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 Aulas

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Ayne Stalon

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Edad : 26
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MensajeTema: Re: Aulas   Sáb Ago 30, 2014 3:42 pm

Entré en la sala con una enooorme sonrisa para la chica guapa que estaba allí. Me acerqué con Amatista en la mano, saludándola con la otra y con pequeñas risitas.

-¿Es verdad que haces regalos? -pregunté, interesada.

Ella me dijo que era Laylee y se acercó y me acarició la frente. La miré fijamente, ahora seria, esperando, con curiosidad. Me dijo que dejara a Amatista y, de la mano, me llevó a una mesita y me explicó que tenía que hacer las curas.

Miré la mesita. Había un pollito y tenía algo en el ala. Miré a la chica guapa y sonreí. Y, como era como jugar y había rojo debajo, le hice caso. Saqué la flechita del ala del pollito y la extendí. Miré fijamente.

-Fuuruchi -dije. Y, despacito despacito, el rojo desapareció. Otra vez sonreí a la chica guapa.

Me llevó al siguiente. Aquella vez era un pájaro más grande, y la flecha que tenía, también. Con más ganas, divertida, saqué la flecha con fuerza y extendí el ala.

-¡Fuuruchi! -grité, entusiasta. Y, despacito despacito, el rojo desapareció.

El tercer animalito que me enseñó la chica guapa era un mecña pequeñito y chillaba. Tenía un cuchillo clavado en el costado. Miré a la chica guapa y me dijo que otra vez. Y otra vez.

Le quité el cuchillo y puse la mano.

-¡Fuuruchi! -repetí, y el rojo desapareció. El mecña tenía una marquita sin pelo. La repasé con el dedo, divertida.

Había otro más. Era un mecña grande y tenía una flecha atravesada de costado a costado. Lo miré con curiosidad. Toqué la punta de la flecha donde sobresalía, manchada de rojo. Miré a la chica guapa.

-Este está malito, eh... -comenté, sonriente.

Me dijo que siguiera. Otro más. Rompí la parte de atrás y saqué la flecha de golpe, como me dijo ella, tirando de la punta. Y fuuruchi. Se cerró desde el final, pero seguía abierto al principio. La miré, dudando. Otra vez, dijo. Y otra vez. Y ahí se cerró.

Me llevó al siguiente. Un bismontito. Tenía una espada clavada en el pecho. La miré con curiosidad. La chica guapa dijo que tenía prisa, que tenía que ir rápido. Di un par de saltitos y tiré. Salía rojo. Mucho rojo. La chica guapa volvió a decir que deprisa.

Y fuuruchi. Seguía abierto. Fruncí el ceño con enfado. Fuuruchi. Solo quedó un poquito de rojo, pero la chica guapa dijo que estaba bien así y que no se podía cerrar. Y me dijo que muy bien, y que ya tenía el regalo. También me dijo que a descansar.

Y yo, riendo, eché a correr y cogí a Amatista y salí a saltos de la sala.

*Se va*
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Jun

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MensajeTema: Re: Aulas   Sáb Ago 30, 2014 11:45 pm

Tras enterarme, he decidido venir. Supongo que si la otra vez el señor Brumm me permitió aprender el hechizo, nadie pondrá impedimento alguno con que me aplique también con este. Al fin y al cabo, son cosas útiles para todos. Incluso yo, un cobarde inseguro, puedo ser de ayuda si puedo curar... Quizás sea lo que me espera en el futuro. Creo que podría llegar a gustarme hacer algo como eso, aunque la sangre no me...

Saludo enseguida a la mujer que va a impartir las clases. Laylee. Le dedico una sonrisa tímida antes de ponerme en sus manos para que me explique el procedimiento que debo seguir. Me lleva, entonces, a una mesa, en la que unas figuras, emulando animales heridos, me recibe. La verdad es que están muy bien hechos. Me dedico a admirar un rato la figura de cada uno, el realismo de las heridas, lo bien que se emulan los daños, e incluso lo trabajadas que están las formas y las proporciones. Desde luego, también estoy interesado en ello. Pero hoy toca aprender otra cosa.

Primero atiendo a la explicación del hechizo, y memorizo el nombre. ya había oído hablar de él, el abuelo me enseñó mucha teoría al respecto, y me siento algo extraño teniendo el permiso para, de pronto, llevarlo a la práctica.

El primer paciente es un ardilla herida. Tiene un dardo en la cola, y sangra levemente. Lo retiro con delicadeza, tratando de hacerlo rápido y eficiente, y luego pronuncio el hechizo en mi mente, "fuuruchi", y el daño se cierra. Arqueo las cejas, impresionado.
Desde luego, quizás esto me ayudaría con lo de las prótesis. Son unas réplicas increíbles... ¿No podría utilizar una tecnología similar con ellas?

El segundo animal es un pequeño cuervo con una flecha no demasiado grande incrustada en la espalda. No está muy profunda. Me da algo más de miedo manipularla, y supongo que en una situación real resultaría doloroso y se movería. Procedo lo despacio que puedo, quitando el proyectil, y aplicando de nuevo la cura para cerrar la herida. Y pensar que yo podría haber sido el causante de esto... Me daría mucha pena.

De tercero me encuentro un pato, con un corte abierto en la espalda, de una profundidad superior a los anteriores. Debe de haber sido hecho con un arma de filo: parece punzante.
Me froto un momento la barbilla, nervioso, y enseguida acerco las manos. Resulta un poco más costoso, y el probar hechizos nuevos hace que sienta una leve presión en el cuello, pero es fácil de aguantar y al final, satisfecho, compruebo que la herida ha cicatrizado.

El cuarto es un conejo pardo. Al pobre le han atravesado una pata a lado con una flecha. Lo peor es que imagino que hasta habrá gente que encuentre esta clase de cosas divertidas, y que se dedique a tratar así a los animales.
Suspiro y la escucho, mientras me explica. Por lo que parece, y tiene lógica, arrancar el proyectil directamente dañaría más la extremidad, por lo que debo partirlo con cuidado, serrarlo o cortarlo mejor si tuviese herramientas, intentando evitar dañar todavía más los tejidos. luego aplico el hechizo, pero tengo que hacerlo por ambos lados, pues la profundidad es demasiada como para hacerlo desde uno solo. La verdad es que todo tiene bastante sentido.

Y ahora el quinto. Trago saliva al verlo: un pequeño potro con una lanza en el cuarto trasero derecho. La herida parece profunda. Si me encontrase con esto... ¿De verdad me atrevería?
La miro, y asiento, serio. Supongo que es solo una prueba. No son animales de verdad... Por lo menos hacerlo bien aquí...
Tengo que tirar con fuerza para arrancar la punta, y enseguida empieza a caer sangre abundante de la herida, que parece haber dañado buena parte del músculo. Tengo que repetirlo hasta tres veces, la primera no me sale muy logrado, hasta que ella asiente, explicándome las limitaciones del hechizo. Al menos la sangre ha cesado. Supongo que eliminar las marcas con esto no es posible. Y en situaciones peligrosas eso sería secundario.

Pido a Laylee que me deje repetir otra vez el circuito si fuese posible. Quiero afianzar lo máximo que pueda. Cuanto más practique mejor me saldrá. Y ella parece contenta con ello.

Me quedo un buen rato, concentrado, hasta sentirme satisfecho. Luego le agradezco mucho el que me haya enseñado algo como esto y me despido de ella, risueño.
Quizás ahora pueda servir de algo en situaciones difíciles.

*se va*
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Elektra

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Edad : 26
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MensajeTema: Re: Aulas   Dom Ago 31, 2014 4:20 am

Entré en el aula sonriente, sin estar muy segura de lo que me iba a encontrar allí dentro. Sabía que se trataba de una clase de algo relacionado con la medicina, pero no me esperaba aquello: ¿veterinaria? No me agradaba especialmente el contacto con animales o cualquier ser vivo animado -incluyendo a los propios humanos-, sobretodo cuando estaban manchados de sangre. Sin embargo, como guerrera de Brontë, y ahora guerrera de Flavia también, tendría que ser capaz de enfrentarme a mis aversiones para mejorar mi técnica en todos los campos.

La profesora Laylee comenzó la clase explicando de qué se trataba todo aquello. Mi sonrisa estuvo presente durante toda la explicación, y hasta me permití asentir un par de veces cuando estaba de acuerdo con sus palabras. Parecía que tendríamos que curar a los animales, para luego ser capaces de aplicar la técnica curativa en cualquier ser vivo. Me habría gustado probar a aprender el hechizo y no tener que mancharme las manas, sin embargo, no estaba muy segura de si mi nivel de magia me permitiría sanar con corrección heridas de profundidad; nunca me había esforzado mucho en dominar la magia, era más de actuar cuerpo a cuerpo. Supe que la mejor elección, aunque no la más agradable, era aprender a hacerlo con mis propias manos; no me gustaba depender de la magia.

Era hora de entrar en acción, la profesora me guío hacia una de las dos mesas dónde yacían los animales. Al parecer no eran de verdad, sino que simulaban ser animales heridos que necesitaban ser atendidos.

El primer "paciente" era un ratón con una pata herida, y casi insignificante, pero parecía un poco molesto. Laylee me señaló el bote desinfectante y varios instrumentos para atención médica, dejándome comprobarlos y asegurándose de que cogía el correcto. Cogí un bastoncillo de algodón, ya que se trataba de una herida pequeña y era lo lógico. Lo humedecí y un poco asqueada, aunque sonriente, me vi obligada a agarrar al ratón para aplicar con sutileza el desinfectante en la herida. La miré sonriente y ella me asintió.

Pasamos al segundo animal, un cervatillo. No dejaba de lamerse la herida en su pata frontal izquierda; era bastante más grande que la del ratón -en relación al tamaño del animal-, y parecía más inquieto. No conocía especialmente el comportamiento de los animales en situaciones de dolor o peligro, pero los cervatillos tenían fama de ser animales bastantes nerviosos. La profesora indicó cómo podía calmarlo e impedir que se alterase aún más. Tuve que, de nuevo, desinfectar la herida, esta vez ya utilizando una gasa empapada en el líquido. Tuve mucho cuidado, no me agradaba mucho la sangre y, sorprendentemente, estaba realizando la tarea con gusto. Cuando creí que ya había acabado de desinfectar busqué la aprobación en los ojos de Laylee, que parecía estar contenta. Pero aún no había acabado, debía vendar la herida, para asegurarme de que no volviese a infectarse.

El tercer animal era un mecña. Los odiaba: eran feos, ruidosos y calvos. No quería quedar en evidencia, y con una sonrisa mucho más inestable me tuve que enfrentar a ese bicho, que tenía una punta de flecha en el dorso. Preparé el algodón con líquido desinfectante y le eché un poco sobre la zona antes de extraer el trozo de metal. Laylee me indicó cómo sacar la punta de flecha con mucho cuidado, de forma rápida y lo menos dolorosa para el animal. Soltó un chillido, malditos animales. Me aparté un momento, me daba grima. Pero tenía que seguir, que asco. Apliqué con delicadeza el desinfectante, introduciendo el algodón en la zona punzada. Los chillidos y movimientos bruscos del animal me hacían odiarlo cada vez más, pero con las indicaciones de la profesora logré dominar la situación. Finalmente, cubrí la herida con una gasa, asegurándola después con una venda.

Una cría de zorro. Me acerqué enseguida, era uno de los pocos animales que admiraba. Eran elegantes, gráciles, fuertes e ingeniosos. Además, era un zorro pequeñito, temblando de dolor y con un gran corte que le recorría todo el muslo. No podía olvidar que era un animal de mentira, así que me abstendría de hacer cualquier comentario. La profesora me indicó uno a uno los pasos que debía llevar a cabo. Suturar... Había cosido varias veces en mi vida, pero eso de coser carne no era lo mío... Primero había que desinfectar, lo cual no supuso ningún problema con la gasa. La profesora me acercó una cuchilla y un poco de crema para facilitar el rasurado. Tragué saliva, esa situación era inusual para mí, no me imaginaba tener que hacerle eso a cualquiera de mis compañeros. Deslicé con muchísimo cuidado la cuchilla, al fin y al cabo la zona estaba herida. Enhebre el hilo en la aguja. No sería tan distinto a atravesar la carne con Jaogín, ¿por qué estaba tan nerviosa entonces? Tragué saliva, Laylee estaba muy concentrada en mis manos. Quería cerrar los ojos, pero no podía... Qué asqueroso... Suturé el primer punto y creía que me iba a desvanecer en cualquier momento, ¿qué me pasaba, en serio? Poco a poco seguí deslizando la aguja, con cuidado, hasta que por fin había cerrado la herida. Volví a aplicar el desinfectante sobre la zona y terminé por vendarlo. Exhalé aire, alivida. Según la profesora no había estado mal.

Tenía que ponerme seria, era el último "paciente". Un mecña de nuevo... genial... . Laylee indicó que requería de mucho cuidado, y que no debía tomármelo con calma, era una de esas situaciones en las que un segundo valía mucho. Antes de empezar enunció los pasos a seguir dos veces. Me puse tensa, pero después de suturar al zorro me sentía más preparada y con más estómago. Era una herida enorme: un tajo abría al mecña del ombligo al pecho. Chillaba aún más que el anterior, pero no podía detenerme. Desinfecté rápidamente la zona. Podían verse vísceras y cosas asquerosas que prefería ignorar, aunque me resultaba imposible. No tenía pelo que rasurar, así que con mucho cuidado, pero sin pausa, me dispuse a suturar la herida. Tardé un poco más que dos minutos, pero según la profesora estaba bastante bien para ser la segunda vez. Volví a desinfectar de nuevo la zona, y lo vendé.

Estaba satisfecha, me había enfrentando a algo que no me hacía mucha gracia, y me había demostrado una vez más de lo que era capaz. Le agradecí con una gran sonrisa a Laylee su ayuda y disposición con los alumnos, ensalzando su gran paciencia y amabilidad -era lo que siempre había que decir en esos casos-. Me quedé merodeando un poco más en el aula, pero esta vez observando cómo otros hacían lo que yo acababa de hacer. No volvería a comer carne en unos días...
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Alehyss

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Mensajes : 3075

MensajeTema: Re: Aulas   Lun Sep 01, 2014 4:34 pm

Pese  a tener un padre médico y la consulta al lado de casa, nunca me esforcé demasiado, ni él mismo, por aprender más que algunas cosas básicas sobre la cura de heridas y otros males. Y, por algún motivo, la sutura nunca estuvo entre ellas. Supongo que él no esperaba que yo llegase nunca a tener una vida como esta, y no lo vio útil.

Saludo a la chrysos que imparte la clase y enseguida me preparo para comenzar. Por lo que parece, será necesario poner en práctica distintos tratamientos curativos y desinfectantes. No veo inconveniente en ello.
Me pongo los guantes para evitar el contacto directo y enseguida empiezo a trabajar

El primer animal, un conejo, tiene una herida superficial. Sinceramente, veo inútil tratar esta clase de heridas. Es la típica de la que un niño se quejaría a su madre a la tierna edad de cinco años, pero no un peligro para su salud, principalmente. De todos modos, como hay siempre excepciones, es importante saberlo de todas formas.
Por tratarse de algo más básico, ni decir tengo que lo he hecho otras veces. Tomo unas tenazas, y con ella un trozo de gasa, que empapo en alcohol. Lo aplico sobre la herida. Esto debería desinfectar y secarla, y cubrirla, en este caso, solo entorpecería la curación.

El segundo es un pájaro, con una herida algo aparatosa, que no pondría su vida en peligro, no obstante. La examino con más atención, buscando algún indicio de desgarro más allá, y finalmente procedo.
Con una gasa limpia, y siempre con ayuda de las tenazas, seco la sangre primero, eliminando el exceso para poder desinfectar con mayor eficacia. Luego aplico alcohol a conciencia, inmovilizando al animal con la mano contraria, suavemente, para evitar que los espasmos lo hieran. Al terminar, cubro la herida con una venda. Eso evitará que se ensucie o que el animal hurgue en ella debido al picor y vuelva a abrirla.

Procedo a acercarme al tercero: una cría de leanidus. Qué recreaciones más exóticas. Tiene un pequeño cuchillo clavado en el lomo. Dejo que Laylee se explique, mirándola apenas un momento, asintiendo, pero atenta a la herida en todo momento. Aquí no me valdrán unas simples tenazas, comprendo enseguida.
Tras asentir a las indicaciones de la mujer me pongo a ello. Extraigo el arma con rapidez, tratando de minimizar los daños a mayores del corte de salida, y enseguida cubro la herida con una gasa para evitar empezar a llenarlo todo de sangre. Las prefiero al algodón tanto para limpiar como para aplicar desinfectantes porque se empapan bien, aunque algo menos, pero no dejan tantas fibras o residuos en las heridas.
Presiono la herida un poco, suavemente, cambiando la gasa en una ocasión, hasta que noto, por la mancha, que el sangrado a menguado. Entonces procedo al desinfectado. Es una herida más profunda, aunque todavía se salva de los puntos. Lo malo es que hay que desinfectar por fuera y por dentro, y eso me recuerda el dolor que experimenté cuando me perforaron la pierna. Trato de evitar que el animal se mueva, calmándolo escuetamente, hasta haber terminado, y entonces lo cubro también con una gasa limpia, asegurándola con una venda, para evitar, de nuevo, que la zona fuese manoseada o se infectase.

Por fin llego a lo interesante: un mecña con una herida larga a lo largo del lomo, sangrando abundantemente, tiritando y chillando. Eso no es lo interesante; lo interesante es que hay que suturar.
Atiendo a Laylee, que me explica que en una situación normal habría que afeitar la zona para que el pelo no estorbase, pero en este caso no será necesario por razones obvias, así que procedo enseguida. Tengo que desinfectar primero, como hasta ahora, y luego proceder con la aguja y el hilo.
Mi padre suturaba con herramientas, pero supongo que en un momento de emergencia estará bien saber hacerlo manualmente primero. ya tendré tiempo de ponerme con lo otro más adelante.
Enhebro la aguja y me concentro en la herida. No pongo ningún reparo en hacerlo, ni siquiera es un ser vivo auténtico: doy puntadas seguras, tratando de hacerlo con la mayor precisión posible, siempre bajo la atenta mirada de Laylee, que no me desconcentra.
Suturo la herida y dedico una mirada a la chrysos, en busca de aprobación. Luego aplico desinfectante una vez más y la cubro con una gasa, a fin de evitar que se arranque los puntos.

Ya solo uno más. Desde luego, si algún día me encuentro una situación similar, y más en un compañero, más me valdrá ocuparme de ello y reaccionar antes que aquí. Es un potro, y le puedo ver las tripas. Incluso tratándose de un animal falso puedo sentir un ligero malestar. El animal está callado, respirando pesadamente.
Rápido.
Procedo enseguida, desinfectando con prisa, pero sin perder cuidado. Enhebro la aguja a la segunda, y comprendo entonces la importancia de llevar el material preparado para su uso. Quizás la mano tiemble demasiado, llegado el momento, y eso resulte fatal.
Me ayudo de la mano libre para juntar la carne, para evitar que se separe, mientras suturo. De pronto, al tener que hacerlo tan rápido, dada la urgencia, noto la torpeza con la que me muevo. Supongo que necesitaré más práctica que esta.
Cuando termino me doy cuenta de que, por primera vez, me he alterado. Dejo ir un suspiro, más calmada, y dedico una mirada a Laylee, que me sonríe. Procedo a vendar al animal.

-¿Podría repetir el proceso? -inquiero, serena-. Me gustaría, además, probar con un animal de pelo al que fuese necesario afeitar. No he tenido ocasión de hacerlo.

Tras su consentimiento, asiento. Primero observo el trabajo de otros, un momento, mientras me recupero un poco. Concentrarse en cosas nuevas agota más. Luego, tras un rato, me acerco al primer animal, con intención de empezar de nuevo.

*se va al acabar*
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Lea

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MensajeTema: Re: Aulas   Miér Sep 03, 2014 8:32 am

No estoy segura de querer enfrentarme a esto, pero desde luego, si quiero cumplir la misión de la líder chrysos, será de ayuda que lleve conmigo cuanta mayor información médica, mejor. Así pues, encuentro la entereza para entrar en la sala, sintiendo cómo la situación en la misma no me ayuda demasiado. De todas formas, ignoro por el momento el panorama, dirigiéndome a la persona que me espera.

Se presenta como Laylee, y aunque escueta, me muestro amable ante ella. No tarda en explicarme qué va a enseñarme exactamente, y escucho en silencio, educada. Tras un pequeño análisis, me indica que, en mi caso, aprenderé el hechizo. Supongo que lo prefiero a la opción manual, si soy sincera. Sigue pareciendo que hay que operar menos sobre las heridas.

Así pues, me explica que me enfrentaré a cinco pacientes como práctica. Me dirijo, a su señal, a la larga mesa que se extiende a nuestra derecha, sobre la cual hay cinco animales en estado a cual más lastimero. Contengo un gesto de nerviosismo, a sabiendas de que no me ayudaría. Que me diga que son simples creaciones para la práctica me tranquiliza un poco.

Procedo con mi primer paciente. Su situación no es demasiado problemática. Se trata de un pequeño toloco, y tiene un dardo clavado en el lomo. No es más que un proyectil pequeño, así que no es especialmente problemático. Tampoco está muy profundo, con lo que no es una visión muy perturbadora.

Extraigo, tal y como ella me indica, el dardo. Con decisión, tirando de una sola vez. Debo asegurarme de que sale entero, dice. Y es el caso. Procedo, pues, a aplicar el hechizo, cerrando así la pequeña herida que ha dejado el dardo. No resulta demasiado difícil. Ella asiente, conforme, y me guía al siguiente paciente.

La segunda vez se trata de un partón, y tiene una flecha clavada en la cola. Esta vez se trata de una herida algo mayor y más profunda, aunque sigue sin ser algo especialmente grave. Según me explica Laylee, debo tener cuidado al extraer la flecha, o la punta se quedará dentro de animal. Debo ser firme a la hora de sacarla, rápida para evitar mayores sufrimientos al animal, pero no tan brusca como para que la punta se separe del resto. Tras proceder y asegurarme de que ha salido entera, aplico el hechizo y, algo más lentamente que en el caso anterior, la herida se cierra.

El tercer herido es un picornio. Tiene una especie de puñal, un arma pequeña pero de filo algo ancho, clavada en un costado. Aprieto los dientes y procedo a extraerlo. Si soy rápida, insiste Laylee, no abriré más la herida, pero no debo dejarme guiar por las quejas del animal, ya que es imposible que el arma no roce la carne abierta al salir. Me concentro, evitando dejarme llevar, y en seguida aplico el hechizo sobre la herida, cerrándola. No queda tan bien como los anteriores, pero según Laylee, no debo preocuparme por ello.

En el siguiente caso, una cría de blins me espera, y tiene una flecha atravesándole la base de la cabeza de la izquierda. Resulta una visión algo escalofriante, pero eso solo me indica que debo esforzarme más. Sigo las indicaciones de Laylee, evitando arrancar la flecha sin más. En lugar de eso, la rompo por la parte trasera, asegurándome de no dejar astillas que puedan dificultar la extracción. Procedo, tras ello, a extraer el arma, y aplico el hechizo. No es suficiente para cerrar toda la herida, por lo que repito el proceso en la zona en la que sigue abierta, según instrucciones de Laylee. Ya solo queda uno.

Cuando lo veo se me hiela la sangre en las venas. Tengo que volver la vista, buscando a Vilo con la mirada, para asegurarme de que no es el real. Trago saliva y vuelvo la vista a Laylee, buscando en ella una explicación. Ella insiste en que no hay tiempo, en que debo seguir adelante. Con gesto imperturbable, me vuelvo hacia el último que queda. Tiene una espada en el costado, entre las costillas, y respira con dificultad. Extraigo el arma con decisión e, ignorando la sangre que pretende cubrirlo todo, aplico el hechizo. No consigo gran cosa. Tengo que repetirlo varias veces antes de que la sangre deje de salir con tanta fuerza, y aún entonces no he cerrado la herida.

De todas formas, Laylee me detiene, afirmando que es suficiente. Según me explica, ha considerado que utilizar la imagen de mi propio compañero sería un buen aliciente. Contengo mis instintos de encararme con ella y me limito a darle las gracias, aún más escueta que al principio pero manteniendo el tono agradable. Me vuelvo hacia Vilo, y en este momento siento cierta ansia por permanecer junto a él. No tardo en llevármelo, dejando la sala. Ya ha sido suficiente.

*Se va*
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Corbin

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MensajeTema: Re: Aulas   Miér Sep 03, 2014 5:48 pm

Corbin entró en la sala, más que dispuesto a recibir las indicaciones necesarias. Había oído qué se impartía allí, y le parecía que, aunque no estaba entre sus principales preocupaciones, las habilidades curativas eran tremendamente útiles en batalla, especialmente en situaciones críticas. Se presentó pues ante la mujer que impartía aquella lección con su habitual aire serio y marcial, dando su nombre y esperando instrucciones. Tras un pequeño análisis y una breve explicación, la mujer le indicó que la siguiera hasta la mesa de la derecha para empezar.

Debía reconocer que aquellos extraños animales, que según la joven eran falsos, tenían un aspecto bastante realista. De todas formas, aquello no era lo más interesante. Corbin tenía más interés en proceder con el hechizo, que era lo que había ido a practicar. Ante él se presentaban cinco mecñas con heridas de distinta gravedad. Obediente a las indicaciones de su instructora, comenzó con el más entero, aunque sabía que en combate debía proceder exactamente al revés.

El mecña tenía un dardo clavado en la base de la cola. En opinión de Corbin, salvo que llevara algún veneno, y no parecía el caso, era una herida insignificante. Pese a todo, no hizo comentarios, sino que se limitó a cerrar la herida como se le había indicado. Le sorprendió ver que el hechizo fluía fácilmente. No estaba acostumbrado a aprender hechizos tan a menudo, y no dejaba de resultarle algo extraño. Pasó a su siguiente paciente.

El mecña número dos tenía una flecha clavada en la zona del vientre. Tampoco estaba muy profunda. Corbin procedió a extraerla sin problemas, asintiendo a las explicaciones de la mujer sobre cómo proceder. Aquello Corbin ya lo sabía, pero aún así no dijo nada, sino que se limitó a lo que tenía ante sí. Cerró la herida y pasó de nuevo al siguiente.

El tercer mecña tenía un puñal clavado prácticamente en la misma zona que el anterior. Corbin lo extrajo sin dudar, procediendo de nuevo con el hechizo. En aquella ocasión, quedó una marca visible sobre la piel, aunque la herida estaba cerrada.

El siguiente mecña tenía una flecha de tamaño considerable atravesándole desde la boca hasta por detrás de la mandíbula. Corbin se preguntó cómo estaría puesta exactamente para que el animal no hubiera muerto, aunque no lo formuló en voz alta. Se limitó a romper la flecha en dos y extraerla, cerrando ambas bocas de la herida. Se llevó un pequeño mordisco al proceder con el orificio de entrada de la flecha, pero ni siquiera hizo comentarios al respecto.

Por último, el mecña que faltaba tenía una jabalina corta clavada en el pecho. De nuevo, Corbin procedió a extraer el arma. Y, de nuevo, necesitó varios intentos antes de conseguir detener el sangrado. Todavía quedaba una herida superficial, pero la instructora le indicó que se detuviese.

Tras agradecerle su trabajo, el claritas abandonó la sala en silencio.

*Se va*
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Heylel

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MensajeTema: Re: Aulas   Vie Sep 05, 2014 4:05 am

La clase que esta vez se imparte en el aula me interesa mucho más que de costumbre. Sanar heridas es algo muy importante y cuanto más podamos aprender sobre el tema, mejor. Lo prefiero antes que cualquier tipo de conjuro o técnica ofensiva.

Al parecer tenemos que sanar a un conjunto de animales y dependiendo de nuestras capacidades mágicas o técnicas aprenderemos uno u otro método. Pues me alegro de tener un nivel de magia aceptable, porque soy bastante patoso con las manos y la sangre me hace encontrarme mal. No me imagino qué haría si tuviese que coser o... Aparto la vista de los animales, aunque ya han dicho que no son reales. Lo parecen tanto que... No, no importa, no importa, yo aprenderé el conjuro y todo será menos violento.

Me acerco entonces a la mesa que me corresponde, para empezar con el animal menos herido. Miro a la profesora y atiendo atentamente a su explicación. Primero hay que reconocer al paciente, claro. Espero que no me pida que reconozca más allá de heridas visibles, estas cosas me ponen bastante nervioso.

Miro al primer animal, un corratón con una herida en una oreja. Miro a mi arededor, como si la respuesta a mis actos estuviese entre mis compañeros. Me centro en el corratón, que es muy mono. La herida no es muy grave y me alegro. Miro de nuevo a la profesora y extiendo la mano sobre al animal, prestando atención a cómo debo dejar fluir la magia antes de pronunciar el conjuro furuuchi y como debo concentrarla en esta herida concreta, que cierra sin mucha dificultad. La verdad es que ha sido muy sencillo.

El siguiente animal es una cría de estrell, también muy bonita. Este tiene una aguja atravesándole la garganta y llega a impresionarme ligeramente, pero en seguida la profesora me tranquiliza diciendo que es menos de lo que parece, ya que el tamano de las punciones ni siquiera las deja sangrar demasiado. Sostengo al ave con cuidado y tiro como ella me va diciendo. Al tiempo que voy tirando, con la mano que le sostengo el cuello y parte del cuerpo le voy aplicando el furuuchi y tampoco tarda en hacer efecto.

Ahora toca un pequeño leanidus. Al verlo me entran ganas de abrazarlo y acariciarlo mucho. Tiene un cuchillo clavado en una pata trasera. Con cuidado lo extraigo también, como me dice Laylee, y le aplico el conjuro con mimo y más dedicación a causa de la profundidad, concentrándome en el punto concreto donde será más útil aplicar el conjuro.

Los dos siguientes son un boro y un meña. Uno con una fea hrida de cepo que dejaba ver parte del hueso de su pierna y el otro con una gruesa estaca clavada en una axila de su pata delantera. En este caso me cuesta un poco más. No quiero hacer daño a nadie extrayendo este tipo de cosas. Menos mal que son réplicas y no sienten aunque me equivoque al tirar.

Presto mucha atención e incluso le pido a Laylee que me ayude para saber cómo sacar los objetos sin que me tiemble tanto el pulso, preguntando si es mejor hacerlo rápido y seco o despacio y cuidado. Luego intento utilizar el conjuro para cerrar la mayor parte de la herida posible, evitando así un mal mayor aunque solo sea hasta que pueda llegar más ayuda.

Al final de la mañana me siento muy satisfecho con el aprendizaje. Este conjuro será realmente útil. Me siento más seguro con él.

Agradezco mucho a Laylee el habernos dado su atención y enseñanzas y me retiro por hoy.

*se va*
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Massen Dew
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MensajeTema: Re: Aulas   Vie Sep 05, 2014 12:57 pm

Teniendo en cuenta la situación, he considerado que ya iba siendo hora de que me pasara por las aulas. Después de todo, aprender era algo esencial para poder seguir adelante, y aquella clase de hechizos podían resultar tremendamente útiles en los peores momentos. Me presenté, por tanto, ante la chrysos Laylee con una sonrisa, dispuesta a seguir sus indicaciones. Tras examinarme un momento, me indicó que la siguiera hacia la mesa de la derecha, explicándome qué debía hacer.

Me encaré con mi primer paciente sin dudarlo. Más o menos. Tuve que contener una mueca al ver al corratón ante mí. No era mi mejor momento para encontrarme un bicho como aquel. Aunque, me gustase o no, no era aquello en lo que debía fijarme. No tardé mucho en retirar la astilla que tenía clavada en el muslo, de tamaño considerable en comparación al del animal. Siguiendo las indicaciones, curé la herida, que se cerró rápidamente.

Mi segundo paciente era una sibilina, lo cual me provocó una pequeña sonrisa. Una flecha casi le atravesaba la mitad del cuerpo. Laylee me explicó cómo sacarla, y tras hacerlo apliqué una vez más el hechizo, con buenos resultados. Aquello parecía sencillo.

El tercer animal era un partón, y esta vez tenía un kunai clavado casi a la altura de las branquias. De nuevo tuve que contenerme para no fruncir el ceño, preguntándome si aquello era a propósito o yo veía cosas donde no las había. Con un suspiro, retiré el arma con algo de rabia y cerré la herida en un momento.

Laylee me guió hacia mi cuarto paciente, un estrell con una flecha atravesándole un costado. Rompí la flecha como ella me indicó y la extraje, procediendo a cerrar la herida. Dejando el hechizo fluir sin interrumpirlo, lo apliqué a ambos lados, de forma que no quedó rastro. Laylee, con aspecto satisfecho, me felicitó por el trabajo.

Sin embargo, no había terminado. En último lugar, un nargüino con un enorme arpón clavado en el vientre me esperaba. De nuevo seguí las indicaciones para extraer el arma sin causar mayores daños, y al momento estaba aplicando el hechizo sobre la herida. Tal y como había hecho antes, lo dejé fluir, alargando su efecto, hasta que dejó de funcionar. Laylee dijo que era suficiente, pero yo decidí aplicar entonces un fuuchi, que terminó de hacer desaparecer la marca. Ella asintió, satisfecha.

Tras agradecerle su tiempo y recibir sus consejos respecto a mi nueva habilidad, me retiré de la sala, dispuesta a seguir practicando por mi cuenta.

*Se va*

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Anna

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MensajeTema: Re: Aulas   Vie Sep 05, 2014 4:20 pm

Saludo con una reverencia nada más entrar, esbozando una sonrisa a la que será mi profesora: Laylee. Ya la conozco, por lo que solo le hago un par de comentarios corteses antes de que nos pongamos con el ejercicio. Me explica el funcionamiento del hechizo, la entonación de la palabra que he de decir, "Fuuruchi", así como su aplicación y los resultados que obtendré al utilizarlo. Entonces llega el momento de ponerlo en práctica.

Primero me encuentro una pequeña cría de toloco con un dardo en una pata. Retiro el dardo con suavidad, tras dar un par de caricias suaves al animal, y procedo con voz sosegada a aplicar el hechizo en la pequeña herida que queda. Esta se cierra por completo, y me acomodo las gafas, volviendo el rostro hacia Laylee un momento, recibiendo su aprobación.

El segundo animal es una tortuga. Tiene una especie de arpón clavado en una pata. La herida es mayor que la primera, pero por suerte no es lo suficientemente profunda como para que la punta se haya encajado en la piel con los ganchos del final, por lo que tengo que sacarla con cuidado, pero sin mayor problema. Me tiemblan ligeramente las manos al aplicar el fuuruchi, pero logro contenerlo, y al terminar dedico una sonrisa algo nerviosa a Laylee, que me tranquiliza diciéndome que lo he hecho correctamente.

Paso entonces al tercer animal: un picornio con una flecha hundida en la garganta. Busco de nuevo los ojos de la profesora con un gesto, y su mirada tranquila parece devolverme un poco la serenidad. Me explica que he de sacar la flecha con cuidado para no empeorar la herida, porque podría hacer que el animal se ahogase, o sufriese algún daño irreparable.
Procedo con calma. Una vez más, las manos me tiemblan un poco al principio, pero consigo sobreponerme y volver el pulso firme al concentrarme. Cuando he logrado quitar la flecha me apresuro a aplicar el fuuruchi, con la vista clavada en la herida mientras esta desaparece.

Me tomo un momento para respirar hondo antes de pasar al siguiente, y dedico una sonrisa a Laylee, entre agradecida y nerviosa.

El cuarto de los pacientes es un pequeño dragón, aunque no tiene alas. Una cría de dragón de agua. De lado a lado, una flecha atraviesa su cuerpo. Me vuelvo con cierta alarma a Laylee, preguntándole nerviosa si bastará con el hechizo para curar este tipo de cosas, y ella me explica que "afortunadamente", esa flecha no ha atravesado ningún órgano, de modo que la herida es menos aparatosa de lo que parece.
Consigo contener los temblores volviéndome, frunciendo el ceño. Rompo la flecha con sumo cuidado, como ella me indica, sacando por un lado la parte de la punta y por el otro la de la pluma. Entonces, tensando ligeramente el gesto mientras la herida sangra, aplico un fuuruchi; tengo que hacerlo una vez por cada extremo, pero al final la herida se cierra y puedo dejar ir el aire tranquila.

Tranquila de momento. Queda uno más. En último lugar, un boro con una espada clavada, que destroza un par de ojos y se hunde profundamente en su carne.
Dejo ir un gemido involuntario al verlo, retrocediendo un paso con los ojos muy abiertos. La herida deja salir bastante sangre, y el aspecto, en general, parece muy grave. Soy capaz de notar, de pronto, la mano de Laylee en mi hombro. Al volver la vista hacia ella, con la expresión algo descompuesta, me topo con una mirada tranquila, pero seria. Me explica que en ocasiones como estas hay que actuar rápido, que la vida y la muerte pueden depender de lo que yo haga, y que por tanto retroceder puede significar la pérdida de un tiempo muy valioso.
Me tiemblan un poco las manos, pero asiento. Me acerco al boro, y tiro de la espada como ella me indica, sin perder el rastro de intranquilidad en el rostro, sin conseguir contener por completo el temblor del cuerpo. Aplico entonces un fuuruchi a la herida abierta, pero no logro cerrar más que una parte. Tengo que hacerlo un par de veces más hasta que llego a la superficie, aunque todavía queda una marca fuera que no soy capaz de cerrar. Los ojos, sin embargo, se han perdido.
Laylee me indica que es suficiente, y me vuelvo hacia ella, algo pálida aún, tratando de componer una sonrisa. Me explica que hay que estar preparada para cualquier cosa y asiento, recuperando un poco el aliento que parezco haber perdido con esto.

Tras agradecer su esfuerzo por enseñarnos todo esto y su atención, me despido de ella con una reverencia educada y salgo del lugar.

*se va*
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Frikka

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MensajeTema: Re: Aulas   Sáb Sep 06, 2014 6:55 pm

Bueno, parece que hoy toca ponerse a aprender algo. Que no se diga que no pongo interés, por lo menos.
Alzo las cejas cuando me encuentro con el panorama. Algo había oído, pero no lo esperaba así, creo. De todas formas saludo a la chrysos, sin despegar los ojos de las mesas. Menuda tienen montada... A ver cómo se me da esto, claro.

La tipa, Laylee, se explica. Al parecer, doy el nivel justo para aprender el hechizo, y no veo objeción alguna, de modo que asiento. De todas formas no me veo yo mucho de coser. Ya le hubiese gustado a mi madre, pero no.
Tras saber cómo va este mecanismo, me indica que pase a la práctica. Asiento y procedo, que no tengo tampoco toda la tarde.

Primero un corratón rojo. Una moñez como una casa, vamos. Tiene una herida en una pata que tampoco es la gran cosa. Miro a Laylee un momento, algo escéptica.

-¿Y eso se cura?

Que sí, me dice. Claro, practico y punto. En combate te curas eso y te llaman maricón, sin embargo.
Cuando pronuncio el hechizo siento fluir el fuuruchi por los dedos, y no tarda mucho en desaparecer todo rastro de punción. Al siguiente, venga.

Ahora un boro. Tiene un tenedor en el cuerpo, así, porque sí. Me estoy sintiendo un poco contrariada con todo esto... Pero bueno. No soy yo quién de criticar a los del servicio y sus arrebatos. Los chrysos es que tienen un pronto muy malo.
Saco el tenedor y repito el fuuruchi cuatro veces, una en cada agujero, y luego, tras recibir la aprobación de Laylee, sigo adelante.

Me paro ante el tercero. Es un partón, creo. Está en un recipiente con agua. Tiene una flecha en la cola. Pues a ver quién va a pescar con flechas, hombre. Y ni siquiera llega al otro lado.
Tengo que, siguiendo las indicaciones de la chrysos, meter las manos en el agua y pelearme un poco con el bicho, que se resbala y todo, para arrancar el proyectil. Luego, sacando la zona herida de agua con la izquierda, aplico el hechizo con la derecha, y listo. Le falta alguna escama, pero diría que de esta sale.

-Vamos a por otro -indico, yendo ya delante, secándome las manos en el pantalón mientras avanzo.

El cuarto es un leanidus joven. Qué miedo... Impone más el bicho que la herida. Tiene una katana que atraviesa su muslo de lado a lado. Laylee me explica cómo sacar el arma con cuidado, pero el bicho se mueve de todas formas. Tiene que doler que te atraviesen así... Qué recuerdos de cierto día en los establos. ¿Es deliberado o algo?
Saco el arma con cuidado. Se desliza sobre la carne... Vaya... No sé si asco o... Joder. Luego tengo que repetir un par de fuuruchis por cada lado, y aún así queda la zona un poco medio así, pero bueno. Parece que la herida se ha cerrado. Laylee me dice que está bien.
Por supuesto.

Ahora el quinto... Joder. Hay que tener un puto estómago para ser médico que yo no sé...
Es un karnikarsh que chispea que da miedo, y que tiene un hacha que no lo abre en canal de milagro. Dedico una sonrisa algo tensa a la chica. Gracias, mona, por la visión. Y no dejo de pensar que todo esto tiene su... Me recuerda vagamente a cosas.

Inspiro profundamente. Me indica que actúe rápido, explicándome fugazmente cómo hacerlo: curar o morir. Qué intenso, por favor.
Bueno, pues vamos...
Al sacar el hacha empieza a salir la sangre. Casi me mareo un poco y todo. Pero no son de verdad, ¿no? Una tía no haría una crueldad así y me miraría con esa sonrisa. Eso o es un verdadero monstruo.
Me apresuro a aplicar el hechizo. Tengo que hacerlo varias veces a lo largo de la herida, porque con una sola mano no abarco la zona entera. Y también a lo alto, porque no debo de tener la capacidad mágica suficiente para cerrar todo de una.

Cuando termino suspiro con sumo cansancio. Qué estrés. Ha quedado un tajo bonito, pero no se cerraba más. Laylee me dice que está bien y me explica el motivo. De todas formas ya no sería peligroso. Aunque viendo la sangre que ha perdido no sé yo si hubiese sobrevivido.

Pero bueno, ya está... Me resuelve un par de dudas más y luego le doy las gracias y me despido. En el fondo ha sido estimulante.

*se va*
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Ben

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MensajeTema: Re: Aulas   Miér Sep 10, 2014 10:53 am

Ben entró en el aula con una sonrisa de oreja a oreja, tarareando una cancioncilla, y se dirigió directamente hacia Laylee, que la esperaba con una sonrisa un tanto menos evidente que la de la mestiza. Ben preguntó, por supuesto, directa. La chrysos, con algo más de calma de la que Ben parecía mostrar, le explicó exactamente qué aprendería allí y qué debía hacer. La sonrisa de Ben se amplió más, si eso era posible. Y, en cuanto la chrysos hubo determinado que le enseñaría el hechizo, empujó su flauta hacia el fondo del bolsillo y la siguió, resuelta y aún con la música en los labios.

Tuvo que detener la canción, apretando los labios para no reír, cuando vio lo que allí le esperaba. Una alicorta de tamaño medio se retorcía en la mesa, con una enorme astilla clavada de tal forma que Ben miró a su instructora de reojo, preguntándose si de verdad era posible que el bichejo sobreviviera a aquella cosa. Toda la respuesta de la chrysos fueron más instrucciones, así que Ben, aún sonriente, extendió ambas manos hacia el arácnido y procedió a deshacerse de la astilla. Pronto había invocado el hechizo, y el animalito se dedicaba a corretear por la mesa, nervioso pero entero.

Laylee la guió con un gesto hacia el siguiente. Aquella vez se trataba de un babociélago, y una flecha le atravesaba un ala, llegando a rozar el cuerpo. Ben hizo una mueca, entre sonrisa y cara de asco, mirando a Laylee con cierta incredulidad. De nuevo, la respuesta de la chrysos consistió en indicaciones. Así pues, la mestiza extrajo la flecha y procedió a cerrar el agujero que el bicho tenía en el ala. Según Laylee, la rozadura del cuerpo no se podía curar así, con lo que era mejor dejarla estar.

Lo siguiente que la mujer presentó ante ella fue una cría de dragón, que se retorcía sobre la mesa, con un puñal clavado a la altura del pecho, aunque al parecer no en un punto vital. Esta vez la herida era bastante más profunda, así que Ben tuvo que emplearse una vez extrajo el arma para cerrarla. Una pequeña marca quedó como muestra de lo que había pasado.

El cuarto animal era un estrell, y una flecha le atravesaba la pata a la altura del muslo. Ben, una vez más, procedió, partiendo la flecha como Laylee le indicaba, y extrayéndola con cuidado. Puso una mano en cada boca de la herida, invocando el hechizo primero con una y luego con otra, tal y como la instructora le indicó que hiciera. Pronto la herida se había cerrado, y las plumas ocultaban toda marca que hubiera quedado de ella.

El último animal al que Ben se enfrentaba era un orkrich. Tenía una alfanje (curiosamente similar a la de la chica) clavada en la raíz de la joroba, casi a la altura del cuello. Ben sintió temblar su sonrisa, pero procedió con seguridad. De hecho, con una más seguridad y rapidez que en los casos anteriores. Al momento se había deshecho del arma, y tras grandes esfuerzos e invocar varios hechizos, consiguió reducir la herida hasta que Laylee le indicó que había sido suficiente.

Se volvió hacia ella con una sonrisa nerviosa, tragando saliva. La chrysos, imperturbable, la felicitó por su trabajo y le indicó que practicara si tenía oportunidad. Algo aturullada, Ben abandonó la sala, aliviada por haber terminado.

*Se va*
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Rick

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MensajeTema: Re: Aulas   Sáb Sep 13, 2014 11:57 pm

Cuando me enteré de aquel curso aproveché que pude acercarme por las aulas para ver qué podía aprender. Lo que no me esperaba fue lo que encontré: al hablar con la que seria mi maestra, Laylee, que poco se parecía a las que había tenido de pequeño, esta me explicó que lo que aprendería sería cura y sutura de heridas. Yo sabía poco de agujas, pero no me iba a rendir ante un desafío como aquel, así que dispuesto dije que sí.

Me acercó, entonces, a los que sería mis pacientes, o algo así. Al principio me asusté, y pensé en lo terrible que aquello parecería a Lea, hasta que me explicó que eran copias de animales reales, pero que no estaban sufriendo. De todas formas, como lo parecían, decidí que me daría prisa para poder evitar que siguieran haciéndolo.

El primero de ellos era un pequeño toloco con un dardo en la pata. Era sencillo, y tras una breve explicación procedí: quité el dardo con cuidado, concentrado, y luego desinfecté la herida con un algodón. Nada más.
Heroico, miré a Laylee, que asintió.

El segundo de ellos era un pequeño... no sabía. Era una especie de rata grande y azulada. No conocía aquel animal. ¿Sería un equinociermo? Como fuese... Tenía una herida algo más profunda, como de la cabeza de una flecha, pero sin flecha, en el lomo, pero tampoco era muy grave, aunque sí más que la primera. Laylee me explicó que había que taparla tras desinfectarla para evitar que empeorase, y procedí: limpié la herida, por fuera y por dentro (y el pobre animal se estremecía) y luego la cubrí con una gasa y algo de esparadrapo, y todo listo.
De nuevo, Laylee asintió, conforme. Ser médico no parecía tan difícil.

El tercero de ellos era un potro. Una noble bestia, como una cría de caballo, no debía ser herida como aquella: tenía un puñal en el cuarto trasero derecho. Tuve que quitarlo con cuidado, limpiar la sangre y luego, cuando remitió un poco, la herida. El pobre resoplaba y relinchaba. ¿De verdad no eran auténticos?
Tras la cura tuve que poner una venda mayor, aunque en aquella zona el animal no se tocaría. No obstante, todo parecía en orden.

Y pasé al siguiente.
Me sentí paralizado. Era Vilo. No podía ser de otra forma. Y, para colmo, tiene una profunda herida que le recorre la pata entera, de arriba abajo. Ni espero a que me diga nada, y me apresuro a limpiar la sangre y desinfectar con cuidado, pero también con prisa. Laylee me dice, mientras, que aquí deberé suturar, pero primero afeitar la zona para que el pelaje no moleste.
Sigo sus indicaciones, rapando la pata con cuidado, evitando herir más la zona, ya sensible, y luego procedo a tomar la aguja y el hilo.
Entonces empezó el problema. Por mucho que me la acercase, de verdad, o era capaz de acertar con el hilo en el agujero. Hice diversos intentos, y tras un buen rato terminó entrando. Laylee me explicó que debía ser más rápido y asentí, poniéndome enseguida al trabajo.
Coser también era difícil. La herida era larga, como fina, y cada puntada se hacía complicada. Me costó un buen rato, y un buen esfuerzo, y Vilo gimoteaba... imaginaba a Lea viéndome y se me caía el alma a los pies de la vergüenza.
Después de aquello lo vendé y suspiré, agotado. No me había quedado muy allá, pero Laylee me dijo que era suficiente.

pero quedaba uno más. y aquello fue todavía peor.

-¡TELMA! -exclamé, lanzándome sobre ella.

Estaba abierta en canal... Sangraba tanto... Me quedé paralizado hasta que Laylee me dio un pequeño empujón y me dijo que no había tiempo. Pero, de nuevo, al tratar de meter el hilo no era capaz, y para colmo me temblaban las manos. Al final tuvo que hacerlo ella, y entonces me puse enseguida con la herida.
Las puntadas allí eran más grandes, así que fueron más sencillas, pero no podía evitar temblar mientras lo hacia. Aquello era irreal... No podía ser que pasase...
Fue un trabajo costoso y terminé sudando. Laylee me dijo entonces que quería hablar conmigo, pero que lo repitiese otra vez primero. Tuve que hacerlo un par de veces, solo la parte de la sutura. Cuando parecía más satisfecha con mi trabajo se me acercó de nuevo y me dijo que me acercase pronto por la enfermería de su parte, a hablar con Errst. Extrañado, asentí y le di las gracias. Luego abandoné la sala, todavía temblando un poco.

Telma estaba bien... Aquello solo...
Por Mithos.

*se va*
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MensajeTema: Re: Aulas   Dom Sep 14, 2014 1:57 am

Tras haber enseñado a aquellos que se presentaron ante ella, Laylee recogió todo. Una vez la sala quedó vacía, la joven se fue, dispuesta a volver a sumegirse en su estudio.

*FIN DEL EVENTO*

FdR.: A partir de ahora, los personajes participantes tendrán:
Mejora - Primeros auxilios: Limpieza de heridas y sutura:
 
Hechizo - Fuuruchi:
 
Gracias por participar.
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MensajeTema: Re: Aulas   Mar Nov 25, 2014 12:23 pm

AMULETOS POTENCIADORES


Rheon era un hombre cansado y envejecido por la lucha hasta el punto de lo antinatural. Probablemente ese era el motivo principal por el que había decidido no presentarse a formar parte de las filas de Brontë. Eso no significaba, sin embargo, que no coincidiera en ideología con el proyecto y que, por tanto, no tuviera interés en participar en él, aunque fuera de una forma un tanto particular.

Ese era su principal motivo para haber pedido a los líderes que le permitieran el acceso al palacio. Rheon quería ofrecer algo a los guerreros, aunque fuera un gesto mínimo. Quería poder decir que él también formaba parte de Brontë. Así pues, tras haber conseguido el acceso al palacio, se dirigió a la zona en la que se le había indicado que podría impartir sus enseñanzas.

Rheon extendió su alfombra de viaje y se sentó en ella. A continuación, expuso algunos de sus amuletos ante sí y, un poco más allá, los materiales que había traído para práctica de los guerreros. Después, sencillamente, esperó a que llegara algún interesado en trabajar con él.

FDR- ¡Evento creativo! Rheon pondrá a disposición de los guerreros una serie de materiales básicos (cuero, cuerda, madera, metal, tela...) para la creación de amuletos potenciadores. Cada amuleto creado otorgará a su usuario un stat extra de entre los disponibles a elección del personaje. Para la creación de estos amuletos es esencial tener una piedra potenciadora de la característica escogida (hay cinco tipos, uno por categoría disponible, que Rheon os ofrecerá para escoger), que debe ser pulida y tratada de forma particular.
A mayores, el personaje deberá escoger qué función otorgarle. Las piedras potenciadoras pueden engarzarse en metal o cuero, tomar forma de colgante o prendedor o incluso añadirse a otros objetos potenciadores, aumentando la capacidad de estos. Rheon os ayudará tanto a pulir la piedra que escojáis como a darle la función deseada. Además, os enseñará el proceso, de forma que en el futuro podáis crear otros amuletos si encontráis los materiales adecuados. Es obligatorio que hagáis ambas cosas si queréis obtener el amuleto y la mejora.
Las formas de pulir las piedras son las que siguen:
-Potenciadora de fuerza: Debe dársele una forma completamente irregular; no puede tener ni un solo cristal liso.
-Potenciadora de resistencia: Debe dársele la forma exacta de un cubo.
-Potenciadora de velocidad: Debe ser fusiforme y perfectamente lisa.
-Potenciadora de agilidad: Debe dársele la forma de un anillo plano.
-Potenciadora de puntería: Debe dársele la forma de una lámina tan fina que se pueda ver a través, pero sin que llegue a serlo tanto que pueda romperse o doblarse.
Si la piedra escogida se pule demasiado y se hace muy pequeña, perderá sus propiedades de potenciación.

RECORDAD: Solo puede aprenderse a hacer un tipo de amuleto por personaje. La forma en que narréis la creación del objeto es libre, pero se exige un mínimo de esmero con el post. Sentíos libres de narrar el proceso como mejor os parezca: podéis usar desde magia hasta pisotones para pulir las piedras, pasando, por supuesto, por herramientas tanto propias como proporcionadas por Rheon. Pero, por favor, sed lógicos con la forma en que lo hacéis; tiene que ser un proceso convincente para la administración. La práctica os enseñará a tratar con amuletos EXCLUSIVAMENTE de la categoría que escojáis.
El carácter irrespetuoso hacia Rheon puede ser motivo de penalización. Puede que su aspecto intimide un poco, pero eso no justifica que se lo maltrate. Es un hombre serio y algo tosco, pero sabe ser amable.
La administración se reserva el derecho a decidir si un post es válido o no para adquirir el objeto y la mejora. Podéis mandar un mp a la cuenta de Massen Dew para cualquier duda. El evento permanecerá activo dos semanas como mínimo, y es posible que se alargue, pero nunca que se acorte. Se avisará del fin del evento con un mínimo de 24 horas de antelación en la sección de noticias. El evento se cerrará con un post que especifique quiénes han obtenido el objeto y la mejora, que no podrán dar por hecho que tienen ninguna de las dos hasta la publicación de dicho post.
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Frikka

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MensajeTema: Re: Aulas   Lun Dic 01, 2014 5:14 pm

Hay que ver cómo cambia una a lo largo de su vida. Nunca he sido una chica muy de artesanía, y eso que mi madre insistía en enseñarme a coser y mierdas así, que decía que eran más "de chicas". Creo que por eso hasta le cogí asco a eso de hacerte tus propias cosas. Pero esto... Esto es diferente.
Al menos por lo que he escuchado...

Llego y asomo la nariz primero. El tipo da un miedo que te cagas. Parece de estos que han ganado ya sus batallas y que solo quieren retirarse a meditar a alguna cueva lejana, pero que serían capaces de partirte en dos solo con que les respirases en la nuca, sin verte.

-Qué hay -saludo, teniendo la decencia, al menos, de sacar una mano de los bolsillos para acompañar las palabras con un gesto-. Se presenta Frikka Njorthrbiartr.

Bueno, vamos al chollo...
La cosa es que el tipo este, Rheon, me enseña primero lo que ha traído, unos amuletos de ejemplo, y me va explicando cómo va el rollo. He de admitir que me interesa, así que presto atención sin tapujos, pero ya tengo claro, desde que lo ha dicho, qué es lo que quiero hacerme.

-Me interesa la de fuerza -declaro, acercando la cara a una de las que ya están hechas, arrodillada frente a la alfombra-. Pero parece chunga de cojones-. Lo miro enarcando las cejas-. Es decir, yo nunca he hecho algo como esto.

La respuesta que me da: el que algo quiere, algo le cuesta. Vale, que lo pillo. Aquí todo el mundo viene a dar lecciones que no le corresponden.
Que toca esforzarse, bueno.

Me entrega una de las piedras sin tratar y le doy algunas vueltas en la mano, poco segura de cómo empezar a proceder. Luego me entrega, también, una lente, un tipo de lupa algo extraña que le he visto alguna vez a los joyeros, y me explica que como no puede haber ningún cristal liso voy a necesitarla. Y ya puestos me gustaría tener también una sala oscura, pero supongo que invocaré un hândall cuando lo necesite e iré tirando.
En cuanto todo está claro (todo lo claro que puedes tener las cosas la primera vez que las haces) me pongo a la faena. Como parece que me va a supervisar me siento, al menos, un poco más tranquila.

Me he hecho con un martillo y una especie de punzón (es como un cincel, pero finito, vamos) para ir dándole forma a la piedra. O quitándosela, según se mire. Al principio es tan evidente dónde hay liso y dónde no que procedo sin la lupa.
Doy un par de golpes, pero nada. Arrugo el ceño, incómoda, y miro al tal Rheon, que me explica que tengo que golpear con más fuerza. Que entiendo yo que está dura, pero si me paso y me la cargo...
Que, por otro lado, si tuviese yo ahí una fuerza increíble no quería un amuleto de fuerza, claro. Pero de todos modos procuro golpear con algo más de decisión y al final el mineral va cediendo.
Tiene su gracia el trabajito. No es como si quisiera dejarlo liso, así que es fácil, dentro de lo que cabe. No tengo que preocuparme porque los lados están igualados, así que solo pienso en romper todo lo que parezca demasiado perfecto. Lo malo es que cuando ya llevo un buen rato y la mano empieza a decirme que descanse, cuando termino aparentemente, entonces me dice que coja la lupa y, ¡tachán!, y una mierda... Así de lejos puede parecer bastante rugoso, pero lo cierto es que no.
No tengo muy claro cómo voy a hacer todo eso...

Me dedico un buen rato a ello, a retocar, romper, irregularizar y tirarme de los pelos porque es que parece que sea imposible. O lo mismo: lento y costoso. Nunca se me ha dado muy bien concentrarme demasiado tiempo en una misma tarea.
Por suerte Rheon me indica a ratos cómo hacerlo mejor, y en un par de veces incluso me coge las herramientas para arreglar un par de partes especialmente complicadas.

El tiempo pasa, y para cuando creo que puedo sentirme satisfecha (o hasta los cojones, según se mire), con las manos doloridas y los ojos bizcos de mirar tan de cerca, creo que podría decir que...
Le tiendo la piedra al que sabe.

-¿Así? -inquiero, dejando que la examine.

Me indica un par de fallos más que debo corregir...
Los cojones.
Pero bueno, habiendo llegado hasta aquí habrá que hacerlo, supongo. Así que me pongo un poco más, dando los últimos golpes para deshacer todo cristal liso que pueda quedar.

Cuando todo ha terminado dejo las herramientas y abro y cierro las manos, desperezando los dedos. Me vuelvo entonces hacia el tipo, a Rheon, cuando ya he devuelto las cosas a su sitio.

-Yo quería hacerme un collar, o algo así sencillo -le explico-. Para que sea fácil de poner y quitar, y tal.

Me explica que lo más cómodo es engarzarlo en metal primero y luego simplemente ponerle una cuerda, así que nos ponemos a ello. Sigo sus instrucciones para formar con un alambre de acero un pequeño armazón que sostenga y sujete la gema. Es un trabajo más rápido de hacer, solo hay que doblar de forma adecuada y con él explicando es menos laborioso que dar mil golpecitos.
Lo siguiente ya solo será poner un cordón de cuero.

Cuando termino el trabajo doy las gracias a Rheon por todas sus enseñanzas y su paciencia (que no es que la mía fuese menos) y tras despedirme abandono las aulas.

*se va*

FdR- Lol qué largo me quedó.
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Corbin

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MensajeTema: Re: Aulas   Mar Dic 02, 2014 11:37 am

Cuando Corbin entró en la sala ya tenía claro lo que había ido a buscar. Había oído acerca del hombre que allí se había instalado, y sabía que no tenía en absoluto tiempo que perder. Tras saludar al hombre, se sentó junto a él, dispuesto a escuchar los detalles acerca de lo que allí le esperaba. Corbin contempló sus opciones un momento, aunque tenía bastante claro qué iba a escoger.

-Haré la de agilidad -informó finalmente.

Pronto Rheon comenzó a explicar el procedimiento de forma más detallada. Aunque era evidente que no era un hombre con demasiada verborrea, era muy claro en sus indicaciones, y parecía atento con su trabajo. Corbin, siguiendo los pasos que él le iba a indicando, comenzó a trabajar.

Lo primero, le explicó el hombre, era reducir el tamaño de la piedra a uno con el que fuera fácil trabajar. Corbin debía tener en cuenta que trabajar con un tamaño demasiado pequeño podía suponer un problema, así que no debía pasarse con aquello. Comenzó con herramientas que el hombre le proporcionó, grandes para retirar esquirlas grandes de la piedra. Una vez le dio una forma adecuada con la que trabajar, Corbin cambió de herramientas. Debía, antes de nada, agujerear la piedra. Era mejor hacerlo antes de que se volviera más frágil por pulirla. El agujero, por supuesto, era al principio demasiado pequeño e irregular, pero Rheon indicó que aún no era el momento de dedicarse a él.

Procedió, pues, con las caras que debía aplanar. De nuevo cambió a herramientas diferentes, y comenzó a retirar esquirlas hasta que la forma de anillo empezó a parecer más evidente. Una vez la piedra tenía la forma deseada, pasó a usar limas para pulir las irregularidades. Parecía un trabajo más simple, pero era minucioso, así que tuvo que dedicarle bastante tiempo. Al final, sin embargo, lo dejó en manos de Rheon, que le explicó cómo arreglar algunas imperfecciones en su resultado.

Solo quedaba, pues, darle una función. Y Corbin no se esmeraba demasiado con aquellas cosas. De hecho, de no ser porque en sus puños resultaría una molestia, habría escogido directamente ponérselo en el dedo. Decidió, sin embargo, que aquella no era la mejor opción. Corbin quería engarzarlo en un gancho que pudiera darle una cierta versatilidad. Quería que le permitiera, si así lo quería, colocarlo en su ropa o colgarlo de una cuerda. En definitiva, que no tuviera nada de estorbo. Lo ideal, pensaba, era engancharlo al interior de un bolsillo, ya que eso permitiría mantenerlo oculto y sin riesgo a perderlo ni molestias. Pero esos detalles ya los decidiría más tarde.

Por el momento, pues, trabajó siguiendo las instrucciones de Rheon para engarzar el anillo. El hecho de que tuviera un agujero facilitaba sujetarlo a su engarce, con lo que el agarre parecía seguro. A este engarce Corbin dio la forma de un imperdible circular. Rheon trabajó con él en silencio hasta que el claritas consiguió exactamente la forma que quería.

Una vez el amuleto estuvo terminado, el chico dio las gracias a su mentor y abandonó la sala. El siguiente paso era probarlo.

*Se va*
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Alehyss

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MensajeTema: Re: Aulas   Miér Dic 03, 2014 3:17 pm

Desde siempre he valorado los conocimientos sobre cuántos más ámbitos mejor. La utilidad de saber cosas resulta muy útil. Aunque, de todos modos, la artesanía, el llevar a cabo los conocimientos teóricos, es algo en lo que no he destacado tanto.
De todas formas, al enterarme del asunto de los amuletos no puedo pasarlo por alto. Es una buena forma de reunir tres ventajas principales: el propio amuleto constituye la primera, la experiencia y posibilidad de repetición es la segunda, y luego el propio conocimiento teórico que podría servir en un futuro para enfrentar algún dilema o dar solución a un problema que se presente.

Lo primero que hago al llegar es saludar al hombre que me enseñará, Rheon. Luego atiendo en completo silencio a todo lo que me explica, haciendo al final las preguntas pertinentes para aclarar mis dudas al respecto del funcionamiento de las gemas y su tratamiento. Entonces llega el momento de decidir, pero lo cierto es que ya lo tenía bastante claro desde un principio.

-Quiero hacer una de resistencia -informo, con calma.

No me gusta recibir golpes, pero a veces resulta inevitable, y no es algo en lo que destaque. Me gusta potenciar algo así porque mi intención seguirá siendo no recibir golpes. Mientras lo llevase encima estaría más cubierta, pero de no tenerlo no afectaría enormemente a mi estilo de lucha.
No me gusta ser dependiente de un objeto.

Rheon procede a explicar escuetamente, y yo lo escucho, absorbiendo todo lo que dice. Cuando conozco los suficientes datos y me ha entregado la piedra con la que debo trabajar me pongo enseguida a ello.

En primer lugar debo eliminar los trozos irregulares de la piedra para que tenga unas dimensiones semejantes a las del cubo que será finalmente, pero sin excederme. Al parecer, de ser demasiado pequeña resultará inútil.
Elimino los salientes demasiado largos hasta que, a primera vista, tiene las dimensiones deseadas, aproximadamente, con una herramienta poco válida para talla precisa, pero perfectamente servible para esto. Luego me ayudo de diferentes objetos de medición que él me proporciona para delimitar lo que serán las aristas, marcándolo con un poco de tinta. Esas líneas no deberé rebasarlas o tendré que medir de nuevo.

Con una herramienta algo más precisa empiezo a dar forma a cada una de las caras. Primero me dedico simplemente a que tenga forma de prisma, y no irregular, semiesférica, sin lados definidos. Son seis, de forma que tengo que estar un buen rato golpeando, pero para cuando él me indica que es suficiente ya comienza a parecer un cubo. Al menos se ve la intención.

De nuevo, tomo medidas, esta vez en cada cara, y con ayuda de una lima he de ir deshaciendo las rugosidades que quitan forma a los cuadrados. Quizás la primera sea la más difícil, pues no cuento con algo que me sirva de patrón, pero a partir de ella las demás se vuelven más sencillas. Solo tengo que seguir los límites que esta establece, igualándolas todas.
La última, por supuesto, resulta la más sencilla. Las aristas ya están definidas, por lo que solo debo limar la cara hasta dejarla lisa.

Tras haber finalizado con eso Rheon toma la piedra para hacer sus mediciones y retoques, que yo contemplo callada, tratando de aprender de mis errores. La idea es que sea capaz de repetir este proceso en un futuro sin contar con nadie que me supervise.
Me encargaré de anotar los pasos cuando salga de aquí.

El hombre, tras haber quedado satisfecho con el cubo, me dice entonces que debo convertirlo en algo. Supongo que tiene sentido, que no bastará con llevar un cubo en el bolsillo. Eso no resulta cómodo. Demasiado fácil que se extravíe.

En mi opinión, lo mejor sería añadirlo a algún accesorio con otra utilidad, pero en este momento no cuento con nada que me convenza. Otro collar sería inviable, o acabaré con cien al cuello. Así que, finalmente, decido engarzarlo en cuero, uniéndolo a otra pieza lisa y resistente de cuero, de forma que pueda cambiar su utilidad según me convenga: perforando un trozo de ese cuero puedo llevarlo como colgante, o prenderlo a la ropa, a un cinturón o a casi cualquier cosa con un trozo de metal o alambre. Y ese cuero sobrante podría cambiarse si se deteriora por haberle lado diferentes usos.

Una vez he acabado agradezco a Rheon su paciencia y sus enseñanzas.
Con una leve inclinación de cabeza a la despedida abandono el lugar.

*se va*

FdR- Yo dije "lo voy a hacer más corto esta vez", y entonces...
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Lea

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MensajeTema: Re: Aulas   Jue Dic 04, 2014 12:03 am

Lo primero que hago nada más entrar es ordenar a Vilo que se siente y se esté quieto. Esto me enseñará algo a mí, pero también servirá de prueba para él. Tiene que aprender a obedecer, y ya que cada vez lo hace más a menudo, tengo que ponerlo a prueba para que se supere a sí mismo.

Me dirijo, a continuación, hacia el hombre que espera. Tiene un aspecto de lo más perturbador, pero no puedo permitirme que eso me afecte. Le muestro una sonrisa amable, saludando y tomando asiento frente a él cuando así me lo indica. Escucho, a continuación, en qué consiste exactamente lo que enseña.

Cuando ha terminado, observo las piedras, pensativa. La verdad es que todas las opciones son tentadoras, eso debo reconocerlo. Sin embargo, tengo unas prioridades y quiero mantenerlas. Tras pensarlo un tiempo, mirando unas y otras, dudosa, alzo la vista hacia él.

-Creo que lo mejor será que me centre en mi resistencia -declaro finalmente. Otras también me llaman, pero considero que tengo que protegerme, ante todo.

Por lo que explica, el objetivo parece bastante claro. Comienzo siguiendo sus indicaciones, dedicándome en primer lugar a obtener una forma adecuada para trabajar. Los primeros trozos se retiran sin demasiado cuidado, ya que no se trata de detalles. Pronto, sin embargo, hay que pasar a herramientas más finas para empezar a dar la forma adecuada al mineral. Trabajo primero con cinceles grandes, más tarde con limas, y por último con lijas finas. Él me proporciona reglas con las que medir las aristas y las caras, para asegurarme de que todas ellas son iguales. Al final, la única forma de hacer la forma perfecta es lijando. Arrancar trozos vuelve la piedra más irregular.

Después de un intenso trabajo y de entregar la piedra varias veces y se me devuelva explicando cuáles son los desperfectos, parece que Rheon da mi trabajo por válido. En cuanto al acabado, no me esmero mucho. Pido un engarce sencillo y algo de cuerda, explicando que mi objetivo es hacer del amuleto un coletero. Creo que es la forma más fácil de llevarlo sin preocuparme por incomodidades. Y, en caso de que cambie de opinión, siempre puedo retirar la cuerda y darle una nueva forma.

El engarce es de cuero, sencillo pero firme. Cuenta con alambres que ayudan a fijar la piedra en él. Me gusta incluso estéticamente. Creo que ha sido un buen trabajo. Miro a Vilo de reojo. Si consigo hacerme con otra, la prepararé para él.

Después de dar las gracias a Rheon y de probar el coletero para asegurarme de que ha sido una buena decisión, me despido y llamo a Vilo. Pronto los dos hemos abandonado la sala. Esto ha sido algo poco habitual, pero creo que ha sido una actividad de provecho. Estoy satisfecha con el resultado.

*Se van*
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Cierzo

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MensajeTema: Re: Aulas   Jue Dic 04, 2014 11:09 am

No estaba acostumbrado a las actividades de artesanía, pero aquello no parecía excusa suficiente como para no presentarme ante el antiguo soldado. Aunque tomara mi estancia en Brontë con cierta calma, consideraba que había gestos hacia los líderes y otros participantes que no podía obviar. Por otra parte, aquello me permitiría obtener beneficios a mí también, así que valdría la pena el esfuerzo.

Me presenté ante el hombre con una reverencia, y esperé hasta que él mismo me dio instrucciones de tomar asiento y comenzó sus explicaciones. Cuando terminó de hablar no me dejó una sensación distinta a la que tenía después de haber oído hablar de él. Mi perspectiva de aquello no había cambiado. Aunque, por otra parte, dudaba que a él le interesara demasiado mi opinión. Me centré, pues, en mi elección.

Podría haberme decantado por muchas cosas, pero consideraba que si algo debía mejorar era mi puntería, así que por eso me decidí. Pronto me tendió la piedra escogida, explicando qué debía hacer con ella. Al parecer, la forma que le diera era irrelevante mientras fuera una lámina plana y traslúcida. Supuse que aquello facilitaría las cosas.

Me aseguré de seguir las instrucciones, dejando que me explicara no solo el objetivo, sino también el procedimiento. Nunca había trabajado con herramientas de aquel tipo antes, así que no tenía intención de ponerme a actuar sin saber lo que hacía. Procedí pues, siguiendo las instrucciones, a obtener en primer lugar una única hoja de mineral, con la que trabajaría. Como los bordes no eran importantes, me preocupé de limar, una vez obtuve la hoja, las dos superficies hasta dejarlas brillantes y perfectamente pulidas. En un principio no me pareció un trabajo costoso, aunque llegaba a hacerse cansino. De todas formas, aunque no estuviera acostumbrado a hacer yo el trabajo, sabía cómo era un acabado perfecto, y era lo suficientemente perseverante como para encontrarlo. Así pues, el artesano me dio su aprobación cuando le mostré el resultado.

Quedaba, pues, darle forma. No tenía muchas dudas al respecto. Lo más sencillo sería un pequeño brazalete, ya que no me incomodaría en absoluto. Siguiendo las recomendaciones de Rheon, pulí los bordes de la pieza para darle una forma más regular, fácil de engarzar. Una vez la tuve, me tuve que preocupar de crear yo mismo la manga en la que pondría la piedra. No pensaba complicarme. Trabajé según sus recomendaciones en una pieza sencilla de cuero, dando puntadas un tanto torpes pero firmes. Ya buscaría a alguien que le diera un acabado un poco más decente, ya que a mí no me interesaba. Quizás la chrysos, Anna, pudiera hacer el trabajo. Lo importante era colocar la pieza en su sitio, y el hombre me explicó cómo hacerlo. Con una doble capa de cuero, podía ocultar la pieza de forma que el brazalete fuera menos llamativo. Después de probarlo, y aún a sabiendas de que no lo consideraría acabado hasta que encargara a alguien ciertos retoques, me di por satisfecho.

Tras agradecer y despedirme del artesano, volví a mis otras ocupaciones.

*Se va*
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Ben

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MensajeTema: Re: Aulas   Dom Dic 07, 2014 12:14 am

Ben se presentó ante el hombre con una sonrisa de oreja a oreja y sin el menor indicio de sentirse intimidada por su expresión o aspecto. Se acercó a él con aire animado, casi a saltos, arrodillándose frente a él y echándose ligeramente hacia adelante, con expresión de evidente interés en el rostro.

-Bueno, pues aquí está una servidora -anunció con gesto triunfal-. ¿Qué nos ocupa?

Pronto tuvo toda la información que se le ocurrió pedir al respecto. Calmo pese a la energía desbordante de su recién llegada discípula, Rheon explicó, como a los demás, cuáles eran las posibilidades y en qué consistía el proceso. Después, sencillamente, esperó a que la chica tomara una decisión.

Para Ben, no fue tarea fácil. Con el ceño fruncido, observaba todas las piedras, una a una, con cuidado y atención, preguntándose qué le vendría mejor. Realmente tenía serias dudas. Acabó por tomar en las manos dos de las piedras, pasando la vista de una a otra, visiblemente indecisa. Al final, con un suspiro, dejó la potenciadora de velocidad con las demás y mostró a Rheon la que quedaba en su mano.

-Supongo que nunca se es suficientemente ágil -sonrió.

Pronto comenzó el trabajo. Y Ben no tardó en descubrir que era duro, pero no dio muestras de que le importase. Estaba acostumbrada a tallar, y aunque no usaba la piedra como base habitualmente, se convenció a sí misma de que no había realmente ninguna diferencia. Ignorando el hecho de que necesitaba mucha más fuerza y de que las herramientas eran diferentes, se empleó primero en dar una forma que fuera fácil de manejar, según las instrucciones recibidas. Después procedió a agujerear la piedra y, bastante antes de que Rheon le diera indicaciones al respecto, dejó los cinceles el favor de las limas, haciendo el trabajo más lento, pero también más detallado. El hombre le propuso otra posibilidad, pero la dejó estar cuando vio que ella lo prefería.

Aquello, por supuesto, alargó el proceso más de lo que hubiera sido necesario, pero el acabado era evidentemente bueno. Ben se probó el anillo, dándose por satisfecha, y se dispuso a marcharse. Fue entonces cuando el hombre le recordó que tenía otras posibilidades, y que eso podía hacer el amuleto más fácil de portar en según qué ocasiones.

-Ah, bueno, claro -caviló ella, calculando sus posibilidades-. Pero no necesito nada especial. Aunque quizás... Quizás un trozo de cordel. Así tengo las manos más libres.

Rheon accedió a ello. Le propuso un engarce y un enganche firme, pero era evidente que Ben era mucho más minimalista. Agradeciendo su propuesta, se limitó a pasar el cordel por el anillo, de forma que quedase enganchado, y lo ató con un par de nudos corredizos. Así, explicó, podría regular mejor cómo quería llevarlo. Rheon no se opuso en absoluto.

Entonces sí, pareció que el tema quedaba finiquitado. La chica, contenta con su adquisición, dio las gracias a su mentor y se despidió, dispuesta a ocupar el resto de su noche en tratar de medir las diferencias de su reciente adquisición.

*Se va*
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Rick

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MensajeTema: Re: Aulas   Lun Dic 08, 2014 5:07 pm

Lo primero que hice nada más llegar fue saludar educadamente al hombre que se encargaba de enseñar, que se presento a mí como Rheon. No podía decir que pareciese la persona mas amable del mundo a primera vista, pero si podía verlo como un fuerte guerrero del pasado, alguien que había sido un héroe, en sus gestos y la dureza del aura que desprendía.
Enseguida me puse en sus manos, escuchando su explicación sobre las piedras y los amuletos, aquello que haría con su ayuda.  Tardé todavía, luego, un poco en escoger. Porque, por una parte, tener más fuerza, por ejemplo, me interesaba. La resistencia menos, pues contaba ya con el anillo de Ciria.
Al fina, sin embargó, opté por velocidad. La fuerza podía entrenarla solo. Pero aquello era algo que siempre se me había resistido, y estaba seguro de que nunca vendría de más potenciarlo.

El hombre me entregó pues la piedra y pasó a explicarme lo que debía hacer para enfrentarme a aquello. Y entonces, mirando primero a ambos lados para asegurarme de que no había allí nadie que desease burlas, saqué las gafas que me habían entregado en la enfermería y me las puse. Por si acaso.

Debía conseguir una forma fusiliforme con la piedra. Al principio no tenia claro qué era aquello, pero al volver a ver la de ejemplo asentí, convencido. No parecía la más complicada de todas, pero de todas formas tenía trabajo detrás. ¡Pero como siempre había dicho mi padre: del esfuerzo salían los resultados!
Comencé, pues, con la herramienta que él me entregó primero, una algo más tosca que otras que había dicho, y me puse a eliminar los trozos de piedra sobrantes para empezar a ir dibujando la forma final y que trabajar fuese más sencillo. Con aquello no tenía mucho problema. El problema llegó luego.
Cuando ya tenía una piedra más reducida Rheon me dijo que cambiase las herramientas, y me hice con un cincel más delicado. De allí en adelante tenía que ir raspando el mineral con más precisión, pero aquel tipo de trabajos manuales, desde luego, no parecían mi especialidad, si lo admitía. Ya me había visto en problemas con la sutura, y de nuevo me sentía frustrado tratando de golpear con una exactitud que no lograba. Ni poniendo todo mi empeño. Y aunque avanzaba de todos modos, me sentía lento y torpe, y más aún con los continuos comentarios de Rheon dando indicaciones que yo parecía no saber seguir bien por completo.
Él se hizo cargo al final de dar unos retoques, explicándome mientras, una vez más, la forma correcta de hacerlo. Y yo lo miraba, asintiendo, tratando de memorizarlo. Pero de todos modos me sentía como si aquellos movimientos no fuesen posibles para mis manos. ¡Y eso que yo era muy habilidoso con ellas, por supuesto!

Al final no quedaba más que lijar el resultado para eliminar los salientes restantes y darle el acabado liso. Era un trabajo más sencillo, y hacerlo con precisión me costaba menos, así que me apliqué con mucho esfuerzo para demostrar al hombre que ponía empeño. Me sentía algo avergonzado por poder haber dado la impresión de desinterés cuando lo que pasaba era que no era capaz de hacerlo mejor.
Cuando terminé se lo enseñé, y aunque pareció más satisfecho que la vez anterior y puso menos pegas, de todos modos tuvo que dar él mismo algún retoque.

Cuando preguntó qué quería hacer con aquello le dije que un colgante. Quería algo que pudiese llevar cualquiera, que pudiese prestar a Lea u otro compañero en un momento de necesidad. Algo colgado al cuello o atado con cuero podría llevarlo cualquiera incluso bajo la ropa, oculto. Así que me explicó como hacer un engarce metálico, sujetando bien la pieza con un alambre firme para evitar que se soltase.
Trabajar en aquello fue menos costoso, y cuando vimos que parecía bien sujeta le pasé un cordón de cuero por una abertura dejada para aquel fin.
No tenía tan mal aspecto, al final.

Tras agradecer un par de veces su ayuda al hombre, a Rheon, ofrecerle tomar un día una cerveza de agradecimiento y prometerle que practicaría tallando algunas piedras para mejorar mi habilidad, me despedí muy agradecido y abandoné el lugar.

*se va*
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Massen Dew
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MensajeTema: Re: Aulas   Mar Dic 09, 2014 9:38 am

Aquella mañana, pensando que el final de la estancia del invitado podría llegar a su fin en cualquier momento, me dirigí después del desayuno directa a las aulas donde se impartían las lecciones. El hombre, madrugador, se encontraba ya allí, dispuesto a atender a quien acudiese junto a él. Tenía el aspecto de alguien que ha vivido más de una batalla, e incluso tenía una cicatriz cruzándole la cara, que le daba un aspecto aún más intimidante del que ya tenía por sí mismo. Con una sonrisa, me acerqué y lo saludé, sentándome pronto frente a él.

-He tardado un poco -comenté-. Agradezco que haga esto por los guerreros. He oído hablar de lo que enseña aquí.

El hombre asintió, y tras preguntar lo que sabía, procedió con los detalles de los que yo aún no había oído hablar. Lo escuché en silencio, y cuando terminó, asentí con seguridad. Tenía ganas de probar aquello.

-Creo que lo mejor para mí será mejorar la puntería -le expliqué.

No puso, por supuesto, ninguna pega. En seguida me tendió una de las piedras, explicándome cómo proceder. Comencé con las herramientas más grandes que él me dio, y luego le pregunté si creía que podría practicar con hechizos. Llegué a ver un brillo de curiosidad en sus ojos, y aunque me advirtió que si rompía el cristal no tendría segundas oportunidades, procedió a colocarlo en un soporte e invocar dos aquaerums, que hice girar en mis manos, frotándolos contra la piedra por ambos lados. Rheon observaba en silencio, hasta que, de pronto, me dio una señal de detenerme y lo hice de inmediato. Si continuaba, me advirtió, convertiría el mineral en una lámina demasiado fina. Asentí.

Rheon me recomendó pulir también los bordes del mineral, porque sin una forma regular sería más difícil darle uso. Procedí con un solo aquaerum, repasando los bordes hasta convertir el mineral en una pieza plana y de forma ovalada. Le tendí el resultado a Rheon para que lo examinara. Me explicó que, debido al uso de agua para pulir, el resultado era extraordinariamente liso, pero que debía tener mucho cuidado o la pieza se volvería quebradiza. Me recomendó, pues, detenerme cada poco para comprobar el estado del mineral antes de seguir puliendo.

Era hora, pues, de dedicarnos a darle forma al amuleto. Lo tenía bastante claro. Quería un uso que no me diera problemas. Por otra parte, era bonito, así que valdría la pena llevarlo. Sonreí.

-Me gustaría hacer un broche para el pelo, si es posible.

Rheon confirmó que lo era. El engarce, de alambre, debía sujetar con firmeza la piedra, sin darle posibilidad de movimiento. Después, debía engancharse a un trozo de aluminio que serviría de pinza. Con un sistema bastante simple, se doblaba para fijarse bien al pelo. O, apuntó Rheon, a la ropa. Me parecía tremendamente complicado aunque él lo explicara como algo tan simple, pero me limité a seguir las instrucciones, tratando de comprender mientras lo hacía.

Me hizo falta algo de su ayuda para fijar bien el mineral, y se aseguró de dar instrucciones más precisas para que comprendiera cómo hacerlo. Al final, de todas formas, estuvo terminado, y tras revisarlo una última vez, me lo entregó. Lo revisé yo también, satisfecha, tratando de memorizar su forma exacta.

-Muchas gracias -dije finalmente, poniéndome el broche en el pelo-. Espero darle buen uso.

Después, me despedí de él y abandoné la sala.

*se va*

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Lloyd

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MensajeTema: Re: Aulas   Miér Dic 10, 2014 8:50 pm

Aquella tarde, después de meditar mucho sobre el tema, el chrysos se dirigió finalmente a las aulas donde desde hacía unas semanas se estaban impartiendo lecciones de artesanía o algo semejante. Había oído hablar de esas clases hacía tiempo, pero no se había decidido a ir hasta ahora porque sencillamente no se veía capaz de hacer algo que funcionase con las manos tan torpes que tenía; desde que era pequeño había sido nulo para todo lo relacionado con la artesanía y el dibujo, y siempre había optado por intentar resolver sus problemas utilizando la fuerza en lugar de la maña: si no era capaz de abrir un bote a la primera, entonces apretaba con más fuerza o lo golpeaba; si no era capaz de hacer pasar un mueble por un sitio, en lugar de repensar la posición seguía intentándolo incansablemente, cada vez con más presión, hasta que finalmente los nervios y la frustración eran tan grandes que acababa maldiciendo y dejándolo sin colocar. Era precisamente aquella probabilidad de acabar hasta las narices y sin ningún tipo de objeto interesante en sus manos lo que le había hecho atrasar el encuentro, e incluso plantearse no presentarse, pero finalmente, diciéndose a sí mismo que lo importante era, bueno, eso, intentarlo, acudió a la estancia.

Nada más entrar curvó los labios en una torpe sonrisa, saludando después con una leve reverencia a Rheón. Se adentró en la sala, acercándose al hombre, y en silencio escuchó las explicaciones que este le dio. No le interrumpió en ningún momento, y trató de comprender y memorizar todo lo que el hombre decía. Cuando la explicación terminó, no obstante, el chrysos sí habló, preguntándole entonces por todos los detalles en los que aún tenía ciertas dudas; quería asegurarse de que entendía por completo el proceso antes de comenzar.

Se tomó unos segundos más para pensar qué clase de amuleto quería, meditando dos opciones: la de fuerza y la de resistencia, sin duda sus dos puntos físicos más débiles. Finalmente, mirando al hombre con seriedad, dijo:

—Me gustaría hacer uno de resistencia.

Teniendo en cuenta su forma de combate, donde muchas veces permitía que el enemigo le golpease para poder responder él con una ofensiva, la resistencia parecía el punto más indicado a mejorar; así podría aguantar más golpes, a fin de cuentas.

El hombre procedió entonces a explicarle qué debía hacer. Lyam lo escuchó con extremada atención, absorbiendo cada detalle. Igual que en la anterior explicación, no dijo nada hasta que Rheón terminó de hablar, y entonces aprovechó para cerciorarse de que había entendido bien el proceso.

La idea era darle forma de cubo a la piedra, con cuidado de no pulirla, de no volverla demasiado pequeña. Con las herramientas proporcionadas por el hombre, el chrysos, más nervioso, inseguro de lo que le hubiese gustado, comenzó a darle forma a la piedra, eliminando primero los trozos más prominentes para darle el tamaño deseado, centrándose luego en la propia búsqueda de la forma, ayudándose con instrumentos de medición para que las aristas y caras tuviesen un tamaño idéntico y con cinceles y lijas para conseguir darle la forma. A pesar de que no quería molestar al hombre, en varias ocasiones el chrysos se detuvo para buscar el consejo o supervisión de Rheón, preocupado por que su torpeza echase a perder todo el trabajo y tuviese que volver a empezar.

Tras un intenso trabajo, y después de que le entregase la piedra en bastantes ocasiones a Rheón, finalmente el hombre le dio el visto bueno. Ahora solo quedaba elegir en qué convertirlo. El chrysos se tomó unos instantes para deliberar, plantéandose varias opciones, como un collar o una pulsera. Finalmente, decidió que prefería algo que llamase la atención, y a falta de una idea mejor, optó por simplemente engarzarlo en un pedazo de cuero, que luego unió a una pequeña lamina lisa del mismo material. Unidas ambas partes, el chrysos perforó la lamina, en el borde superior, formando un pequeño agujero por el que pasar un trozo de alambre, que le pidió al hombre. Tras hacerle varias preguntas, buscando saber si realmente lo que tenía en mente era posible y cómo hacerlo, en caso de que así fuese, el chrysos pasó el alambre por el agujero, dándole en la cara oculta, la que se supondría que quedaría prendida de la ropa, la forma de un enganche.

Una vez terminado, agradeció el trabajo y el tiempo que Rheón le había dedicado, murmurando un suave gracias y haciendo una leve reverencia. Después, con una nueva inclinación de la cabeza, abandonó la sala.

*se va*

fdr. ??????????
?????????????????????????????
no sé en qué convertir esa cosa, así que lo dejo así?? pero si se me ocurre algo, o si no se puede, edito y ya ??
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Adain

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MensajeTema: Re: Aulas   Jue Dic 11, 2014 12:06 am

Había visto aquel anuncio hace ya tiempo pero no me decidía a intentarlo. Si quiero ser un guerrero de Brontë como es debido debería aprender cosas de estas...
Encuentro las aulas casi por pura suerte y entro algo dudoso en la estancia. No me cuesta en absoluto encontrar a ese tal Rheon, al parecer era un guerrero experimentado y la verdad es que no deja lugar a dudas.
Me acerco algo cortado y le pregunto acerca de los amuletos y de qué es lo que tengo que hacer exactamente. Serio pero sin embargo amable me indica que me siente en una alfombra que hay en el suelo llena de diversas piedras y me explica más o menos en qué consiste cada una y cómo hay que trabajarlas para que yo elija la que más me convenga. Tomo ligeros apuntes en una pequeña agenda que deslizo fuera de mi manga sin dejar de mirar fijamente todo lo que hace. Obviamente me ve hacerlo pero no parece molestarle mi tal vez excesivo interés. Aunque sólo pueda hacer uno no viene mal saber indentificarlos.

Tras meditar unos instantes una vez me ha explicado todo, me decido por el amuleto de resistencia. Soy bastante rápido, pero no viene mal encajar mejor un golpe por si alguno me llega a dar...
Me plantée hacer uno de fuerza, que por su aspecto más irregular parecía más sencillo, pero no acababa de convencerme.
Algo de fuerza sacaré con los entrenamientos, lo de la resistencia lo veo más difícil... En el fondo es que prefería evitar enfrentamientos, pro lo que una buena defensa era más lo mío que un buen ataque.

-Creo que voy a intentar uno de resistencia.

A pesar de su aspecto digamos...fiero... (y algo amenazador) es un hombre bastante amable y paciente. Me indica un par de veces cómo debo dar los golpes a la piedra para darle forma al verme dudar pero no tardo en pillar la idea y antes de darme cuenta he completado una cara del cubo, dejándola perfectamente lisa.

Ahora faltan las otras 5... Lejos de desanimarme cojo aire y sigo, más concentrado que nunca y atento a cualquier indicación, midiendo cada movimiento que hago

Marcando con pequeños rayones soy capaz de calcular más o menos por dónde tengo que cincelar y limar. Rheon me quita la piedra de las manos con cuidado, como si cogiera algo muy preciado y, echando la mandíbula hacia adelante asiente lenta y solemnemente mientras la gira entre sus enormes dedos observando cada milímetro de ella.

Espero que no se crea que me va a quedar como le quedaría a él...

Por suerte parece que no se me ha dado ni tan mal. Tras indicarme un par de correcciones comienzo a darle forma de cubo a la piedra, consiguiendo según me dice mantener un tamaño bastante bueno. Al parecer con uno menor se pierde potencia, cosa que sólo me pone más nervioso. La verdad es que Rheon impone bastante respeto aun cando no dice nada y casi siento la obligación de hacerlo todo perfecto.

Va corrigiéndome sobre la marcha, controlando que no me pase o me quede corto en la fuerza con la que doy los golpes. Poco a poco, cara a cara, completo el cubo, quedando tosco e irregular. Vuelve a coger el cubo y asiente con un soplido por la nariz, como el bufido de un toro. He acabado asumiendo que es un visto bueno. Según trabajo le observo de reojo, debe de ser un guerrero excepcional, o al menos su aspecto da esa impresión. De alguna forma me siento honrado de que me pueda enseñar, y eso que apenas sé nada de él.

Al cabo de una hora he limado y pulido hasta la saciedad cada una de los seis cuadraditos que forman la piedra, que ahora tiene algo más del doble del tamaño de un dado normal. Aunque temo haberme pasado al parecer el tamaño es perfecto y el acabado es bueno. La verdad es que con una buena explicación no me suele costar hacer las cosas pero no me esperaba que fuese a ir así de bien. En varias ocasiones había tenido miedo de romper la piedra que, aunque parecía una gema delicada de cristal, resultó ser mucho más resistente de lo que pensaba. Lo cual no está mal, me veo capaz de que se me caiga al suelo nada mas salir, está bien que sea algo resistente.

Observo mi trabajo finalizado con orgullo, viendo la luz reflejarse en cada ángulo  y sonrío, mirando a Rheon expectante. Vuelve a quitarme el amuleto y lo da vueltas lentamente mirando fijamente, buscando imperfecciones. Tras un par de indicaciones más me felicita por el trabajo y me comenta que debería colocarlo en algún elemento ya que sólo al llevarlo encima surtirá efecto su magia. Se me ilumina la cara al pensar que lo he conseguido, pero lejos de distraerme me siento más erguido y pienso dónde puedo colocar el amuleto.

Finalmente me decido por una cadena fina plateada y con su ayuda coloco el cubo en ella. Tras observar el trabajo acabado y agitar un par de veces la cadena para comprobar que está bien agarrada me la cuelgo al cuello y con una sonrisa de oreja a oreja doy las gracias a Rheon poniéndome en pie. Le estrecho la mano y me despido, agradeciéndole por esta enseñanza una vez más.

Cuando salgo del aula reviso mis apuntes sobre los otros amuletos y decido anotar lo que he aprendido sobre el que he hecho yo. Total, nunca se sabe... Meto la cadena plateada por dentro de la camisa para evitar que tintinee y además mantenerla oculta. ¿Debería llevarla siempre o sólo cuando vaya a una misión o algo así? Y divagando esto me alejo por los pasillos.



*se va*
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Jun

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MensajeTema: Re: Aulas   Jue Dic 11, 2014 1:54 am

Me lo he pensado mucho, pero al final he venido. La verdad es que últimamente he andado despistado, y aunque desde el primer día me sentí muy atraído por la idea de esto de los amuletos, al final no me he acercado hasta ahora. Nada más entrar, entonces, saludo al hombre muy educadamente, y me preparo para recibir su enseñanza.
Aunque ya sé cómo funciona, que me he ido enterando, atiendo con los oídos abiertos a toda su explicación. Quiero saber cuanto pueda de todos. Incluso le pido que me deje tomarlos, examinarlos, ver los acabados tan perfectos. No puedo aspirar a tanto, pero aún así soy capaz de apreciar un trabajo tan bien hecho como este.

He traído la pizarra conmigo, así que cuando me toca decir qué es lo que prefiero lo informo, enseguida, de que me interesa uno de agilidad. Como todos son útiles, al final he optado por hacer caso a lo que le dije a Massen. No parece mala idea. No me gusta la idea de recibir golpes.
Ese es el que tiene forma de anillo plano, así que me pongo rápido a ello.

Cuando me entrega la piedra y me explica las herramientas que debo usar vuelvo a prestar atención. Y cuando me dice que tengo que hacer el agujero antes de reducir demasiado la piedra ya lo he pensado, porque a menor grosor más fácil sería que se quebrase, pero de todas formas le sonrío y asiento, respetando todo lo que puede enseñarme. Al fin y al cabo, es el experto. Me siento muy contento de poder aprender de alguien como él.

Procedo, pues, a reducir un poco la piedra para que sea más manejable, primero, retirando esquirlas con herramientas algo toscas, que sirven bien para el caso. Y cuando empieza a tener un tamaño aceptable, me encargo de perforarla: un pequeño agujero lo suficientemente grande como para poder trabajar luego con él, para aumentarlo, pero no tanto como para que me cause problemas. La forma es demasiado irregular como para esforzarse tanto en una parte que no quedará clara hasta el final.
La verdad es que esto me resulta bastante divertido. Suelo ser torpe en muchas cosas, pero los trabajos manuales son algo que se me da bastante bien, en mi opinión.

Una vez me he deshecho de las primeras herramientas, tomando unas más exactas, me dedico a ir reduciendo el grosor de la pieza, para que pase de ser una especie de anillo irregular extraño a algo más parecido a un disco con un hueco en medio. Y tras recibir un par de correcciones de Rheon, me indica, satisfecho, que ya puedo dedicarme al agujero, que reduzco con una lima, concentrado. Le voy dando forma, guiándome por unas marcas que he dibujado, hasta que obtengo una forma como la del modelo. Entonces le muestro a Rheon mi obra, y él me hace, de nuevo, un par de correcciones. Tras ellas, con una lija me encargo de darle a todo un acabado liso y agradable al tacto, eliminando cualquier posible saliente.

Cuando he acabado y el maestro se encarga de asegurarme que todo está en orden me pregunta, entonces, que qué quiero hacer con él. También eso lo he pensado, así que hago un dibujo rápido en la pizarra para que tenga una idea de lo que busco. Quiero hacerle un engarce como si fuese para hacerse un colgante, pero en el extremo pondré un enganche para prenderlo en la ropa, como si fuese una medalla o algo así, en vez de una cadena. De ese modo podré engancharlo a cualquier prenda.

Me ayuda a hacerlo, dándole forma conmigo al metal. Por la forma de la piedra, es fácil sujetarla, así que quedo bastante satisfecho con el resultado. No tardo en ponérmelo y agradecer muy educadamente al maestro toda su ayuda, esfuerzo y conocimientos.
Tras despedirme como es apropiado, entonces, y agradecerle su tiempo una vez más, dejo las aulas, muy contento con mi adquisición.

*se va*

FdR- e__e y ahora vuelvo a darle atrás y vuelve a borrarse y me suicido (es gracioso porque si leéis esto será que no)
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