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 Mazmorras

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Lloyd

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MensajeTema: Re: Mazmorras   Sáb Mar 28, 2015 3:02 am

El chrysos había bajado temprano por la mañana a las mazmorras, pero ahora mismo se encontraba de nuevo descendiendo las escaleras con pasos lentos, sin estar completamente seguro de si aquello algo que debiese hacer o no. Desde que recibió el mensaje de Fera el chrysos había estado bajando a las mazmorras a verla, a veces con más ropa, otras con comida, otras sin nada, y había permanecido allí horas, en silencio, mirando la celda vacía que había enfrente de la de Dena, esperando, paciente, a que la flamma dijese algo, pero Dena nunca decía nada y él terminaba yéndose con todas las cosas que había bajado para ella, en silencio. Desde hacía tiempo era consciente de que ella no quería verlo, pero aun así había una parte de él que se negaba a aceptarlo y que insistía e insistía en bajar todos los días, como si aquello fuese a cambiar algo en algún momento, como si realmente tuviese la esperanza de que así fuese. Después de lo sucedido con Alehyss hacía meses el chrysos había decidido que dejar de esperar cosas sería lo mejor y había intentado vivir con esa forma de pensar, pero ahora se veía incapaz de hacerlo. Era como si hubiese algo que lo arrastrase una y otra y otra y otra vez a pesar de todo.

Lyam se iluminó levemente los ojos al llegar al último escalón, y avanzó en silencio un par de pasos. Entonces, al descubrir la celda de Malia vacía, se detuvo. Tenía el ceño ligeramente fruncido.

–¿Dena? ¿Hola...?

No escuchó nada. Tragó saliva, sintiendo, de pronto, una extraña opresión. El peso del mundo en su pecho, aplastándole las costillas.

–¿Estás durmiendo? ¿Dena...?

De nuevo, nada. Avanzó hacia su celda, con pasos lentos, muy lentos. Como si de pronto todo fuese a cámara lenta.

–¿Dena...?

La celda estaba vacía, como si nunca hubiese habido nadie dentro. Otra vez.

*fin de escena*
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Massen Dew
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MensajeTema: Re: Mazmorras   Lun Abr 27, 2015 11:43 am

No estaba segura de hasta qué punto lo que quería era posible. Pero yo era rápida, y lo que mejor casaba con la velocidad era ser escurridiza, ¿no? Así que no estaba de más probar el límite de mis capacidades para escapar. De hecho, estaba de menos no hacerlo. O algo así. Tenía un entrenamiento por delante, o quizás un experimento, y aquel parecía el lugar adecuado para llevarlo a cabo.

Bajé las escaleras corriendo, y continué mi carrera por los pasillos, pasando por las celdas vacías. Tampoco estaba de más haber escogido un momento en que no hubiera presos en Brontë (o, al menos, que yo supiera, no los había) para proceder. Prefería estar sola. Era más fácil concentrarme, después de todo.

Mi carrera se acabó convirtiendo en una especie de recorrido de acrobacias. Me dedicaba a pegar acelerones y frenazos, y combinaba la carrera con saltos y volteretas laterales. Todo para conseguir tener el cuerpo tan suelto como me fuera posible. De hecho, cuando detuve la carrera junto a una celda abierta, me entretuve un tiempo en hacer ejercicios de flexibilidad. Tenía que sacar el máximo partido.

Empecé por lo difícil, porque era más fácil proceder así. Me enfrenté, sencillamente, a los barrotes de una celda. No eran barrotes tan estrechos, al menos no en aquella en concreto. Pero, por supuesto, estaban pensados para que no se pudiera pasar entre ellos. Y ese, en cambio, era mi objetivo.

Había hechos muy evidentes. Podía pasar un brazo a través de los barrotes sin ninguna dificultad. Podía pasar una pierna en las mismas condiciones. Me agarré con las manos a los barrotes para colgarme de ellos, pasando cada pierna por un hueco en torno a un barrote. Estaba lo suficientemente delgada como para que aquello fuera posible. Me solté, pues, y relajé los músculos, preparándome para un nuevo intento.

El siguiente ejercicio consistía en tratar de pasar el torso entre los barrotes. Eso quería decir que tenía que pasar prácticamente entera. Me coloqué de lado, y comencé de abajo arriba. El pie, la pierna... todo bien hasta llegar a la cadera. Inspiré hondo, me relajé, me concentré en buscar la forma de pasar. No era posible, por supuesto. Los barrotes eran demasiado estrechos, y lo más que conseguí fue quedarme atorada un momento, antes de conseguir escurrir el cuerpo de nuevo, en aquella ocasión en dirección contraria.

Aquel ejercicio dejaba el cuerpo dolorido. Decidí, visto que no podía hacerlo así, proceder con algo más sencillo. Saqué dos tacos de madera, que ya traía preparados, de un bolsillo, y me aseguré de fijar la puerta. Calculé para dejar un espacio pequeño, pero no tanto como el de los barrotes, o no lo conseguiría. Y, de nuevo, procedí a intentar entrar en la celda. Resultó ridículamente fácil.

Así pues, ajusté la puerta un poco más, dejándola más cerrada, y volví a probar. En aquella ocasión tuve que hacer un esfuerzo mayor, pero pude salir de todas maneras. Así que esa era la manera. Pasé un buen rato calculando el espacio, tratando de superar mis límites mientras estos se volvían más y más complejos. No tardé en descubrir que la cabeza era el principal problema. Una vez pasado todo el cuerpo, era la cabeza la que se quedaba atascada. Menos mal que me había ido a un sitio aislado, porque resultaba un tanto ridículo.

Al final, más cansada de lo que hubiera pensado, di por finalizado el entrenamiento, recogí los tacos y volví trotando en dirección a las escaleras.

*Se va*

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Massen Dew
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MensajeTema: Re: Mazmorras   Sáb Sep 26, 2015 12:09 pm

Fuera volvía a llover. El tiempo se estaba volviendo un poco loco. A mí, de todos modos, no me importaba demasiado en aquel momento. Tenía cosas que hacer dentro. Y, aunque estuve a punto de dirigirme a la sala de entrenamiento, decidí que las mazmorras eran un lugar incluso mejor para entrenar.

Desde que estaban vacías, resultaban un tanto menos deprimentes. En un trote suave, con el que pretendía iniciar mi calentamiento, me paseé entre las celdas, buscando, en la penumbra, dónde podía ponerme a practicar. Los barrotes de las celdas, tuve que admitir, seguían siendo demasiado estrechos para mí, pero en las puertas podía medir los huecos que quisiera, y eso me daba muchas ventajas.

Me aseguré de hacer buenos estiramientos, ya que eso me permitiría sentir el cuerpo más preparado para lo que quería hacer. Como quería moverme y ser rápida, preparé varias celdas con distintos grosores, como en una especie de gincana. Me dirigí a la primera y comencé con el ejercicio.

La puerta entreabierta no me supuso un problema. Había entendido ya cómo colocar el cuerpo para amoldarlo al espacio disponible. No me agobiaba la idea de verme atrapada, y me dediqué a controlar la respiración para que no interfiriera en el proceso. Así, poco a poco, fui pasando mi cuerpo de un lado a otro de la celda, y en apenas un momento había traspasado el espacio disponible.

Utilicé el mismo proceso para salir, y me dirigí entonces a la siguiente puerta, un poco más cerrada. De nuevo, me amoldé al espacio que me dejaban los barrotes, busqué la manera de traspasarlos, controlé la respiración para que no interfiriera en el proceso. Tenía que conseguir escurrirme por los espacios sin dificultad y tan rápido como me fuera posible. No podía, en ningún caso, quedarme atascada. Además, tenía que aprender a medir cuál era mi límite.

Quizá por eso continué, una puerta tras otra, y en cada avance me preguntaba si de verdad enfrentarme a los barrotes en sí mismos no era posible. Quizás, cuando hubiera llegado a la última de las puertas, buscaría el modo de hacerlo. No podía ser imposible. Debía ser como un mecña, y buscar la forma de traspasar con la cabeza cada hueco. Por supuesto, a partir de ahí, el resto del cuerpo tenía que pasar por el estrecho espacio sin posibilidad de discusión. Avanzando por las mazmorras, seguí con mi entrenamiento, concentrada.

*Fin de escena*

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Zacharyas

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MensajeTema: Re: Mazmorras   Dom Nov 15, 2015 7:30 pm

Un lugar tenebroso como aquel... A Zacharyas le gustaba, y creía que Julia también debía conocerlo. Una niña criada en Brontë no podía asustarse de las mazmorras y los fantasmas, ni de las armas; ni siquiera de la sangre, se decía Zacharyas muchas veces, tentado a mostrarle cosas más oscuras. Pero se contenía con aquello, porque ella le parecía demasiado pequeña como para educar su mente de aquella manera.

La niña gateaba sobre la piedra, animada con cada descubrimiento, aunque fuese solo un metal envejecido o alguna mancha de humedad en las paredes. Le mostraba las celdas, y se preguntaba si ella también imaginaría las escenas que habían podido ocurrir en el lugar o si, por el contrario, ni siquiera comprendía lo que veían.
Con el tiempo, pensaba el padre, iría sabiéndolo.

*se quedan y luego se van*
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