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 Androides I: Infiltración.

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MensajeTema: Androides I: Infiltración.   Jue Mar 19, 2015 2:10 am

Cierzo
Marik
Gerald

Del grupo que se envió a aquella misión el que mas destacaba, sin duda, era Marik Loukta, el pequeño parvus que había sido enviado a Lumen con los dos experimentados guerreros para formarse en su primera misión. A estos se les pidió desde el principio que, si bien no debían cuidar de él como si estuviese a su cargo, lo orientasen en caso de necesidad.

Debían reunirse con un contacto que se encargaría de ponerlos en situación sobre el asunto en una posada de los caminos la noche anterior a que comenzase la parte práctica de la misión, por lo que tendrían hasta entonces para establecer una estrategia a seguir.

Los tres guerreros fueron transportados mediante Cáliz a la zona más cercana al lugar de encuentro, y desde allí se les facilitó un carro en el que viajaron buena parte del camino. Los últimos kilómetros, sin embargo, tuvieron que hacerlos a pie: se les había especificado que debían mantener su identidad como enviados de Brontë en secreto para evitar el fracaso de la misión (a excepción del contacto, que ya estaba informado de su procedencia).
Aunque salieron de Brontë por la mañana, las horas de viaje y los cambios de medio de transporte hicieron que para cuando llegaron al lugar de encuentro el sol ya estuviese cayendo, junto con las temperaturas. La luz anaranjada que salía de las ventanas de la fonda era prácticamente la misma que la del sol, ya bajo, por lo que el edificio no resaltaba especialmente más que por ser el único que había en los caminos. Tenía varios pisos, aunque no destacaba por ser especialmente grande, y una construcción más pequeña al lado que sería un establo. De la edificación principal, de la planta baja, salían voces y risas que indicaban, probablemente, la hora de la cena.

No había nadie fuera a aquellas horas, no obstante, más que una figura encapuchada apoyada contra un muro de piedra junto a la puerta. Llevaba una capa que disimulaba su cuerpo, pero por las dimensiones parecía una mujer o un hombre joven. Con la cabeza gacha, en sombra, parecía estar esperando algo, y fue evidente que así era cuando ellos se hubieron acercado lo suficiente. Fue entonces cuando alzó la vista.



-Buenas noches, guerreros de Brontë -los saludó en primer lugar, con un resquicio de acento piscis en el tono, sutil pero no tanto como para pasar desapercibido-. Soy Seczah. Se ve que tendremos que trabajar juntos-. Los inspeccionó uno a uno, parándose en todos ellos sin variar la expresión, deteniéndose quizás un segundo más en el parvus. Luego les indicó que la siguiesen con un gesto, pasando dentro-. Dormiremos aquí esta noche. Espero que no hayáis cenado. Hablaremos a la mesa.

No tardaron en pasar dentro, tras las escuetas presentaciones, yendo a ocupar una de las mesas del fondo, incrustada en una esquina, algo apartada del resto. Había algunos grupos semejantes al suyo ocupando otras, por lo que, si bien algunas miradas se centraron en los guerreros nada más entrar, estas no tardaron en disiparse.
Una vez sentados, pudieron pedir y hablar con más tranquilidad. Seczah pasó a exponer parte de la información con la que contaba.

-Mañana nos reuniremos con un importante hombre que forma parte de la organización a la que investigamos. Llevo meses infiltrada en diversos trabajos como mercenaria, por lo que mi nombre ya es conocido. Vosotros seréis mis compañeros en esta tarea. Yo daré la confianza, pero necesitaré que vuestro aspecto y actitudes acompañen un poco-. Torció la sonrisa centrándose un segundo en Gerald, cuyo extraño aspecto lo era más bajo las luces del techo, y luego miró a Cierzo-. Vosotros dos no lo tendréis difícil-. Miró entonces a Marik-. Tú trata de parecer todo lo fiero que puedas. No es que los clichés hayan de ser ciertos, pero siempre ayudan para disfrazarse mejor-. Tras aquel breve inciso continuó exponiendo el plan del día siguiente-. Nos encontraremos con él y una mercancía que desean transportar al amanecer. Nuestro objetivo será protegerlos a ambos en todo momento. Pero, además, nuestro "objetivo" será tratar de averiguar todo lo que podamos sobre lo que transporta, la organización a la que pertenece, próximas entregas o planes sin levantar sospechas. Es crucial, ante todo, no revelar nuestra procedencia para evitar que los individuos a los que queremos atrapar sepan que los tenemos en el punto de mira, ya que se están realizando operaciones simultáneas para sacarles toda la ventaja posible. Un error podría tirar el plan entero abajo.

Se trataba, desde luego, de una mujer seria, que iba directa al grano. Sin embargo se comportaba al mismo tiempo, dentro de la seriedad, de forma desenfadada, quizás más acostumbrada a la calle que a un entorno formal.

-Podéis hacer todas la preguntas que queráis ahora, ya que mañana quizás no sea posible Trataré de responder a todo lo que pueda. Querría también, si fuese posible, que me hablaseis algo sobre vosotros y vuestras habilidades. Si somos compañeros que han trabajado juntos varias veces vendrá bien que tengamos alguna información a la que acogernos.

Dicho aquello, Seczah guardó silencio, finalmente, esperando a que fuesen ellos los que tomasen la palabra.
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Cierzo

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Jue Mar 19, 2015 12:55 pm

No me hacía ninguna gracia que me pusieran de niñera. Incluso de la forma en que se me había hecho el encargo, era evidente que las cosas no empezaban bien. Me preguntaba qué parte no habrían entendido los líderes de puñaladas por la espalda, animales con veneno letal y niños tuertos. Enviar a un recién llegado a algo así me parecía una locura, una carga para sus compañeros. Y más teniendo en cuenta su ya desde el primer momento evidente lentitud, su tendencia constante a adormilarse y su poco imponente aspecto. De verdad me preguntaba quién había pensado que meterlo en aquello era buena idea.

Por desgracia, no estaba en mi mano cambiar las cosas, así que acepté a mi compañero sin malos gestos y me puse en marcha tras presentarme, junto a él y Gerald. Al menos podía contar con Gerald. No podía decirse que su estado hubiera mejorado en absoluto, y en parte temía que pudiera sufrir una crisis durante la misión, pero sabía, por experiencia, que podíamos recobrarnos de un contratiempo de ese tipo. Gerald, en el estado que fuese, sabía mantener la entereza.

Para cuando llegamos al lugar en que se nos había citado, nuestro contacto ya nos esperaba. Tampoco su aspecto era muy imponente, pero su seriedad parecía cubrir esa carencia. Tras las presentaciones, fue ella quien nos guió al interior de la posada, donde yo me ocuparía de administrar los gastos con el dinero que Brontë me había proporcionado para ello. Durante la cena, Seczah nos dio los datos principales de nuestra tarea. Me preguntaba si ella estaría al tanto de cuál era la mercancía que se sospechaba que transportaban, pero no pronuncié mis dudas en voz alta. Si Brontë no le había dado según qué información, no me correspondía a mí hacerlo.

Cuando ella guardó silencio, yo tomé la palabra.

-Independientemente de nuestras identidades, ¿hay algún rol concreto que debamos adoptar? Entiendo que no se revele nuestra procedencia, pero somos un grupo demasiado... pintoresco para evitar preguntas -observé-. Convendría acordar una historia alternativa. Dudo que un organización de este tipo contrate guardaespaldas sin saber de dónde han salido sus protectores -. A continuación, pasé a referirme a mis habilidades-. Yo tengo unas nociones básicas de manejo de armas, pero mi principal cualidad es la magia. Magia aether -puntualicé, consciente de que era un dato que no siempre resultaba evidente-. Trabajo en combate a distancia, así que puedo cubrir ese rango.

No mencioné a mi pequeño sirviente, consciente de que me convenía dejarlo ver poco en aquel contexto. No me extrañaría que alguien tuviera ya información sobre mí en la organización, así que ya llamaba lo suficiente la atención como para añadir detalles.
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Marik Loutka

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Vie Mar 20, 2015 11:58 pm

La noche anterior preparaste una maletita pequeñita con calma con lo indispensable: un cepillo de dientes, un par de mudas limpias y gorros por si hiciese frío. También cargaste los bolsillos pequeños de la maletita con pañuelos para la nariz y un carrete de hilo y una aguja. Te gustaba iir siempre preparado.

Estabas tan nervioso que inreíblemente, no pegaste ojo en toda la noche y con las prisas de la mañana junto con un sueño atroz después de desayunar, olvidaste tu tan cuidada maleta de viaje en el palacio, por lo que ahora te encuentras en un carruaje con dos hombres más a los que rácticamente no conoces y te encuentras algo aflijido. Por suerte para ti, el viaje es tan largo estás tan cansado y el asiento es tan cómodo que prácticamente te lo pasas echo una bola en el asiento mientras te recuerdas, una y otra vez entre vigilia y vigilia, no volver a trasnochar nunca más.

La noche os envuelve y cuando llegáis al lugar indicado, no paras de pensar en que con tanto vaivén de horarios vas a acabar con el sueño cambiado y concluyes que eso te afectará negativamente, aunque por ahora decides seguir en silencio a los dos hombretones y correr lo más rápido posible para seguirles el paso.


Aquella mujer te explica todo lo necesario y tu frunces el ceño, prestando la máxima atención, sin poder ocultar un par de bostezos entre frase y frase de la mujer y pidiendo disculpas con la mano.

-Fiero...- repites en voz baja, mientras observas tus rechonchos deditos. Ves a tus compañeros y les preguntas a ellos.- ¿Cómo conseguiré ser fiero para mañana?- Les preguntas cansado, pero con un notable tono de preocupación en la voz.

Cojes el vaso de zumo y bebes en silencio, mientras captas toda la información que puedes. Escuchas a Cierzo.
-Yo...- intervienes.- Yo no se hacer casi nada.- Te sinceras, pensando automáticamente que no quedaba muy bien decir aquello.- No he podido traer mi marioneta. Era demasiado grande y bueno...- Te encoges de hombros.- La gente dice que paso desapercibido con facilidad.- Tu voz es ligera y tenue, como un susurro agradable.- Además soy pequeño... Puedo disfrazarme en una caja y meterme donde sea.- Expones para acabar frotándote un ojo y rascar con cuidado tu rubio y pequeño bigotito.

-¿Dónde... dormiremos? - Preguntas finalmente.
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Gerald

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Sáb Mar 21, 2015 2:21 am

Todo pintaba muy interesante: salir de nuevo con Cierzo de misión, buscar de dónde venía el amigo de hojalata que llevaba en el bolsillo, hacerse pasar por mercenarios... Sin duda era un panorama de lo más apetecible. Hasta que nos dijeron que teníamos que llevarnos al enano para "ayudarle" a comportarse en una misión. Corataba bastante el rollo. Si no sabía qué hacer en una misión que lo hubiesen mandado al bosque mágico a por mariposas, pero endiñárnoslo en una misión donde el tipo más majo ha abierto en canal a su abuela con la pinta de carne fresca que tiene es un plus de dificultad. Más nos valdría que fuese una broma de Brontë para comprobar nuestras habilidades.

Cuando partimos me centro en Cierzo, compartiendo un par de impresiones sobre lo que nos espera del viaje y sin preocuparme por el enano. Cuando tuvimos que abandonar el carro llegué a pensar que se quedaría dormido allí dentro y se nos quitaría un una preocupación de encima, pero no hubo suerte.

Me forto las manos cuando llegamos al sitio indicado. Ya empiezo a sentirme cómodo con el ruido de jaleo de fondo. Meterme en el papel de mercenario no es algo que se me vaya a hacer difícil.

Oh, una chica. Esperaba a un calvo con una cicatriz en la cara y garfios hasta en los dientes —Comento, jocoso, una vez se presenta y nos indica que la sigamos.

Miro a mi alrededor en la posada, manteniendo la sonrisa jactanciosa y tanteando que nadie hace o fisgonea más de lo contrario. Una vez sentados, Seczah nos explica el contexto de la situación, su papel en todo el esto y lo que se supone que tenemos que conseguir. Miro a Cierzo en cuanto empieza a hablar una vez ella se calla. Marik también habla al poco y me llevo una mano a la cara por un momento.

Lo tengo, somos una pareja de maricas y este es nuestro hijo mudo adoptado al que no hemos podido dejar con la institutriz mientras nos dedicamos al pillaje —Ironizo con cierta acidez. Miro un momento a los lados—¿No vamos a beber nada ya que estamos aquí? Hay que parecer gente de mala vida. En fin, mi apuesta, Marik, es que te mantengas calladito y nosotros nos dediquemos a decir que eres un psicópata al que es mejor no molestar para que pasen de preguntar demasiado. Eso o te metemos en un barril y se lo endiñamos en el carro para que rebusques —Mi tono es bastante incrédulo y jocoso, aunque sinceramente no se me ocurre mucho más que hacer con él si no sabe hacer nada más que parecer carne de cañón.

Me centro entonces en lo serio, tomando aire y frotándome el entrecejo para centrarme.

Dices que es un tipo que lleváis controlando un tiempo. ¿Todavía no sabéis nada sobre lo que maneja habitualmente como para que ese cargamento sea tan extraño y sospechoso? ¿Y qué sabéis de él y la organización si también tenemos que sonsacarle algo? Conociendo datos sólo tendríamos que adornar un poco algún comentario y tirar de la manta —Comento, interesando. Después recapitulo a las habilidades.

Bueno, quitando mi irresistible atractivo, mi labia y mi descaro natural, me encargo de corta distancia con la espada y el cuerpo a cuerpo. Estaría bien saber tus puntos fuertes. Ya sabes, tendremos que compenetrarnos si se supone que somos tus hombres de confianza —Acabo con un tono más distendido y animado, acompañado por la media sonrisa.
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Narrador

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Sáb Mar 21, 2015 4:06 pm



La mujer dedicó una sonrisa mordaz a Gerald a su comentario del hombre de la cicatriz, pero ni dijo nada. Después entraron y pronto estuvieron asentados.
Quizás lo que más pareció llamar la atención de Seczah fue la pregunta de Marik sobre cómo ser fiero, que la hizo alzar la vista hacia los otros dos guerreros, buscando en sus miradas alguna respuesta sobre el origen de aquel parvus. No fue, sin embargo, un gesto muy evidente, y al poco se encontraba respondiendo las preguntas con serenidad, pese a todo.

-Pensaremos algo -le dijo a Marik en primer lugar-. Estoy segura de que habrá algo de lo que puedas encargarte-. El comentario de Gerald volvió a arrancarle una sonrisa de nuevo-. ¿Y qué soy yo en ese caso? -inquiere, bromista, pero acaba por negar, poniéndose definitivamente en serio. Miró a Cierzo, entonces-. No te preocupes por las preguntas. He trabajado en algunas otras entregas con unos compañeros distintos. "Por desgracia", un par de ellos salieron heridos en el último trabajo, y yo me encargué de asegurar que conocía a unos guerreros mucho más capaces. Habiéndome ganado su confianza, vosotros solo tendréis que adoptar el papel de un grupo de mercenarios que ha trabajado antes conmigo. Podemos inventarnos algún trabajo juntos al que recurrir si surge en la conversación-. Se volvió entonces hacia Gerald, que hacía preguntas más concretas sobre el hombre al que escoltarían y la organización a la que investigaban-. Generalmente transporta pequeñas piezas de algo más grande, aunque me encontré una vez con una caja de esos soldados de metal de los que quizás os hayan hablado. Unos guerreros antropomorfos que funcionan mediante magia. Por desgracia, nosotros solo somos bestias sin cerebro que no deben hurgar en sus asuntos, así que todo lo que se puede preguntar tiene que surgir de la ignorancia. No debemos revelar que sabemos lo que han transportado-. Seczah da una vuelta a su cerveza, pensativa-. He recibido información de un grupo que investiga en otro punto de que han estado haciendo movimientos extraños. Nos tememos que esta vez transporten algo distinto que desconocemos. Nuestra misión principal será esa: averiguar qué es, conseguir una muestra si es posible y, por otra parte, saber a qué y cuándo atacarán con el ejército que están creando, o dónde venderán las armas. Usad vuestro ingenio y lo que se os ocurra para tratar de recabar datos.

Finalmente los tres guerreros pasaron a explicar sus habilidades, y Seczah las aceptó con una sonrisa, dedicando una mirada curiosa a Cierzo cuando dijo lo de ser aether, pero sin añadir nada a su comentario. Respondió luego sin ninguna queja a la pregunta de Gerald, tras dar un sorbo a la cerveza.

-Yo puedo desenvolverme en el cuerpo a cuerpo si es necesario, aunque me manejo principalmente con magia. Se me da mejor la ofensiva que la defensiva o la curativa, así que tratad de no haceros mucho daño si no tenéis forma de arreglarlo luego. Tengo, además, experiencia en estas operaciones y conozco bien la zona que recorreremos, por lo que puedo ir advirtiéndoos de lo que pueda venir.

Dicho aquello, la piscis pareció dar por cerrado el tema. Dedicó una última mirada a Marik, y señaló unas escaleras que había al fondo del cuarto con un gesto.

-He pagado cuatro habitaciones para esta noche-. Les entregó una llave a cada uno-. Podéis hacer lo que queráis, pero os aconsejo que durmáis un poco por lo menos. Mañana saldremos temprano.

La noche se alargó un poco más, aunque Marik, más necesitado de descanso que el resto, se fue a cama enseguida. Hubo alguna broma y Seczah se permitió tomar alguna copa con los guerreros, pero llegada una hora también se retiró, indicando que el día que venía sería duro.

* * * * * *

La marcha comenzó al día siguiente, algo más tarde de las ocho. El sol ya estaba alto, y les esperaba cerca de una hora de camino a pie. Seczah, habiendo visto el aspecto desvalido de Marik, le entregó una daga larga que en comparación a su pequeño cuerpo llegaba a parecer una espada corta. Según la mujer le explicó explicó, usaba algo de magia chrysos, por lo que además de herir como un arma normal daría corriente al contacto que podría llegar a aturdir a sus enemigos.
Daga:
 
Con ella pendida al cinto Marik seguía sin dar miedo, pero parecía, al menos, algo más preparado. Junto con aquello, una capa algo desgastada y un par de accesorios de cuero que compraron en el mercado antes de salir podía pasar, al menos, por un guerrero.

Durante el camino hablaron de algunas historias para poner en común alguna aventura a la que agarrarse en caso de necesidad. Habían trasladado armas ilegales varias veces de Lumen a Fulmen, pasando los controles de los puertos, y otra vez habían escoltado a unos forajidos de Caligo hasta ponerlos a salvo en la frontera con Fulmen, habiendo tenido que enfrentar a numerosos soldados sin haber sido apresados en ningún momento, por lo que tenían grandes logros a sus espaldas. Cada uno de ellos podía, además, dentro de lo coherente, montar sus historias personales con las que ensalzar los propios logros.

Como la mujer había predicho, dieron con el lugar a la hora de emprender la marcha. Se encontraban en una zona boscosa y algo laberíntica, pero ella los guió con eficiencia, y se detuvo de pronto, señalando un árbol que crecía tortuoso con un gesto.

-Este es el lugar -les dijo.

Pudieron descansar y comer un poco mientras esperaban, y Marik tuvo tiempo incluso de echarse una pequeña siesta, pero al cabo de un rato más el sonido inequívoco de unas ruedas sobre el suelo llamó su atención, y Seczah se encargó de despertar al parvus y de que todos estuviesen firmes.

Un carro no muy grande, de aspecto discreto, apareció entre los árboles. Iba guiado por un hombre grande, de aspecto peligroso, que saludó a Seczah con un gesto al verla, detuvo el carro y se bajó.

-Él está dentro. Dijo que se mareaba -le explicó, muy serio-. De aquí en adelante os toca a vosotros-. Los miró entonces a ellos, muy serio-. Buena suerte -les dijo-. Tened cuidado.

Seczah los miró entonces, mientras el hombre fornido se alejaba en dirección al carro para recoger sus pertenencias antes de marcharse.

-¿Sabéis conducir un carro? Vendrá bien tener relevos durante el viaje. Será largo.

Tras aquello, y antes de ponerse en marcha, solo quedaba conocer al que sería su cliente. No tardó mucho en suceder, pues poco después de que el carro se hubiese detenido, cuando el hombre fornido ya se marchaba por el bosque, un segundo hombre bajó de la parte trasera del carro. Tendría algo más de treinta y el pelo largo, de un rubio pálido, le caía a los lados de la cara sin favorecerle demasiado. Era delgado, algo enclenque, y los miraba con desconfianza, aunque pareció calmarse un poco al ver a la mujer.

-¿Son estos tus amigos? -. Los miró una vez más, como si no terminase de fiarse-. Espero que sean mejores que los últimos -añadió, casi en un gruñido-. ¿Y sois todos de fiar?

Era el momento de las presentaciones, que determinaría la primera impresión que causaban al hombre. Aquello podía ser crucial.
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Cierzo

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Lun Mar 23, 2015 8:49 pm

Una vez quedó todo claro, y tras algo de charla, llegó el momento de retirarse. Fue a la mañana siguiente, mientras comenzaba la marcha, cuando nos terminamos de preparar, creando algunas historias que nos sirvieran de base y evitara posibles sospechas. Traté de ignorar en todo momento los problemas que creaba el parvus, que me había puesto de mal humor desde el primer momento.

Cuando por fin nos reunimos con nuestro cliente, pasó algún tiempo antes de que nos pusiéramos completamente en marcha. Asentí en cuanto a la posibilidad de conducir el carro. No había manejado más que carros individuales y no sabía si habría mucha diferencia con llevar pasajeros, pero no me parecía que fuera ocasión de poner pegas. Teníamos que facilitar las cosas en la medida de lo posible.

Cuando, finalmente, el cliente salió y se dejó ver, comenzaron las presentaciones. Su desconfianza inicial no ayudaba mucho, y sabía que, probablemente, valían más las palabras de nuestra guía que las nuestras con respecto a lo leales que pudiéramos ser. De todas formas, traté de ceñirme a mi papel de mercenario.

-Mientras se nos pague lo acordado, no habrá ningún problema con si somos o no de fiar -respondí, con un deje de sorna en la voz-. Fumä, llamado el Cierzo, a su servicio.

Ocultar por completo mi nombre resultaría complicado para mis compañeros y hasta para mí mismo, pero modificarlo ligeramente podía ayudarme a ocultarme. Seguía pensando que no era tan complicado que, después de mi última actuación en Lumen, una organización como aquella hubiera obtenido información sobre mí. Convirtiendo mi nombre en un apodo, por el que sabía que me llamarían mis compañeros, quizás me sirviera de ayuda. Y no parecía un apelativo tan extraño para un mercenario, o eso esperaba.

FdR- Sí, está paranoico, pero lo vais a querer así porque no os queda otra.
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Gerald

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Mar Mar 24, 2015 2:28 am

Pese al intento de darle algo de alegría a las horas antes de la misión, la cosa no acabó mucho más tarde. A fin de cuentas no dejaba de ser trabajo aunque se me hiciera difícil tratándose de pasar noches en tabernas. Desde mi acomodación en Brontë he perdido bastante disciplina, pero no voy a preocuparme por eso ahora.

A la mañana siguiente nos ponemos en marcha y al parecer llegamos temprano al lugar acordado. Froto la camisa y los pantalones costra la piedra y los árboes para que parezca algo más desgastada y usada entre descanso y descanso. En cuanto Seczah informa de que ya llega nuestro objetivo, me preparo para la primera impresión. Me dejo la camisa a medio abrir y afianzo la correa de la katana sobre el pecho. No creo que haga falta esforzarse mucho más, tampoco es cuestión de pasar de mercenario a pordiosero.

En cuanto el carro llega y el hombre que lo conduce baja de él diciendo que el supuesto acompañante "se marea" no evito un leve resoplido de burla, apenas apreciable. Dejo hablar a Seczah manteniendo el papel de mono descerebrado y espero a que el tipo baje.

Tiene pinta de enano, pero si lo siguen tan de cerca igual es un mago de la virgen así que mejor espero un poco antes de pensar en su posible secuestro y acabar con toda la parafernalia.

En cuanto Cierzo habla ladeo la sonrisa, altanero, ocultando que ealmente me acaba de dejar partido con lo del apodo de "el Ceirzo". Desenvaino la katana y le doy un par de vueltas en la muñeca para acabar apoyándomela en el hombro.

Me llaman "El consuelaviudas" y cada uno de éstos es un marido enterrado que no supo meterse en sus asuntos —Señalo los picos que se me ven por los tatuajes, aprovechándome de ellos como símbolo. Miro a Cierzo un momento, seguro que se cabrea, ero no he podido evitarlo — ¿Suficiente fiabilidad? —Inquiero, seguro y jactancioso.
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Marik Loutka

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Dom Abr 05, 2015 9:29 pm

Observas el arma apoyada en ambas manos como si fuese una barra de pan recién orneada. Pestañeas dos veces y ves a la chica que te la ha dado con una sonrisa forzada. No te gustan las cosas puntiagudas, pues tienes miedo a dormirte y que se te clave en algún lado. Sin embargo, debes ser lo más cordial posible y aceptar el arma con solemnidad.

Puedes ver tu reflejo en un riachuelo por el que pasáis de largo y verte con tus nuevos ropajes te hace sentir incómodo. Sin duda sabes que eres el punto débil del grupo y que debes permanecer lo más invisible posible, aunque eso nunca ha sido un gran problema para ti. De todas formas: el olor a cuero no acaba de convencerte y echas de menos tus camisas simples.

Sigues al grupo en silencio, siempre más cerca de Cierzo que de Gerald, al cual observas con cierta desconfianza simplemente por su forma de ser. Te pone nervioso que hable con tanta fluidez pues da pie a preguntas y tú eres de todo menos hábil con la lengua.

Entre una cosa y otra llegáis al punto de intercambio. En cuanto ves el carro, te tensas e incluso llegas a ponerte de puntillas durante unos instantes para parecer más alto pero debido a que pierdes el equilibrio constantemente, decidiste que sería mejor ser bajito y no parecer un borracho.


Despido con la mano al grandullón que nos deja el relevo con una ligera sonrisa atolondrada.- Descanse usted, señor carretero.- Susurras en un tono inaudible para el sujeto.

Escuchas las presentaciones. Es tu momento de gloria.- Yo... mi nombre es Kurage y tengo un extraño poder en la que mato a gente mientras duermo. Así que no me molestéis cuando lo esté haciendo. Mejor: no me molestéis en general. - Escupes al suelo con gran fiabilidad, pero la saliva se te queda en la barbilla. Te giras e intentas limpiarla lo más rápido posible. Un rubor de vergüenza te abruma las mejillas.
Observas al chico que se acaba de despertar en silencio. Por incercia, echas la mano al bolsillo para que Hebilla hable un rato, pero entonces recuerdas dónde estás y decides retirar rápidamente la mano del bolsillo.

A continuación, te quedas sentado con las piernas recogidas mirando fijamente al tipo rubio. En silencio. Eras un tipo duro.
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Narrador

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Mar Abr 07, 2015 11:50 am



Uno a uno, los tres guerreros se fueron presentando al que sería su cliente. Cierzo fue el primero, que le arrancó un pequeño tic en la ceja, pero no pareció dejarlo descontento con su intervención.

-Solo pensáis en eso -gruñó-. No os preocupéis que pagaré lo acordado si cumplís con vuestro trabajo. Dinero no me falta.

La respuesta de Gerald, por su parte, hizo que el hombre alzase las cejas y lo mirase de arriba abajo, como si se debatiese entre creer o no la historia que le contaba y, al mismo tiempo, revisase cada uno de los tatuajes, buscando dar con un número.

-Espero que rindas tan bien en los asuntos profesionales como en... las sábanas -comentó, con cierto desdén.

Marik fue el último en hablar. Y su intervención fue, sin duda, la menos exitosa de todas. El hombre lo llegó a examinar con desprecio hasta que Seczah se adelantó, seria.

-Bueno, no todos los mercenarios de fiar son imponentes a primera vista. Kurage no lo decepcionará.

-Estoy seguro -respondió el hombre, irónico, dedicando una nueva sonrisa desdeñosa a Marik. No puso, sin embargo, ninguna objeción-. Bueno, yo soy Kellzer. Vuestra misión será protegerme a mí y al carro. Si fracasáis no solo no os pagaré, sino que, además, daré vuestros sucios nombres a las autoridades para que os apresen. Seguro que tenéis un buen número de delitos a vuestras espaldas. De modo que mejor llevémonos bien y haced lo que debéis.

Tras el breve discurso, el hombre volvió a subirse en la parte trasera del carro. Les esperaba más de un día de viaje, por lo que no debían retrasarse. Seczah sería la encargada de conducir la primera parte del viaje, y solicitó a Cierzo que la acompañase para explicarle la ruta que debería seguir cuando fuese su turno en lo que comenzaban el viaje. Marik y Gerald, por otra parte, irían en el carro con el hombre.

Pese a que Kellzer viajaba allí, no era un carro destinado al transporte humano, sino al de mercancías. Había una zona en el suelo con un pequeño colchón que usaba el hombre para sentarse, y un par de zonas más vacías de las que Gerald y Marik podían disponer. Por todo lo demás, allí solo había cajas de madera, todas idénticas, perfectamente selladas. No había forma de suponer qué había en ellas a simple vista, aunque cuando el carro inició la marcha pudieron darse cuenta de que en las curvas o baches algo se movía y dejaba ir un sonido metálico, parecido de lejos al que harían monedas en una bolsa, por lo que se trataba, necesariamente, de varias cosas, y no una sola.

El hombre no daba mucha conversación. Evidentemente mareado, al cabo de unos diez minutos ya presentaba un aspecto algo pálido, pero permanecía despierto y atento a los guerreros, aunque Gerald parecía llamar más su atención. Todavía tenían un viaje largo por delante debían empezar a pensar en cómo obtener la información necesaria y alguna muestra de lo que llevaba en las cajas.


Cierzo, por su parte, iba fuera con Seczah. Cualquier voz muy alta se escucharía dentro, y viceversa. Pero allí, si tenían cuidado, podían llegar a comunicarse. Mientras le iba dando indicaciones en voz alta para que Kellzer los oyese y no sospechase, intercalaba otras frases en voz más baja, destinadas solo al guerrero.
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Marik Loutka

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Mar Abr 07, 2015 1:59 pm

Notas como su mirada se enrosca alrededor de tu cuello como si te ahogase y sonríes algo nervioso. Desde luego tuviste que haber pensado en algo mejor, aunque por lo que parece,has salido del entuerto con bastante holgura, por lo que ahora si, en silencio, te dispones a sentarte al lado de Gerald casi hecho un ovillo.
Pero como dicen por ahi, el hábito no hace al monje y tu te sentías como una manzana envuelta en bacon con aquellas ropas tan apretadas, de cuero brillante y amenazador.

Los minutos pasaban lentamente hasta que decides que ya va siendo hora de intentar sacar información de alguna manera.
-Oiga señor Kellzer.- Comentas en un susurro vago.- ¿Le gustan las marionetas?- Preguntas sacando a Hebilla del bolsillo y colocándola delante de tu cara.- Puede parecer cosas de críos pero le aseguro que es una forma de distracción muy eficaz.
-Oye enano, ¿a quien llamas tú distración?- Hebilla te da un coscorrón y tú te frotas la cabeza.- ¿A dónde me has traído esta vez?- Pregunta Hebilla, observando el carro con interés con sus botonil visión.
-Mmm... un carro.- Acierta.
-Eso es.- Añades.
-¿Y qué se supone que haces aquí, enano?- Te pregunta Hebilla.
-Pues bueno, he sido contratado para proteger a este señor y ahora tú y yo tenemos que intentar quitarle el mareo al pobre hombre, así que compórtate y juguemos a algo para pasar el rato y que piense en otra cosa.- Explicas serio.
-Bueno... veamos... ¿Qué tal al veo-veo?
-Eso sería fabuloso.
-Empiezo yo: veo-veo
-¿Qué ves?
-Una cosita
-¿Y de qué color es?
- Marrón.
-Hebilla aquí hay demasiadas cosas marrones, eso es complicado.
-Bueno, así pensaréis más.
-Está bien. ¿Es... el pelo de los caballos?- Preguntas viendo hacia afuera.
-No, bobo.
Miras a Gerald y haces gestos con los ojos hacia las cajas de madera para que pregunte por ellas.
-Te toca, rubio. ¿Qué ves aquí marrón? - Hebilla se le pone cerca de la cara.

Ojalá haya pillado la idea.
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Gerald

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Mar Abr 07, 2015 9:33 pm

Suelto una carcajada cuando el tipo hace su comentario. Me ahorraré ponerlo nervioso por ahora, no vaya a ser el cuento.

Me acerco al carro cuando me dicen que me toca atrás y me subo agarrándome a los lados, echando un vistazo rápido.

¡Qué lujo, el camino sentado! Con permiso —Entro de forma descuidado, como si fuese un patoso de primera y me dejo caer en el cojinote haciendo que el carro se tambalé un poco, chocando un pie con la esquina de una de las cajas. Finalmente me apoyo con el codo en la que tengo más cerca, para rematar el follón. Si se altera mucho el fulano será que lo de dentro es frágil o no es recomendable menearlo demasiado.

Pff odio a los caballos, son apestosos y brincan más que sardinas —Comento con tono alzado asumiéndolo como tono natural, como esta clase de tipos idiotas que hablan a berridos. No estaría mal mencionar ser algo duro de oído en algún momento. Así cualquier cuchicheo o trasteo pasará más desapercibido.

Al cabo del un rato de viaje el tipo no me quita el ojo de encima y no dejo de dedicarle miradas ladinas por si pretende leerme algo en la cara.

En cuanto veo a Marik sacar esa cosa reprimo una cara de incredulidad monumental para que parezca que ya me conozco la cantinela y miro a otro lado como si nada. Menuda forma más cutre de intentar sacar algo, enano. Espero que el tipo no haya creído que sacaba un arma. Al menos ha servido para poner algo en marcha.
En cuanto me habla a mí, me giro hacia él con mala cara y le aprieto el muñeco.

Tu mierda de cara. ¿Ya empiezas con tus gilipolleces de enfermo mental? Haz algo útil y agárrale la cabeza a ese tipo para que no se desmaye —Le ordeno, dándole una colleja para que se espabile y mirándolo con cierta complicidad para que aproveche a ponerse más cerca de las cajas a arrimarse al tipo. El tío no ha dejado de mirarme así que Marik le pasará bastante desapercibido. Si aprovechamos su mareo para que se centre en mí mientras él rebusca un poco igual podemos sacar algo.

¿Te encuentras bien? Pareces un muerto. ¿Por qué te encargas del carro si te pones así? Podríamos degollarte y largarnos con todo viendo esa pinta que tienes. Tu jefe debe de ser un poco idiota —Insto al hombre a hablar con comentarios rudos con tono mordaz y jocoso. A ver si está tan malo como para que resulte aprovechable.
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Cierzo

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Miér Abr 08, 2015 10:34 am

Podría haber añadido algún detalle a mi intervención, pero decidí que no valía la pena entrar en obviedades con respecto a en qué pensaba o no un mercenario. Me limité a dedicarle una sonrisa torva, dejando claro con ella que, efectivamente, era el dinero lo que allí me había llevado y sería el dinero lo que me mantuviese activo. Nada que no pudiera esperar de un mercenario, después de todo.

Gerald se mantuvo dentro de su papel habitual, y yo sabía perfectamente que eso no tendría por qué suponer ningún problema. El parvus, en cambio, siguió dando problemas, como había prometido. Me preguntaba si sería muy grave darle un golpe en la nuca que lo ayudase a dormir, como él quería. Mejor habríamos hecho en llevarlo metido en un saco. Decidí ignorar sus fallidos intentos por hacer algo, centrándome en lo que a mí me correspondía. Mejor hacer las cosas por uno mismo que dejarlas en manos ajenas, si quería asegurarme de que salieran bien. Eso era ley de vida.

Aunque, con la disposición escogida, poco podía hacer. Seczah se situó conmigo al frente de carro, preparando indicaciones. Mantuve un tono similar al suyo cuando contestaba, limitándome a asentimientos sutiles cuando añadía algún detalle en voz baja. Y aunque no veía cómo proceder exactamente en mi situación, los gritos de Gerald, que parecía haber decidido hacerse notar por encima de todo, me iban informando de la situación dentro del carro.

Acabé por dar un par de toques al mismo, tratando de llamar la atención de los que iban en el interior.

-¿Está todo en orden? -pregunté con tono serio, asegurándome de usar una voz suficientemente alta como para que me oyeran-. ¿Hay que parar? Que venga delante si no se encuentra bien. Así le dará un poco el aire. O al menos refrescadle un poco la cara con agua. No tengo ganas de proteger un fiambre.
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Narrador

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Miér Abr 08, 2015 10:00 pm

El comportamiento de Gerald, su desparpajo, hacían que el hombre se mostrase algo huraño. Cuando el guerrero subió al carro, agitando alguna de las cajas, pudo ver cómo el cliente se tensaba enseguida y extendía una mano hacia él.

-¡Ten más cuidado! -ladró-. Esas cajas valen más que vosotros.

Una vez se sentaron, sin embargo, pareció calmarse. Se limitaba a, pálido, ocupar su asiento. Sí volvió a reaccionar de forma más evidente cuando Marik sacó la marioneta: alzó las cejas y lo miró de una forma difícil de descifrar. Parecía estar pensando, de alguna forma, que aquello era algún tipo de broma, y no podía decirse que Kellzer pareciese tener un gran sentido del humor, aunque la intervención de Gerald volvió a hacerlo volver la atención hacia el chrysos.

-¿Hace eso habitualmente? -preguntó, dejando entrever cierto estupor, hablando de Marik como si él no se encontrase delante-. Desde luego, nunca había visto un mercenario tan raro. Si no fuese porque os ha recomendado Seczah ya estaríais en la calle -gruñó, señalando la puerta del carro con un gesto-. Aunque los mercenarios siempre sois espantosos. Al menos vosotros os habéis duchado.

Al final, de alguna forma, aunque hablase con desdén, el hombre parecía haberse centrado un poco en la conversación con Gerald, dejando a Marik cierta libertad de movimiento. Por desgracia, la mayor parte de las cajas estaban cerradas, aunque Marik pudo ver un par de maletines en uno de los rincones, en el punto opuesto al que miraba el hombre en aquel momento, que no parecían tener ningún tipo de cierre especial.

-Estoy bien. Me encargo del carro porque es mi trabajo. No todo es transportar todo esto, tengo algo que hacer allí donde voy. De todos modos, estoy seguro de que podría contener a unos simplones como vosotros. No tentéis a la suerte. No os merece perder vuestras sucias vidas por unas monedas, ¿no es así? Porque aunque consiguieseis matarme no saldríais vivos. Y suerte para vosotros, porque en cuanto os encontrasen... -. Cuando la voz de Cierzo sonó dentro, tras un silencio, Kellzer habló de nuevo-. Acabamos de emprender la marcha. No es momento de parar.



-Llegaremos a un río en un par de horas. Si aguanta hasta entonces podemos detenernos allí -dijo Seczah entonces, y aquella vez el hombre asintió.

-De acuerdo. Entonces estará bien.

Dicho aquello se recostó de nuevo, con aspecto cansado.

Dado: 4

Nota: Tras vuestros posts, salvo que sea imposible, se hará una elipsis. Es un viaje "largo", de modo que tendré que hacer elipsis algunas veces para que no acabemos todos histéricos XD
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Cierzo

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Jue Abr 09, 2015 12:56 am

Por lo visto, no me valía mucho la pena intervenir por el momento. Nuestro querido cliente no parecía muy interesado en lo que yo pudiera decirle, mientras que Gerald sí parecía capaz de sacarle algo de conversación. Asentí a las palabras de Seczah, pues, y volví la vista al frente, pendiente de la conducción del carro.

-Menudo encanto. Si no fuera porque no te hemos hecho nada, diría que encargarnos a semejante personaje es alguna venganza personal -comenté en voz baja, a medio camino entre mi persona y el papel de mi personaje. A continuación, continué una conversación con ella en voz más alta, de forma que el agradable contratante no pudiera considerar que tramábamos nada a sus espaldas.

Nos esperaban dos horas de viaje en carro. Por el momento, decidí dejar el interrogatorio en manos de Gerald. Ya vería cómo colaborar más adelante.
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Marik Loutka

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Sáb Abr 11, 2015 4:38 pm

Parecía que tu idea no convencía a nadie, por lo que una vez neutralizado, decides que lo mejor será guardar la marioneta y no volver a moverte en un buen rato.
Escuchas a Gerald hablar en aquel tono y frunces el ceño.- ¡Eso, eso!- Le sigues la corriente aunque tu voz no suena muy confiada. De hecho, titubeas, algo incómodo con aquella amenza.

-¡Un río!- Exclamas al escuchar a la guía. - El lugar perfecto para descansar.- Explicas. Aunque tu objetivo es poner en marcha el plan de obtención de datos en fase 2. Comienzas a trabajar en tu maquiavélico plan mientras te rascas, disimuladamente la mejilla. Esta vez no fallarás.

*se queda pensando mientras avanza el carro al lugar*
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Gerald

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Dom Abr 12, 2015 4:37 pm

Bueno, teníamos claro que sea lo que fuese lo de ahí dentro era algo frágil y costoso. Además el tipo se tomaba en serio el transporte. No son demasiados datos, pero a fin de cuentas es algo.

Suelto una carcajada cuando el tipo echa pestes de nosotros, dándole con el pie el la pierna, a modo de juego.

¿Y llevar esto tú solo? ¿O pensabas pedirle a los guardias que te ayudasen? Seguro que estarían encantados de tirar tu preciosa mercancía al suelo y repartirse lo de más valor. Tengo mejores sitio donde estar que compartiendo un carro mugriento con un endeble —Replico, colocándome las manos tras la nuca, acomodándome.

Miro al tipo con incredulidad y chulería cuando está hablando, retándole a convencerme con argumentos mejores. Sin embargo, la interrupción de delante hace que se calle demasiado rápido. Una vez él responde, retomo la conversación.

¿Tú, amigo? Sinceramente, si yo fuera tu jefe y se te diera bien pelear, no te pondría a "llevar un carro". ¿qué más tienes que hacer? ¿Darle agua a los caballos? Es penoso hacerse el importante delante de unos mercenario, amigo —Me río, enfatizando mis palabras como burla para provocarle. —Además estamos en medio de la nada. Te matamos, damos media vuelta y nos perdemos para siempre. Si tanto valor tienen estas cajas, serán más rentables que las cuatro monedas que vayáis a rancanearnos... —Comento, acariciando una de las cajas que tengo cerca con golosinería. Lo miro con picardía, manteniéndole la mirada. Luego rompo la tensión mirando hacia otro lado y cambiando de actitud.

Marik, pese a su apoyo, parece limitarse a existir en lugar de pararse a olfatear o hurgar lo que pueda haber por ahí cerca aprovechando lo que le he dicho para acercarse al tipo. Tenía que hacerlo uno todo. Me incorporo un poco para acercarme de rodillas al tipo y agarrarle la cabeza para apoyarla en una de mis rodillas. Miro a Marik de reojo ahora que he dejado espacio libre entre él y las cajas y tapo bastante visibilidad al tipo. Quizá no ahora, pero en cuanto empeore antes de hacer la parada quizá pueda revisar algo. Después estará demasiado fresco de nuevo.

Venga, amigo, se supone que nos pagan para que llegues de una pieza. ¿Quiere algo de agua la señorita? —Le comento, jocoso pero mostrando interés.
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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Lun Abr 13, 2015 1:00 pm

Gerald parecía haber dado con una buena forma de sacar palabras al hombre, pues Kellzer parecía dejarse picar sin quererlo, y al final respondía al chrysos con el mentón erguido pese al mareo, evidentemente molesto con las palabras de este, buscando desmentirlas.

-¿Pelear? -le pregunta primero, torciendo la sonrisa-. Eso se deja para burros como vosotros. Mi trabajo es tan complicado que dudo que lo comprendieses, de modo que no me esforzaré en tratar de explicárselo a tu pequeño cerebro. Pero créeme si te digo que soy irreemplazable, y que tengo mis recursos. ¿Acaso todos los hombres que os dedicáis a las armas sois tan cortos de lo demás? De no haber gente como yo seguirías yendo desnudos por la vida y lucharíais con palos.

El hombre pareció calmarse cuando la atención dejó de estar puesta sobre él, y aunque dedicó alguna mirada más a Gerald, incómodo, terminó por dejar que lo ayudase un poco.
Cuando el guerrero lo hizo apoyar la cabeza sobre su regazo Kellzer no pudo sino reír, burlón.

-¿Así consolabas a las viudas, dices? ¿No serían los maridos los que te interesaban? -inquirió, mordaz, burlón.



Fuera, por otra parte, Cierzo arrancó una sonrisa a Seczah con sus palabras. La mujer lo miró de reojo, encogiéndose de hombros con suavidad, entretenida.

-Revisa la lista de cosas malas que hayas hecho a alguien, no vaya a haberlo sido -se burló, divertida.

Fuera continuaban la conversación a dos bandas, dando a entender que no escondían nada y no prestaban demasiada atención al interior, aunque no fuese así. En algún momento Seczah indicó a Cierzo que podía ir dentro un rato si lo deseaba.

Las hora y media siguientes transcurrieron como al principio, aunque a medida que avanzaban el rostro de Kellzer era más amarillo y las respuestas mordaces que daba lo eran menos. Al final, aunque despierto, teminó callando.
En aquel tiempo Gerald había tenido la ocasión de averiguar algunas cosas, aunque el hombre no diese datos concretos: parecía que llevaba algún tipo de arma consigo por cómo hablaba de su capacidad destructiva, pero a primera vista no había nada que destacase, también dio a entender que era una importante pieza de algún escuadrón de investigación, o algo semejante, y que por tanto no solo la mercancía era importante, sino que el valor que él tenía tampoco era desdeñable.

Marik dedicó buena parte del tiempo a pensar y alguna a dormir, necesitado de descanso, aunque en un momento determinado en el que ya nadie parecía prestarle ningún tipo de atención dio con un documento que sobresalía entre dos de las cajas. Pudo leerlo para sí y guardarlo sin que nadie pareciese percatarse siquiera de que lo había hecho.

* * * * * *

Cuando alcanzaron el río el carro se detuvo al fin. Kellzer se levantó con prisa, abandonando el carro el primero. A aquellas alturas el color de su cara no era absolutamente sano, y a los guerreros no les costó imaginar qué iba a hacer fuera. Seczah se dirigió a ellos un instante, aprovechando la ausencia del hombre.

-Tengo unos sedantes suaves que podrían hacerlo dormir una parte del viaje cuando volvamos a emprender la marcha -les dijo asomándose al interior, tendiéndole a Gerald una caja-. Ha hablado un poco, pero quizás convenga tener algo de libertad para investigar. Dormirá unas dos o tres horas, pero si los usáis, por favor, tratad de ser discretos-. Luego salió del carro por la parte delantera, y los que estaban dentro pudieron oírla hablar-. ¿Está bien, señor? Haremos una parada de media hora, más o menos. Refrésquese un poco. ¿Quiere comer algo?

Cuando Gerald abrió la caja vio dos pequeños dardos. La aguja de la punta, ínfima, produciría una picadura suave. Si deseaban usarlos tendrían que buscar un momento en el que no fuese evidente que lo habían hecho.  

Tenían media hora junto al río. Podían comer, descansar, refrescarse o hacer lo que quisiesen. Lo más importante sería, de todos modos, no parecer sospechosos.

FdR- Dado 2

Marik tiene un mp~
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Cierzo

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Mar Abr 14, 2015 9:43 am

Dediqué a Seczah una sonrisa torva, continuando con normalidad con nuestra conversación en voz alta. Y mientras, algo cansado ya de las bravuconadas de aquel don nadie que se creía tanto, saqué las gafas y aproveché que estaba lejos de su vista para echar un buen vistazo al interior del carro. Encontré, en las cajas, lo que ya esperaba. Además, había unos maletines con documentación, pero era imposible leer nada en aquellas condiciones.

Al final, cuando Seczah me invitó a entrar en el carro, guardé las gafas y acepté con una inclinación de cabeza. No estaría de más controlar de forma más directa la situación allí dentro, aunque me mantuve serio y callado, más observador que participativo. No podía evitar pensar que aquel hombre iba a regarnos en cualquier instante. Menudo aspecto de muerto.

Al final, el carro se detuvo, y el hombre lo abandonó. Alcé una ceja ante la propuesta de Seczah. Una mujer bien equipada, desde luego, aunque me parecía correr riesgos innecesarios. No estaba de más contar con aquella opción, de todas formas.

-Guarda guerreros autómatas -confié a mis compañeros, aprovechando la ausencia del hombre. Después miré a Marik-. ¿Qué has cogido tú?

Al mantenerme al margen, había podido verlo actuar, consiguiendo algo discreto por una vez.

Cuando volvió el hombre, aquella conversación terminó, y nos correspondió tomar una actitud propia de nuestra actuación. Aproveché para refrescarme en el río y darle algo de conversación a Gerald, remitiéndome a temas que no pudieran levantar sospechas. Aunque me aseguraba de mantener al hombre dentro de una zona controlada, no me dediqué a vigilarlo tanto como para que se sintiera atosigado.
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Gerald

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Vie Abr 17, 2015 6:52 pm

Parece que el tipo se suelta que da gusto con los comentarios. Esto es como llevar a una mujer al huerto.

Voy respondiendo a sus menosprecios de la misma forma, anteponiendo mi puesto de mercenario a su presencia para que dé más datos sobre su "importancia" mientras está agitado por el mareo. Canta con gracia para mí, estúpido asqueroso.

Parece que Marik es algo menos inútil de lo que parecía y, pese a haber sobreactuado mostrando "preocupación", al menos podría servir de algo. En cuanto suelta su comentario le dedico una sonrisa ladina preguntando si es que tiene algún interés especial. Me creo que esté tan a dos velas que se deje llevar hasta por los guiños de un tío. Aunque comprendería su debilidad tratándose de mí, por supuesto. Sigo siendo irresistible. O eso quiero pensar.

Para cuando íbamos ya a detenernos no tenía mucho más que antes. Que era un tipo que iba de misterioso básicamente.

¡No te potes encima, tu olor ya es suficientemente desagradable! —Le grito, burlón, una vez sale apurado del carro. Tengo que recuperar los puntos de debilidad de la estrategia anterior. Presto atención a Seczah en cuanto habla con prisa y rápidamente guardo la caja que me da dentro de la camisa, apresada con el pantalón y el cinturón a la izquierda, cerca de la línea media del cuerpo para que me sea fácil coger algún dardo disimulando como para ir a rascarme. Mientras escucho a Cierzo.

Va armado y está bien controlado como para deshacerse de él —Comento lo más brevemente que puedo, aprovechando esos minutos de intimidad para cruzar la mayor información posible con mis compañeros.

Salgo entonces del carro de un salto y me estiro. Dos horas ahí encorvado son un infierno. Camino un rato y me acerco al río para refrescarme. Sigo la charla de Cierzo, hablando también a voces y exagerando risas tal y como había hecho en el carro para no dar pie a sospechas por hablar o preguntar de más.

Recuerdo entonces las cartas tras pensar en qué hacer durante la media hora que llevamos aquí tirados y saco el tema en medio de la conversación con Cierzo.

Claro, jajajaja, ¡pero nunca me has ganado una mano todavía! Que, hablando de eso... —Rebusco en mi bolsillo y saco la baraja, mezclándola mientras me dirijo hacia los demás. —¿A alguien le hace una apuesta? Advierto que soy el mejor jugador de Fulmen —Un poco de fanfarroneo siempre tienta a las apuestas. Miro a nuestro objetivo con malicia. No creo que pueda hacer mucho más ahora mismo, ya que los dardos debería usarlos una vez haya montado en el carro al menos, así pensará que el sueño forma parte del mareo.

Estaré atento en cuanto suba al carro para subir tras él. Así podré ponerme una de las lancetas entre el índice y el corazón y darle un buen azote en la nalga para que el golpe enmascare el pinchazo. La nalga no es especialmente sensible con lo que no debería darse cuenta. Y pese a que pueda cabrearse e impedir que me acerque a él de nuevo, el trabajo ya estará hecho. Tengo que buscarme una frase graciosa para el momento.
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Marik Loutka

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Vie Abr 17, 2015 7:10 pm

Acercas bien el papel a la cara. Tus pequeños y legañosos ojos no son de lo mejor y el vaivén de la carreta tampoco ayuda a leer con claridad.
Rápidamente guardas tu nuevo tesoro bajo tu ropa y al hacerlo, sientes como tu pulso se acelera, sabiendo que estás haciendo algo malo.


Una vez hubisteis llegado al río, te bajas rápidamente y corres tras Gerald, como si fuese mamá gallina y tú un simple pollo. Su sombra se confunde con la tuya en todo momento. Estar solo no es una opción para ti.

Alzas la vista y escuchas a los tres mientras el pobre mareado se ha ido a vomitar. Sientes pena por él: mareado y traicionado. Te sientes una mala persona, por lo que no paras de repetirte que los malos son ellos con el fin de paliar tu dolor moral.

Te pones de puntillas para intentar ver mejor los dardos, aunque no lo consigues con mucha efectividad.
-Kurage también lo es.- Añades.- Bueno, es mi marioneta. No es lo mismo, pero es un elemento antropomorfo con capacidad de combate.- Les explicas.- No ha... podido venir conmigo esta vez. Demasiado... escandaloso.
Cuando sacan las cartas, te arrimas más a Gerald.- ¿Me enseñarás a jugar?- Preguntas.- Sólo sé jugar al Mithiroso.- Añades con algo de reparo.

Aprovechas los últimos segundos de soledad con el grupo para informarles sobre lo que has encontrado.- Había un papel... mirad.- Dices sacándolo y alzando los brazos para enseñárselo a todos. Al cabo de no más de cinco segundos, lo guardas de nuevo. No quieres que te vean mucho con él. Te hace sentir un ladrón.

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Mar Abr 21, 2015 1:43 pm



Cuando Cierzo dio su información Seczah lo miró estrechando un poco los ojos, pero no hizo más referencia a sus palabras que la de asentir y repetir lo que ya les había dicho en la posada la noche anterior.

-Tendremos que hacernos con alguno entonces. No creo que sea difícil si logramos que se duerma-. También miró a Gerald cuando este le habló, y torció la sonrisa-. Y más nos vale no deshacernos de él. Si queremos que parezca que hemos cumplido tendremos que entregarlo sano y salvo. Habrá que tratarlo como si fuese un recién nacido-. Negó varias veces entonces, más relajada-. Lo estáis haciendo bien.

Cuando Marik mostró su papel también llamó la atención de la mujer, que enseguida alzó las cejas.

-Copiad lo que pone si podéis. No olvidéis que necesitamos todo lo que podamos: nombres, fechas, lugares... Aunque parezca que algo no tiene importancia puede ser crucial.

No pudieronquedarse mucho más en el carro sin llamar la atención. Aprovecharon el descanso para asearse, comer un poco y Gerald llegó a captar la atención del hombre con las cartas. Jugaron un rato, hasta que este comenzó a acusarlo de hacer trampas, cuando el chrysos ya llevaba ganadas unas cuantas monedas. Marik, por su parte, si bien no pudo aprender a jugar al Mithiroso, sí tuvo su primera experiencia con los juegos de apuestas.

Cuando Kellzer tuvo mejor cara Seczah avisó de que el descanso había llegado a su fin. Todavía tenían un camino largo que recorrer, y no convenía pararse más de lo indicado. Subieron al carro poco después, y Gerald se las arregló para camuflar el pinchazo. Arrancó una mirada de desprecio al hombre, y algún comentario de ofensa en el que volvió a preguntar si era a las viudas a las que consolaba, o si se trataba de sus maridos.

Tardó un rato en dormirse. Unos cinco o seis minutos. Cabeceó primero, trató de sucumbirse, pero al final sucumbió a la droga. Y, como si de un efecto colateral se tratase, Marik también cayo inevitablemente en las garras del sueño poco después.
Seczah iba delante, conduciendo el carro, esperando a que ellos avisasen y procediesen.
Tenían algo más de dos horas, tres con suerte, para proceder. Era tiempo más que suficiente para revisar el carro, pero no debían detener por ello la marcha, y todo debía volver a su estado original una vez terminasen.
Kellzer no debía sospechar nada.

FdR- Dado 3 Marik no necesita postear este turno XDU
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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Miér Abr 22, 2015 10:46 am

No tardamos en elaborar un plan para proceder. Y, cuando el hombre llegó, me aseguré de mantenerme al margen del juego, a sabiendas de en qué consistía. Me tomé mi tiempo de reposo hasta que Seczah nos dio la indicación de volver al carro. En aquella ocasión, entré con los demás, dejándola a ella a las riendas. Pronto solo quedábamos Gerald y yo despiertos. Envié a Marik una mirada de desprecio. Menudo aprendiz más dispuesto.

No tardé en acomodarme las gafas de nuevo, buscando alrededor. No quería perder el tiempo en tonterías, así que acordé con Gerald centrarnos, en primer lugar, en lo que pareciera más interesante. Y, con las gafas, era sencillo clasificar. Por un lado, estaban los documentos, de los que Marik solo había obtenido una pequeña parte. Por otra, las cajas, de las que debíamos obtener alguna muestra. Me fijé en si estaban ordenados y si había el mismo número por cada caja. Si era así, no podíamos arriesgarnos a coger más que uno. También sería interesante compararlo con el mío, aunque probablemente habría que esperar para proceder.

Por el momento, la dificultad estaba en abrirlas. Busqué la forma, fijándome en si había mecanismos de algún tipo que lo facilitaran. Resultó que el cierre, al menos en apariencia, era una cerradura. Me volví hacia Gerald y señalé al hombre con un gesto de cabeza.

-Comprueba si lleva alguna llave que podamos usar -pedí-. Las cajas están cerradas.
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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Dom Abr 26, 2015 2:57 pm

Durante el descanso no conseguimos demasiado, aun jugando a las cartas el tipo estaba demasiado irritado por perder como para querer contarme alguna cosa más y no parecía aceptarlo como parte del premio del juego. De todas formas fue una buena oportunidad para descansar y ganar un dinerillo extra.

Solté una carcajada cuando el tipo se puso irascible con la palmada. Parece que el "arriba la burra" no le hizo especial gracia. Qué poco sentido del humor.

Al poco el tipo se durmió como un bebé maloliente y Marik, al parecer, lo imitó al momento. Miro a Cierzo y enseguida nos ponemos en marcha. Seczah había dicho que duraría al menos dos horas, pero yo no me fío de nada. En cuanto le veo sacar las gafas amplío la sonrisa.

Tienes que dejarme eso alguna vez —Comento, entretenido, mientras me acerco al tipo cuando me dice lo de las cerraduras.

Rebusco entre su ropa con cierto cuidado, no vaya a ser que la droga no tenga el efecto deseado. Busco una llave o algo así principalmente, pero si encuentro su arma o algún tipo de documento también puede ser interesante. Con lo fácil que sería ponerle un cojín encima y marcharnos con las cosas... Mithos.

Luego habría que rebuscar en las cajas. Lo coñazo iba a ser recolocar todo en su lugar después. Al menos al despertarse el tipo este se encontraría con que Marik sí se había dormido con él y resultaría menos sospechoso.
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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Mar Abr 28, 2015 2:11 am

En lo que Marik y el hombre, Kellzer, dormían y Seczah conducía, Cierzo y Gerald tuvieron tiempo de sobra para revisar el carro entero. Después de que el chrysos encontrase una pequeña llave entre la ropa del hombre, que se movió mínimamente y no dio señales de ir a despertarse, pudieron abrir al fin las cajas, encontrándose con lo que Cierzo había advertido: en cada una de ellas había unas pequeñas bolas idénticas, color bronce, que Cierzo conocía muy bien. Sin embargo, dada la disposición del carro, era evidente que no era buena idea activarlas allí dentro, y parar tampoco era una opción: debían avanzar todo lo posible para que el hombre no sospechase al despertarse. Pudieron encontrar en el maletín que había, por otra parte, una gran cantidad de documentos. Lo único que pudo ofrecerles Seczah para aquello fue varias hojas de papel y carboncillos con los que copiar todo aquello que considerasen relevante: fechas, nombres, datos, planes de actuación o cualquier información que tuviese cierta importancia.
En su investigación Gerald y Cierzo pudieron descubrir que la organización planeaba un asedio a cierta población, que contaban con una gran cantidad de soldados máquina y una generosa cantidad de nombres que les resultaban desconocidas. No había fechas, sin embargo, y casi todos los números correspondían a presupuestos, efectivos o semejante.

Pasaron un buen rato ocupados, pero en algún momento Seczah los avisó de tuviesen cuidado: a medida que el tiempo pasaba era más sencillo que el hombre despertase. Y acabó pasando, aunque para entonces los guerreros lo habían devuelto todo a su sitio.
Kellzer se despertó con gesto atontado, aunque no tardó en despertarse y componer una mueca, con desagrado.

-¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos? -preguntó a Cierzo y a Gerald, escéptico. A encontrar a Marik dormido, sin embargo, pareció calmarse un poco-. ¿Hemos avanzado mucho? -les preguntó entonces-. Qué raro que consiga dormirme...

No pudo hablar mucho más, sin embargo. El carro tembló de pronto, al recibir un impacto, y los caballos que tiraban relinchaban. Pudieron escuchar a Seczah maldecir desde el exterior.

-¡¿Qué demonios ha pasado?! -se apresuró a gritar Kellzar, con tono algo irritante, enfadado-. ¡¿Has olvidado cómo conducir?!



-Me temo que no es eso -dijo ella desde fuera, cautelosa

La siguiente voz que escucharon no pudieron reconocerla.

-¡¡¡DETENED EL CARRO, EN NOMBRE DEL ESCUADRÓN DEL OSO NEGRO!!! ¡¡ENTREGAD TODO LO QUE LLEVÉIS U OS LO QUITAREMOS POR LA FUERZA!!

-Nos rodean -siseó Seczah hacia dentro, en voz baja-. Son de ocho a diez.

-¡¡SALID CON LAS MANOS EN ALTO Y DADNOS TODO LO QUE LLEVÉIS, VENGA!! ¡¡Y TÚ CALLA, MUJER!!

Kellzer los miró, entre nervioso y molesto. No hacía falta que hablase para entener qué quería, qué decía con la mirada: salid y acabad con ellos.

Marik, que se había despertado en medio de ese caos, se sentía algo desorientado, pero tremendamente descansado, lleno de energía, tras la larga siesta.

Si se asomaban los verían: diez hombres rodeaban el carro a cierta distancia, todos ellos armados, aunque tres de ellos llevaban el arma envainada y otros dos, alejados, portaban arcos. Parecían ir por parejas, de modo que uno de los hombres armados siempre iba acompañado de uno de los desarmados o un arquero. De los cinco armados había uno, el que había hablado, que destacaba por encima del resto.



Estaban completamente rodeados. Los ataques podían llegar desde cualquier flanco, aparentemente, y Kellzer no parecía, por el momento, dispuesto a participar en la lucha.

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Cierzo

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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   Mar Abr 28, 2015 12:01 pm

Con las gafas ya puestas, alcé una ceja al mirar a Gerald, con cierta sorna.

-Es sencillo. Mientras avises cuando las cojas, las cuides y me las devuelvas cuando las necesite, son todas tuyas -respondí, restándole importancia. Que jugara con ellas lo que quisiera, mientras eso no me perjudicara.

Cuando se hizo con la llave, pudimos revisar las cajas, y saqué un total del cinco bolas de ellas, para después asegurarme de que no se notara la falta a simple vista. Le tendí una a Gerald y otra a Seczah, y guardé las otras tres. Marik tendría la suya más adelante, y las otras dos se las entregaría al líder Brumm a mi vuelta a Brontë. Así, podría investigar lo que quisiera.

Una vez terminamos con las cajas, comenzamos con los documentos. Copiamos toda la información que pudimos, y yo presté especial atención a los nombres y cifras de soldados que encontrara. Además, el ataque a la población me causó cierto interés. Eso debía llegar a oídos de los líderes cuanto antes.

Cuando Seczah nos pidió que fuéramos recogiendo, traté de apurar un poco más la información, y después me ocupé con Gerald de devolver todo a su sitio original. Un poco después, el hombre empezó a dar muestras de despertarse. Para entonces, yo ya me había acomodado de nuevo y charlaba con Gerald tranquilamente, ignorando por completo lo que habíamos estado haciendo hasta entonces.

-Un buen trecho -asentí a la pregunta del hombre, con seriedad pero sin mucho interés.

Iba a preguntar a Seczah cuánto faltaba para llegar cuando el carro recibió un batacazo, haciéndome ponerme alerta al momento. Me volví hacia el exterior del carro, buscando información por parte de Seczah, pero nuestro cliente se me adelantó. Y, nada más oír la respuesta de ella, conjuré un ntendbit, preparándome para lo que pudiera pasar a continuación. Seczah nos dio los números, que no parecían muy alentadores. Dirigí una mirada significativa a Gerald y luego miré al cliente, con expresión que no admitía réplica.

-Agáchate y quédate entre las cajas -ordené-. Veremos cuánto tienen de escuadrón.

Dirigí una mirada a Marik, tratando de que mis dudas no trascendieran en mi expresión. No tenía ni idea de qué decirle, ya que sus habilidades no parecían muy claras. Tras una última mirada a Gerald, salté del carro al tiempo que enviaba un aethes hacia los que tenía más cerca. Me cubrí entonces con un suuchi, tratando de aprovecharme de que (en teoría) pensaban esperar a que nos entregáramos y de mi rapidez para causar un poco de confusión. Me quedé agachado junto al carro, esperando una reacción mientras usaba mi ntendbit para protegerme de posibles ojos atentos.
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MensajeTema: Re: Androides I: Infiltración.   

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