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 Androides II: A las minas.

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MensajeTema: Androides II: A las minas.   Vie Mar 20, 2015 6:51 pm

Ben
Inger

Cero

Los tres guerreros viajaron a Lumen para reunirse con el grupo de soldados a los que apoyarían durante la incursión y desmantelamiento de la mina que habían encontrado. En ella esperaban encontrar información sobre el arma que se estaba desarrollando, una especie de guerreros metálicos incansables, según les dijeron, y dejar a los que organizaban aquello en las sombras sin uno de sus proveedores. Un primer paso para acabar con la organización entera.

El punto de reunión con los soldados de Lumen fue un campamento temporal que habían establecido aquella misma mañana en un bosque cercano a la mina, desde el cual partiría el ataque. Había cuatro tiendas de tela grandes de colores verdosos y marrones que ayudaban a camuflarlas entre los árboles en las grandes distancias, y pudieron contar sobre una veintena de soldados, todos ellos claritas, que descansaban o preparaban sus armas. La que los recibió fue una mujer. Parecía hecha una furia, con la mandíbula apretada y el ceño fruncido.



-Sois los de Brontë, ¿no es así? ¡Gracias al cielo! Disculpad mi humor, pero uno de mis subordinados...-. Negó un par de veces, inspirando y luego mirándolos uno por uno. El distintivo de su ropa indicaba que se trataba de una sargento, para aquel que supiese diferenciarlos-. Mi nombre es Shërhen Vanhanen. Os estábamos esperando.

Comenzó a andar, haciendo una señal para que la siguiesen. A su paso los soldados que los rodeaban parecían recuperar un poco la compostura, y saludaban firmes, respetuosos.
Tras unos metros, la mujer entró en una tienda, seguida por los guerreros. El interior no era muy acogedor, pero contaba con una mesa con un plano de la zona, algunas sillas y armas o artefactos. Parecía algo montado en poco tiempo y solo contaba con lo necesario.

Shërhen se volvió hacia ellos, estudiándolos un poco más a fondo. No dijo nada, sin embargo, limitándose a asentir al pasar la vista por cada uno de ellos, como si el gesto la satisficiese. Pasó entonces a explicarles la situación.

-Hemos recibido información sobre la mina a la que queremos entrar-. Se acercó a la mesa, señalándoles el plano, que no era muy detallado-. Tiene dos entradas, una principal y otra más discreta en un lateral-. Las señaló-. El batallón principal entrará por delante y distraerá a las fuerzas de defensa, y otro más pequeño y ágil será el encargado de desmantelar el interior aprovechando la distracción. Además, hemos sabido que...

Una nueva figura entró en el lugar, abriendo la cortina que hacía de puerta y dejando entrar algo de luz desde el exterior.



-Shërhen-. La mandíbula de ella se apretó al instante-. me han dicho que...-. El joven que acababa de entrar, alto y esbelto, el único que parecía no ser claritas de los soldados, se quedó parado al ver a los recién llegados, alzando las cejas-. Oh, sois...

-¡Cabo Hogan! Ha abandonado su puesto sin permiso. Ahora, por favor, guarde silencio. Ya hablaremos de su corrección más adelante.

-Estaba reconociendo el terreno -se excusó él, tranquilo.

Las palabras del joven, sin embargo, no parecieron calmar a la sergento, que mantuvo la mirada severa.

-¡Cabo! -advirtió, y él, acatando, calló, pasando a mirar a los guerreros con cierta curiosidad. También Shërhen lo hizo entonces, repasándolos uno por uno de nuevo-. Este impresentable es el cabo Cord Hoban. Será el encargado de dirigir el pequeño grupo que se introducirá en el entramado de túneles mientras yo dirijo al que atacará de frente. Hemos visto entrar y salir a unas treinta personas diferentes, y sabemos que seguramente haya otros dentro, o que quizás, incluso, tengan rutas alternativas de transporte. Es tan importante mantener el ataque frontal, que distraerá y menguará sus fuerzas, como la infiltración que se encargará de registrar la zona. No conocemos la arquitectura ni las sorpresas que esperan dentro. Ambos son trabajos peligrosos, de modo que nos gustaría contar con al menos un guerrero de vuestro bando apoyando en cada grupo. En lo personal, preferiría que vosotros mismos os organizaseis como prefirieseis. No sois mis soldados, no quiero daros órdenes.  

Cord sonrió entonces, entretenido. No había perdido la compostura, pero era evidente que estaba tan relajado como tensa parecía Shërhen a causa de ello. La mujer evitaba mirarlo en todo momento.

-Si tenéis alguna duda estaremos encantados de despejarla, por supuesto -comentó, amable.

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Cero

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Vie Mar 20, 2015 9:19 pm

¡Y aquí una nueva aventura para el inigualable Cero Rein, maestro de Karsnikarsh -o como se dijese- y damiselas! Además, estaba muy bien acompañado con mis dos heroínas. Ben Len, almirante de la armada caeruleus, dueña de los mares de Caligo; con tan sólo siete años, un mérito, ¡desde luego! Por otro lado, la villana más temida de Ignis, venida desde la isla del fuego, y haciéndose pasar por una chica normal de Caligo: ¡Ingerina, sirvienta del inframundo y soberana de los cielos oscuros! Acabábamos de presentarnos y ya era casi como si las conociera de toda la vida.

Teníamos que reunirnos con un grupo de hombres serios quedecían ser nuestros aliados. Prometían oro y mujeres, pero eso no nos interesaba, no éramos esa clase de mercenarios sin rumbo que derrotaban a los malos por placer. Nuestro cometido era el ayudiso, ayudar a cualquiera sin buscar nada a cambio. Incluso la villana Ingerina en el fondo tenía buen corazón.

Nuestra misión era infiltrarnos en una base secreta dirigida por una organización que se escondía en la Cueva de los Lamentos, un nombre dramático para una cueva, sin duda. Hombres de acero, legiones enteras bajo el mando de una organización oscura, escondida en el continente más luminoso.

- No se preocupen caballeros, nosotros nos encargaremos de llevar a cabo esta misión, no permitiremos que nadie salga herido y desmantelaremos esta sociedad de chusma - mi voz sonaba seria, como la situación a la que teníamos que enfrentarnos.

Miré fijamente a la almirante, buscando aprobación en su mirada. A pesar de ser una niña pequeña, el sufrimiento que escondía su mirada hacía que sintiese escalofríos. Todos los que la conocían afirmaban preferir la muerte antes que pasar por lo que aquella mujer pasó. La tragedia no entendía de edades, ni de sexo.

Ns reunimos en la base aliada, lo que parecía un campamento militar, eso sí, con escasez de armamento y patrullas. Cada vez resultaba más evidente la necesidad del trío Garra del desierto. La que parecía la jefa de nuestros aliados, los guardianes de topacio, estaba hecha una hidra -y vestida de ella también-.

- Un placer, como le comuniqué anteriormente a sus hombres, no tiene nada de qué preocuparse - mi mirada penetrba la suya, había una conexión especial entre los dos líderes de los dos grupos que unirían fuerzas. Si no fuera porque no creía en el destino diría que aquello era el destino -. Mis compañeras y yo nso encargaremos de esto.

Busqué su aprobación con la mirada. tendríamos que tomarnos las cosas en serio si queríamos superar nuestra primera prueba como grupo. Tras prepararnos, seguimos los pasos de los guardianes de topacio. De nuevo, más tiendas ocupaban la zona, los patrullas eran escasos, pero parecían fuertes y leales. Entramos en una carpa, y allí nos encontramos con una pequeña habitación temporal.

Había un plano y poco más. La cueva de los Lamentos se volvía cada vez un lugar más peligroso en mi mente. Yo mismo me encargaría de sacrificarme en caso de que alguna de mis compañeras fuera a recibir algún daño o herida. Nos dividiríamos en dos grupos, y estaba casi convencido de que nos tocaría la entrada lateral, al fin y al cabo éramos la élite de Brontë.

Una nueva persona, esta vez un hombre, vestido como si se tratase del mismísimo Topacio de Fuego. Según la jefa Shërhen, sería nuestro guía hacia la entrada lateral de la cueva.

- Si me lo permite, mi señora, considero que deberíamos adentrarnos junto al cabo, sería, sin duda, la mejor forma de aprovechar el potencial de Brontë - la miré fijamente de nuevo a los ojos -. No sé qué opinaran aquí mis compañeras, pero si desea llevar a cabo esta tarea de la manera más limpia y cauta posible, aquí nos tiene.

Me levanté del asiento que había tomado y crují mis puños en señal de calentamiento. Estaba preparado para luchar por el nombre del trío Garra del desierto.
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Sáb Mar 21, 2015 1:57 pm

De nuevo acudía a la llamada de Brontë, y en aquella ocasión era Lumen lo que le esperaba. Ben, muy a su pesar, había dejado en el palacio su gorra vieja, la que siempre usaba, en favor de la que había conseguido en Ignis, que estaba menos desgastada y se ajustaba mejor a su cabeza. En un continente como Lumen, no tenía más remedio que poner la máxima atención en protegerse la vista.

No tardaron en entrar en el campamento claritas, donde una mujer de aspecto severo los recibió. En contraposición, Ben mostraba una enorme sonrisa y una actitud despreocupada, cómoda entre sus compañeros.

-Aquí Ben, una servidora -se presentó, animada.

Ya en la tienda, que Ben observaba con tanta curiosidad como lo había observado todo, el plan se expuso ante ellos. Y, tras la irrupción del cabo (fuera lo que fuera un cabo) y la charla que lideró la mujer, la jefa de todo aquello, fue Cero quien intervino. Ben, que se había mantenido hecha sonrisas con el enérgico claritas, no fue menos en aquella ocasión. Se llevó las manos a la nuca, con su habitual actitud entretenida.

-Yo también creo que serviría mejor con el... ¿cabo? Cabo -respondió, segura-. Y más en una mina. Digamos que se me da bien fundirme con las sombras -. Dejó el mensaje en el aire, dándose algo de misterio-. Claro que si falta personal en el ataque frontal, no tengo problema en formar parte del mismo.

Por ir por delante no dejaba de ser escurridiza, y en aquella zona habría más gente entre la que ocultarse. Ben, que solía ocultarse para atacar, veía la forma de hacerlo en ambos casos.
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Inger

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Sáb Mar 21, 2015 8:02 pm

La misión de la que me había hablado Cierzo llegó antes de lo que esperaba, pero eso no impidió que me apuntase, animada, dispuesta a echar una mano en lo que pudiese. Hacer mas misiones, pensaba, serviría para olvidar del todo el mal trago que había pasado en Aqua.

No recordaba haber visto a los compañeros con los que fui, pero aquello no era demasiado importante. El sol sí lo era, sin embargo, aunque no iba a dejar que eso me molestase más de lo necesario: al anotarme, a fin de cuentas, ya podía imaginarme lo que me esperaría.

Una mujer de aspecto serio nos recibió cuando llegamos al campamento. Shërhen, una sargento claritas.

—Inger Nielsen. A su servicio —me presenté, seria.

Pronto nos dirigimos a la tienda y allí nos explicaron el plan. Escuché con atención a la sargento, sin interrumpir, y solo aparté la mirada de los planos cuando entró el cabo, al que también observé con interés, apenas un segundo antes de volver la atención a la claritas. Entendía que nos quisiese dividir en grupos, e iba a proponer que Ben y yo fuésemos quienes nos adentrásemos en la mina (por algo éramos caeruleus), cuando Cero intervino. Sus palabras me hicieron fruncir un poco el ceño, confusa porque, suponía que él por ser claritas hubiese preferido la otra posición, pero no respondí en un primer momento, dejando que Ben tomase la palabra. Cuando la chica terminó, yo me encogí un poco de hombros:

—Bueno. Yo iba a decir que creía que estaría mejor en la mina con el cabo, pero no tengo inconvenientes en formar parte del ataque frontal si mis dos compañeros deciden adentrarse en la mina.

fdr. ¯\_(ツ)_/¯
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Lun Mar 23, 2015 10:25 pm

Cero, el primero en hablar, se alzó enseguida como cabecilla del grupo, aunque nadie lo hubiese nombrado, y dio a Shërhen su opinión como si fuese la del grupo. Aunque Inger y Ben no tardaron en intervenir también. Al final la claritas los miró a los tres, uno a uno, pensativo, y luego dedicó una última mirada al cabo, brusca, incisiva.



-No sé qué decir. Mandaros juntos cambiaría completamente la intención principal del plan -les dijo-. Tendríamos que reorganizar las formaciones, aunque...

-Oh, venga, Shërhen-. De nuevo, la mujer le dedicó una mirada verdaderamente corrosiva, que solo ensanchó la sonrisa de Cord-. Estoy seguro de que tus hombres pueden encargarse perfectamente de la entrada. Sabes dónde está la verdadera dificultad. Necesitaremos un gran apoyo.

-¡Cabo! No hay una sola posiciçon poco importante, ni una vida menos relevante que otra -lo reprendió.

-No he dicho es...

-Iréis con él los tres, pero solo os acompañarán dos soldados más -decidió la sargento, finalmente, cortando a Cord y volviendo la vista hacia los guerreros-. Es un trabajo cuidadoso. Quizás sea buena idea que vayáis vosotros, guerreros de renombre. Podréis vigilarlo para que no haga nada inapropiado -añadió sin mirar al cabo, como si él no se encontrase en la tienda con el resto-. ¿Hay algo que necesitéis? Como ya he dicho, no tenemos un plano detallado del interior, pero podemos facilitaros alguna herramienta, arma o lo que necesitéis para ayudaros en vuestra tarea. La misión principal es salir todos con vida, al fin y al cabo.

Si todo estaba en orden partirían tras un breve descanso, según se les informó. Esperaban que la incursión no llevase demasiado. Tomarían ventaja del enemigo desprevenido para evitar que tuviesen refuerzos, pero aquello se haría más peligroso cuanto más permaneciesen dentro.
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Mar 24, 2015 9:18 am

Ante aquella situación, Ben fue a recordarles que no le importaba ir con el otro grupo, pero la decisión ya parecía tomada. Sonrió, ofreciendo un gran asentimiento, y se llevó dos dedos a la sien, en un saludo militar.

-¡Sí, señora! -respondió con voz de firmes.

Lo cierto era que Ben no tenía nada que pedir para su incursión. Esperaba las instrucciones, pero eso era todo. Echó un vistazo a su alfanje, pensativa, y flexionó los dedos, calentándolos para lo que estuviera por venir. Por lo demás, permaneció a la espera.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Mar 24, 2015 4:12 pm

Parecía que sí iríamos los tres juntos a la entrada lateral, como yo mismo había indicado desde un principio. El trío Garra del Desierto no podía separarse, puesto que cada uno complementaba los defectos y virtudes del otro. Si nos manteníamos unidos, nada malo podría ocurrir.

La jefa Shërhen y el Topacio de Fuego no parecían estar muy de acuerdo, pero una vez más, la líder de los guardianes topacio supo controlarse y llegar a un acuerdo. Miré a mis compañeras, que parecían tan listas como yo para entrar en acción.

- Le agradecemos el sacrificio, le aseguro que no se arrepentirá - debían confiar en nosotros si querían ganar esta guerra.

Negué con la cabeza ante su última pregunta. No necesitaba nada más que mis manos para poder hacer llevar a cabo mis hazañas de héroe. Juntos destruiríamos aquella guarida y salvaríamos a Lumen, el hogar de los héroes, de su nueva amenaza.

- Estoy más que listo.
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Inger

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Vie Abr 03, 2015 2:51 am

Al final parecía que iríamos los tres con el cabo Cord, y aunque a mí realmente no me importaba estar en el grupo contrario, no insistí en aquello, aceptando el plan de la sargento sin pegas, esbozando una sonrisa divertida en cuanto mencionó lo de vigilar al cabo, al que miré de reojo un segundo después de la broma de su superiora. No obstante, pronto recuperé la seriedad. Medité la pregunta de la sargento, pensando qué podría hacernos falta, pero al final no encontré nada que considerase completamente necesario: con lo que llevábamos, suponía, bastaba.

—Yo tampoco creo necesitar nada.

Sonreí un poco.


fdr. gpoy: ¯\_(ツ)_/¯
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Abr 07, 2015 11:03 am




Cuando Inger miró al cabo este interceptó la mirada de la chica un momento, y esbozó una sonrisa entretenida. No tardó en abarcarla a ella y a Ben con una mirada.

-Estoy seguro de que os lo pasaréis mejor vigilándome allí dentro -les comentó bajando un poco el tono.

No suficiente, y una vez más se llevó una reprimenda de la sargento, que le recordó que aquello no era un juego. No obstante, viendo que los guerreros se encontraban dispuestos y no necesitaban nada más, la reunión no tardó en disolverse, y se les dio un tiempo para descansar y comer algo. Tras aquello la marcha comenzó.

Primero el grupo avanzó en conjunto. Ya se habían hecho las divisiones de antemano, sin embargo, y se había asignado a tres soldados más al de los de Brontë. El cabo Hogan pidió a los de Brontë que le contasen alguna historia interesante sobre el camino, y les comentó que hubiese deseado ser llamado también, pero que no había podido ser. Llegado un punto, sin embargo, las voces cesaron, y los pasos se hicieron más cuidadosos. Fue allí donde se separaron. La sargento Vanhanen, tras dedicarles un gesto de afirmación y dar alguna indicación más, guió a su grupo hacia el frente. El cabo fue entonces el que dio la orden, guiando a los de Brontë y a los otros tres soldados por un desvío del bosque, hacia la derecha. Avanzaron por esa zona hasta que dejaron de ver y escuchar al otro grupo, y al cabo de cinco o seis minutos, cuando los árboles comenzaron a separarse, pudieron ver al fin un muro de piedra evidentemente tratada por el hombre en la que se diferenciaba una pequeña entrada. Se mantuvieron a cubierto de todos modos. Junto a la cueva, a unos veinte metros, había un par de claritas charlando armados con espadas prendidas al cinto.

-Habrá que esperar a que el caos comience antes de salir a la vista -comentó el cabo, que parecía divertirse con aquello-. Si llamamos su atención ahora sabrán que hay dos grupos.

No hubo que esperar mucho, sin embargo. Al cabo de unos diez minutos pudieron escuchar una primera explosión viniendo de una zona alejada, y supieron que el ataque en la entrada principal a la mina había comenzado.

-Vamos allá -dijo el cabo entonces, animado, saliendo a una zona descubierta en la que los árboles no lo amparaban-. ¡Eh, vosotros!

Los hombres, que se habían visto momentáneamente sorprendidos por el lejano sonido, desenvainaron las armas en cuanto vieron aparecer al cabo Hogan entre los troncos y se lanzaron hacia él, que ni siquiera se había molestado en sacar alguna de sus armas y los miraba con una sonrisa triunfal.
En mitad de la carrera los hombres enviaron sendos clair ëm yäk hacia el cabo, que era de momento el único visible del pequeño grupo. Se acercaban sin miedo, desconocedores de que tras los árboles se encontraban todos los demás.
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Miér Abr 08, 2015 10:13 am

Ben no podía evitar una sonrisa divertida ante la relación del cabo y la sargento, pero trató de mantenerse tan seria como pudo mientras recibía miradas de esta, que no parecía muy de acuerdo con su diversión. Cuando los hicieron retirarse, Ben aprovechó el descanso para echar un vistazo al campamento, curiosa, dando un paseo relajado, que la mantenía activa sin cansarla más de lo justo. Finalmente, fue llamada a filas junto con los demás, y el trabajo comenzó.

Avanzaron juntos algún tiempo, pero no tardaron en separarse. Ben se mostró más que dispuesta a contar al cabo sus peripecias, y le habló un poco de todo lo que había vivido en el palacio, sin centrarse en ninguna historia concreta más que cuando él preguntase por algún detalle. Al cabo de un rato, la conversación se cortó, y Ben se dedicó a observar con cuidado, siempre con la gorra bien calada, manteniéndose alerta. Parecía que el camino no les deparaba muchas sorpresas, sin embargo, ni siquiera cuando se separaron del grupo principal. Tenía sentido; se suponía que eran ellos los que iban a dar la sorpresa, después de todo.

Oculta entre la maleza, Ben se mantuvo preparada para el ataque. Cuando el cabo atrajo la atención de los dos claritas y estos se dispusieron a atacarlo, Ben avanzó corriendo entre la maleza, ayudándose de los árboles para ocultarse, hasta ponerse a espaldas de sus enemigos. Entonces sacó su pala, la activó para volverla grande y se desplazó con un benri a espaldas del guardia que tenía más cerca, al que trató de propinar un palazo en la nuca.

Fdr- Técnicas de combate especiales, técnicas de combate alternativas, porque why not, así, en general.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Dom Abr 12, 2015 1:16 am

Finalmente nos pusimos en marcha, y aunque en un primer momento viajamos todos juntos, no tardamos demasiado en separarnos. Avanzamos con el cabo por una zona de bosque, que observé con atención, curiosa, y pronto nos encontramos con una cueva. Dos claritas hacían guarda en su entrada, por si necesitábamos pruebas a mayores de que aquel era el lugar que buscábamos.

Esperamos agazapados a que nos llegase algún tipo de señal del otro grupo. Cuando finalmente la explosión llegó, el cabo salió al descubierto para llamar la atención de los claritas, que no tardaron en dirigirse contra él.

Esperé a que se acercasen. Entonces, cuando los hombres estuvieron cerca, lancé un garves contra uno de ellos, el que más problemas pudiese causarle al cabo en esos momentos, y al instante me desplacé, continuando entre la maleza, buscando la forma de atacar con un nuevo garves al otro de los hombres. Si no funcionaba, saldría, armada, a ayudar al cabo.

fdr. i don't kwno
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Dom Abr 19, 2015 2:04 am

Las decisiones importantes habían sido tomadas. Saldríamos enseguida hacia nuestro detino, el lateral de la cueva donde se albergabn aquellos monstruos. Era un asunto muy serio, y el trío Garra del Desierto no podía bajar la guardia.

La sargento nos despidió al Topacio de Fuego, a una triada de guerreros, y a nosotros en un punto a partir del cuál tendríamos que ir solos. Le contmos alguna que otra historia al famoso guerrero que se deslizaba entre nosotros, como cuando tuve que liberar aquella horda de karsnikarsh, enviados de los dioses del trueno, en las montñas escabrosas de Fulmen. Toda la polvareda que habían levantado había avisado de nuestra presencia a los mercenarios que habitana el lugar y los tenían reclusos, y tuvimos que derrotarlos a todos. Todos parecían fascinados por aquella hazaña, pero yo no mostré ninguna señal de alegría; estaba mal sonreír cuand había acabado con la vida de tantos.

El camino estaba lleno de árboles que escondían nuestras sombras entre el follaje. Por fin llegamos a nuestro objetivo; se veía ya el portón que teníamos que atravesar. Nos separaban unos cuantos metros de distancia, nada que la magia más rápida de Mithos no pudiera alcanzar en un abrir y cerrar de ojos. Nos escondimos entre la maleza que había por esa zona. Sólo uno de nosotros dió la cara desde un principio, los demás saltaríamos luego. El Topacio de Fuego le había tendido una trampa que acabaría con su derrota. Se acercaban más y más. A su espalda, mi compañera, con algo que parecía una pala, los golpearía para dejarlos inconscientes.

En cuento estuvieran en frente del Topacio de fuego, saldría de la maleza y los sorprendería con dos clair ëm yäk, uno a cada uno.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Abr 21, 2015 1:33 am

Sobraron ataques en la acometida de los guerreros. Los dos hombres pronto se vieron superados por el pegueño grupo. Uno de ellos, cegado por Inger, recibió de lleno el clair ëm yäk de cero, que lo tiró al suelo de espaldas. El segundo logró evitar el ataque, pero eso solo le costó no darse cuenta de que Ben estaba detrás de él hasta que era demasiado tarde, y enseguida caía al suelo como un plomo, inconsciente. Su compañero, aún despierto, aunque aturdido, no tardó en ser abatido por los tres soldados restantes, y el cabo, que ni había atacado siquiera, observó la escena con una sonrisa satisfecha, reuniéndose con el grupo asintiendo.


-Eh, muy buen trabajo -admitió, mirando a los tres de Brontë-. Me siento un poco inútil. Ni he movido un dedo...-. Hizo un gesto a sus hombres-. Atad a esos por si despiertan y sigamos adelante. Esto acaba de empezar.

Tardaron poco más de un minuto en atar y amordazar a los hombres. Los dejaron ocultos tras unos arbustos y luego accedieron finalmente a la cueva. Podía notarse desde el principio que se trataba de una zona excavada por el hombre: las paredes eran lisas y la gruta era ancha. Además estaba levemente iluminada por una especie de gemas incrustadas en las paredes, por lo que aquellos que necesitaban luz para ver no se vieron en problemas, pero no era tanta como para ser un estorbo para las caeruleus.

-Hay que recorrer este sitio rápido. No sé cuánto podrán entretener a la mayoría en la entrada -comentó el cabo, que pese a estar concentrado parecía tremendamente tranquilo.

La primera bifurcación llegó pronto. Los dos túneles descendían, y ninguno de ellos tenía nada de particular a primera vista. Junto al de la izquierda había un pico de minero apoyado contra la pared, abandonado, pero nadie que lo guardase.
Cord los miró.

-Vaya, ya empezamos. Parece que habrá que separarse. Podemos ir tres por ahí -señaló la derecha- y cuatro por ahí, por ejemplo -indicó, en dirección a la izquierda-. Entre nosotros -dijo a los guerreros, divertido-. Mejor que me prestéis a uno de los vuestros y os encarguéis de uno de los míos, que se ve que estáis mejor entrenados -les dijo, como si sus soldados no estuviesen allí con él.

No pudo decir mucho más, sin embargo. Antes de que se hubiesen decidido los grupos pudieron ver una silueta ascendiendo por el túnel de la izquierda, y no fueron ellos los únicos que se dieron cuenta de la presencia de extraños.

-¡¿Qué demonios hacéis ahí?! -bramó un claritas alto, robusto, lanzándose a la carrera a por ellos. Portaba un enorme espadón de aspecto pesado.

Tras él iban tres soldados enemigos más. El cabo lanzó una mirada breve al camino de la derecha. Esa vez, sin embargo, sí desenvainó sus espadas.

-Que dos se queden conmigo y que los otros vayan por el túnel -les dijo cuando los enemigos estaban aún lejos-. No podemos perder el tiempo parándonos con cada contratiempo. Hay que ser rápidos o vedrán más antes de que lleguemos al fondo.

FdR- Podéis tomar la decisión que queráis. Los que se queden pueden atacar a los enemigos, y los que sigan adelante solo tienen que indicarlo. Los tres soldados que los acompañan ocuparán por defecto los puestos que queden libres.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Abr 21, 2015 12:50 pm

Una vez más, el trío Garra del Desierto habíia acabado con los malhechores de un solo golpe. Miré a todos con una sonrisa de satisfacción.

- ¡Muy bien hecho, chicos! - Como líder del grupo mi deber era reconocer el mérito de los demás. Sin duda alguna, la humildad era un rasgo que nos definía a los tres; había que saber no llamar la atención por encima de los demás.

El Topacio de Fuego se había quedado impasible, enhiesto. Prometía con su presencia, a lo mejor podríamos integrarlo en nuestro grupo, pero aún no sabíamos si nos interesaba. Los demás se encargaron de maniatar e inmovilizar a nuestros enemigos, ahora presos.

Podíamos entrar en la cueva, y así hicimos. La iluminación sufrió un cambio bastante brusco, aunque no tardé mucho en poder a volver a ver bien. No había más que un pasillo rocoso iluminado por unas gemas extrañas. Me giré hacia mis compañeras de Brontë, con un tono más bajo de lo normal.

- Cuidado con tocarlas, os abrasaréis las manos - comenté señalando con la mirada las gemas, y después guiñándoles un ojo. Por supuesto que las chicas caeruleus no conocían la cultura de los claritas, alguien tendría que enseñarles, y quizás tuviese razón con respecto a las piedras.

El grupo se detuvo de repente. Me giré para comprobar si estaba pasando algo fuera de lo normal y me encontré con una bifurcación y, en el suelo, un pico. Miré a todos con tono serio, interesante; guardando la compostura. El Topacio de Fuego entonces habló, dijo que lo mejor sería separarse e investigar cada grupo uno de los caminos. Levanté la mano para ofrecerme cuando una voz proveniente del camino de la izquierda nos interrumpió.

- No debería ser un problema, ¿verdad? - Mi mirada se volvió a desviar seria hacia mis compañeras - Hagáis lo que hagáis, siempre en nombre de Brontë.

Una parte de mí quería quedarse a ayudar, pero mi conciencia me habló a tiempo. El malo final se encontraría más adelante, lo lógico sería que yo continuase para encontrarme con él cara a cara. Y así hice, abandoné con paso acelerado a mis compañeros que se quedaban para combatir.

- ¡Nos vemos! - Avancé por el pasillo derecho, sin correr porque tenía que esperar a los demás pero tampoco quieto. Nuestro equipo se iba a dividir en dos; los capitanes... Topacio de Fuego y Albor del Desierto, también conocido como el maravilloso Cero Rein.
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Miér Abr 22, 2015 11:21 am

Ben colaboró cuanto pudo en inmovilizar a sus enemigos, y luego avanzó con el grupo con bastante tranquilidad. Como primer encuentro, había sido sencillo. Aunque no pensaba darlo todo por hecho; sabía que las cosas podían cambiar. Y, en aquella misión, era la sensación que daba.

Siguió con los demás por los túneles, atenta a lo que Cero y el Cabo decían, y, por supuesto, sin perder la sonrisa. Cuando se encontraron en la bifurcación, Ben miró el pico con curiosidad. Haría buena pareja con su pala, especialmente si podía tratarlo como miniatura. Aunque no contaba mucho, por no decir nada, con esa opción.

De todas formas, pronto descubrió que no tenía tiempo que perder. Alguien se acercaba por uno de los corredores, y Ben debía tomar una decisión. Su primera acción fue confundirse con el grupo, y aprovechar aquel momento para pegarse a una zona sombría, desde la que observar el avance de sus enemigos. Después, se propuso lanzar un âchnam al objetivo que tuviera más fácil. Siempre, por supuesto, intentando confundirse en las sombras.
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Inger

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Miér Mayo 06, 2015 12:10 pm

No tuvimos muchos problemas para derrotar a aquellos hombres, y pronto nos adentramos en la cueva. Durante el trayecto que permanecimos unidos, permanecí atenta tanto al cabo como a Cero, que parecía hablar... Bastante. Decía cosas curiosas, aunque no estaba convencida de que todo fuese realmente cierto. Tampoco resultaba desagradable.

Nos detuvimos pronto ante una bifurcación, pero antes de que decidiésemos cómo dividirnos, una voz nos reveló la presencia tanto de su dueño, un claritas alto y robusto, como de tres soldados más, y antes incluso de que yo tuviese tiempo a proponer una división, Cero decidió irse por su cuenta, tomando el otro camino. Me pregunté durante un segundo si estaría bien, solo, pero no tardé en centrarme en el combate. Mi primera acción fue desplazarme, buscar un buen lugar para atacar a distancia, esperando que los otros hombres se acercasen para lanzar un garves a alguno de ellos; si lograba cegarlo, aprovecharía esos segundos para reducir yo misma la distancia y buscar atacarle con la espada.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Miér Mayo 06, 2015 7:05 pm

BEN E INGER






En cuando Cero continuó con su camino el cabo dedicó una sonrisa a las chicas, viendo que se quedaba, y luego una más breve a sus tres compañeros, que pronto emprendían la marcha tras Cero

-Bueno, creo que me quedo a todas las mujeres -canturreó contento, bromista, pese a la situación-. Espero no distraerme demasiado. Estamos trabajando.

La broma no duró mucho más, sin embargo, porque los enemigos se acercaban de forma cada vez más evidente. Ben había tenido la habilidad para esconderse en medio del revuelo inicial, aprovechando las sombras y las posiciones más centradas y visibles de sus otros dos compañeros. Inger, por su parte, también mantuvo la distancia. De momento podían permitírselo, aunque a su espalda, a unos cinco metros, estaba la pared de aquella estancia en la que los caminos se bifurcaban.
Cord fue el único que se mantuvo en primera línea de combate, armado con una espada en cada mano, preparado  para recubir al enemigo.

Finalmente, los enemigos alcanzaron la zona abierta. El del espadón, más lento, había perdido la delantera, y otros dos armados con espadas fueron los primeros en lanzarse sobre el cabo. Uno de ellos, sin embargo, no pudo terminar su ofensiva, pues el garves de Inger lo dejó ciego, desorientándolo lo suficiente como para que la guerrera se acercase a atacar. Su compañero, viendo la situación, se volvió hacia ella cuando notó lo que se proponía a hacer, preparado para intervenir. Ben lo hizo antes, sin embargo, y de un certero  âchnam  en la nuca lo hizo perder el control y trastabillar hacia delante, de modo que tanto él como su compañero estaban repentinamente desprotegidos, aunque solo fuese un instante.
El cabo no perdió el tiempo tampoco, y rebasando a aquellos dos se lanzó hacia adelante, serio, ya que la segunda pareja, seguida del que parecía el líder, estaba a punto de entrar también en la zona abierta. Lanzó un espadazo al enemigo de la derecha, alncanzándolo en el hombro, mientras que el de la izquierda trataba de ensartarlo encontrándose con un despeje de su otra espada.
Era evidente que Cord se manejaba bien, aunque fuese contra dos enemigos a un tiempo, pero, y más teniendo en cuenta que el tercero estaba ya preparando su pesado espadón para lanzar un corte vertical que lo cortase en dos, también era evidente que no podría hacerse cargo de todo él solo.

CERO


El heroico Cero fue el encargado de partir en solitario por el camino de la derecha, y pronto se encontró con que, si bien ninguna de sus compañeras lo había seguido, se había convertido en el cabecilla del nuevo grupo de cuatro. Tres claritas más avanzaban tras él, preparados para seguir sus órdenes si fuese necesario. Y a sus espaldas, los sonidos de la batalla que dejaban atrás los perseguía, pero ninguno de ellos dio media vuelta: debían cumplir con la misión que se les había encomendado.

Avanzaron un buen trecho sin encontrarse más que aquel pasillo de piedra y algunos pasillos a los lados que no daban más que a muros a los pocos metros. Correspondían, seguramente, a zonas en las que habían comenzado una excavación pero que habían resultado no servir.
Fue ya al cabo de un rato cuando, al dividirse de nuevo los caminos, algo cambió. El de la izquierda seguía siendo un túnel que avanzaba con una curva al fondo que cortaba la visibilidad, pero el de la derecha no daba a otro túnel, sino a una especie de cuarto excavado en la piedra. Había algunas taquillas en la pared que encontraron justo en frente, una mesa en el centro con una carta a medio escribir y un bote de tinta volcado a un lado y algunas cajas apoyadas contra las paredes de los lados, abiertas: algunas tenían carpetas cerradas, otras contenían un tipo de mineral férreo que emitía un levísimo fulgor y en una Cero se encontró con dos pequeñas bolas metálicas de color bronce llenas de polvo con unas suaves hendiduras en los polos, pero no supo decir de qué se trataban. Además de aquello, junto a las cajas había, en el suelo, una pequeña mochila de cuero vacía, un par de espadas curvas y un extraño bastón coronado por orbes de color verde a ambos lados.



-¿Qué hacemos? -preguntó uno de los soldados, mirando a Cero-. ¿Lo destruímos todo?

-Sea lo que sea, hay que ser rápidos. Debemos seguir -comentó otro.
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Jue Mayo 07, 2015 9:41 am

Ben, como toda respuesta a las palabras del Cabo, esbozó una sonrisa divertida. Se mantuvo oculta, como estaba, callada y en silencio, preparada para proceder en cuanto llegase la ocasión. Por el momento, había que dejar que los enemigos se acercaran. Se preguntó si el Cabo daría instrucciones precisas, aunque por su actuación hasta el momento, no parecía ser ese su estilo.

Ben aprovechó las acciones de sus compañeros para que su hechizo pasase desapercibido, y una vez vio la oportunidad, se echó contra aquel al que ya había dado, blandiendo de nuevo su pala contra la nuca del enemigo. Ya de darle, mejor rematarlo. Ben no disfrutaba alargando los combates. Era mucho más diestra en escurrirse y escapar, así que noquear a un enemigo rápidamente era algo esencial para ella.

Dejó para su compañera al otro, y una vez se hubo librado de su adversario, volvió la cabeza hacia donde estaba el Cabo, que se enfrentaba a dos... casi a tres enemigos. Ben lanzó un nuevo âchnam hacia ellos, tratando de buscar al que tuviera mejor a tiro. Prefería no acercarse mucho a aquella arma enorme que llevaba uno, pero tampoco era cuestión de quedarse donde estaba limpiándose las orejas.
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Cero

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Ago 04, 2015 6:41 pm

Me dolía mucho dejar atrás a mis compañeras; el trío se había deshecho, pero no tardaríamos en volver a vernos. Seguí el camino moderadamente iluminado, seguido por tres soldados que ahora pasaban a estar a mi cargo. ¡Qué responsabilidad suponía ser el líder!

La tensión aumentaba por momentos, en cualquier momento podría aparecer cualquier enemigo.

- No temáis, chicos, no debe de faltar mucho - me giré un momento hacia atrás para comprobar que los tres seguían ahí, era mi deber cuidarlos.

Entonces, nos topamos con lo que parecía un pequeño despacho en medio de la base secreta. Había mogollón de cajas y cargamentos, sin duda los enemigos estaban bien abastecidos. Además, parecía haber muchas carpetas con documentos y cosas aburridas.

- Me parece buena idea, no parece que nos vaya a servir nada - tenía dos pequeñas bolas de bronce en la mano, sólo había dos, ¿sería algo importante? Seguro que sí, mi instinto me lo decía. Las guardé en una mochila pequeña de cuero que estaba al lado, seguramente eran dos piezas clave para la construcción del Cañón Destructor.

Seguí comprobando el contenido de las cajas, y para mi sorpresa me encontré con una bastón bastante llamativo, parecía a simple vista un arma muy poderosa.

- Creo que me voy a llevar esto también, el jefe de mi pueblo sabía utilizar los bastones de orbes para acabar con poderosas criaturas - era la primera vez que veía algo así, era muy bonito, quizás podía regalárselo a mi madre.

Rápidamente salí de sala, esperando a que el resto se encargase de eliminar todo lo que pudiesen. Una vez todos hubiesen salido, seguiríamos avanzando. El bastón lo llevaría en la mano.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Miér Ago 05, 2015 7:03 pm

BEN


Los enemigos a los que se enfrentaban resultaron ser más débiles de lo esperado. Ben no tardó en dejar a uno inconsciente, de un palazo en la nuca, sin que este dejase ir un solo quejido por los labios en respuesta al golpe, e Inger, a su vez, asistió al cabo. Entre hechizos y cortes, el combate terminó pronto, con los tres en buen estado. Quizás estuviesen mínimamente cansados, pero sin más enemigos a la vista no parecía algo por lo que preocuparse en aquel momento. En un par de minutos se sentirían completamente repuestos.

Cord revisó a los enemigos que los habían atacado, buscando en sus bolsillos. Terminó por lanzar a las muchachas un par de botellitas pequeñas, con una sonrisa muy tranquila.

-Tónico de Gallon -les dijo, guardándose él una misma-. Por si estáis cansadas. Parece que hay para un par de dosis y...-. Volvió la vista a los hombres tendidos, y enseguida tomaba unas pequeñas cuerdas de algún bolsillo y procedía a atarlos de manos y pies-. ¿Alguna quiere unos brazales de cuero? Parecen buenos -añadió, con una sonrisa divertida-. Quien roba a un ladrón...

Pronto proseguían la marcha, aquella vez con más cautela. El cabo iba delante y Ben en la retaguardia, asegurándose de que no los siguieran. El sonido lejano que escuchaban tras los muros parecía venir de la lucha que seguramente estuviese librando el grupo del exterior con la mayor parte de los hombres que había en los túneles.

Al cabo de algunos minutos de lento avance sin dar con nada se toparon con un nuevo desvío y Cord se detuvo. Aunque sonreía, se veía que aquella vez no le hacía tanta gracia. Un camino partía hacia la derecha y otro hacia la izquierda.

-¿Qué hacemos? -preguntó con las manos en la cadera, volviéndose hacia las chicas-. Ahora somos menos.

Solo Ben parecía haber visto algo más: entre las sombras, una especie de roca se apoyaba en el suelo de forma extraña. Era evidente que no era casualidad, dado que el resto de los caminos estaban limpios. Y tras ella la guerrera, cuyos ojos veían perfectamente en la negrura, se intuía un pequeño hueco. Pero por el tamaño de la piedra que cubría el hueco, como mucho podría caber en él una persona muy encogida o arrastrándose por el suelo.

FdR- Como Inger abandona la misión se pide que no se interactúe con ella esperando respuesta. La retiraré de la misma haciéndola escoger un camino diferente al resto.

CERO

Los tres soldados de verdad seguían a Cero y escuchaban sus órdenes a medida que avanzaban. Esperaron a que él tomase una decisión, y cuando aceptó lo de destruirlo todo se pusieron manos a la obra. Había demasiadas carpetas como para transportarlas, de modo que les echaron un vistazo por encima a algunas y pronto las hacían trizas. Solo uno de los soldados guardó algunos papeles, diciendo que llevaría la información a la sargento.
Por lo demás, prosiguieron con la tarea.

Además de la destrucción, Cero se hizo con una pequeña mochila de cuero y guardó en ella las dos extrañas bolas que había encontrado. Ya habían acabado casi con todo cuando dio con el bastón, y al cogerlo fue como si, de alguna forma, aquel se hubiese amoldado a su mano, como si estuviese hecho a medida para sus dedos. La sensación fue sumamente cómoda.

-Hemos terminado aquí -dijo uno de los hombres, poco después-. Debemos seguir.

Ellos habían tomado dos espadas, también, imitando al guerrero. Uno de ellos se había defendido del que no llevaba nada y lo miraba frunciendo el ceño diciéndole que mejor en sus manos que en manos enemigas.

Tomaron el túnel de la izquierda, el restante, entonces. La caminata fue tranquila, aunque podían oír sonidos de lucha lejanos, pero no hacia donde ellos iban. Porque ellos descendían sin parar.
En el aire se mezclaba un suave olor a humedad con otro a metal, que formaban una mezcla bastante desagradable. Cero se dio cuenta entonces de que el bastón que llevaba emitía un fulgor suave en la oscuridad (allí no había ya ninguna antorcha), permitiendo que los cuatro viesen por dónde iban. Y notó otra cosa también: no podía soltarlo. Su mano parecía no poder evitar sostener aquella vara que parecía hecha para que él la portase.

Allí la tierra temblaba un poco, cada cierto tiempo, como si un animal enorme caminase tremendamente despacio muy lejos, y con cada paso hiciese vibrar el suelo. Y con cada suave sacudida se desprendía algo de polvo del techo, uniéndose al olor a humedad y a metal.

-No me gusta este camino... -murmuró uno de los soldados, a nadie en particular-. Da una sensación muy desagradable. ¿No lo notáis? Es como una presencia extraña.

-Sí... -murmuró otro. Parecía algo asustado, también.

El tercero solo asintió. Pero Cero no sentía nada de aquello. Lo único extraño era que no podía soltar el bastón aunque quisiese. Y que la luz de este era un poco más fuerte poco a poco, a medida que bajaban una pendiente cada vez más pronunciada, sin que él pudiese impedirlo.

Al cabo de un par de minutos todo era mayor: los olores, el brillo del bastón, la pendiente pedregosa, que parecía que los haría caer en cualquier momento y el temor de los tres soldados que acompañaban a Cero.

-Qu... ¿Qué hacemos? -le preguntó uno con un hilo de voz, mirándolo.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Jue Ago 06, 2015 4:41 pm

La batalla no resultó más que una pequeña refriega y Ben se sintió satisfecha cuando se terminó. Encogió de nuevo la pala y volvió la vista al Cabo esperando instrucciones. Recibió con una amplia sonrisa la botellita que le tendía y rió su comentario.

-Si son gratis -respondió con tono entre inocente y malicioso.

No tardaron en continuar su camino ni tampoco en pararse de nuevo. Al ver las dudas de su compañero Ben recordó que no estaban mirando lo mismo. Era, en aquel momento, cuando debía adoptar cierto protagonismo.

-Aquí hay algo -señaló agachándose junto a la extraña piedra-. No sé si podré...

Ben se apoyó contra la roca y trató de empujarla para moverla. Quería intentar introducirse dentro y echar un vistazo, aunque no se iría por su cuenta sin instrucciones de su superior.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Ago 11, 2015 8:03 pm

Nada más agarrarlo, sentí que aquel bastón existía por y para mí. De una forma u otra, yo era el elegido; yo debía salvar a todos de la destrucción, era mi misión. El brillo que emanaba de él era mágico, probablemente albergase toda la magia de un mago claritas muy poderoso.

Mientras los demás se encargaban de destruir documentación y diferenciar lo que les interesaba de lo que no, yo me dediqué a observar el bastón. Pero... ¿qué? Pasaba algo muy raro, no podía soltarlo. ¿Acaso una vez encontrase a su elegido formó un vínculo tan poderoso que la fuerza física no pudiese romper? ¿Qué pasaría si probase a lanzar un hechizo con esa mano? A lo mejor lo amplificaba por un millón, y en tal caso sería muy peligroso utilizarlo en una cueva, a menos que...

- Umrain aitchitrëa - la vida de mis camaradas no iba a ser puesta en peligro por una imprudencia mía, así que lancé un Ebrain aitchbrëa, que por lo menos no hacía daño.

*pase lo que pase yo sigo*

Continuamos caminando, todos parecían estar un poco nerviosos. Yo sólo podía mirar el bastón.

- Chicos, no podemos echarnos ahora atrás, estamos aquí y nuestros compañeros están luchando. He surcado todos los peligros del desierto para venir hasta aquí, creo que puedo enfrentarme a lo que haya ahí adelante - yo era el héroe que iba a salvarlos a todos, mis palabras tenían que ser duras, porque aparece en los libros así -. Soy el Gran Archimago de Brontë -. Ahora lo entendía todo, mi maestro guardo su poder en el bastón, y ahora quiere que yo lo utilice para juntar nuestra fuerzas y volvernos invencibles. Los miré fijamente a los ojos, serio -. Ha llegado la hora de acabar con el mal.

Me giré hacia delante, parecía muy difícil pasar por ahí. Sin embargo, teníamos que ir, mi bastón brillaba cada vez más: quería decirme algo, quería que me acercase a algo que se ocultaba al fondo de ese pasillo.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Miér Ago 12, 2015 6:24 pm

BEN


Cord lanzó los brazales de cuero a Ben: estaban en buen estado, aunque no eran gran cosa y le quedaban algo grandes, ya que habían pertenecido a un hombre más grande que ella. Le cubrían el antebrazo entero.

Como Ben pensaba, la piedra era muy pesada para que pudiese moverla con comodidad, pero el cabo la ayudó enseguida y pronto la habían echado a un lado. Entonces pudo verlo con más exactitud: el hueco era suficiente para que ella, que era más menuda, pasase, pero el hombre no podría, evidentemente. E incluso ella, que veía perfectamente a oscuras, no podía saber a dónde llevaba aquella gruta diminuta, puesto que tras un generoso tramo parecía girar a la derecha.

-¿Qué opinas? -le preguntó Cord, más serio-. Parece algo interesante, algo a investigar, pero quizás si vas tú sola... Podría ser peligroso.

Parecía indeciso por primera vez. Quizás si no se trataba de lanzarse el mismo, sino de poner en peligro a otros, la responsabilidad que tomaba era distinta. De todos modos, parecía que Ben era la única que podía decidir si seguir aquella ruta extraña, casi a rastras, o si tomar uno de los dos caminos restantes. Cuanto más se separasen más débiles serían, pero si no lo hacían tardarían demasiado en verlo todo.

De Ben podía depender, en aquel momento, el éxito de la misión.

CERO

Cuando Cero invocó su hechizo este fue más fuerte de lo normal, sin duda, y el brillo pareció surgir del orbe del bastón. Los hombres que lo acompañaban se volvieron hacia él, asustados, creyéndose atacados, pero pronto se dieron cuenta de que simplemente había sido el guerrero de Brontë y de que no había enemigos a la vista.
Pese a aquello, pese a que el artefacto parecía haber hecho su luz más poderosa, seguía sin poder soltarlo. Era, de alguna forma, como si intentase soltar su hombro: no era posible porque formaba parte de él.

Aunque los tres soldados estaban nerviosos, asustados, el ánimo de Cero no decayó en ningún momento. Y sus palabras, tan firmes y seguras, aunque algo fantasiosas, parecían dar la suficiente seguridad a sus acompañantes para que no se echasen atrás. Gracias a la luz, cada vez más intensa, podían ver claramente la pedregosa pendiente que recorrían. Bajarla se hacía cada vez más costoso, y alguna vez resbalaron, pero no llegaron a caer.
El camino no solo era cada vez más empinado, sino también más estrecho. Los muros se echaban sobre ellos, hasta que tuvieron que ir en fila de uno y las paredes no rozaban sus hombros por poco, al avanzar. Y el aire era más pesado y húmedo, y la tierra temblaba con más fuerza, y los soldados estaban más asustados...

De pronto, llegado un punto, el suelo se hacia resbaladizo. Quizás era por la humedad del aire, o tal vez por alguna planta que crecía en toda la gruta, dándole una textura similar a la del limo. Y el que fue a resbalar en aquello fue el último de los soldados, que cayó sobre los otros. Y la superficie era tan empinada y resbaladiza que los cuatro bajaron a toda velocidad, como si fuese un tobogán.

Cero sintió el suelo duro segundos después, contra la cara. El sabor a sangre le llenó la boca, y uno de los soldados le cayo encima, después. Tenía un corte en la cara, pero no era nada grave.
La luz del bastón se había apagado de pronto, aunque seguía sin poder soltarlo, y allí el aire era todavía más pesado y húmedo. Olía algo mal. Y había otra cosa: un silencio sepulcral. Tanto silencio y tanta oscuridad que parecía antinatural.

Los soldados respiraban cerca, pero ninguno de los tres parecía atreverse a decir nada. Para entonces lo notaba: una sensación de presión terrible, de peligro, como si en las sombras, invisible, lo esperase la misma muerte.

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Vie Ago 14, 2015 2:49 pm

Ben se rascó una oreja, pensativa. No contaba con que le fueran a dar la opción de escoger. Ni siquiera se había planteado que le tocaría pensar. De todas formas,  no tenía miedo, ni tiempo para plantearse sus impulsos. Sonrió al cabo.

-Probaré -determinó-. No creo que sea para tanto. Pero si vuelvo atrás,  ¿por dónde debería seguir?

Aquello no parecía hecho al azar, pero Ben no podía estar segura de que no se tratase de una simple gruta sin salida... o incluso de una distracción planeada. Por si acaso, prefería saber por dónde seguir al resto.

Una vez obtuvo la información e instrucciones pertinentes, desapareció por el pequeño túnel.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Lun Sep 14, 2015 7:24 pm

BEN

Cord asintió cuando Ben dijo que optaría por ir por aquella pequeña gruta, por la que solo ella cabía, y pronto lo dejaba solo con su compañera. El lugar, angosto, hacía que el avance fuera difícil, pero no podía quejarse de la falta de luz; había tan poca que no le costaba nada ver por dónde iba, lo que le permitía evitar salientes o cualquier bache con facilidad.

Al cabo de un buen trecho pudo darse cuenta de que empezaba a descender, tomando una pendiente suave. En aquel punto solo podía gatear, y parecía que con que el camino se estrechase un poco más dejaría de poder avanzar y se atascaría. Pero, de alguna forma, era evidente que algo lo atravesaba a menudo, porque la roca pulida no era muy natural, ni la gruta estaba demasiado sucia o polvorienta.
Lo que sí notaba era que le faltaba un poco el aire.

Llevaba ya minutos caminando cuando pudo percibir un sonido viniendo de más adelante: era como una especie de crujido, el sonido de algo avanzando a rastras por el suelo, algo lejos. No era tan diferente del que ella misma hacía si se movía sin cuidado. Y al cabo de algunos segundos al sonido se le unió un destello suave, una luz parpadeante que bailaba, lejos, pero cada vez más cerca.

FdR- Cero sigue pudiendo responder al post anterior sin que la situación haya variado.
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