería el débil olor a caldo cociéndose que salía de varias viviendas. No parecía, sin embargo, haber nadie en ninguna de ellas, y pronto los guerreros fueron conscientes del fuerte silencio que los envolvía: a pesar de la temprana hora y del relativo buen tiempo, pues no nevaba y el frío no llegaba a picar la piel, no se oía nada más que sus pasos, y en las calles no se veía a nadie. Los guardias no hacían comentarios al respecto, pero si alguno de los guerreros conociese la ciudad, podría notar lo extraño que resultaba, pues aquella era una de las zonas más bulliciosas de la capital, y normalmente las estrechas y oscuras callejas estaban abarrotadas de gente hasta casi el amanecer, cuando los suburbios se dormían finalmente.

Avanzaron en silencio por la calleja, sin detenerse, y pronto la calle se abrió a una más ancha, bordeada de construcciones más bajas y enteras que las que acababan de ver; algunas de las edificaciones tenían carteles en las puertas donde podía leerse “posada” o “taberna” en letras grandes y llamativas. Una oficial estaba apoyada en la puerta de una de las posadas, cruzada de brazos; frente a ella, y en forma de semicírculo, una veintena de guardas armados la escuchaban con atención. Los guerreros no podían escuchar qué era exactamente lo que se decían, pero sí podían intuir, por el semblante de la oficial y la posición de sus inferiores, que la mujer les estaba dando órdenes.

El guarda que los había guiado se detuvo un segundo antes de hacer un gesto. Cuando la oficial lo vio  hizo un leve asentimiento, y tras decirle algo a sus subordinados, el grupo se dividió en dos: uno de ellos, formado en su mayoría por arqueros, entró en la posada en la que antes se había apoyado la oficial; el otro, siguiendo los pasos de la mujer, se acercó a los guerreros. Al ver de cerca a la oficial, los muchachos pudieron ver que en las manos llevaba varios pergaminos usados.

Buenos días. Gracias por venir —dijo, sonriendo. Su voz era suave y dulce, extrañamente tenue, y sonaba como si estuviese a unos cuantos metros de ellos a pesar de la cercanía—. Yo soy Polka, y estos —Con la derecha, señaló el grupo que tenía detrás— los guardas que nos van a acompañar hoy. —Varios sargentos inclinaron la cabeza, en una breve reverencia, serios—. Como imagino que ya sabréis, estamos aquí para capturar a algunos... Fanáticos que nos han estado dando varios problemas. —Polka ensanchó la sonrisa—. Ya hemos registrado la posada donde se alojaban algunos de ellos, y hemos encontrado algo de información que enviaremos cuanto antes a Brontë, pero queremos, e imagino que vosotros también, detener a estos... Alborotadores y conseguir más datos. —Los miró a uno a uno, con las cejas ligeramente alzadas y los labios todavía curvados, esperando algún tipo de comentario—. Creemos que ahora mismo están reunidos en una de las últimas viviendas de esa calleja —Señaló, con la mano, una amplia calle que había a su izquierda, a varios metros de ellos—, y nos acercaremos en cuanto sepa si tenéis alguna duda. —Ladeó la cabeza—. ¿Tenéis alguna, algo que decir, algo que objetar?

Mientras los miraba, aguardando pacientemente sus comentarios, le tendió al muchacho los papeles. El joven hizo un leve asentimiento y se marchó, siguiendo el camino que habían tomado antes.
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Massen Dew
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Miér Sep 24, 2014 12:57 am

Me aseguré de prepararle como correspondía cuando fui convocada. Convocada para ir a Ciudad Nevada. Sentía la tensión en el estómago, el ansia de volver. No siempre tenía oportunidad de hacerlo, y no me gustaba desaprovechar las oportunidades. Me cargué con todo lo que pudiera serme de utilidad, asegurándome a la vez de no ir sobrecargada. Llevaba a Loksass en su cinto, los dardos preparados y la mochila dispuesta. Y, satisfecha, me presenté ante la gran Blues Splash y el líder Svend, principales responsables de aquella expedición.

El buen humor no me duró mucho. De todas las posibilidades, no esperaba encontrar a Follow allí. Sentí un nudo en el estómago al verlo, pero traté de ignorarlo. Necesitaba aferrarme a toda mi profesionalidad. Seria y sin decir palabra, me situé junto a Alehyss, pendiente en todo momento de los líderes y manteniendo la vista fija en ellos. Tomé el zurrón que se me ofreció con una inclinación de cabeza, aunque toda mi atención estaba fija en la gran Splash.

-¿Hay algún dato en particular que debamos conseguir por encima de lo demás? -pregunté, mirándola muy seria, cuando terminó de hablar-. ¿Y los rehenes? ¿Vendrán con nosotros o quedarán con la guardia de Aqua?

La gran líder respondió que simplemente deberíamos conseguir cuanta más información, mejor, sin ninguna preferencia en particular. En cuanto a los rehenes, vendrían con nosotros. Esperaba que no fueran demasiados, o que en su defecto la guardia nos ayudara a traerlos de vuelta; no éramos un grupo tan numeroso si lo que queríamos traer a gente por la fuerza.

Una vez resueltas todas las dudas, abrí al fin el zurrón, pues el líder claritas pasó a explicar la utilidad de su contenido. Lo encontré enormemente conveniente; parecía, además, diseñado para el tiempo que nos encontraríamos, aunque suponía que mis compañeros agradecerían más que yo ese detalle. Procedí, en cualquier caso, a vestirme con mi nueva ropa; me ajusté la capa, los guantes y el gorro. En cuanto a las botas, pedí permiso para dejarlas en Brontë, ya que llevaba puestas las que había conseguido en Humus, y comparando las suelas de ambas y su capacidad contra el frío, parecían más adecuadas. Así pues, cerré el zurrón con las botas dentro, con las que no cargaría en el viaje. Pronto partíamos ya a Ciudad Nevada, y sentí la emoción embargarme.

Al llegar, ni siquiera tuve tiempo de observar el entorno, pues de nuevo se reclamó nuestra atención. Cumplidas las presentaciones y escuchadas las explicaciones, similares a las que ya habíamos recibido, nos dispusimos a acompañar a los dos miembros de la guardia que nos habían recibido. Y, en la marcha, pude al fin observar mi entorno, tratando de reconocer el lugar y asociarlo a mis difusos recuerdos.

Tardé un momento en ubicarme, y de hecho, tendría que recorrer algo más antes de afianzar el recuerdo. Todo era a la vez familiar y extraño. Pronto me puse a pensar en si sabría llegar a casa desde allí. La nostalgia me embargaba, y tenía ganas de alejarme del grupo y echar a correr por las calles, recordando juegos y anécdotas. Resultaba un tanto amargo que tuviera que limitarme a seguir donde estaba, atendiendo a la misión que tenía por delante; pero, después de todo, no era momento de ponerse sentimental.

Desde luego, el aspecto desmejorado y el olor a comida caliente no ayudaban a alejar el recuerdo. Pero había un detalle espinoso, algo que me resultaba incómodo, como una picadura escociéndome en la piel. Ciudad Nevada era un lugar altamente habitado y bullicioso, y aún si el frío animaba a quedarse en casa a muchos, aquellos barrios eran los que menos hacían caso al frío del exterior; después de todo, ¿no estaban las casas también heladas, y quedarse dentro requería la compañía de un grupo bien numeroso con el que compartir el escaso calor? 

Y sin embargo el silencio era evidente, tanto que no podía evitar una cierta intranquilidad. Miré a la guardia, recuperando con el entorno la desconfianza hacia las autoridades. Ellos debían ser los responsables. ¿Qué más podía hacer callar a aquella zona de la ciudad que la opresión y el poder? Tragué saliva, algo agobiada por el silencio, que parecía empezar a zumbarme en los oídos. No hice, sin embargo, comentarios al respecto; algo me impedía imponerme a aquel desagradable silencio, y dudaba que a nadie le interesara, después de todo.

Para cuando desembocamos en la calle ancha, yo ya estaba perfectamente orientada. Aunque aquella no era una buena zona para pillajes; estaba más cuidada, y cualquier alboroto llamaba más la atención que en las calles circundantes. Pronto mi mirada se fijó en el grupo de oficiales que bloqueaban la puerta de un local, y sentí un escalofrío que en absoluto estaba provocado por el frío. Tiré ligeramente de la manga de Alehyss y señalé con un cabeceo a los guardias. "Mi hermana", formé con los labios, sin llegar a emitir el menor sonido.

Cuando el grupo se dividió, ella entró en el edificio, y pese a que no hizo el menor gesto de reconocimiento, supe que me había visto. Bajé la cabeza, incómoda. Todo lo que podía consolarme era que era ella y no Leen, que me había ordenado mantenerme lejos de Aqua. Y, con un poco de suerte, Seranne me guardaría el secreto. ¡De hecho!, ¿qué más daba? Estaba trabajando, al igual que ellos; no había abandonado mi puesto, y Leen no podría reprocharme nada aunque se enterara. Aún llegué a dedicar unas cuantas miradas a las ventanas hasta localizarla de nuevo; su mirada llegó a cruzarse con la mía, tan impersonal como era siempre. Se la mantuve, fija, limitándome a un cabeceo antes de volverme a lo que me incumbía.

Atendí a las explicaciones de nuestra nueva guía, Polka, en silencio. Cuando preguntó por nuestras dudas, me limité a negar con la cabeza; todas mis dudas habían quedado resueltas por la gran Blues Splash. Además, me preocupaba un tanto que, si nos tomábamos aquello con demasiada calma, aquellos a los que perseguíamos pudiesen escapar. Seguíamos en terreno de los suburbios, y las trampillas y conductos bajo las casas eran un elemento relativamente habitual. La nieve podía bloquear las puertas en invierno, y mantenerse comunicados era esencial entre aquellos a los que no les sobraban recursos. Me preguntaba si la guardia estaba al tanto de aquel detalle.

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Alehyss

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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Vie Sep 26, 2014 3:13 pm

Los cinco nos reunimos con los líderes piscis y claritas antes del comienzo de la parte activa de la misión. El hecho de que requiriesen nuestra presencia, los preparativos más minuciosos que de costumbre, dejaban bastante patente la importancia que le daban, en comparación con otras. Y que el asunto es un tema oficial no tarda en surgir. Parece que últimamente las cosas se están complicando, porque los líderes están dando más señales que nunca.

Echo un vistazo rápido a mis compañeros. Ninguna de las caras me es desconocida. En primer lugar, Massen. Me siento cómoda con ella y confío en sus habilidades, por lo que su presencia me tranquiliza un poco. No obstante, la presencia de Follow choca un poco con la de ella. Sé que será capaz de tomárselo con profesionalidad, por lo que no me preocupa demasiado. Y en cuanto a él, sus habilidades me son algo desconocidas, aunque destaco una especial capacidad para caminar por superficies de cualquier inclinación, prácticamente, que puede resultar interesante. En tercer lugar, Elektra. No he interactuado demasiado con ella; me resulta una persona algo enigmática y distante. Podría decir que su presencia no me resulta tranquilizadora ni lo contrario, aunque me siento más cómoda con ella, que es más discreta y seria, que con otros. Y, para finalizar, Inger. Su personalidad siempre me ha parecido algo pusilánime, y su excesiva timidez, así como su inseguridad, bastante incómodas de tratar. No obstante, no debo olvidar que es una veterana. No he compartido misiones con ella, pero tampoco conozco ninguna queja de nadie sobre su comportamiento en estas.
Lo que me destaca, vista la mayor parte de la formación, es la ausencia de Lyam. Podría atribuirlo, sin más, a una casualidad, pero es un factor que me intranquiliza un poco. Porque es Aqua.

Atiendo a la explicación de la líder Splash con especial atención, sin interrumpirla. Agradezco el zurrón al líder Rybner con un cabeceo, pero no despego mis sentidos de la líder, hasta que esta termina. La presencia de la guardia piscis no hace sino alertar un poco más de lo que podemos llegar a encontrarnos. Quizás sea una formalidad, pero en esta situación bajar la guardia es imperdonable.

-¿No ha habido ningún contacto con ellos más que la observación? -inquiero, tras la intervención de Massen-. ¿Se tiene, aunque sea, alguna aproximación sobre su número?

La respuesta a lo primero es que no. Eso nos genera algún problema, porque hace más difícil la estimación de fuerza y de reacción, aunque supongo que eso se aplica en ambas direcciones, y que también ellos lo tendrán difícil. 
La estimación numérica es cuatro. Eso, si cabe, me tensa un poco más. Nosotros somos cinco, los superamos en número, y por si fuera poco contamos con la ayuda de Aqua. Nunca me ha gustado demasiado que se requieran demasiados activos para una misión. Eso no hace sino alertar, generalmente, de la dificultad que se espera de la misma. 

Presto también, cuando toma la palabra, la explicación sobre los accesorios que nos han dado que nos facilita el líder Rybner. Abro el zurrón mientras habla, observándolos yo misma. Resultarán muy útiles, estimo, aunque me preocupa el hecho de que parezcan vestimentas tan aparatosas. No pueden ser todo ventajas, al fin y al cabo, pero en este caso diría que las virtudes superan los inconvenientes, y termino por vestirme en silencio, comprobando la comodidad, moviéndome un poco para asentarlas.

Antes de partir definitivamente la líder piscis hace un último comentario que me resulta incómodo. Enfrentarme a sobre cuatro personas de fuerza desconocida con ayuda de cuatro compañeros y soldados de Aqua podría parecer preocupante.
No muestro ninguna seña de disconformidad, sin embargo.
Nunca he estado en la capital de Aqua. No me gusta nada el frío.


Cuando llegamos al lugar el cambio térmico resulta desagradable. Por suerte, más bien por precaución, la indumentarias es la adecuada para llevar bien la situación. No tenemos demasiado tiempo para prepararnos antes de que lleguen las dos personas que parece que se harán cargo de nosotros por el momento. De nuevo, hablan de lo mismo, y de nuevo presto atención, callada, asintiendo al final de sus palabras y poniéndome en marcha tras ellos, situándome al lado de Massen, seria.
Recorro los alrededores con la mirada, absorbiendo, memorizando, la forma de las calles, su estructura. Eso puede llegar a ayudarme en caso de tener que volver atrás. Además, indica el funcionamiento de esta zona en concreto. Es evidente que no nos encontramos en una de las zonas más ricas de la ciudad.
El silencio es extraño para cualquier zona habitada a estas horas. Dedico una breve mirada a Massen, pero no digo nada. No hay mucho que decir.

Tras una caminata puedo ver de reojo a un grupo de soldados reunidos alrededor de su superior. Los examino, calma, sin detener mi avance. Supongo que serán nuestros refuerzos, o que nosotros seremos los suyos. Cada vez resulta menos tranquilizador, la verdad, pero no soy alguien que tienda a sentir miedo, por lo que solo seré precavida. Considero, pese a todo, que mi vida está por encima de la misión. Es una regla que no romperé.
El tirón de Massen hace que me fije un poco más, escrutando, buscando un rostro que me resulte familiar por encima del resto, pero es imposible, por supuesto. No la he visto antes. No hay forma de que la reconozca, aunque me esfuerce. No obstante, cuando los grupos se dividen las opciones que quedan son reducidas, y termino creyendo que la he ubicado al seguir la línea de la mirada de mi compañera.
Con cuidado, en un gesto breve, llevo la diestra un instante a su hombro, oprimiendo suavemente. La propia ropa hace que sea más difícil que lo sienta, pero no es momento do ponernos intensos. Bastará. Debe ser así.
Me tranquiliza un poco saber que tendremos cobertura a distancia de los arqueros. Aunque miúltimo encuentro con arqueros, en el pueblo de paso, fue más bien lo contrario a tranquilizador.

Es hora de trabajar. Se nos presenta una piscis rubia, Polka, y enseguida procede a explicarse. No puedo evitar mirar de reojo un instante lo que lleva en las manos, pero tampoco esta vez hablo hasta que ella parece haber dicho todo lo que tiene que decir. Nuestra posición en esto nos implica cierto respeto, y las cosas deben hacerse en un orden mientras la situación lo permita.

-¿Podemos tener acceso a esa información? -inquiero, seria, y de nuevo echo un vistazo a los papeles que lleva en las manos. Una alusión. Si puede ayudarnos en algo lo que ponga ahí podría ser interesante saberlo.

Todo lo que podamos saber al respecto es poco. Ya bastante misterio parece estar habiendo en torno a esta situación. Se dice mucho, pero al final, aunque sepamos qué debemos hacer, no tenemos nada claro sobre a qué debemos atenernos.

Cuando me los entrega... Me basta una mirada, la simple forma de las letras lo delata, como para comprender por completo una situación que me resulta de lo más incómoda. Llego a tensarme, no puedo evitar reflejarlo en la expresión, aunque solo sea un momento. Paso las hojas, leyendo rápido, y las cedo a mis compañeros por si quieren ver algo ellos mismos.
Mierda.
Por supuesto. No podía ser de otra forma. Ni siquiera resulta exactamente inesperado. Más bien indeseado.

Recuperando la compostura, algo rígida, vuelvo el gesto hacia Polka. 

-Ninguna -murmuro, mirándola fijamente.

Seguramente tenga menos que el resto de mis compañeros. Espero equivocarme, pero no resulta fácil ponerse en esa posibilidad. El "qué curioso que él no esté aquí" se ha convertido casi en una burda ironía. Resulta evidente que no debe estar aquí. ¿Y yo? 

Yo debo cumplir con mi trabajo. Es mi misión.

Mierda.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Dom Sep 28, 2014 11:23 pm

Me llaman para una misión en mi continente y acepto sin miramientos. Llevo mucho tiempo lejos del agua y el frío, aunque quiero seguir aprendiendo de esta gente, algo en mí reacciona cuando pienso en volver a Aqua. Pienso en los días en la tribu y lo fácil que resulta vivir allí.

Al llegar me encuentro con que hay más gente en la sala donde nos han llamado. Saludo a Massen Dew, pero ella se va hacia la mujer que mira con ojos agresivos. Las miro a las dos por un momento y luego miro a las otras dos: una parvus y una caeruleus. Son todas mujeres salvo yo. Miro de nuevo a Massen Dew. Espero que la misión no sea más complicada de esta forma.

Dos líderes nos hablan de lo que debemos hacer y nos dan una bolsa a cada uno. Miro a mi alrededor para ver qué sacan los demás de las suyas y después abro la mía. Todas llevan lo mismo y parece que hay que ponérselo. Aqua es un lugar de frío cortante, pero esta ropa es demasiado incómoda.

Me la pongo y comienzo a estirarme y hacer movimientos que la hagan estirarse, romperse o dar de sí lo suficiente. Es pesado, tendré que guardar energías. No me pongo los guantes, solo lo haré si es realmente necesario. Me pongo el gorro acomodándolo con la máscara. Una cidad es un lugar peligroso.

Miro a aquellos que hacen preguntas, pensando en sus preocupaciones y escuchando más informaciones. Cuatro enemigos es sencillo. Información. ¿Qué información? Por eso requieren a tantas mujeres. Rehenes. Convierten un encargo sencillo en algo complicado. Más mujeres.

Nos vamos y de pronto aparecemos en Aqua. Miro a mi alrededor sacando el kunai, algo desorientado por cambiar tan rápidamente de lugar. Dos personas nos llevan a otro lugar, entre las calles.

Huelo comida, pero no escucho pasos o voces que vayan a comérsela. Trato de pisar suavemente con el pesado calzado que me han dado, reduciendo mis sonidos para tratar de escuchar a los demás, pero parece que sólo estemos nosotros.

Aprovecho el camino un momento y miro hacia los glaciares. Tengo el impulso de dejar al grupo y saltar por los tejados hacia el hielo. La tribu, tranquila y simple, sin ambiciones que vuelven a la gente en bestias ni escondites en las palabras.

Llegamos a nuestro destino. Otra mujer. Las dificultades aumentan.

Nos dice que vendrán más soldados y que nos acerquemos al lugar donde están los enemigos mientras los rodean. Mucha gente, demasiado ruidoso. Si los enemigos están rodeados deberían ser más sigilosos.

La mujer chrysos habla pidiendo saber más e ignoro los papeles cuando pasan cerca de mí. La información es cosa suya. Niego con la cabeza. No hay necesidad de tantas preguntas. Vamos de una vez.
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Elektra

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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Lun Sep 29, 2014 12:44 am

Aqua, el continente Piscis. Nunca había estado allí, pero sí había oído hablar de él. O más bien, del frío que hacía. Antes de partir me pasé varias horas mirando aquél horror en el espejo, esa desfachatez a la que, dolorosamente, ya me iba acostumbrando. Mi pelo no llegaba a tocar mis hombros, y además había tenido que arreglármelo un poco, dejándomelo aún un poco más corto. No abandoné mi habitación sin antes dedicarle una cara de asco al reflejo del espejo. Me había puesto las botas que había recibido en aquella misión en el bosque.

Iría a la misión con Alehyss y Massen de nuevo, lo cuál me tranquilizaba un poco, eran de las chicas del palacio que más había visto, y parecían de utilidad en el combate. Me había asegurado de sacarle brillo a Jaogín, que ya se había ensuciado mucho -con la sangre de la copia de un deshecho humano, de hecho-.

Me dirigí al lugar donde encontraríamos a los líderes, con una gran sonrisa en la boca. Allí me encontré a mis compañeras, a una caeruleus que me sonaba y un chico piscis desconocido

- Perdonad la espera - comenté con un tono acorde a mi sonrisa.

Saludé con una inclinación a los líderes, que poco después nos entregarían unos zurrones con ropa de abrigo para soportar un clima que prometía ser terrible. No tenía ninguna pregunta que hacer, así que procedí a abrir el zurrón para sorprenderme aún más. Fruncí el ceño por un segundo, ¿en serio tendría que ponerme eso? Sería mejor sin duda morir de frío. Fingiendo una nueva sonrisa, me alejé un poco de mis compañeros para ponerme por encima de mi ropa la capa primero, luego el gorro, y finalmente los guantes. Seguro que el gorro me hacía una forma extraña en el pelo, necesitaba verme pero no había ningún espejo por la sala oscura. El zurrón incluía también unas botas. No estaba muy segura de qué hacer cuando vi que Massen estaba en la misma situación que yo, y que regresaba al palacio para quedarse con las suyas. Con una sonrisa, repetí sus palabras y la seguí varios paso atrás.

Estábamos listos para marchar. Sin haber dejado en el palacio la sonrisa, les dediqué una última mirada a mis compañeros y al líder claritas. El entorno cambió de repente como si de un pestañeo se tratase. Dos guardias nos estaban esperando para escoltarnos por las calles de Ciudad Nevada hasta una posada. Estaba todo un poco vacío y en un estado precario; me recordaba en cierto modo a las calles del pueblo de Ignis que atravesamos para llegar a la base aquélla, sólo que sin gente, sin vida.

El camino se me hizo corto, quizás me distraje un poco contemplando la ciudad, extrañada; por otro lado, no podía evitar sentirme extraña con ese tiempo, era un frío distinto al de Hummus que, de momento, no había comenzado a molestarme -aunque sería cuestión de minutos-.

Una nueva guarda se presenta, de nombre Polka. Nos explica un poco la situación y nos entrega unas cartas. Decidí echarles un vistazo cuando llegaron a mis manos. Un espía en Brontë, había varios nombres que podía reconocer, incluído el de Alehyss... La miré un momento por encima del papel. No les dediqué mucho tiempo, no quería retrasar la operación, y lo que estaba allí escrito no parecía guardar mucha información relevante más que algún que otro nombre.

Negué con la cabeza a la pregunta de la mujer.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Lun Sep 29, 2014 1:29 am

Finalmente, tras mucho tiempo sin formar parte de ninguna, me disponía a ir a una misión. Había escuchado el reclamo de la líder Splash, y aunque en un primer momento había dudado, porque no sabía si mis condiciones físicas serían adecuadas, al final, tras comprobar que estaba en mejor forma de lo que pensaba, había terminado por anotarme. Quería enmendar los errores que había cometido tanto en mi primera misión como en los ataque a Palacio, y aquella era una perfecta ocasión. Además, nunca había estado en Aqua y sentía cierta curiosidad al respecto.

La líder Splash nos reunió y guío hasta una pequeña sala, donde también estaba el líder claritas. Ya reunidos, eché un rápido vistazo a mis compañeros: de los presentes, solo conocía a dos, Alehyss y Massen, pero esperaba que aquello no fuese un impedimento para el buen funcionamiento de la misión. Tras el breve vistazo, centré mi atención en la líder piscis, seria, y no aparté la mirada de ella salvo para coger el zurrón que el líder claritas me tendió. Cuando la líder Splash terminó, me mantuve en silencio, escuchando las preguntas de mis compañeros y las respuestas de la mujer, sin llegar a añadir nada, anotando mentalmente todos los datos que nos daba.

Pronto la líder partió, y nosotros nos quedamos a solas con el líder claritas, que se apresuró a explicarnos qué había en los zurrones y cómo nos transportaría a Aqua. Al igual que mis compañeros, me vestí con las ropas, que a pesar de ser pesadas, parecían perfectas no solo para el clima del continente, sino para un más que posible enfrentamiento. Una vez ataviada con las ropas, me acerqué al caldero, colocando una mano sobre él, y pronto todos desaparecimos.

Lo primero que sentí fue frío, aunque menos del que esperaba, seguramente gracias a la vestimenta que nos habían dado. Lo segundo que sentí fue curiosidad, deseo por explorar el entorno, pero pronto dos guardias se nos acercaron, y yo tuve que dejar de observar las fachadas y las calles y el cielo y las aceras. Tras las explicaciones, que resultaron ser muy semejantes a la que la líder piscis nos había dado, nos pusimos en marcha, adentrándonos cada vez más en las zonas marginales. A medida que iba caminando, observaba a mi alrededor, atenta, buscando quedarme con todos los detalles en parte porque nunca había estado y en parte por si necesitábamos huir: cuánto más claro tuviese el camino de vuelta, mejor.

El camino no fue demasiado largo, y tras abandonar una estrecha calleja pude ver a un grupo de guardas atentos a las palabras de su oficial. El piscis que nos guiaba detuvo la marcha e hizo un gesto a la líder del grupo, que no tardó en acercarse a nosotros, seguida de la mitad del semicírculo que antes la rodeaba. La mujer se presentó como Polka, y de nuevo, nos explicó a qué habíamos ido, aunque esta vez también nos informó del lugar donde esperaban encontrar al enemigo. A pesar de que en un primer momento no tenía ninguna pregunta, después de que Alehyss pidiese los papeles que la piscis llevaba con ella, sí sentí curiosidad por ellos, y en cuanto tuve ocasión los cogí, leyéndolos con rapidez, notando cómo mi ceño se fruncía y mis labios se entreabrían mientras leía. Alcé la vista, mirando a Alehyss y a la parvus, que también habían leído los papeles, ladeando un poco la cabeza, preguntándome si pensaban preguntar algo. Al ver como ninguna hacía comentarios, alcé un poco las cejas, sorprendida, dudando un segundo sobre lo que debía hacer, pero finalmente decidí callarme y devolver los papeles. De nada servía ahora preguntar por la identidad del espía. Teníamos trabajo.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Lun Sep 29, 2014 6:13 pm

Al ver que la chrysos parecía interesada en los papeles, Polka esbozó una leve sonrisa, ladeando la cabeza hacia la derecha, y se los tendió, alzando un segundo las cejas. Mientras la muchacha leía, la piscis la observaba fijamente, seria a pesar de la sonrisa, atenta a sus reacciones. Polka ensanchó la sonrisa, torciéndola un poco hacia la derecha, cuando Alehyss le pasó los pergaminos a Elektra, todavía con la mirada fija en los ojos de la chrysos, pero no hizo ningún comentario, igual que tampoco dijo nada cuando le devolvieron los papeles. Sí habló, sin embargo, cuando el muchacho se fue, y esta vez no se dirigió solo a los guerreros.

Quiero que todos permanezcáis detrás de mí en todo momento. —Frunció el ceño—. Superamos en número al enemigo, pero no quiero ninguna heroicidad, ¿entendido? Vámonos.

No esperó la respuesta de nadie, y con presteza, inició la marcha. La mujer que antes había acompañado a los guerreros la siguió, colocándose a su altura, con gesto serio y en silencio, y pronto todo el grupo comenzó a caminar, dejando atrás la ancha calle, adentrándose en una larga calleja que parecía tan muda como la primera que habían atravesado. Si los guerreros alzaban la vista, podían, sin embargo, intuir cierto movimiento en lo alto de las casas, el desplazamiento de pequeños y diligentes arqueros que se posicionaban, separándose entonces, en torno a las pequeñas ventanas que daban a la calleja que ahora mismo el grupo atravesaba. No verían, sin embargo, a nadie más.

Conforme avanzaban, la calle se iba estrechando, obligando al grupo a discurrir en fila, y las ruinosas viviendas a ambos lados de la calle aumentaban de altura, casi como si quisiesen lanzarse sobre los guerreros, ensombreciendo el alicatado, tapando parte de la fría luz del sol. Un fuerte olor a comida, a diferentes caldos mezclados en el aire, se fue haciendo patente, pero de nuevo, los guerreros no podían ver a nadie, oír a nadie: tan solo podían notar aquel olor, que a medida que avanzaban se hacía más y más fuerte, y el silencio con el que la guarda caminaba, la calma con la que se adentraban en el lugar, sin detenerse a observar las casas, con la mirada fija en su líder y las manos libres, desarmadas, tranquilas. Tal vez a algún guerrero que se fijase aquello le llamaría la atención.

Aunque probablemente lo que más le sorprendiese fuese aquel imprevisto sonido que surgió cuando ya llevaban largos minutos caminando: primero apenas se escuchó, luego se convirtió en un murmullo, un lejano rumor como el del agua que cae sobre las rocas, y luego en ruido, auténtico ruido, en platos mojándose, en sillas separándose, en gente moviéndose, sentándose, subiendo escaleras, en escobas barriendo y fregonas hundiéndose, chapoteando, deslizándose. Si los guerreros miraban un segundo a un lado, a alguna de las casas que ahora tenían a su alrededor, verían, más allá de los cristales rotos, a mujeres y hombres y a muchos niños, pequeños, delgados, con la cara sucia y los pies descalzos, moviéndose de un lado a otro, sentándose alrededor de una mesa o en el suelo, mientras su madre, o su padre, o tal vez un hermano o hermana mayor fregaba el suelo o los platos, con la mirada fija en sus manos y un cierto temblor en los dedos, en silencio. Si alzaban la vista, sin embargo, los guerreros se encontrarían de nuevo con los arqueros, agazapados en las zonas más altas, con las flechas apuntando a la calle.

Polka se detuvo de pronto, frente a una casa de la que salieron dos hombres. A primera vista, ambos parecían ciudadanos de los suburbios, con la ropa raída y los zapatos agujereados como estaban, pero si uno se fijaba bien, podía intuir que negaban y murmuraban algo, inaudible a los guerreros por su posición. También vería, quien se fijase, a la oficial murmurando, colocando una mano en el hombro del primero de los hombres, y asentir.

Siguen en la casa—murmuró la guarda que tenían delante, una piscis joven, de pelo corto y castaño—. Eso es lo que están diciendo. No han salido de ella. Probablemente estén bajo tierra, pero no en los conductos, ni buscando una salida. —Los miró por encima del hombro. Hablaba con voz grave y calma—. Porque estamos controlando todas las salidas y nadie los ha visto. La oficial dice que probablemente estén en algún tipo de base, aunque no sabe si se están escondiendo de nosotros o si simplemente no saben que estamos aquí y es ahí donde se reúnen para hablar de Mithos sabe qué. —Volvió la vista al frente, donde Polka reanudaba la marcha, con pasos más lentos y cuidadosos que los anteriores, guiándolos a una vivienda de dos pisos que aún estaba a varios metros de ellos—. Lo descubriremos ahora, de todas formas. Preparaos.

Y como respuesta a sus propias palabras, los guerreros pudieron ver cómo la chica asía uno de sus puñales.

Derribaron la puerta de la vivienda, y entraron dispuestos a atacar, pero nada ocurrió. Durante unos segundos, Polka, que iba en cabeza y se había adentrado en la casa armada con varios puñales, observó a su alrededor, a la escalera que tenían a su izquierda y que daba a un segundo piso, preparada por si alguien descendía por ellas, pero tampoco ocurrió nada entonces.

Limpio —murmuró, y avanzó hacia la escalera, mirando hacia arriba, con los puñales fuertemente sujetos y el ceño fruncido, como si todavía esperase que alguien descendiese por ellas—. Limpio —repitió, mirando por encima del hombro a los demás, asintiendo brevemente.  

Los guerreros pudieron ver cómo el grupo de guardas se dividió de nuevo. Ordenados por Polka, cinco subieron por la escalera, dispuestos a explorar el piso superior; el resto, en el que los guerreros estaban incluidos, permanecieron en la planta baja, en el pequeño pasillo que constituía la entrada. A la derecha de ellos, había una puerta que daba a una pequeña cocina, sucia, recientemente usada, que no tenía más que los muebles necesarios para cocinar, probablemente por falta de espacio. Había, pese a todo, dos puertas en aquella estancia: una situada a la derecha de los guerreros, y que daba a un espacioso e iluminado comedor, y otra enfrente de ellos, mucho más estrecha que la que daba al comedor, fría al tacto, con restos de hielo en el marco y el pomo congelado; parecía dar a una despensa.

Hay que encontrar una trampilla. —Polka los miró, seria, adentrándose en el comedor. Había muchos cuadros colgados, y varias estanterías llenas de libros, pero lo que más llamó la atención de la oficial fue la mesa, los siete platos que todavía estaban en ella, sucios. Asintió para sí—. Probablemente estén bajo tierra ahora mismo. Vamos.

Y de nuevo, el grupo se separó.
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Massen Dew
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Mar Sep 30, 2014 7:45 pm

Pronto nos pusimos en marcha, avanzando por las calles. Me sentía incómoda. Todo estaba notablemente vacío, tanto en la calle principal como en la callejuela en la que nos metimos. En presencia de la guarda, el silencio era algo normal en aquellos barrios. La gente se escondía y trataba de pasar desapercibida. Pero, normalmente, si uno se fijaba, podía ver a alguien mal escondido, o oír a algún bebé llorar, desafiando el silencio. No era el caso: todo parecía muerto.

No pude evitar, pues, sentir cierto alivio cuando la vida empezó a surgir. Al internarnos en calles estrechas, pronto pareció definirse el origen de los olores a comida, que solían impregnar el conjunto de aquellas calles. De hecho, aumentaban con nuestro avance. Y, cuando vi a través de las ventanas algunas familias reunidas, no pude evitar una notable sensación de alivio. Su nerviosismo no me preocupaba; la presencia de las autoridades no era rara por allí, pero tampoco se daba con frecuencia a tal escala. Así pues, llegados a aquella zona, el lugar tomaba un aspecto bastante más esperable.

Era extraño formar parte de un grupo tan grande. En Brontë no solíamos trabajar en grupos de aquel tamaño, aunque en cierto modo, llegaba a sentirme arropada por aquel conjunto. Mantenía el paso y la actitud de ellos, aunque estaba preparada para invocar un conjuro si era necesario. Además, presté atención al entorno cuando se detuvieron, fijando la vista en los piscis que hablaban con nuestra guía. ¿Rehenes? ¿Espías? Por su aire tranquilo, no parecían estar siendo extorsionados, pero no podía saberlo, ni entender nada de lo que decían desde mi posición. Agradecí con una sonrisa la aclaración de una compañera, y me mantuve firme, esperando órdenes.

No tardaron en llegar. Pronto entrábamos en la casa, una casa de aspecto bastante común con respecto a las que tenía alrededor. Quizá un tanto lujosa en comparación con lo que yo había conocido en aquella ciudad (no todas las familias podían permitirse dos pisos de vivienda), pero no dejaba de ser relativamente normal. Parecía, de hecho, como si acabasen de sacar allí a sus habitantes, que habían dejado todo tal cual estaba.

En cuanto supe que no había nadie, tal y como parecía, se afianzó en mi mente la idea de los subterráneos, que también había mencionado antes mi compañera. Parecía evidente que aquella era la respuesta. Así pues, en cuanto tuve acceso a la cocina, fijé la vista en el suelo. Por lo general, había dos posiciones posibles para un acceso a los pasadizos: la cocina (lugar principal donde almacenar alimentos) o el sótano, si la casa tenía uno (la parte más cercana al subsuelo. Al repasar el suelo de la cocina, pronto comprobé que todas las piedras parecían bien pegadas en su sitio. Paseé por encima de ellas, de todas formas, buscando alguna que se moviera. Pronto lo dejé, pese a todo; en una cocina tan pequeña, era lógico pensar que no estuviera esa entrada.

Pasé, pues, detrás de Polka, al comedor. Lo primero que llamó mi atención fueron los siete platos en la mesa. Siete. Sentí un escalofrío y miré a la guía.

-Nos habían dicho que eran cuatro -comenté, más como una pregunta que como una recriminación. ¿Qué iba a recriminarle a ella, después de todo?

Pronto otros detalles llamaron mi atención, y ni siquiera tuve ocasión de buscar un sótano. Me dirigí con paso firme junto a una estantería, bajo la cual una alfombra tenía las esquinas extrañamente acartonadas y manoseadas. Podía reconocer aquello a la perfección; las trampillas no eran solo habituales en Ciudad Nevada, sino también en el glaciar, y la de casa de los abuelos estaba, de hecho, bajo una alfombra en el mismo estado. Aunque, me insistí a mí misma, aquella estaba en la cocina.

Levanté la alfombra con seguridad. Me extrañó comprobar que la trampilla, pese a estar allí, no estaba exactamente en el centro de la alfombra, sino un poco a la derecha. Aquello no era común, pero tampoco tenía mucha importancia. Me volví hacia Polka y la llamé con voz no muy alta, al tiempo que palpaba la argolla, separándola de la madera. Al igual que el resto de la trampilla, estaba bastante manoseada; probablemente se usara mucho. Además, la madera parecía más fina que en el resto del suelo, aunque no podría estar segura hasta abrir la trampilla, y no me atrevía a hacerlo sin esperar órdenes al respecto. Cuando la trampilla fuera a abrirse, prepararía un aquaerum, por si acaso.

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Alehyss

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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Miér Oct 01, 2014 5:58 pm

Iniciamos la marcha. No puedo evitar, a estas alturas, tener una ligera tensión desagradable. 
Nadie ha hecho preguntas: vaya una falta de profesionalidad. Yo tampoco estoy siendo muy correcta quedándome callada, aunque me aplicaré esta especie de vacío legal y de momento veré qué pasa. Que ahora empezase a levantarse un revuelo no sería apropiado.
Yo misma debo concentrarme. 

Las palabras de Polka son claras y de esperar. No pongo ninguna, pega, solo asiento y la sigo en silencio, en guardia, alerta, recorriendo las calles vacías una y otra vez con miradas furtivas, esperando encontrar cualquier señal de vida, de enemigos, de emboscadas. No obstante, de momento poco más hay que adoquines y edificios descascarillados.

A medida que avanzamos las calles se estrechan, y acabamos sin poder hacerlo hombro con hombro. Desde luego, este es un mal lugar para combatir. Aunque lo abrupto del lugar quizás permitiese trepar un poco por las fachadas, abriendo una vía de escape aérea.
Me siento un poco atrapada, sin poder ir a los lados, sin más recovecos para esconderme que los interiores de los edificios, que me son desconocidos, en los que bien podría bien haber también alguien esperando para segarme el cuello en cuanto traspasase la puerta.
No puedo evitar una leve tensión en todo momento, preparada para saltar, para contraatacar o esquivar, pero nada se mueve excepto nosotros. Incluso ese olor constante a comida me hace sentir cierto desagrado, aunque en sí mismo no lo sea. Es simplemente que no puedo pensar en comer, en este instante, y de alguna forma me siento como si tuviese que hacerlo por la fuerza, aunque no sea así.

Cuando empieza a oírse un murmullo me tenso. Lo normal en una zona residencial es que lo haya, pero la situación hasta ahora se ha acercado tanto al silencio sepulcral que el contraste hace que lo que parezca extraño sea el ruido. A medida que avanzamos el escenario cambia, y en las casas se ve gente, aunque no diría que el nivel de tensión sea normal. Desde luego, si pretenden pasar desapercibidos, no diría que es la mejor forma de hacerlo. Quizás para alguien que no se fije baste con el murmullo para pensar que todo marcha bien, pero de un vistazo puede entreverse parte de lo que está sucediendo. 
Eso solo indica que proceder rápido impera. Cada segundo que perdamos es un segundo más que el enemigo puede estar observándonos, viendo nuestra distribución, nuestras debilidades, o simplemente preparándose para recibirnos de lleno.

Finalmente alcanzamos una casa en la que nos detenemos. Observo cómo Polka habla, manteniendo la distancia. No puedo escucharlos desde aquí, aunque mueven los labios.
Dedico un breve vistazo a mis compañeros, Follow, Inger, Massen..., deteniéndome un momento en cada uno. 
No soy mucho de confiar en la suerte, ni nada semejante. Me gusta más pensar que yo misma soy responsable de mis errores, pero también de mis aciertos. En este caso, como trabajaremos en equipo, todos seremos responsables de nuestros errores y nuestros aciertos. Lo que me preocupa es que a mayor cantidad de personal más sencillo es que uno falle. Por eso, aunque no confíe en la suerte, me permito pensar por un momento que "espero que todo salga bien". Las cosas se han vuelto complicadas.

Por suerte, aunque nosotros mismos no podemos enterarnos de lo que se dice, enseguida vienen a aclarárnoslo. 
Siguen en la casa. Todo marcha bien, supongo. Aunque me temo que estarán esperándonos con las manos abiertas, dada la situación. Sea como sea, llegados a este punto lo mejor será proceder de la forma más ordenada y eficiente posible. Somos más, y confío en que no nos habrán mandado a los más patanes de Aqua.
Sigo intranquila, pero debería ser posible...

Así que vamos allá.

La entrada es rápida, pero pronto es evidente que han optado por una estrategia más defensiva que quedarse esperando. Quizás eso sí me tranquilice un poco. Si el enemigo te supera en número y aún así lo esperas tranquilo puede ser que seas muy idiota, pero también puede darse que lo superes tan ampliamente en fuerza que ni temas dar la cara.

Unos suben arriba. A nosotros nos toca encargarnos de la planta de abajo. Lo primero que se deja ver tras el pasillo es una cocina no demasiado grande. Se hace hasta difícil entrar en ella siendo tantos, y resulta algo agobiante. Es, desde luego, por otra parte, una prueba sin duda alguna de que esta estancia lleva poco desocupada.

Tras las palabras de Polka, miro al suelo un instante, comenzando a desplazarme con más sigilo. No es que crea que a estas alturas valga de mucho, pero las precauciones nunca son pocas.
Me acerco a los muebles, buscando algo que llame la atención en ellos, sin demasiado éxito.

Lo que más llama mi atención es la puerta helada. Me acerco, aproximando la mano para notar la temperatura, inferior, pero no llego a abrirla. En la misión de Ignis aprendí a no tomar este tipo de decisiones por mí misma. No voy a adentrarme sola en una habitación, de momento, hasta que la otra haya sido asegurada. Así que, finalmente, sigo a Polka y a Massen en dirección al comedor.

-¿No hay posibilidades de que hayan huido mediante magia? -inquiero, en tono sosegado, aún cruzando el umbral. Puedo escuchar su negación mientras cuento los platos que hay sobre la mesa.

De cuatro a siete. Si todos siguen aquí, la diferencia es sustancial.
Termino de pasar al comedor y rodeo la mesa, observando los platos uno a uno, y las paredes, los zócalos, donde el muro se une al suelo, pero no veo nada peculiar. Luego, al llegar a uno de los cabezales de la mesa, observo la estancia al completo. Massen se encuentra ahora mismo junto a una estantería llena de libros. Por otra parte, en las paredes abundan los cuadros. 
Nunca he sido muy amiga del arte. Quizás si tuviese que elegir, optaría por la música, que me resulta relajante. La contemplación de un cuadro, por otra parte, a veces logra aportarme algo, pero no es lo que más me inspira.
Y estoy segura de que tampoco aquí, en los barrios bajos, habrá muchos a los que inspire más un cuadro que una manta.

Lyam lo dijo, ¿no? Se encargaban de buscar a gente sin nada. ¿Y qué les daban? ¿Cuadros y libros? No digo que vayan a rechazar una educación, por supuesto, pero esto lleva sin darme buena espina desde el principio.
Desde que supe lo que podía encontrarme aquí.
Ahora me arrepiento un poco de no haber pedido a Lyam más información sobre ella. Porque puede que hoy nos veamos las caras, y la idea no me hace ninguna gracia.

Vuelvo a Massen, que parece haber encontrado algo, rodeando de nuevo la mesa. Me encargo de tener el arma bien asida, un paso por detrás de ellas, dada mi incapacidad para atacar de lejos, cuando tengo la trampilla ante mí.

-Cuidado -indico, en voz baja, clavando la vista en Massen.

Si salimos de esta, cuando regresemos, te contaré algunas cosas. Ahora no puedo, no es el momento. Sepas lo que sepas, no creo que afecte a cómo reacciones a lo que nos encontremos.
Y una parte de mí todavía desea que lo que nos encontremos ahí abajo sean cuatro bandidos de poca monta.
Qué gracioso.

Echo un vistazo a Polka, completamente seria. Al fin y al cabo, ella es la que da las instrucciones.
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Elektra

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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Dom Oct 05, 2014 12:19 am

No tardamos en reanudar nuestro camino de nuevo por las frías y silenciosas calles de Ciudad Nevada. El frío ya estaba cansándome un poco, y la ausencia de gente empezó de desconcertarme aún más -¿vivía así la gente de Aqua su día a día?-. Ni un simple movimiento, ni un animal; nada era lo que había por aquel laberinto. Sin embargo, esa sensación me duró más bien poco; la calle se hacía más y más estrecha, pero el murmullo y las señales de vida comenzaron a surgir. Parecía que la gente se escondía en los lugares menos transitados, como si no quisiesen ser encontrados. Tenía sentido, al fin y al cabo, nosotros se nos había encomendado una tarea en aquel lugar, algo tendría que estar pasando.

No sentía el frío de Jaogín en mis manos gracias a los guantes, lo cual me incomodaba un poco -estaba acostumbrada a blandirlo piel con "piel"-. El ruido y la vida se hacía más y más notorio a medida que avanzábamos. Mi vista se centraba en las familias que se veían a través de las ventanas, ignorando completamente a mis compañeros, que se encontraban tanto delante como detrás de mí.

Nos detuvimos de repente, llegando al lugar de destino -o eso creía-. Unos piscis se dirigieron a la chica que encabezaba la fila. Hablaban de un grupo de personas que estaba en el interior de la construcción. Preparé a Jaogín por si tendríamos que empezar la acción, pero me mantuve en la retaguardia al ver que su intención era entrar a fuerza bruta.

Entramos en la casa, no parecía haber nada extraño -nada que no hubiera en una casa normal-. Eso sí, estaba vacía, ¿no se suponía que tendríamos que encontrarnos a esa gente de la que hablaban? Habían hablado de unos pasillos subterráneos, en los cuáles cabía la posibilidad de que se hallasen. Seguí a Massen en su camino hacia la cocina, fijándome en lo pequeña que era y sin encontrar nada interesante a primera vista -¿teníamos que jugar a los detectives?-. Salí antes que la piscis para ver el comedor, ya más espacioso, donde estaba nuestra guía. No había tampoco nada extraño, más que unos platos. Oí entonces la voz de Massen -que parecía husmearlo todo-. Tenía razón, había siete platos... Massen levantó la alfombra entonces, y yo no pude evitar dibujar una sonrisa. Resultaba gracioso que la detective hubiese encontrado la trampilla hacia los pasillos subterráneos -una parte de mí quería dedicarle un gran aplauso-.

Me prepararía para hacer algo en cuanto abriesen la trampilla al ver que Massen también estaba preparada. Si tan intuitiva era la detective, no sería yo quién dudase de sus facultades.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Dom Oct 05, 2014 12:41 am

Al fin nos ponemos en marcha por las calles. Al principio todo sigue silencioso y me muevo con cautela con el kunai en la mano, atento a mi alrededor a pesar de que sea un terreno que por lo general desconozco. Me muevo mejor en el bosque.

Pronto el sonido empieza a llegar a nosotros junto con una mayor intensidad del olor a comida y a nuestro alrededor empieza a aparecer gente dentro de las casas. Por un momento me giro hacia la primera que veo por si tengo que evitar a algún enemigo, pero el grupo sigue tranquilo. Las calles se hacen más estrechas y cada vez tengo más ganas de saltar hacia las fachadas, pero los arqueros de los pisos de arriba me hacen evitarlo.

Llegamos a una casa donde una mujer se adentra primero diciéndonos que está vacía. Entro siguiendo al grupo desde atrás. No estoy interesado en más preguntas asi que me limito a buscar a esos enemigos que tenemo que coger y llevarnos.

Massen Dew es la primera en meterse en otro lugar y pronto vuelve para indicar que no hay nada. Me dirijo al salón con la mayoría y observo a mi alrededor. Presto atención a los platos viendo que sí hay más de los que nos han dicho que debemos derrotar. Miro a mis compañeras y luego a la mujer.

Hay que derrotar a los que haya —Menciono antes de ver cómo Massen Dew separa la alfombra dejando ver una puerta en el suelo. Agarro con fuerza el kunai y me pongo en posición de ataque, agachándome un poco. Deben de estar ahí debajo. Miro a la mujer que nos guía y a mis acompañantes, a la espera de actuar.
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Inger

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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Dom Oct 05, 2014 2:04 am

Pronto retomamos en marcha, y mientras avanzábamos por las estrechas calles de Aqua, traté de quitarme de la cabeza lo que había leído: pensar en ello ahora no serviría para nada, y además, dudaba que los líderes permitiesen algo así. Si la líder piscis nos había enviado, entonces estaba convencida de que no dejaría tranquilo a quien fuese que hubiese escrito las cartas; tal vez, incluso, hasta ya hubiese hablado con él, y ahora mismo nos estuviésemos aprovechando de la información que seguro debía tener.

Avanzábamos con relativa calma, sumidos en el fuerte silencio en el que parecía sumergida la ciudad; aquello me resultaba extraño, tenso de alguna forma, y me hacía asir con fuerza la espada y observar con desconfianza a mi alrededor, buscando algún enemigo, alguien que pudiese buscar atacarnos. La tensión subió cuando oí un ligero ruido, pero pronto esta desapareció, al ver no solo a la gente de las casas, sino a la líder del grupo charlando con otros dos. Nos habíamos detenido frente a una casa, y dos hombres hablaban con la mujer, Polka, sobre Mithos sabía qué. La mujer que iba delante nuestra, en voz baja, pronto arrojó un poco de luz al asunto; mientras hablaba, yo, con la mirada fija en los guardas, asentía, atenta, tratando de imaginar qué podíamos encontrarnos.

Al final, lo que nos topamos al entrar en la casa me descolocó un poco. Había imaginado encontrarme con alguien, algún enemigo en la entrada, o en alguna de las estancias de la vivienda, pero finalmente no encontramos más que un fuerte silencio y muchos, muchos cuadros colgados en las paredes o apoyados en estas, cuadros que eran retratos y cuadros que eran paisajes, marítimos o terrestres, cuadros que eran bodegones y cuadros que eran animales, bestias, cuadros oscuros y cuadros claros, todos mezclados, sin orden, por todas partes. En la cocina no había cuadros, pero sí había una puerta extraña, helada, que aunque me inspiró curiosidad no llegué a abrir, y en el comedor era donde más cuadros había, pero también había libros ahí, muchos libros, apilados en mesas o en las estanterías, libros pequeños y grandes, viejos y nuevos, que al igual que los cuadros poco parecían concordar con lo esperado de una vivienda de los suburbios de la ciudad. Nadie mencionó nada al respecto, y yo decidí callarme, apartando la vista de todo aquello que me llamaba la atención, centrándome en buscar la trampilla que Polka nos había encomendado. No pude, sin embargo, no fruncir el ceño al fijarme en la mesa, donde no había cuatro, sino siete platos, pero de nuevo no dije nada. Solo hablé cuando Massen encontró la trampilla; entonces, acercándome a ella, me dirigí a Polka:

—¿Está segura de que están ahí...?

Ella asintió.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Dom Oct 05, 2014 7:10 pm

Polka miró de reojo a Massen cuando esta mencionó el aparente incremento de sus enemigos, frunciendo un instante el ceño, pero no hizo ningún comentario. Sí habló, sin embargo, cuando Alehyss preguntó si había posibilidad de que hubiesen huido por magia; entonces la piscis negó suavemente, y en tono calmo, respondió:

—No. Están bajo tierra. Nadie ha salido de aquí.

Aclarada la cuestión, Polka continuó con su inspección. La piscis observaba con sumo interés la estancia, fijándose tanto en el suelo como en las paredes y estanterías; no parecía buscar, a diferencia de los guerreros, la trampilla, sino que simplemente parecía estar escudriñando el lugar, fijándose en todos los detalles de este, en cada esquina y pared y cada objeto sobre los muebles, sin detenerse demasiado en ningún punto. Cuando Massen la llamó, la piscis estaba en la cocina, frente a ahora abierta puerta helada, con la mano todavía en el pomo y el ceño fruncido, observando el frío interior donde parecía estar acumulándose comida. Polka no le dedicó más de un simple vistazo antes de volver junto a la muchacha, asiendo fuertemente un puñal al tiempo que llamaba a sus compañeros; los otros guardas, que hasta entonces habían estado dispersos por la planta baja, la siguieron entonces.

Polka hizo un breve asentimiento, mirando a Massen, curvando un poco los labios, y luego tomó ella misma la argolla y tiró, revelando unas estrechas escaleras de madera que se sumergían hasta perderse de vista en una profunda oscuridad. Todavía sujetando el puñal, la piscis contempló aquel agujero durante varios segundos, manteniéndose estática, atenta a cualquier movimiento o sonido; sin embargo, no ocurrió nada, al igual que nada había ocurrido cuando habían entrado en la casa, y tras ese tiempo de precaución, el grupo comenzó su descenso. Antes de hacerlo, la piscis, en un murmullo, le pidió a Alehyss que se iluminase para darles visión.

Las escalinatas no eran tantas como parecía desde arriba, y pronto el grupo se encontró en su final, a la entrada de un estrecho y bajo conducto oscuro, de paredes rocosas y suelo pedregoso. Pese a todo, si los guerreros prestaban atención, verían marcas humanas en aquel lugar, una prueba de que aquella gruta había sido tratada por la mano del hombre; el terreno, pese a no ser especialmente liso, no era tosco, y el camino que debían seguir se presentaba claro ante ellos.

Avanzaron en silencio, en una marcha rápida pero prudente, liderados por Polka, que ahora sujetaba fuertemente un puñal en cada mano; tras ella, los guerreros, y cerrando la marcha los cinco guardas que habían permanecido con ellos en la planta baja. Todos ellos observaban con cierta confusión a su alrededor, e incluso Polka, que parecía firmemente segura de sus pasos, fruncía el ceño y apretaba los labios de vez en cuando, al alzar la vista hacia las paredes o el suelo. Un silencio, solo interrumpido por los pasos del grupo, ahogaba el conducto, y la luz que el cuerpo de Alehyss emitía era lo único que alumbraba el lugar, dibujando pequeñas sombras tras ellos, en el suelo y las paredes. El lugar parecía vacío, pero no lo estaba.

No llevaban demasiado caminando cuando los guerreros pudieron escuchar una voz lejana, femenina, aguda y divertida. Joven.

—¿Entonces Roy no va a volver aún? —La voz rió—. ¿Cuánto tiempo piensa quedarse? Lleva años, ¡años!, ahí, encerrado.
Otra voz femenina, más baja, más suave, pero esquiva.
—Está ocupado. Hay... Están pasando cosas. Ahora mismo no puede volver.
Una risa, esta vez masculina, grave, fuerte.
—No se estará escondiendo de nosotros, ¿verdad? Porque entonces no le perdonaría todos estos años sin noticias, por Mithos.
—Solo está ocupado...
—¡Años ocupado, encerrado! Espero que cuando finalmente se digne a dar señales de vida nos cuente con todo detalle qué lo ha tenido tan ocupado.
—Lo hará...

Las voces sonaban tranquilas, como si sus dueños no fuesen conscientes de que la guarda estaba ahí, abajo, tras su pasos, y arriba, armados, esperándoles. Provenían no del final conducto, sino de una corta bifurcación que había mucho antes de la mitad de este y que terminaba en una gruesa puerta de madera, que no parecía encantada; la puerta tenía un pesado candado de metal, pero estaba abierto. Armados, reduciendo el ritmo de sus pasos, tratando de volverlos lo más sigilosos posibles, el grupo se acercó y.

La sala no era especialmente grande, y solo tenía una entrada: semejante a un sótano, iluminada por antorchas y desprovista de mobiliario, en ella había un grupo de siete personas, cuatro de pie, lanzando hechizos contra un par de animales pequeños, y otras sentadas en el propio suelo, hablando animadamente. Fueron los que estaban de pie los que antes se volvieron contra el grupo, pero fue una de las figuras del suelo, una flamma menuda, la que, al ver la cometida ofensiva de los guardas, conjuró una alta barrera ígnea. Cuando esta desapareció, las tres figuras del suelo estaban de pie, junto a sus compañeros.

—¿Qué...? —Un piscis alto, corpulento y de rostro pálido rió. Estaba situado en el centro del grupo, y parecía, pese a todo, calmado—. ¿Qué significa esto? —De reojo, miró a la flamma, que se había situado a su derecha—. Pensé que nadie os había seguido.
—Nadie nos ha se.
—¡Quietos! —Era Polka quien hablaba ahora. Tenía el ceño fruncido, y se había vuelto a armar. Asía con fuerza sus puñales, y sus nudillos habían palidecido por la fuerza—. El ejército de Brontë está aquí. No pongáis resistencia y nadie saldrá herido.

Si alguien estuviese mirando a la flamma en ese momento, vería cómo sus cejas se arqueaban un segundo, y cómo sus labios se separaban, apenas unos centímetros. Pero si los guerreros hubiesen observado a sus otros enemigos, hubiesen visto cómo su ceño se fruncía y cómo se posaban sus ojos durante apenas un instante en la muchacha.

—Sin duda esto es inesperado. —De nuevo, el piscis se dirigía a ellos, torciendo una amplia sonrisa—. Hemos oído grandes cosas de Brontë, pero no esperábamos encontrarnos con vosotros tan pronto, ¿no es así, chicos? —Apenas una mirada a su izquierda—. No obstante, lamentamos comunicar que nuestras reglas no consienten las traiciones, ni mucho menos la entrega voluntaria.

Antes de que hubiese terminado la frase, un fuerte anillo acuoso embistió contra el grupo, obligándolos a cubrirse, y al momento, el combate comenzó.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Dom Oct 05, 2014 7:37 pm

Cuando la mujer que da órdenes se acerca, abre la trampilla y me pongo tenso, a la espera de que alguien salga de ahí dentro. Pero nada otra vez.

Empezamos a bajar y sigo a la mujer por las estrechas escaleras. El subsuelo no permite muchos movimientos. Me gusta más emboscar desde los árboles.

De nuevo el sitio es silencioso, como si no hubiese vida en él. Toco las rocas de las paredes con las manos, sintiendo la humedad de estar bajo tierra. Investigo los huecos con los dedos ásperos, comprobando si puedo agarrarme bien. La roca no suele ser complicada.

Llegamos a un pasillo y al poco se escuchan voces. Aprieto mi kunai. No se ve nada más allá del brillo amarillo de la mujer chrysos. Piso con cuidado, tratando de ser más sigiloso que de costumbre aunque siendo tantos la diferencia no será muy grande porque no escucharán igualmente.

Al final atravesamos una puerta y el grupo de gente que habla aparece en frente de nosotros, poco antes de que una pared de fuego los cubra para que después estén ya todos alerta. Por eso no hacía falta ser sigiloso.

Me cubro del primer ataque pegandome al suelo para luego subir como un resorte. Ser un grupo numeroso en un espacio pequeño también me ayuda a escabullirme entre mis compañeros. Ataco sin esperar a nada, ellos han atacado.

En una mirada rápida, dirijo un aquaerum con la izquierda al aether que está desarmado, pero sólo para que sirva de distracción y lanzar el kunai a su muslo, sobre la rodilla para que no pueda moverse bien. Primero dejar fuera de combate a los que no cuentan con armas.
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Massen Dew
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Mar Oct 07, 2014 4:03 pm

No tuve oportunidad de abrir la trampilla, ya que fue la propia líder del grupo la que procedió a hacerlo. Y, cuando la levantó, pude comprobar que no estaba equivocada: era una puerta relativamente fina, y claramente menos gruesa que los tablones del suelo a su alrededor. Aquello era bastante habitual para impedir que las puertas fueran demasiado difíciles de abrir, y de esta forma asegurar que nadie quedara atrapado dentro. Por otra parte, suponía que, muy probablemente, alguien podría haberla sentido bajo sus pies si hubiera pasado junto a la estantería. La observé un momento, preguntándome el por qué de tantos libros, pero tenía asuntos más urgentes que atender.

Para cuando la mujer abrió la trampilla, yo ya había invocado un aquaerum como prevención. Ante nosotros se abrió una escalera descendente, de madera, que se perdía en la oscuridad. Un aspecto más que común para un pasadizo como aquellos. Y, en ese momento, me di cuenta de que lo normal habría sido conseguir algo de luz antes de abrir la trampilla. En cualquier caso, no ocurrió nada al abrirla. Ni un movimiento, ni un sonido. Me volví hacia Inger, esperando que pudiera decirnos qué veía más allá, pero finalmente Alehyss quedó encargada de darnos luz.

No tardamos mucho en llegar abajo, y pronto comenzamos a recorrer la galería. Me preguntaba si había algún plan de actuación concreto, teniendo en cuenta que la guarda, por una parte, había empezado por investigar la casa a fondo pero, al mismo tiempo, sabía que estarían bajo una trampilla. No tenía ni idea, a aquellas alturas, de qué nos esperaba, y las expresiones de confusión de la guarda a medida que avanzábamos por el túnel no mejoraban mis impresiones. Por si acaso, me mantuve junto a Alehyss, en parte por ser ella y en parte por la luz, con mi aquaerum preparado desde el primer momento, esperando cualquier cosa. Trataba, en la medida de lo posible, de ser sigilosa.

Al cabo de un tiempo de avance parecimos llegar a nuestro destino: unas voces se escuchaban más allá. Fruncí el ceño, alerta, tensando la mano en que portaba mi aquaerum, preparada para lo que viniera. Aunque, a simple vista, nuestros enemigos no parecían muy informados de nuestra llegada. Por no decir nada. Sin embargo, pronto descubrí que contaban con grandes habilidades mágicas, pues no tardaron mucho en encontrar la forma de organizarse tras una pared de fuego. Y el combate dio comienzo.

Lo primero que tuve que hacer, dada la situación, fue invocar un baadha ante mí para evitar el golpe de agua que me seguía, al tiempo que retrocedía ligeramente para evitarlo, en caso de que el baadha no fuera suficiente. Después, sin esperar ni un instante, lancé mi aquaerum contra el piscis. Después de todo, era el que nos había atacado. Y aunque lo había tomado como mi objetivo en primer lugar, me aseguré de no menospreciar al resto de nuestros enemigos. Eran siete en total, tal y como indicaban los platos. Al menos los superábamos en número.

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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Miér Oct 08, 2014 2:09 pm

Cuando por fin se abre la trampilla no pasa nada. Noto cómo la tensión que se me ha generado en el espacio de tiempo entre que estaba a punto de abrirse y, finalmente, se abrió, desaparece. Por supuesto, sigo tensa, pero es diferente. Tengo que ser capaz de controlar mis sensaciones. Yo no soy así, generalmente. No debo serlo. Y menos en medio de una misión.
He sido yo, al fin y al cabo, la que se ha encargado de llamar la atención sobre la importancia de mantener el control en otras ocasiones.

Somos once. Once contra siete, supuestamente. Y supongo que son guerreros capaces, aunque no los conozca. Pero de todas formas me encuentro intranquila. Pero confío en mí misma. Y confío en Massen, a mi lado. Elektra no lo hizo mal la última vez que la vi en acción.
Podría decir que no desconfío, exactamente, de nuestras capacidades. Y eso en parte me tranquiliza, pero llega a intranquilizarme un poco también, por otros motivos.

Me ilumino cuando se me pide, aunque con luz tenue. No creo que necesitemos un área inmensa de luz, y en medio de la oscuridad un brillo representa un blanco idóneo. Nos estamos poniendo en peligro.
Una vez abajo, comenzamos el avance. Me aseguro de no ir en primer lugar, aunque tampoco cerrando la comitiva. Voy más cerca de la parte delantera, en segunda posición junto con Massen, de todas formas, para proyectar la luz ante nosotros.

No me gusta estar en una gruta como esta. No dudo de su estabilidad, parece bastante sólida,  pero somos demasiados. No puedo pasar desapercibida porque tengo la tarea de alumbrar. No puedo valerme de mi agilidad tan bien como en un espacio abierto, porque somos demasiados. Y no quiero pensar cómo será si metemos a siete personas más en este espacio. Me temo que será una sucesión de fuegos rápidos, y yo no puedo participar en eso.
Me las arreglaré.

No solo yo estoy algo tensa, comprendo pronto. Polka y sus guardas parecen algo intranquilos. No obstante, eso no fomenta mi propia tensión. Me siento igual. Supongo que hay muchos motivos para estar agarrotado ahora mismo, pero no creo que hacerlo más de lo que ya lo estoy sea conveniente.
Dirijo una mirada a Massen, seria, en silencio.
Eso es. Ella está aquí. No soy la única presente. Sean cuales sean mis problemas y mis preocupaciones, deben quedar a un lado. Porque aquí no estoy solo yo.

La primera de las voces que logro escuchar alerta, finalmente, de la situación aproximada del enemigo. De pronto es como si todavía hiciésemos menos ruido al caminar, y bajo un poco más la intensidad de la luz, en un intento inconsciente por ampararnos en la oscuridad.
La sucesión de voces indica la existencia de tres personas: dos mujeres y un hombre. Hablando de "Roy". Muy apropiado.

Cuando ya estamos muy cerca se entrevé el crepitar de un fuego en el suelo. Quizás haya antorchas. El hecho de que haya luz hace que sea más improbable una alta tasa de caeruleus. Creo que eso es una ventaja para nosotros. También para ellos, dicho sea de paso. La desventaja sería, en todo caso, que fuesen caeruleus casi todos, y yo la única fuente de luz.
Pero no todos pueden ser caeruleus, por supuesto. Una persona, por lo menos, será flamma. ¿No?
Ya la he oído. Está aquí.

Somos cautelosos. Cuando nos internamos en el nuevo escenario no atacamos de repente. Casi hubiese sido más útil contar con los cinco efectivos que se quedaron en el piso de arriba, a mayores, para generar más caos, pero supongo que tendrán otras tareas asignadas, y que somos más que suficientes.

Siete. De verdad son siete. Los recorro enseguida con la mirada, ávida, reconociéndolos cuanto antes. Ahí está, en el suelo.
Dena. Cuánto tiempo sin verte.

La primera llamarada me hace recuperar la tensión, pero ya siento la adrenalina fluir. Mi cuerpo ya se prepara para el combate. Polka habla. Es un formalismo, por supuesto. Porque están atrapados como ratas y no van a ceder, de la misma forma que Jager no cedió en su momento, asediado por arqueros, hasta que lo derribaron. Porque, llegado un momento, una persona no se rinde sin más. Si han luchado tanto no acatarán a la primera orden: lucharán.

Y así es. Unos segundos más y el primera ataque viene hacia nosotros.
Me lanzo cuerpo a tierra buscando que el hechizo me pase por encima, y puedo ver, aún en el suelo, que no soy la única que ha optado por eso. Mi intención es ponerme el pie al instante, sin perder un segundo.

Durante un segundo estoy a punto de seleccionar a la caeruleus como rival, con idea, quizás, de aprovechar su peor visión en un sitio iluminado, pero lo descarto enseguida, encontrando un rival que veo más adecuado para mis capacidades.
Me dirijo, enseguida, a por el chrysos, girando ya la bola de la kusarigama a toda velocidad, en círculos cortos pero potentes, furtiva. Supongo que aprovechará su arma para los ataques eléctricos, aprovechando el material, por lo que espero que esta ropa tan aparatosa dé resultado.

Aprovecharé la carrera para, cuando me encuentre lo suficientemente cerca, girar sobre mí misma en un movimiento veloz y potente, y aprovechar la inercia de mi propio giro para lanzar la bola hacia él, hacia su garganta. Si consigo atraparlo podré tirar para oprimir y ahogar, y si fallo tiraré de la cadena para recogerla enseguida y preparar un nuevo ataque.
Al menos, mi cadena me permite una distancia mayor que su arma, aunque si quiero utilizar la hoz deberé acercarme más.
De momento, tanteo.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Vie Oct 10, 2014 12:09 am

Massen había encontrado una trampilla que Polka no tardaría en abrir. Daba a un lugar oscuro, debía de ser la entrada hacia los pasillos subterráneos de los que habían estado hablando. De acuerdo con las palabras de Polka, nuestros objetivos se encontrarían ahí. Me aferré con más fuerza a Jaogín, era hora de ponerse seria.

La oscuridad de los pasillos poco se pudo burlar con la luz que emitía Alehyss por los ojos, aunque era sufuciente para poder movernos. Las rocosidades en las paredes me recordaban a las habladurías sobre los poblados subterráneos de Hummus, que no eran más que fábulas para mí.

Sólo oíamos nuestros propios pasos, no había palabras que dirgir, ni tiempo que perder. Aproveché para echar una pequeña ojeada de nuevo a mis compañeros. Alehyss y Massen me acompañaban de nuevo en esta misión, lo cuál me aliviaba un poco, ya que la piscis era capaz de curar con magia. Los otros dos, no parecían ni más ni menos que culaquier otro del palacio de Brontë, quizás los hubiera visto alguna vez, pero en tal caso no lo recordaba.

Fue entonces cuando unas voces rompieron el silencio. Voces, tanto femeninas como de chicos. ¿No eran conscientes de que estábamos tras de ellos? Nos acercamos al origen de las voces, desviándones del camino principal. Ahí estaban, unas siete personas cogidas por sorpresa, pero bien preparados, pues no tardaron nada en atacarnos después de esconderse detrás de una barrera de fuego.

Un aquaerum venía dirigdo hacia todos. Debido a ue mi estatura difería notablemente de las de los demás, agacharme sería más que suficiente para evitar el golpe, ¿no? Mis compañeros se adelantaron y respondieron cada uno atacando a una persona diferente. Necesitaba un objetivo yo también, y cuando la vi no dudé ni un segundo en sonreír y apuntarle con mi tridente. Era una caeruleus enorme, y quizás un objetivo fácil.

- Terro - dos proyectiles de piedra saldrían disparados desde el suelo hacia ella -uno hacia su cara y otro hacia su estómago-.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Mar Oct 14, 2014 2:38 am

Al ver venir a Polka, la líder del grupo, noté cómo me tensaba, pensando que en cuestión de segundos estaríamos combatiendo contra no sabía ya cuánta gente. Aferré con fuerza la empuñadura de la espada, frunciendo el ceño, preparada para atacar en cuanto la piscis abriese la trampilla, y esperé.
Y esperamos.
Y nada ocurrió.
Y entonces descendimos, porque nuestro deber era encontrar a aquella gente.

En un primer momento, pensé en ponerme en cabeza, liderando el grupo, pero al ver que Polka ordenaba a Alehyss que se iluminase, descarté esa posición y opté por colocarme hacia la retaguardia, lo más lejos posible de la luz que emitiría la chrysos, aprovechando que yo no necesitaba que iluminasen el camino para poder ver; de hecho, cuanto más oscuro, mejor, aunque esperaba que no fuese necesario enfrentarnos a oscuras, contando solo con la luz de Alehyss: a pesar de que a mí me venía bien la oscuridad, el grupo era numeroso, y yo era la única caeruleus, la única que podría aprovechar una situación como aquella; con toda probabilidad, un combate a oscuras solo nos perjudicaría.

Avanzamos por el conducto, armados, dispuestos a enfrentarnos a lo que fuese que nos encontrásemos. Yo caminaba observando a mi alrededor, fijándome sin motivo en las paredes, en los pequeños detalles, asiendo con fuerza la espada. Me sentía un poco nerviosa; aquella calma me ponía nerviosa, porque no sabía qué podía estar esperándonos, porque en cualquier momento alguien podía atacarnos, porque.

Entonces, ruido, voces. Dos femeninas, unas masculinas, y por lo que decían, una de ellas al menos debía de ser la destinataria de todas aquellas cartas que Polka nos había enseñado. Fruncí un poco el ceño, mirando durante a Alehyss y Elektra, apenas un instante. Tragué saliva, y conforme nos fuimos acercando al lugar del que salían las voces, noté cómo el ruido que emitíamos descendía.

Entramos rápidamente, y los guardas pronto intentaron una ofensiva que fue reducida por una fuerte barrera ígnea. Antes de que todo empezase, tuve tiempo a ver a cuatro personas, pero cuando el fuego desapareció descubrí a las otras tres. Todo ocurrió muy deprisa; oí, con la espada fuertemente asida, preparada para atacar, cómo el piscis y Polka hablaban, meros formalismos, suponía, y entonces el hombre nos atacó, lanzándonos una fuerte onda de agua. Mi primera reacción fue echarme al suelo, intentando huir del impacto del hechizo, todavía sujetando la espada. Luego, veloz, me pondría de pie y me lanzaría contra la claritas; nada más ponerme en pie, lanzaría un garves que buscaría cegarla, y entonces aprovecharía esos escasos segundos para lanzarme contra ella, buscando cortarla con la espada.

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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Miér Oct 15, 2014 2:21 am

La onda acuosa golpeó al grupo sin que estos pudieran hacer nada por evitarlo, aunque el daño producido fue menor de lo que el piscis enemigo había esperado gracias a la protección mágica de las capas. En el caso de Massen, la única que había optado por conjurar una barrera, el daño fue aún menor, pues la barrera, pese a que no logró contener por completo el golpe, sí logró quitarle parte de fuerza, y para cuando finalmente el agua la golpeó, la pequeña no cayó al suelo como el resto de sus compañeros, logrando permanecer en pie al igual que Polka.

Aprovechando aquella primera ofensiva, los enemigos se movieron, avanzando hacia el grupo: dentro de aquel limitado espacio, los enemigos se separaron, centrándose cada uno de ellos en un objetivo diferente.

El piscis, al que Massen había lanzado un aquaerum, esquivó sin esfuerzos el conjuro de la pequeña, y lo mismo hizo con los puñales que Polka, que se había unido a Massen, le lanzó. Sonriente, el hombre, que se acercaba peligrosamente a ambas piscis, arrojó un fuerte Vlino contra el pecho de la pequeña, pero luego centró su atención en la líder de la guarda, tal vez por considerar, quizá erróneamente, a Massen como un enemigo menor. Al lado de la líder de la guarda, se había formado un ser acuoso, que respondiendo a los deseos de su conjuradora, se lanzó a atacar al piscis, al tiempo que Polka continuaba con su ofensiva física: mientras el ser se concentraba en lanzar diferentes ataques mágicos, la guarda decidió optar por sus puñales, que lanzó buscando los puntos más débiles del hombre. El hombre respondía a ambas ofensivas con barreras y esquivas, cubriéndose o evitando los ataques del ser y de la piscis, continuando su avance. No parecía interesado en enzarzarse en un combate, a pesar de que no parecía tener problemas para contener tanto a la líder como al acompañante mágico de esta.

El aether al que Follow tomó como objetivo también parecía tener una capacidad mágica considerable, pues, en lugar de tratar de esquivar ambos golpes, se cubrió con un baadha lo suficientemente fuerte como para que ninguno de los dos ataques lograse romper la barrera. Luego, aprovechando la relativa ventaja que tenía, conjuró un Mul'Ai'Nï que lo acercó velozmente al piscis: al llegar a su altura, buscó golpear con su puño derecho la cabeza de Follow, aprovechando que ambos estaban desarmados para iniciar un combate a corta distancia.

Los ataques de Elektra tampoco tuvieron demasiado éxito, pues aunque sí llegaron a golpear a su adversaria, estos no parecieron hacerle ningún tipo de daño. De hecho, solo sirvió para que la caeruleus, que parecía haber querido acercarse a la masa de guardias que se enfrentaban a su compañera flamma, centrase su atención en Elektra. Con rapidez, conjuró un garves, que cegó durante unos cortos segundos a la parvus; cuando Elektra abrió los ojos, pudo ver el filo de la espada de la caeruleus, buscando cortar la cabeza de la parvus.

El garves de Inger también logró cegar a su adversaria, aunque su efecto no duró demasiado, y cuando la muchacha consiguió ponerse a su altura, la claritas ya gozaba de plena visión. Por eso mismo, no tuvo problemas en esquivar el primer ataque de la caeruleus, desplazándose hacia la derecha velozmente, con gran agilidad. Tras esto, la chica arrojó uno de sus puñales al brazo derecho de la caeruleus, arrojándose después contra ella al tiempo que conjuraba un Ëiminn luxt dirigido a su pecho.

Alehyss fue la que más éxito tuvo con su ataque. La cadena de la kusarigama logró enroscarse alrededor del cuello del chrysos enemigo, que parecía sustancialmente más débil y asustado que sus otros compañeros. No obstante, con esfuerzo, el muchacho movió la espada, tocando con ella la cadena de la kusarigama: pronunció un chrysantae nada más entró en contacto el filo de su arma con el arma de Alehyss, y a este hechizo le siguió un Châxsio dirigido a la muñeca derecha de Alehyss, invocado con su mano libre. En otra ocasión, la potencia de ambos hechizos le hubiese causado a Alehyss un fuerte dolor, pero la ropa consiguió de alguna forma absorber parte de la fuerza de los conjuros, haciendo que Alehyss notase poco más que un leve chispazo, sintiendo, eso sí, más dolor en la muñeca que en el resto del cuerpo. Desesperado, el chrysos buscó con la mirada a alguno de sus compañeros, sintiendo cómo el aire se le agotaba; seguía, pese a todo, lanzando hechizos, cada vez menos fuertes y precisos, intentando librarse de algún modo del agarre de la muchacha.

Las miradas de la chrysos lograron captar la atención de su compañera flamma, que parecía centrarse en defender a la aether de cualquier tipo de ataque mientras ambas avanzaban hacia la salida, limitando sus movimientos a defensas que las cubriesen a ambas. Formando diferentes barreras, a cada cual más fuerte, y cambiando la composición de según qué partes de su cuerpo a algo similar a la lava, la flamma ahora mismo trataba de contener guardas, que veían como sus conjuros y puñales se perdían entre las poderosas paredes ígneas que la muchacha formaba, y que notaban, con relativa frecuencia, cómo ardientes puños o conjuros les golpeaban. Resultaba evidente que la aether, que temblaba y observaba a su alrededor con palpable miedo, lastraba a su compañera, pero la flamma no parecía dispuesta a dejarla sola, de la misma forma que tampoco parecía dispuesta a sacrificar al joven chrysos. Aprovechando el tiempo de margen que le daba una de las barreras que había conjurado para defenderse de los guardas, la muchacha lanzó un fuerte Lugneo contra Alehyss, golpeando el brazo de la muchacha y haciendo, esta vez sí, que la chrysos notase un fuerte dolor, viéndose obligada a aflojar el agarre. El chrysos aprovechó ese corto momento para zafarse, retrocediendo, tembloroso, falto de aire.

Como consecuencia de su ataque a Alehyss, la flamma recibió una fuerte ráfaga de Hedri, que golpearon duramente su pecho, arrancándole un grito agudo y alto, pero logró reaccionar a tiempo antes de que la golpeasen de nuevo. La muchacha conjuró una gruesa barrera, que tragó los puñales y hechizos de los guardas, y después lanzó un fuerte Perru contra uno de los hombres, logrando que este perdiese el conocimiento cuando se pegó al suelo. Le quedaban todavía cuatro de los cinco hombres.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Miér Oct 15, 2014 9:43 pm

Dado que ambos nos habíamos declarado la guerra, no me resultó difícil ver venir el ataque del piscis. Al tiempo que saltaba a un lado para evitarlo, conjuré un baadha para evitar también las consecuencias del mismo una vez hubiera explotado. Y, tras ello, el piscis pasó a ignorarme por completo. Como si aquello hubiera sido suficiente para mí. Como si no valiera en absoluto la pena.

Fruncí el ceño.

El hecho de que mi enemigo hubiera decidido ignorarme me daba vía libre, desde luego, en muchos sentidos. Por una parte, tenía más tiempo para observar la batalla a mi alrededor. Por otra, podía atacarlo y acertar con mayor facilidad, ya que no me estaba prestando atención y era improbable que viera venir mis ataques.

A pesar de mi repentina libertad, no tenía tiempo que perder, y no pensaba desperdiciar un solo segundo. Conjuré dos aquaerums en voz baja, uno en cada mano. Tratando de ofrecer apoyo a Polka, lancé el primero contra el piscis, a sus rodillas, con el fin de hacerle perder el equilibrio. En cuanto al segundo, tenía claro mi objetivo: había una flamma dando problemas a Alehyss, y su siguiente objetivo parecía la guarda. Aprovechando que no estaba fijándose en mí y que apenas podía verme desde su posición, lancé el segundo aquaerum directo a su nuca. Con un poco de suerte, la dejaría inconsciente. Si no era le caso, al menos habría ganado tiempo para la guarda.

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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Lun Oct 20, 2014 2:31 pm

Podría decir que mi ataque tiene éxito. Al menos en principio, lo que me empuja a continuar el combate. Aún a costa del hechizo que he recibido, contenido por estas ropas, diría que el resultado es positivo, pero tengo que acabar rápido con él, tumbarlo como sea, antes de que reciba ayuda.
Aunque quizás no soy lo suficientemente rápida como para conseguirlo. Dejar a alguien fuera de combate es más difícil que matarlo, al fin y al cabo. Y no me encuentro sola aquí. Así que cuando quiero darme cuenta he recibido otro golpe, y esta vez no ha sido tan fácil de pasar por alto.
Dejo ir un gruñido, pero evito nada más. No es momento de dar muestras de debilidad. Ya bastante lo sabrá ella.

Dena, eh. Tenías que ser tú. Desde luego puedo decir que al menos te esfuerzas por protegerlos. Al menos a ellos dos. Los otros no parecen estar necesitando mucha ayuda.
Al ver el panorama que nos rodea tengo ganas de irme. De no haber venido. O de haberlo hecho con más personas.

Estamos en desventaja, pese a todo. Resulta evidente.

¿Qué hago ahora? ¿Qué harás, Ale? Parece un suicidio enfrentarse a ella, que me ha causado tal dolor incluso con esto puesto. Pero del mismo modo parece una locura dejarla consciente para que siga atacando.
Hay demasiada información en mi cabeza. Me cuesta procesarla toda al mismo tiempo.

Roy, ¿verdad? Eso decían las cartas. Eso decían tus compañeros al hablar contigo, antes de que atacásemos.
Roy...
Tengo que poder tirar por ahí.

El chrysos sigue en pie. Si sigo atacando quizás consiga una baja. Y si ella lo ayuda de nuevo y baja de nuevo la guardia recibirá los ataques de los piscis. Así que decido que él es mi objetivo, ahora que parece más débil. Todos necesitan apoyo, pero si lo dejo en pie él hará lo mismo con sus compañeros.

Me lanzo a por él, pendiente de su espada, en un movimiento rápido. Giro la cadena, pese al dolor, porque no me puedo permitir no hacerlo. Esta vez no voy a por su cuerpo, sino a por su espada. Si consigo engancharla bastará un tirón seco para desviarla un momento cuando ataque. Si me aseguro de no ir contra su movimiento, sino de simplemente desviarlo, debería funcionar, a menos que su fuerza sea descomunal y me aplaste de todas formas. Y si logro un desvío, por leve que sea, será el momento de encajar el ataque: aprovechando el impulso de mi cuerpo para recortar la distancia, planeo encajar la hoz en su garganta, golpeando su tráquea con ella, usando la parte contundente y no la cortante. Si acierto, desde luego le causaré daños, aunque no creo que eso baste para romperle nada. Al fin y al cabo mi intención  no es que muera, sino que la falta de aire y el dolor le impidan defenderse. Cuando encuentre un momento podré golpear algún punto débil de su cabeza y tumbarlo.
Sería perfecto. Y Polka dijo que debíamos capturarlos, lo que me da una excusa más para convencerme de que no debo matar. Pero deberé hacerlo si la cosa se complica.

Si la cadena no logra alcanzar su espada cuento con la posibilidad de invocar un baadha mientras me impulso hacia atrás. Entonces podré observar el panorama y buscar una forma alternativa de atacar.

Debe ser todo muy rápido. No quiero darle tiempo a reaccionar, a defenderse. Pero lo que más me intranquiliza es la posibilidad de ser atacada mientras tanto, por lo que debo actuar con rapidez para que el tiempo de desprotección sea escaso, y revisar mi entorno siempre que pueda.

Tiene que haber una solución mejor que todo esto.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Lun Oct 20, 2014 7:49 pm

El efecto del garves terminó antes de que pudiese atacar a la claritas, que esquivó con una facilidad bastante insultante mi ofensiva. Tras su esquiva, mi primera reacción fue la de cubrirme, defenderme de algún posible ataque suyo, y por eso, cuando vi venir su puñal, no dudé en hacerme al lado contrario, veloz, buscando que mi brazo esquivase su ataque: tener un puñal clavado en el brazo, o una herida en el mismo, dificultaría bastante mi forma de luchar, y ahora mismo lo que menos quería era tener problemas para atacar o defenderme. Con este movimiento también procuraba que su conjuro no diese de lleno en mi pecho, sino que, en caso de que tuviese que golpearme, lo hiciese en otra zona, como el brazo izquierdo; no obstante, me preocupaba menos que el puñal por el simple hecho de que vestía la ropa encantada que el líder claritas nos había dado: si lo que había dicho era cierto, el daño que nos podría hacer un conjuro sería menor, y aunque desconocía el nivel de magia de mi adversaria, no creía que fuese una maga tan poderosa como para causarme una gran herida con un solo conjuro.

Aprovechando mi nueva posición, busqué defenderme ahora de su embiste, colocando la espada en posición defensiva a la altura del pecho a fin de detener el impacto de alguna de sus extremidades o de otro puñal. No sabía cuáles eran sus intenciones, pero si lograba detenerla, o hacer que se replantease su ataque, entonces trataría de atacarla yo, procurando uno de sus brazos: si la hería ahí, más le costaría luchar, al menos con los puñales. Pese a todo, ahora mismo, al desconocer por completo sus habilidades y vista su agilidad, mi objetivo se centraba más en defenderme de ella que en atacarla: suponía que la mejor forma para dañarla era aprovechar un despiste, pues parecía evidente que con esa velocidad no tendría problemas para esquivar al menos los primeros golpes.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Lun Oct 20, 2014 11:24 pm

Mi kunai primero y luego mi aquerum parecen quedarse a mitad de camino con lo que necesito un nuevo plan.

Antes de darme cuenta, mi enemigo está frente a mí, tratando de atacarme directamente a la cara. Me agacho de inmediato, flexionando rápidamente las rodillas y apretando el abdomen para ganar velocidad y cambiar el ángulo de mi cuerpo. Utilizo, acto seguido, la inercia del movimiento para impulsarme con las rodillas hasta dar un cabezazo en la boca de su estómago. Tengo gran capacidad para escabullirme y reaccionar a imprevistos, así que no temo a su ataque.

Cargo un aquaerum con mi mano derecha para tratar de lanzarlo a su tronco si consigo apartarlo lo suficiente con mi cabezazo.

Noto como a mi alrededor todos están ya luchando y nuestros enemigos parecen tener prisa para marcharse. Nos han pedido rehenes, qué forma de complicarse.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Sáb Oct 25, 2014 7:01 pm

¡Ugh! Un golpe me tiró al suelo, no había logrado evitar el ataque -pues había planificado mal la trayectoria-. Sin embargo, al haberme agachado, el golpe de caída no me había resultado muy duro. Aún así, no permitiría que nuestros enemigos me ridiculizasen de esa manera. Me evanté rápidamente con Jaogín entre mis manos y apuntando hacia delante, por si a alguno le apetecía adelantarse mientras estábamos en el suelo.

Me centré en la caeruleus a la que había atacado anteriormente, parecía que mi magia no surtía gran efecto sobre ella, tendría que enfretarme a ella cuerpo a cuerpo. Entonces... ¡agh! ¡No podía ver nada! Un nudo se formó en mi garganta, millones de olores se empezaron a entremezclar en la sala.

Conjuré un pervatia en frente de mí, para que al menos tuviese que desplazarse un poco más para atacarme, sabía que mi ceguera no dudaría para siempre. De hecho, de repente, como si nada, ya podía ver el muro de piedra delante de mí. Busqué velozmente la localización de mi enemiga cuando noté que un destello se acercaba hacia mí. ¡NUNCA! Rápidamente roté mi cuerpo con Jaogín por delante, empleando toda mi fuerza para que el acero del tridente detuviese el filo de su espada y, quizás, lo empujase un poco hacia atrás. Si lograba detenerla, lanzaría otro pervatia hacia ella, y me echarí un poco hacia atrás, esperando a que atacase.
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MensajeTema: Re: A Ciudad Nevada.   Dom Nov 02, 2014 11:28 pm

Ambos golpes de Massen lograron impactar en sus objetivos, pero las reacciones de sus enemigos fueron diferentes. El piscis, a pesar de que el aquaerum de la pequeña le sorprendió, no pareció inmutarse, y continuó su lucha contra la líder de la guarda, ignorando de nuevo a Massen, pudiendo defenderse sin dificultad del ataque que Polka le había lanzado previamente. La flamma, por el contrario, sí soltó un quejido, encogiéndose un segundo sobre sí misma, echado su menudo cuerpo hacia delante, perdiendo durante un segundo la concentración y dándole a los guardas una nueva oportunidad para golpearla tanto con magia como con los cuchillos: los ataques de los guardas lograron llegar a su cuerpo, clavándose los puñales de dos de los hombres en sus brazos pálidos, impactando los hechizos de los otros dos en su pecho. La joven retrocedió entonces, y se rodeó con una fuerte barrera de fuego, olvidándose momentáneamente de la aether, que se vio de pronto sola y desarmada en un entorno que le resultaba desconocido.

El ataque de Alehyss también consiguió llegar a su enemigo. El chysos, que ahora ya parecía evidente que no sabía manejarse en combate, que carecía de la práctica de sus compañeros, vio cómo la cadena de la kusarigama de la muchacha se enredaba en torno a su espada, enganchándola, y aunque aprovechó el material del que ambas armas estaban hechas para conjurar un chrysantae que recorrió la superficie de ambas hasta llegar a Alehyss, no fue lo suficientemente hábil como para impedir el desvío que la espada sufrió. Tampoco tuvo la velocidad ni agilidad suficiente como para evitar el golpe de Alehyss: la hoz de la kusarigama impactó en su traquea, y aunque la intención de la muchacha no fue cortar, Alehyss pudo ver cómo una fina herida se dibujaba en la traquea del joven. La sangre comenzó a caer, lenta, manchando la piel del joven, sus asustados dedos delgados, que subieron a su garganta, buscando detener el fluido.

Tanto Inger como Elektra lograron detener los ataques de sus adversarias, pero solo el ataque de la parvus logró impactar en el enemigo. Así, mientras Elektra vio cómo su pervatia lograba impactar en la caeruleus, que, de nuevo, pareció no sentir más que un leve roce, Inger experimentó de nuevo la superior agilidad de la claritas, que se deslizó hacia la derecha al ver venir el arma de la caeuruleus. Al momento, ambas enemigas atacaron: la caeruleus a la que Elektra se enfrentaban volvió a lanzarle un garves, cegándola momentáneamente, aprovechando la oscuridad en la que la parvus se había sumido para buscar cortar su brazo dominante; la claritas, por su parte, lanzó un nuevo par de puñales al cuerpo de Inger, buscando que se clavase uno en su brazo derecho y otro en su pierna izquierda.

Follow también logró golpear a su enemigo, que al igual que la caeruleus enemiga no pareció molestarse en esquivar la ofensiva. El cabezazo impactó en su pecho, y el aether aprovechó la cercanía para dar un fuerte y doloroso golpe en la nuca del piscis, que fue suficiente para hacer que Follow cayese al suelo; si seguía consciente, le costaría respirar con normalidad, y tardaría en poder volver al combate. Sintiéndose libre de enemigo, el aether se tomó un segundo para observar a su alrededor, y tras un segundo de duda, decidió lanzar un fuerte aether contra la guarda, logrando que los cuatro hombres se desestabilizasen durante un segundo.
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A Ciudad Nevada.
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