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 Androides II: A las minas.

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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Sep 15, 2015 3:37 pm

Una vez tuvo el visto bueno de su superior, Ben se echó a tierra y entró por el agujero, avanzando en el escaso espacio como podía, haciendo buen uso para ello de su agilidad. Poco a poco se iba haciendo espacio, pendiente de adónde la llevaba aquel estrecho túnel, y de lo que pudiera encontrar en su camino, además de preocuparse de ser sigilosa.

Ben no podía dejar de preguntarse qué había creado aquella gruta. Porque, aunque no era una experta en aquellos temas, le daba la sensación de que no era cosa de la propia roca, que resultaba demasiado suave. Se mantuvo alerta.

Y pronto se encontró con algo que llamase su atención. Se quedó quieta un momento para escuchar mejor, y cuando la luz apareció, tuvo que entrecerrar los ojos. En su situación, no tenía muchas posibilidades de esconderse, así que utilizó un suuchi para desaparecer y esperó hasta tener más claro qué era lo que se le acercaba.
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Cero

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Dom Sep 20, 2015 3:30 pm

La luz que entonces creé iluminó toda la cueva como nunca antes había hecho, ¿habría encontrado de verdad el arma definitiva? El mejor mago de los tiempos, con el mejor cetro de los tiempos. No podía ser sólo una coincidencia, pues sólo mis ojos habían sido capaz de percibir ese brillo embaucador.

Sin embargo, se hacía extraño agarrarlo en la mano, era como si no quisiese desprenderse, quizás no quería abandonar a su amo después de estar siglos encerrado sin él.

Me giré hacia los demás, que aunque tenían miedo por fin habían decidido bajar conmigo. El camino era algo empinado y difícil de atravesar, pero nada que pudiese conmigo. Resbaladizo, lleno de obstáculos, cada vez más estrecho. Estaba claro lo que nos esperaba allí abajo, una criatura milenaria que llevaba siglos encerrada por una secta de merodeadores del desierto. Un dragón de tres cabezas que escupía fuego azul, o un gigante de piedra retenido por miles de cuerdas sin posibilidad de moverse. No tenía muy claro qué pod...

Todo empezó a moverse muy rápido, era yo. De alguna forma u otra había caído en la trampa del enemigo. Golpes, dolor, todo estaba borroso por unos segundos.

- ¡Au! - Un segundo golpe, la boca me sabía a sangre, pero los guerreros fuertes estaban listos para cualquier contratiempo.

Levanté la vista como pude y traté de levantarme moviendo a los demás que habían caído muy cerca o sobre mí. El bastón había dejado de brillar... ¿Qué estaba pasando? El ambiente parecía cargado, el olor que había empezado hace tiempo ahora olía por tres. No había nada...

- Encuentra a la bestia - Un Dhill öh hyo se dirigía hacia el fondo de la cavidad en la que estábamos, iluminando su propio camino mientras yo me quedaba atrás -. La luz es nuestra mejor aliada, agarraos a ella, y ganad.

Si veía algo extraño, no dudaría en explotar la esfera.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Lun Sep 28, 2015 2:09 pm

BEN

Ben se hizo invisible y esperó a que lo que hacía aquel sonido se acercase. Al principio no veía nada, porque estaba demasiado lejos, y cuando se acercó un poco pudo distinguir un colo dorado metálico enviándole reflejos. La luz que venía de lo que se movía hacia ella le hizo difícil diferenciar mucho más, pero llegado un punto lo tuvo claro. Más o menos claro, por lo menos.

Era una especie de máquina extraña. Estaba hecha de un metal color cobrizo, y tenía forma como de parvus, baja y achatada, aunque en vez de manos y pies tenía garras puntiagudas como las de un topo. Una gema en su torso emitía un fulgor leve, y aquello era lo que Ben había visto.

Aquella máquina no hizo amago ninguno de haberla localizado. Pero avanzaba por el único camino que había, ocupando casi su totalidad, y que Ben fuese invisible no la hacía intangible. Si no actuaba de alguna forma especial acabarían por chocarse de frente.

Pudo fijarse, pese al brillo, en que aquel aparato extraño llevaba un sobre en la garra izquierda, pinzado.

CERO

Cuando Cero invocó su hechizo, aquel dio luz, finalmente al sitio en el que se encontraban. La explosión causó un fogonazo instantáneo que permitió a todos los claritas enfrentarse a la grotesca visión.

En las paredes de aquella gruta inmensa, separadas entre sí más de veinte metros, había una especie de jaulas hechas de cristal o algún otro mineral semejante. Y dentro de ellas vieron bultos, bultos inmóviles, y entonces la luz se apagó. Habían alcanzado a ver también unos artilugios extraños al fondo, que ninguno supo reconocer.

-¿Qué... era eso?-. Los soldados se acercaron un poco entre sí, buscando la seguridad del grupo.

-¿Eran personas? -preguntó otro, con tono agudo-. ¿Qué hacemos?

Parecían esperar que Cero les diese la solución. Él parecía el más entero, aunque tampoco se había encontrado nunca en una situación como aquella.

El bastón se había apa
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Sep 29, 2015 1:00 pm

Ben guiñó los ojos, intentando ver algo. Le costó un momento más de lo que hubiera querido definir qué era lo que tenía delante, pero acabó por hacerlo. Lo observó un momento, pensativa. No tenía muy claro qué hacer al respecto, la verdad. Se preguntó si sería alguna clase de artefacto de combate o, sencillamente, una especie de excavadora. Y, sobre todo, cómo hacer para no chocar contra ella.

Ben no sabía leer, pero el sobre, de todas formas, le llamó la atención. Quizás pudiera presentárselo a alguien luego. Haciendo uso de sus habilidades, se escurrió por el túnel a gran velocidad hacia la máquina. Su idea era quitarle aquel sobre de las pinzas y, después, utilizar un benri para retroceder y escabullirse.

Se preguntó hasta qué punto tendría alguna clase de inteligencia, instrucciones, o algo parecido. Si no era peligrosa por sí sola, no tenía por qué suponer un problema, ya que sus dueños estarían, con toda probabilidad, demasiado ocupados con los invasores como para prestarle atención.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Mar Sep 29, 2015 1:18 pm

BEN

Ben se lo pensó un momento, pero acabó por proceder: se aproximó a la máquina que avanzaba y, con la agilidad y habilidades para el hurto que la caracterizaban, deslizó aquel sobre de papel de entre sus garras metálicas, haciéndose con él. El artefacto, por su parte, ni pareció darse cuenta, y siguió con su avance normal y la garra en la misma posición, como si todavía portase algo.

Ben no tuvo dificultades para retroceder, y aunque el ritmo que podía seguir por aquel túnel no era muy rápido, tampoco lo era el de la máquina que la seguía, incansable. Podía salir fuera si retrocedía un poco más. Quizás el camino era algo estrecho para intentar colarse y seguir adelante, pero en varios minutos, si todo seguía como cuando había entrado, Ben encontraría el agujero de entrada.

Lo más sorprendente de todo aquello fue que, una vez se movió y el suuchi dejó de hacer efecto, la máquina siguió adelante como si nada, ignorándola. No parecía haber percibido su presencia en absoluto.

FdR- Este post no supondrá ningún tipo de penalización para Cero.
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Jue Oct 01, 2015 3:40 pm

Ben echó un rápido vistazo al sobre, por si, a primera vista, encontraba en él algo significativo. De todos modos, no tenía mucho tiempo para examinarlo, ya que tenía que moverse si no quería acabar chocando con la máquina.

Siguió yendo hacia la salida, tratando de mantenerse sigilosa. Se preguntó si, al llegar, se encontraría el lugar vacío. Si era así, podría estudiar la máquina una vez fuera del túnel. Si el Cabo y los demás andaban por allí todavía, podía compartir con ellos su hallazgo. Si, por otro lado, encontraba enemigos, tendría que evaluar la situación y hacer tanto uso como le fuera posible del factor sorpresa... O bien escabullirse antes de que la detectaran.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Vie Oct 02, 2015 2:02 pm

El sobre, como Ben pudo comprobar enseguida, no contenía más que una hoja números, letras y algún símbolo extraño que no supo reconocer. Si aquello era o no información importante, no era algo que la guerrera pudiese discernir. De todos modos, se lo guardó con intención de sacarle algún partido más adelante.

Cuando llegó fuera no había nadie. Le llegaban todavía los sonidos del combate, bastante lejos, del pasillo que avanzaba por la izquierda. El camino de la derecha se mantenía en silencio, y giraba y descendía, internándose más en el suelo. Aquello era como un laberinto.

Cuando la máquina salió lo hizo al mismo ritmo que avanzaba por la cueva. Ben comprobó que le daba por la cintura. Era una especie de mezcla entre parvus y topo, con aquellas garras afiladas, y era robusto y ancho.
De nuevo, la ignoró, llevando una de las garras el alto como si portase el sobre, y comenzó a bajar por el camino de la derecha con suma tranquilidad, a su ritmo, sin perturbarse por nada.

FdR- Lo mismo del último, no penaliza a Cero XD
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Dom Oct 04, 2015 8:29 pm

Ben esperó a que el extraño objeto mecánico saliera. Seguía comportándose como si ella no estuviera allí, y eso era algo útil, teniendo en cuenta la situación. Ben no sabía decir si se trataba de algún bicho peligroso, y no sabía si le convenía averiguarlo. Tampoco tenía con quién consultar sus opiniones, ya que solo estaban allí la máquina y ella.

Así que Ben decidió seguirla. Llevaba un documento, después de todo, y eso podía ser señal de algo interesante. Conjuró un alfresnoiret para prevenir posibles encuentros con lugareños y siguió en silencio los pasos de la máquina, atenta al lugar por el que avanzaba.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Lun Oct 19, 2015 8:25 pm

La explosión dejó ver lo suficiente como para saber que no estábamos en un lugar seguro. Habíamos llegado a las entrañas de la base enemiga. Todos me miraban como el líder que era, mi misión era devolver a estos chicos al campamento sanos y salvos. Todavía seguía notando el frío del metal en mi mano que por mucho que se relajase no perdía ese peso.

- Chicos... No podemos saber todavía que era eso, pero aún siendo... aún en el peor de los casos - los miré fijamente a los ojos, todos confiaban en mí -. Somos los buenos, luchamos por el bien. Si es cierto que esos bultos eran cuerpos humanos, es nuestra misión impedir que se siga derramando sangre. El poder de la luz es para los más privilegiados - recordaba todavía las historias de mi padre -. Pero al mismo tiempo conlleva una responsabilidad enorme - tragué saliva como pude.

Les lancé una última mirada antes de girar mi vista hacia la oscuridad que seguía ocultando lo que nadie quería ver.

- Enseñémosles lo que puede hacer La Garra del Desierto - Avancé sin pensármelo dos veces hacia las jaulas de cristal, hasta colocarme lo suficientemente cerca como para poder ver -con luz- con detalle lo que había -. ¡Que se haga la luz! - Pero esta vez con un Ebrain aitchbrëa.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Lun Nov 09, 2015 3:27 pm

BEN

Ben se dedicó a seguir a la pequeña máquina. Su cuerpo, con apariencia de sombra gracias a un hechizo, se fundía bien con la penumbra del lugar, aunque la iluminación que había en algunas zonas seguía revelando que algo extraño caminaba tras el artefacto, aunque no pudiesen distinguirse sus rasgos.

la guerrera se vio llevada por pasillos de forma caótica. A veces podía escuchar sonidos de golpes, de armas, y algunos gritos, pero nunca se cruzó con gente: todos parecían haber desaparecido, quizás para luchar o para ponerse a salvo. Pero al artefacto no parecía importarle aquello, ni tampoco que Ben llevase tiempo siguiéndolo. Seguía caminando delante, atravesando las cuevas, con una de las garras apretada a modo de pinza, sujetando algo que ya no estaba.

La travesía llevó a Ben hasta un camino que no seguía más allá. El muro de piedra parecía sólido. Pero en el suelo había una placa de metal con una ranura en medio, y fue a esa a la que el artefacto se dirigió. Cuando se acercó lo suficiente emitió brevemente una luz, y entonces el metal se separó por la ranura y una compuerta se abrió. Daba a un túnel que descendía, completamente vertical, y Ben, que podía ver en la oscuridad, diferenció unas ranuras en una de las paredes que bajaban, directamente excavadas en la piedra, que bien podrían hacer de agarres, como si fuese una escalera tallada en la roca. De hecho, la máquina los usó para empezar a bajar, y llevaba un pequeño trecho cuando la compuerta hizo un nuevo movimiento.
Ben tenía apenas un segundo para decidir si meterse o no, antes de que el hueco fuese tan pequeño como apara impedir su paso.


CERO

El hechizo de Cero iluminó de nuevo la estancia, aunque fue un destello breve. De nuevo, tuvieron una imagen aproximada del lugar: jaulas de cristal llenas de bultos inmóviles, artefactos extraños y, como pudo ver uno de los soldados, una puerta excavada en la pared más lejana a ellos. Parecía pesada.
Cuando la luz se apagó, sin previo aviso, el bastón que Cero llevaba asido se iluminó de nuevo, sin que nadie diese la orden. Y aquello terminó de dar luz a la escena.
Uno de los soldados ahogó un jadeo. Otro, sin embargo, se acercó a una de las jaulas más cercanas, aferrando la espada con especial fuerza, aunque el temblor de sus manos no transmitía mucha confianza.

-Están...

-¿Están muertos...? -preguntó otro en su lugar.

Porque eran cuerpos, sin duda. Cero los tenía delante, y podía verlos a la perfección: cuerpos desnudos, amontonados los unos sobre los otros en aquellas jaulas como si fuesen aparatos, cuerpos tendidos e inmóviles, sin expresión ni señales de violencia, pero tampoco signos de vida. La mayor parte eran de hombres, aunque encontraron también alguna mujer. Era gente robusta, de raza claritas. La visión era sumamente tétrica.
Había cientos, repartidos en varias jaulas. Cero pudo contar unos veinte en la que él tenía delante.

-¿Qué... qué hacemos? -preguntó el soldado que Cero tenía junto a él-. Tenemos que ir a avisar a alguien... Esto es...-. Puso una mano sobre el cristal, volviendo la vista a los cuerpos-. Es espantos...

Calló de golpe. Cuando su mano tocó la jaula, uno de los cuerpos dio una pequeña convulsión.

-¡Está vivo! -exclamó, y antes de que nadie pudiese hacer nada el soldado golpeó el cristal con su espada, quebrándolo-. ¡Venga, hay que sacarlo de...!

Otro de los cuerpos se movía, y luego dos más. Los veinte cuerpos que había en aquel recipiente empezaron a levantarse, pero la forma que tenían de moverse no era normal. Cuando abrieron los ojos, que clavaron en ellos, Cero no vio ninguna humanidad en sus pupilas.
Los tres primeros cuerpos, ya de pie, cargaron contra ambos sin mediar palabra, mientras los otros veinte seguían poniéndose en pie.

FdR- Si Ben postea primero se le hará una actualización extra, ya que su parte avanza más despacio, de momento.
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Sáb Nov 14, 2015 9:45 pm

Ben fue prestando atención al camino mientras seguía a la máquina, aunque no encontró en él nada interesante. Prestaba atención a las luces y sombras para mantenerse camuflada, pero más atención todavía a posibles encuentros. Al final, ninguno tuvo lugar, y la chica pudo moverse tranquilamente tras el vigilado artefacto.

Tras andar de pasillo en pasillo, sin que Ben supiera muy bien por dónde iban o adónde se dirigían, el extraño aparato llegó hasta una trampilla, que abrió y por la que empezó a descender. Ben no tuvo que pensárselo demasiado para decidirse a seguirlo, así que se escabulló por la trampilla antes de que esta se cerrara y comenzó a bajar tras la máquina, atenta a todo lo que se pusiera en su camino.
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Cero

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Dom Nov 15, 2015 8:04 pm

Nada... No parecía haber nada nuevos, seguían allí aquellos bultos, todos esos armatrostes, pero ningún indicio de la presencia de un enemigo cercano. Así como antes sentía que el jefe debía estar ahí, la sensación de peligro parecía haber desaparecido por completo. Era el ojo del huracán, la calma antes que la tempestad.

- No bajéis la guardia bajo ninguna circunstancia, estamos dentro de la base del enemigo - mis palabras serían apuntadas algún día en los libros históricos, y los niños jugarían a ser el grandioso Cero Rein en el colegio. Tenía que dar ejemplo de imperturbabilidad, de gran héroe que era. Señalé a mis compañeros - Vosotros os encargaréis de contarlo todo tal cual ocurrió, y recibiréis el nombre de...

El bastón empezó a brillar otra vez, ¿qué significaba eso? Lo miré un momento, ¡estaba claro!

- ¡Evangelistos, así os llamarán! - No sabía cómo pero se me había ocurrido un nombre maravilloso, incluso mis compañeros quedaron callados de la fascinación por haber oído aquel nombre. Y así fue como el maravillosos Cero Rein bautizó a sus compañeros de viaje que uno a uno se fueron sacrificando para que él pudiera llevar a cabo el cometido de salvar el mundo de Mithos - ¿Qué? Os habéis quedado sin pala...

Alcé la vista del bastón para comprobar lo que mis oídos no habían entendido aún. Apreté el puño con fuerza -el que sujetaba el bastón-. El enemigo al que nos enfrentábamos no tenía corazón, no tenía alma. Era ahí entonces cuando la compasión del héroe se convertía en ira.

Me quedé sin palabras, mudo. No podía dejar de mirar con odio aquellos cuerpos apilados.

- Nadie que viva tiene derecho a matar... Y nadie que mate tiene derecho a vivir - era hora de destruir esa organización y de limpiar el mal del mundo.

Uno de los soldados tocó el cristal, y algo extraño sucedió. Los cuerpos se movían... pero de una manera muy... inhumana. ¿Estaban realmente vivos? Me acerqué a mis compañeros para ver cómo intentaban romper el cristal y, para nuestra sorpresa, tres cuerpos se levantaron -mientras los demás parecían seguir intentándolo-. Sus ojos estaban vacíos, aquellas personas no tenían... alma. Se las habían robado. Fue entonces cuando se acercaron violentamente.

- ¡Apartad! - Conjuré un Namë que protegiese a mis compañeros, y acto seguido - Ya no son seres humanos... - Dirigí un Dhill öh hyo hacia el interior de la jaula, el impacto en el interior de la jaula de cristal podría hacer que estallase toda la estructura y además dañaría esos... cuerpos -.
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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Vie Nov 20, 2015 3:29 pm

BEN

La agilidad de Ben y su capacidad de ver en las sombras hicieron que bajar por aquel túnel fuese tan sencillo como caminar. Lo que más ralentizaba su descenso era la máquina, que se movía más despacio que ella y la obligaba a seguir un ritmo medio.

Por aquel agujero cabría solo una persona, aunque bastante más corpulenta que ella. De hecho, Ben se dio cuenta de que quizás hubiesen podido coger dos niños, aunque los agarres para manos y pies eran estrechos y dificultaban la posibilidad de que cuatro manos cupiesen en ellos. Fuese como fuese, por allí cabría perfectamente un hombre fornido.

Llegó abajo algo menos de un minuto después de haber entrado. El túnel terminaba en otra trampilla, pero nuevamente el artefacto que la guiaba emitió una luz y esta se abrió. El lugar al que fueron a dar era diferente al resto de las cuevas, mucho más humano: era una sala de planta rectangular, de paredes lisas y pulidas, aunque sobre la misma roca que el resto del lugar. Estaba a oscuras, pero eso no era un problema para la guerrera, que veía perfectamente los estantes llenos de artilugios y las mesas repletas de cristales y piedras extraños, algunos de los cuales refulgían. Cerca de una de las paredes, un escritorio estaba repleto de papeles y cuadernos, además de varios tubos cilíndricos de vidrio que contenían una sustancia de color rojo oscuro, marrón, rosado o anaranjado. Vio también, junto a una de las paredes, sujetos a un soporte cada uno, esqueletos humanos formados por gruesos huesos de algún metal color óxido, que permanecían inmóviles.
En la pared que quedaba a la izquierda había una pesada puerta de aspecto sólido que permanecía cerrada. Al otro lado de ella se escuchaban sonidos, apagados por la gruesa pared, que le sonaron a golpes y crujidos.

La máquina se dirigió hacia el escritorio y lo rodeó para hacer como que dejaba el sobre en uno de los cajones traseros, cerrado con llave, que parecía tener una ranura creada para tal fin. Evidentemente, al no llevar nada en la mano, no introdujo nada, pero no pareció darse cuenta de ello. Retomó entonces, con total normalidad, el camino de vuelta, acercándose de nuevo a los agarres del muro para ascender y salir de la sala.

Un estallido apagado le llegó de lo que sería la sala contigua a aquella puerta.


CERO

Cero reaccionó enfureciéndose, mientras que sus compañeros lo que parecían era asustados. Por suerte para ellos, Cero fue veloz, y los elementales que conjuró detuvieron los ataques de dos de aquellos cuerpos, dándoles tiempo a los claritas a reaccionar y armarse. El combate que empezaba, sin embargo, pintaba más para ellos. Más de veinte contra tres. Y la presencia de otros de aquellos recipientes, llenos de más cuerpo, no resultaba esperanzadora, aunque no se veía ningún movimiento en las demás.

Ni corto ni perezoso, Cero tomó la primera ofensiva. La bola luminosa golpeo a dos de los cuerpos que se estaban levantando y luego estalló. Fue a estallar en aquel lugar más cerrado, recogido, lleno de cuerpos, y la explosión lanzó a varios en diferentes direcciones. Uno de ellos cayó sobre uno de los soldados, tirándolo al suelo, arrancándole un gemido de dolor.
La explosión generó más caos y obligó a Cero a cubrirse los ojos para evitar la lluvia de esquirlas de vidrio.
Cuando volvió a abrirlos se vio rodeado de cuerpos. Algunos estaban heridos, incluso les faltaba algo de carne, pero no sangraban. Solo los miraban con aquellos ojos apagados.

-Vamos... -murmuró el soldado que seguía de pie, que enseguida se lanzó sobre el que estaba encima de su amigo, golpeándolo y apartándolo de él, liberándolo.

Cero se encontró enseguida con siete u ocho cuerpos desarmados, desnudos, inexpresivos, pero feroces, abalanzándose sobre él.
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Ben

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MensajeTema: Re: Androides II: A las minas.   Dom Ene 17, 2016 5:41 pm

Ben encontró la sala a la que le llevaba la criatura de lo más interesante. Por supuesto, no tenía ni idea de qué eran todas aquellas cosas, pero tenían pinta de ser importantes. O, bueno, algo así era lo que imaginaba Ben que sería el refugio de algún sabio o inventor loco. Así que, después de buscar con miradas furtivas que no hubiera nadie más por allí, y sin perder de vista a la máquina que la había estado guiando, comenzó a explorar el lugar.

Los ruidos provenientes de una gruesa puerta la mantenían alerta. Ben se preguntó si se trataría de la escaramuza que habían planeado o si se trataba de alguna otra cosa, y trató de prestar atención a los sonidos para comprobarlo. No intentó, de todos modos, abrir la puerta, ya que prefería mantenerse lejos de las multitudes o las situaciones violentas. Y, en aquella habitación, tenía la excusa perfecta para ello.

Cuando la máquina se dio la vuelta para marcharse por donde había venido, Ben no la siguió. Exploró, en lugar de ello, el escritorio al que la máquina se había dirigido, por si en él hubiera algo interesante. Su objetivo era investigar toda la sala, en busca de información u objetos de utilidad. Seguía prestando atención a los ruidos más allá de la puerta, pero no se dirigiría a ellos hasta que no tuviera una idea más o menos clara de si al otro lado había una batalla. Reunirse con sus compañeros no estaba en sus prioridades en aquel momento.
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